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Full text of "Antiguos manuscritos de historia, ciencia y arte militar, medicina y literarios existentes en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo del Escorial"

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JflWOVASOtLUSTIl 


BOOK    066.8.SO13    ser.  2    v.  1  1    c.  1  *P| 

#    SOCIEDAD    DE    BIBLIÓFILOS 
ANDALUCES    SEVILLE 


^     3    T1S3    000Sñ022    7 


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CÓDICES  DEL  ESCORIAL 


ESTUDIOS  CIENTÍFICOS  Y  MILITARES        -■, 


ANTIGUOS  MANUSCRITOS  C2- 

-te 

DE  HISTORIA,  CIENCIA  Y  ARTE  MILITAR 

MEDICINA    Y  LITERARIOS  ■  - 

EXISTENTES  EN  LA  BIBLIOTECA 


MONASTERIO  DE  SAN  LORENZO 

3DBI-.  HlSOOK,I.A.IL.  , 

POR  D.  AUGUSTO  LLAGAYO  Y  SANTA  MARÍA 

Subinspector    Médico    de    primera    clase .    Inválido , 

condecorado  con  la  cruz  laureada 

de  San  Fernando. 


SEVILLA:    1878 

Establecimiento  tipográfico  de  Francisco  Alvarez  y  C», 

impresores  de  Cámara  de  S.  M.  y  de  SS.  AÁ-  ER.  los  Sermos.  Sres.  Infantes 

Duques  de  Montpensicr,  Tetuan,  24. 


ES  PROPIEDAD  DE  SU  AUTOR 


Al  Excmo.   Sr.  p.  Juan  Zapatero 

Director  General  del  Cuerpo  de  Inválidos 


Excmo.  Sr.: 


Desde  muy  joven  consagré  mi  vida  y  mi 
inteligencia  al  ejército;  le  he  servido  en  la 
Península  y  en  Ultramar  con  la  abnegación 
y  entusiasmo  con  que  un  hijo  corresponde  al 
leal  afecto  de  su  padre,  y  no  son  sacrificios 
sino  santos  deberes,  las  obligaciones  del  alma 
inspiradas  por  la  gratitud.  Hoy  que  por  des- 
gracia carezco  de  las  condiciones  físicas  ne- 
cesarias para  continuar  sirviéndole  y  no  puedo 
ofrecerle  mi  vida,  como  en  otras  ocasiones,  le 
consagro  aún  mi  espíritu  y  le  ofre{co  los 
escasos  dones  de  mi  pobre  inteligencia.  In' 
utili{ado  para  el  ejercicio  de  mi  profesión  y 
enfermo,  sólo  me  restan  buenos  deseos,  mucha 
voluntad  y  profundo   cari/lo  para  nuestro 


ejército  que  tanto  vale  científica  y  militar- 
mente  considerado,  para  ese  ejército  que  in- 
mortalizó el  nombre  de  España  en  todo  el 
mundo.  Justo  es,  por  lo  tanto,  que  inspirado 
en  estos  sentimientos  le  consagre  hoy  el  humil- 
de libro  que  dedico  á  V.  E.,  no  sólo  por 
las  honrosas  cualidades  militares  y  altas 
prendas  que  concurren  en  V.  E.  sino  también 
por  lo  que  representa  el  elevado  cargo  de 
Director  General  del  Cuerpo  y  cuartel  de  In- 
válidos que  tan  dignamente  desempeña. 

El  Cuerpo  de  Inválidos  simboliza  todas 
las  luchas,  tj^iunfos,  penalidades  y  glorias  de 
nuestro  Ejército,  y  al  ofrecer  á  V.  E.  mi 
trabajo  se  lo  dedico  al  Ejército  y  al  respetable 
General  á  quien  tiene  la  honra  de  reiterar 
las  seguridades  de  su  atenta  consideración  y 
afecto. 


Jauaudi(a    U^/a 


acauo 


Sevilla,  1 8" 


// 


CAPITULO  I 


OBJETO   DE   ESTE   LIBRO 


Hace  yá  algunos  años  que  visité  por  pri- 
mera vez  la  Biblioteca  del  monasterio  de  San 
Lorenzo  del  Escorial:  posteriormente  habia 
vuelto  á  ella  en  diferentes  ocasiones;  pero  ha- 
biéndome inutilizado  en  la  última  campaña 
para  continuar  en  el  ejército,  decidí  entonces 
establecer  mi  residencia  en  dicho  Real  Sitio, 
con  el  firme  propósito  de  consagrarme  por 
completo  al  examen,  clasificación  y  estudio 
de  los  muchos  é  interesantes  códices  cientí- 
ficos, militares  y  literarios,  existentes  en  la 
rica  y  abandonada  Biblioteca  de  tan  gran- 
dioso monasterio.  Allí  he  pasado  dos  años, 
de  los  cuales  conservaré  siempre  gratísimo  re- 
cuerdo; pero  el  mal  estado  de  mi  quebrantada 


10 

salud,  agravándose  más  y  más  cada  dia  con 
las  inclemencias  y  dureza  de  aquel  clima,  me 
obligó,  con  profunda  pena,  á  trasladarme  á 
Andalucía,  donde  he  coordinado  todos  mis 
apuntes,  datos  y  memorias,  que  sólo  tienen 
el  mérito  de  las  muchas  horas  y  vigilias  em- 
pleadas en  una  obra  emprendida  sin  más  ob- 
jeto que  el  deseo  de  que  pueda  ser  útil  á  los 
escritores  militares  y  á  cuantos  se  dedican  á 
los  estudios  bibliográficos,  pues  no  hay  ca- 
tálogo  de  los  manuscritos  de  dicha  Biblioteca, 
y  en  ese  concepto,  al  manifestar  al  ptáblico  los 
que  allí  existen  por  medio  del  libro  que  ahora 
doy  á  luz,  acompañado  de  algunas  considera- 
ciones y  noticias  importantes,  podrá  acaso  mi 
trabajo  servir  de  guía  á  los  que  tengan  la  cu- 
riosidad de  conocer  muchos  de  los  manus- 
critos del  Escorial.  Otro  móvil  aún  más  po- 
deroso me  ha  impulsado  también  á  imprimir 
mi  libro,  y  ha  sido  el  vehemente  deseo  que 
siempre  abrigué  de  que  en  la  Biblioteca  del 
Ministerio  de  la  Guerra  y  en  la  del  Ministerio 
de  Marina  se  tuviera  noticia  exacta  de  los  ex- 
celentes y  antiguos  códices  de  ciencia  y  arte 
militar  que  hay  en  el  Escorial,  pues  lamen- 
table es  en  verdad,  que  en  esos  elevados  cen- 
tros militares  y  facultativos  no  se  tenga  cono- 
cimiento de  ellos,  y  es  muy  sensible  además 


11 

que  permanezcan  ignorados  de  los  muchos 
jefes  y  oficiales  del  Ejército  y  Armada  á 
quienes  pueden  interesar. 

De  la  Biblioteca  del  Escorial  se  ha  pu- 
blicado la  gran  obra  de  Casiri  sobre  manus- 
critos arábigos  de  que  nos  ocuparemos,  y 
el  catálogo  de  los  griegos,  anterior  al  incendio, 
faltando  dar  á  conocer  los  códices  escritos  en 
1  jngua  castellana  y  en  otros  idiomas. 

Así  se  comprenderá  que  no  es  fácil  po- 
der examinar  hoy  con  detención  los  manus- 
critos de  esta  Biblioteca,  porque  se  camina  á 
ciegas,  ignorando  el  que  va  á  ella  los  tesoros 
que  contiene  y  lo  que  pueda  convenirle  para 
sus  estudios  y  trabajos. 

Cuando  la  ciencia  se  guarecía  en  los  con- 
ventos, cuando  los  libros  eran  el  patrimonio 
de  muy  pocos,  se  explica  que  fuese  inútil 
querer  como  ahora  generalizarlos,  descentra- 
lizando las  obras  científicas  y  literarias  para 
ofrecer  á  todo  el  mundo  y  con  la  mayor  faci- 
lidad posible  los  fecundos  dones  que  han  de 
enriquecer  la  inteligencia  humana.  En  la  ins- 
trucción es  donde  hay  que  ir  á  buscar  hoy  el 
progreso  y  la  regeneración  social;  la  revolu- 
ción de  las  ideas  es  yá  la  única  que  emancipa 
al  hombre  y  el  progreso  científico  quien  le 
eleva  y  engrandece  sobre  los  demás.  La  ins- 


12 

truccion  es  el  nivelador  de  las  clases  sociales 
y  es  la  inteligencia  el  más  fecundo^  sólido  y 
respetado  poder  del  siglo  XIX. 

El  que  visita  la  Biblioteca  del  Escorial  y 
no  encuentra  un  catálogo  que  le  ilustre  ó  un 
guia  que  le  indique  los  manuscritos  que  po- 
dria  consultar,  tiene  necesidad  de  perder  in- 
íitilmente  muchos  dias  en  examinarlos,  y 
no  todos  pueden  dedicar  por  completo  su  vida 
á  ello,  abandonando  sus  habituales  ocupacio- 
nes para  consagrarse  exclusivamente  á  tan 
ímproba  tarea. 

Hay  en  esta  Biblioteca  muchos  más  có- 
dices, ó  por  lo  menos,  más  materias  que  las 
que  constan  en  el  inventario,  pues  se  hallan 
encuadernados  en  un  sólo  volumen  distintos 
manuscritos,  habiendo  tenido  ocasión  de  ver 
códices  donde  hay  veintiuna  materias  diversas 
y  autores  diferentes;  de  modo,  que  si  se  se- 
pararan los  distintos  autores  y  tratados,  cons- 
tarla la  Biblioteca  de  mayor  número  de  volú- 
menes de  los  que  aparecen  hoy. 

Y  son  tan  diversos  los  manuscritos  en- 
cuadernados en  un  sólo  volumen,  que  citaré 
como  ejemplo  entre  otros  muchos,  uno  que 
se  encuentra  en  el  estante  119,  plúteo  2.«,  nú- 
mero 10,  que  contiene:  i  .'^  un  tratado  de  me- 
dicina en  latin,  escrito  en  vitela  á  fines  del 


13 

siglo  XIII  y  del  médico  árabe  Abu  Becri  Arazi; 
2.''  un  fragmento  de  juros  de  heredad  habidos 
por  merced  de  los  reyes  por  varios  sugetos, 
escrito  en  papel  á  principios  del  siglo  XV,  y  el 
3.°,  que  está  escrito  en  vitela  á principios  del 
siglo  XIII,  rata  de  asuntos  religiosos.  i^Bre- 
viarii  fragmentum  in  qiio  varice  antiphonoe 
im^eniuntw\  ciim  cantil  absque  lineis. »  Estos 
tres  tratados  forman  un  códice  en  folio  figu- 
rando únicamente  con  el  nombre  del  médico 
árabe  y  la  materia  de  que  se  ocupa. 

En  otro  códice  del  siglo  XIV,  estante 
iig,  plúteo  3.%  número  7,  hay  con  diez  tra- 
tados de  religión,  unas  prescripciones  tera- 
péuticas y  la  manera  de  aplicarlas,  y  entre  los 
varios  códices  que  por  su  encuademación  co- 
mún forman  uno  solo,  recuerdo  también  otro 
de  fines  del  siglo  XV  en  el  estante  1 14,  plúteo 
2.°,  donde  con  los  proverbios  de  Séneca  tra- 
ducidos y  glosados  por  el  Obispo  de  Burgos 
Alonso  de  Cartagena,  hay  otro  manuscrito  de 
recetas,  «para  los  suelos  de  caballo  que  se  le 
quiebran.» 

Siento  que  lo  corto  de  mis  alcances  para 
dominar  tan  extenso  campo,  mi  insuficiencia 
para  estos  trabajos  y  el  mucho  tiempo  y  pa- 
ciencia que  requiere  un  completo  y  minucioso 
catálogo   de  una  Biblioteca   tan   importante 


14 

como  esta,  no  me  permitan  dar  á  conocer  en 
este  modestísimo  libro  que  ofrezco  hoy  á  la 
indulgencia  del  público,  todo  lo  que  encierra 
y  guarda  esa  célebre  y  nunca  bastante  enco- 
miada Biblioteca  referente  á  historia,  ciencia 
y  arte  militar,  todo  lo  que  hay  alli  de  curioso 
y  digno  de  detenido  examen. 

Deseo  dar  al  Ejército  y  al  público  en  ge- 
neral un  vade  niecinn  de  ella,  y  es  justificado 
mi  propósito,  porque  los  ilustrados  jefes  y 
oficiales  del  Ejército  han  de  encontrar  fácil- 
mente en  la  Biblioteca  del  Escorial  datos  y 
materiales  de  gran  utilidad  para  los  diferentes 
cuerpos  dependientes  del  Ministerio  de  la 
Guerra  y  del  Ministerio  de  Marina,  pues  no 
sólo  interesa  el  conocimiento  de  las  obras 
científicas  especiales  á  los  cuerpos  facultati- 
vos del  Ejército  y  Armada,  sino  que  hay 
también  muchos  manuscritos  curiosos  y  mu- 
chos de  historia,  literatura  y  arte  militar  de 
verdadera  importancia  para  los  que  perte- 
necen á  las  armas  generales,  donde  cuenta  el 
Ejército  español  con  hombres  de  reconocida 
ilustración,  y  me  complazco  en  consignarlo 
así,  porque  está,  por  desgracia,  muy  genera- 
lizado el  error  de  que  en  las  armas  generales 
de  nuestro  Ejército  se  carece  de  instrucción  y 
aun   de   la   cultura  intelectual  indispensable 


15 

hoy  á  todo  el  que  ocupa  un¿i  mediana  po- 
sición en  la  sociedad  ó  ejerce  un  cargo  en 
ella.  Hay  en  el  Ejército  dignísimos  represen- 
tantes de  las  armas  generales,  en  todos  los 
ramos  y  manifestaciones  del  saber  humano  y 
pueden  competir  muchos  de  ellos  con  los  más 
ilustrados  jefes  y  oficiales  de  dichas  armas  en 
los  ejércitos  extranjeros. 

Como  el  Ejército  y  la  Armada  se  com- 
ponen de  diferentes  cuerpos  é  institutos  que 
reciben  una  instrucción  especial,  cuyo  con- 
junto de  conocimientos  constituyen  toda  la 
ciencia  en  general,  fácil  es  comprender  que 
para  todos  hay  materia  adecuada  á  su  pro- 
fesión en  esta  Biblioteca,  sin  excluir  además 
de  los  cuerpos  facultativos  á  los  llamados, 
aunque  impropiamente,  auxiliares,  como  son 
los  de  Sanidad  militar  y  Administración  Ju- 
rídico militar  y  Castrense.  Por  eso  incluyo 
también  en  mi  trabajo  una  reseña  detallada 
de  manuscritos  de  Medicina  y  de  algunos  de 
Derecho,  acompañando  al  catálogo  de  los 
códices  interesantes  de  Medicina  una  breve 
noticia  histórica  de  la  medicina  española. 

Cualquiera  que  se  dedique  algún  tiempo 
á  los  estudios  bibliográficos  y  al  examen  de 
nuestras  Bibliotecas,  fácilmente  conocerá  cuan 
grande  ha  sido  siempre    en  España   el   nú- 


16 

mero  de  escritores  que  han  vestido  el  hon- 
roso uniforme  del  Ejército.  Y  comparando  el 
número  y  el  valer  de  ellos,  se  comprueba  per- 
fectamente que  no  es  exacta  la  vulgar  creen- 
cia de  la  falta  de  ilustración  de  nuestro  Ejér- 
cito, pues  en  todas  las  épocas  ha  sido  siem- 
pre el  Ejército  español  digno  representante 
de  la  ciencia  y  de  la  literatura,  y  acaso  en 
mayor  proporción  que  lo  han  estado  las  cla- 
ses civiles  de  la  sociedad  en  los  diferentes 
periodos  de  nuestra  historia.  Un  gran  nú- 
mero de  nuestros  antiguos  y  modernos  poetas 
y  escritores,  han  pertenecido  y  pertenecen 
al  Ejército.  El  famoso  cronista  Pérez  de 
Guzman,  Lope  de  Vega,  Calderón  y  el  cé- 
lebre Lope  de  Ayala,  que  tan  admirablemente 
describía  los  sucesos  en  que  como  soldado 
tomaba  parte  activa,  son  elocuente  prueba  de 
que  no  eran  antagonistas  en  nuestra  Patria 
las  armas  y  las  letras,  sino  que  por  el  con- 
trario, vivieron  siempre  unidas  en  fraternal 
consorcio,  y  nos  lo  demuestra  Jorge  Manri- 
que tan  dulce  en  sus  cantares,  como  bravo 
en  los  campos  de  batalla.  Se  ha  dicho,  y  es 
muy  cierto,  que  los  hombres  que  por  mode- 
rados y  prudentes  aman  la  paz^  suelen  ser  los 
más  formidables  en  la  guerra.  No  están  re- 
ñidas, dice  Hervás  en  su  vida  del  hombre, 


17 

la  pluma  y  la  espada,  antes  al  contrario,  son 
muy  compatibles,  y  en  un  general,  absoluta- 
mente necesarias.  Recordemos  la  exacta  com- 
paración que  hace  Rustant  en  el  tomo  8.°  de 
sus  décadas  de  las  guerras  de  Alemania  é 
Inglaterra.  «Un  general  sin  letras,  es  lo  mismo 
que  un  viejo  decrépito  sin  báculo,  que  á  cada 
paso  tropieza,  y  si  por  desgracia  cae,  no  se 
puede  levantar. » 

Va  nuestro  Diaz  del  Castillo  á  Méjico  y 
siendo  la  primera  figura  militar  que  allí  des- 
cuella entre  los  guerreros  españoles,  nos  deja 
escrita  la  historia  de  una  conquista,  á  la  cual 
contribuyó  con  su  espada  é  inmortalizó  luego 
con  su  galana  pluma.  Hurtado  de  Mendoza, 
poeta,  general  y  embajador  de  Carlos  V,  es- 
cribe la  conquista  de  Granada.  El  gran  lirico 
Garcilaso  muere  como  bravo  al  asaltar  una 
plaza  y  el  sublime  Ercilla  encuentra  la  inspi- 
ración de  sus  poemas  épicos  en  el  fragor  de 
los  combates.  Juan  de  Herrera  sirvió  también 
en  el  ejercito  de  Italiay  por  último,  cual  la  más 
respetable  figura  del  cuadro  de  nuestras  glorias 
militares,  tenemos  á  Miguel  de  Cervantes 
Saavedra,  ilustre  manco  de  Lepanto  y  cau- 
tivo en  Argel  que  nos  deja  como  honroso 
é  incomparable  monumento  de  las  letras  es- 
pañolas,  la  obra  más  castiza,  más  original. 


18 


más  filosófica  y  perfecta  del  ingenio  hu- 
mano. 

Sería  prolijo  y  ageno  yá  á  este  libro  men- 
cionar el  gran  número  de  nuestros  escritores 
militares,  entre  los  cuales,  y  á  grandes  ras- 
gos, incluiremos  á  Cetina,  Figueroa,  Rios, 
Rebollo,  Zarate,  el  marqués  de  Santa  Cruz, 
Espronceda,  Rivas,  San  Miguel,  Zarco  del 
Valle,  Escosura,  Fernandez  de  Córdoba,  Con- 
de de  Clonard.  El  general  y  el  coronel  Fer- 
nandez San  Román,  Mariano  Pérez  de  Castro, 
Luxan,  Odriozola,  Enrile,  Sanchiz,  Várela, 
Bernaldez,  Ros  de  Olano,  Vallecillo,  Sichar, 
Conde  de  Cheste,  Ameller,  Osorio,  Servet, 
Azcárraga,  Buzarán,  Arteche,  O'Ryan,  íbañez. 
Letona,  Corsini,  Coello,  Justiniano,  Cotarelo, 
Pardo,  De  Gabriel,  Mariategui,  Vidart,  Seijas, 
Pérez  de  Rozas,  Navarrete,  Diana,  Jiménez 
Sandoval,  Serra,  Martínez  Pouwes,  Velasco, 
Plasencia,  Martiniano  Moreno,  Capdepon 
Montero  Gabuti,  O  lave,  Ferrer  de  Couto,  Be- 
llido, Carrafa,  Turnelle,  Llanos,  Madariaga, 
Alcaráz,  Verdú,  Alameda,  Almirante,  etc.  etc., 
haciendo  especial  mención  de  nuestro  malo- 
grado é  inolvidable  amigo  mió,  profundo  filó- 
sofo y  primer  tratadista  militar  el  Comandante 
de  infantería  D.  Francisco  Villamartin. 

Los  cuerpos  auxiliares  del  Ejército  tie- 


19 

nen  también  dignísima  representación  en  esta 
galería  de  escritores  militares,  y  respecto  á 
los  que  han  pertenecido  al  cuerpo  de  Sani- 
dad, daré  una  breve  noticia  de  ellos  en  el  ca- 
pítulo de  este  libro,  referente  á  los  códices  de 
Medicina,  haciendo  entonces  una  ligera  escur- 
sion  por  la  historia  de  la  Medicina  militar  espa- 
ñola. También  deben  figurar  en  este  palen- 
que de  la  inteligencia  los  jefes  y  oficiales  de 
nuestra  Armada.  Léase  la  historia  de  ella  y 
se  verá  con  cuanto  aprovechamiento  han  cul- 
tivado siempre  todos  los  ramos  del  saber  hu- 
mano. En  la  actualidad,  y  entre  varios  que 
no  nombro  por  no  hacer  interminable  este 
capítulo,  haré  mención  del  distinguido  escri- 
tor, académico  de  la  historia,  D.  Francisco 
Javier  de  Salas,  y  de  los  ilustrados  jefes  de 
la  Armada  Cándido  Barrios,  Fernandez  Duro, 
Negriny  Aguirre  de  Tejada. 

El  Ejército  español  no  ha  permanecido 
nunca  estacionario  á  los  progresos  de  la  cien- 
cia, ni  ocioso  jamás  al  cultivo  de  la  literatura 
á  la  que  ha  mostrado  singular  predilección,  y 
mientras  se  consagraba  al  estudio  y  á  las  le- 
tras, según  nos  lo  demuestran  los  códices  del 
Escorial,  con  la  misma  abnegación  y  entu- 
siasmo encontramos  descritas  en  esos  códices 
y  en  las  crónicas  de  la  historia  las  proezas 


20 


militares  y  navales  de  un  Ejército,  que  como 
dice  el  Conde  de  Clonard  «recorrió  triun- 
fante la  Francia,  la  Italia,  la  Bélgica,  la  Ho- 
landa, la  Alemania  y  el  Portugal,  cruzó  los 
estrechos  de  Hércules  y  los  Dardanelos,  llevó 
su  fama  al  África  y  al  Asia  y  descubrió  y 
conquistó  un  Nuevo  Mundo.»  La  historia  mi- 
litar de  nuestra  Patria  y  su  historia  artística 
y  literaria,  son  las  mejores  historias  que  con 
más  orgullo  puede  recordar  España. 

Hoy,  más  que  nunca,  debe  el  Ejército,  á 
la  sombra  de  la  paz,  consagrarse  exclusiva- 
mente al  estudio  y  á  las  letras,  para  tener 
una  legitima  y  fundada  representación,  á  que 
es  acreedor,  en  la  historia  del  progreso  hu- 
mano. Dice  Rustant  «un  oficial  por  valeroso 
que  sea,  si  es  sin  letras,  es  despreciable  en 
tiempo  de  paz,  y  en  la  guerra  no  merece  se 
le  confie  el  mando  del  menor  destacamento.» 
Recuérdese  la  sentencia  de  M.  Aurelio  de  que 
«con  el  consejo  de  los  hombres  sabios  se  sus- 
tenta lo  que  con  el  esfuerzo  de  los  hombres 
valerosos  se  gana,»  y  tengamos  presente,  que 
como  manifiesta  Solis,  en  su  conquista  de 
Méjico,  en  la  guerra  pelea  más  la  cabeza  que 
las  manos. 

Sean  nuestras  Bibliotecas  en  tiempo  de 
paz  el  mejor  arsenal   científico  del   Ejército 


21 

español,  porque  de  un  cupidillo  ocioso  en  el 
cuartel,  dice  Codorniu  en  su  filosofía  moral, 
no  se  puede  esperar  en  campaña  «sino  fla- 
quezas de  niño  y  tiros  de  ciego.» 

Entre  los  códices  que  existen  en  la  Bi- 
blioteca de  manuscritos  del  Escorial,  encon- 
trarán nuestros  escritores  y  los  jefes  y  oficia- 
les del  ejército  mucho  útil  y  bueno  que  con- 
sultar, no  poco  curioso  que  leer.  El  hacer 
fácil  la  lectura  de  esos  códices  y  el  dar  cono- 
cimiento al  público  de  los  que  allí  existen,  hé 
aquí  el  objeto  de  mi  libro. 


CAPITULO  II 


LA  BIBLIOTECA  DEL  ESCORIAL 


CONSIDERACIONES  GENERALES. 


Al  levantar  Felipe  II  el  grandioso  mo- 
numento de  San  Lorenzo  del  Escorial,  colo- 
cando el  día  23  de  Abril  de  i563  su  primera 
piedra,  erigió  una  iglesia  á  Dios,  un  templo  á 
la  ciencia  y  un  museo  á  las  Bellas  Artes. 

Durante  el  año  i562  no  se  habia  hecho 
más  que  preparar  el  terreno  para  la  edifica- 
ción y  reunir  los  materiales  necesarios  para 
comenzarla,  y  el  i3  de  Setiembre  de  1584  se 
puso  la  última  piedra  de  una  obra  tan  colosal, 
que  nadie  se  cansa  de  admirar  y  que  todos 
cuantos  gozan  del  placer  de  verla  consideran 
digna  de  la  fama  y  justo  nombre  que  ha  al- 
canzado. Como  obra  religiosa  de  que  cual 
ninguna  pudo  aprovecharse  la  ciencia  en  pri- 


24 

mer  término,  nos  lo  demuestran  de  una  ma- 
nera evidente  las  ricas  Bibliotecas  de  impre- 
sos y  manuscritos  del  monasterio  de  San  Lo- 
renzo. Como  precioso  museo  donde  se  cobi- 
jaron todas  las  Artes,  nos  lo  indican  los  pre- 
claros nombres  de  esa  pléyade  artística  que 
en  digna  y  brillante  emulación  dejó  impresas 
en  el  Escorial  las  huellas  de  su  genio,  tras- 
mitiendo á  los  siglos  venideros  tantas  y  tan 
legítimas  glorias  para  la  historia  del  arte  en 
nuestra  Patria.  Y  hé  aquí  la  importancia  del 
Escorial  considerado,  como  yo  le  considero 
ahora,  más  aún  que  por  su  utilidad  religiosa, 
por  su  valor  científico,  pues  nada  debe  ser 
más  grato  á  Dios  que  el  ver  cómo  es  posible 
realizar  en  el  mundo  el  útil  y  armónico  con- 
sorcio del  cuito  católico  con  provechosas 
obras  de  caridad,  al  fundarse  junto  á  una  igle- 
sia un  hospital,  ó  erigir  como  Felipe  II  un 
templo  al  Señor  y  un  culto  imperecedero  á  la 
inteligencia  y  á  las  Artes. 

Los  nombres  y  materias  de  los  códices 
que  aún  se  guardan  en  la  Biblioteca  del  Es- 
corial que  tantas  pérdidas  y  siniestros  ha  su- 
frido, nos  indican  claramente  que  la  ciencia 
ha  tenido  allí  un  hospitalario  asilo  y  las  obras 
de  Fernandez  Navarrete,  Zúcharo,  Lucas  Jor- 
dán, Rómulo  Cincinato,  Tibaidi,  Coello,  Car- 


25 


vajal,  Ribera,  Ticiano,  Carducho,  Barroso, 
Urbino,  etc.,  etc.,  nos  ponen  de  relieve  que  es 
el  Escorial  suntuoso  templo  de  las  Artes. 

La  arquitectura  está  representada  por  el 
talento  de  Juan  Bautista  de  Toledo,  que  co- 
menzó la  obra  y  que  es  autor  también  de  un 
códice  sobre  el  cuerpo  cúbico  y  por  el  genio 
colosal  del  famoso  Juan  de  Herrera,  quien 
reemplazando  á  su  maestro,  la  dirigió  y  ter- 
minó. 

La  escultura,  la  música,  de  la  que  es  fá- 
cil en  el  Escorial,  según  todos  sus  progresos, 
porque  está  escrita  su  historia  religiosa  en 
numerosas  obras  (de  las  cuales  se  ocupan  el 
ilustrado  compositor  y  literato  D.  Francisco 
Asenjo  Barbieri  y  el  reputado  maestro,  mi  inol- 
vidable amigo  D.  Cosme  de  Benito)  todas  las 
maravillas,  en  fin,  de  los  artífices  más  distin- 
guidos, rivalizan  en  el  Escorial  en  mérito  y 
valor.  La  ciencia  en  todas  sus  manifestacio- 
nes, todos  los  arüstas  más  notables  españoles 
y  extranjeros,  se  encuentran  alli  representados. 
Libros,  códices  antiguos,  estampas,  miniatu- 
ras, orlas,  adornos  y  viñetas,  cuadros,  escul- 
turas, brocados  de  oro,  telas  riquísimas,  hierro, 
bronces  y  maderas,  toda  nuestra  industria, 
toda  nuestra  inspiración,  todo  el  ingenio  de 
España  está  coleccionado  allí,  cual  si  todo 


26 

hubiera  acudido  al  Monasterio  de  San  Lo- 
renzo del  Escorial  á  disputar  la  gloria  y  el  pre- 
mio de  un  certamen. 

Pero  dejemos  esta  ligera  digresión,  hija 
del  entusiasmo  fervoroso  que  yo  siento  y  de 
la  admiración  y  cariño  que  el  Escorial  me  ins- 
pira y  fijémonos  en  el  motivo  que  me  impulsa 
á  publicar  este  libro  acerca  de  los  manuscritos 
de  historia,  ciencia,  arte  militar  y  otros  mu- 
chos literarios  y  muy  curiosos,  existentes  en 
dicha  Biblioteca,  una  de  las  más  célebres  del 
mundo  y  digna  por  cierto  de  mayor  protec- 
ción y  más  amparo,  porque  es  criminal  la  in- 
diferencia con  que  se  ha  visto  y  el  abandono 
en  que  por  desgracia  ha  estado.  Las  pingües 
rentas  que  Felipe  II  señaló  para  su  sosten  y 
acrecentamiento  se  emplearon  luego  en  otros 
fines  y  para  otros  usos;  los  ejemplares  de  cada 
una  de  las  obras  que  se  publicaban  en  Es- 
paña y  que  debian  sus  autores  ó  editores  man- 
dar al  Escorial,  dejaron  de  remitirse.  Sus  con- 
signaciones posteriores  fueron  suspendidas,  y 
hasta  sorprende  que  aún  exista  y  haya  en 
ella  impresos  y  manuscritos  que  se  han  sal- 
vado de  los  incendios  y  de  otras  muchas  cau- 
sas y  pérdidas  desastrosas,  é  incalificables  al- 
gunas, que  sería  ocioso  exponer  hoy.  ¿Por  qué 
existiendo  en  España  un   ilustrado  Cuerpo 


27 

oficial  que  tanto  vale,  de  archiveros  y  bibliote- 
carios no  ha  estado  siempre  encargado  de  su 
custodia  y  conservación?  Y  téngase  muy  pre- 
sente que  estos  destinos  de  tanta  importancia 
científica  y  de  tanta  responsabilidad  material 
han  de  retribuirse  bien  yá  que  han  de  ocu- 
parlos honrados,  celosos  é  inteligentes  servi- 
dores. Pero  felizmente  para  la  Biblioteca  del 
Escorial,  al  dejar  yo  con  todo  el  sentimiento 
de  mi  alma  este  Real  Sitio  en  Noviembre  del 
año  1875,  fué  nombrado  por  S.  M.  el  Rey 
Don  Alfonso  XII,  Bibliotecario  del  Escorial  y 
me  complazco  en  consignarlo  aquí,  un  sabio 
eclesiástico  Polaco,  de  profunda  ilustración  y 
dignísimo  para  el  desempeño  de  su  cargo. 

Fué  el  primer  Bibliotecario  del  Monas- 
terio de  San  Lorenzo  el  P.  Fr.  Juan  de  San 
Gerónimo,  al  que  Felipe  II  encargó  la  forma- 
ción y  custodia  de  esta  Biblioteca,  cuya  colo- 
cación dispuso  en  el  claustro  principal  y  á 
quien  se  hacían  las  entregas  de  libros  que  se 
iban  recibiendo.  Éstos  fueron  clasificados  por 
el  célebre  Arias  Montano  con  ayuda  de 
Fr.  Juan  de  San  Gerónimo  y  del  P.  Sigüenza 
que  quedó  después  encargado  de  la  Biblioteca 
y  de  cuyos  bibliotecarios  tendremos  ocasión 
de  ocuparnos  en  este  libro,  por  los  códices  que 
escribieron  y  que  se  conservan  aún. 


28 

La  primera  entrega  de  libros  fué  la  de  la 
Biblioteca  de  Felipe  II,  que  en  el  año  1575 
mandó  llevar  cuatro  mil  volúmenes  impresos 
y  manuscritos,  para  que  sirvieran  de  base  á  la 
formación  de  esta  Biblioteca.  También  dio 
este  Monarca  la  cantidad  de  dos  mil  ducados 
para  que  se  hiciera  una  librería  para  uso  de 
los  monjes  y  ordenó  que  en  todas  las  celdas 
se  colocasen  libros  religiosos,  con  objeto  de 
que  con  ellos  pudieran  cultivar  su  inteligen- 
cia. El  segundo  donativo  y  de  los  de  más  valor, 
fué  el  que  hizo  en  su  testamento  á  favor  del 
Rey  el  insigne  literato  y  embajador  de  España 
en  Roma  y  en  Venecia  D.  Diego  de  Mendoza. 
Siendo  Felipe  II  el  heredero  de  sus  mejores 
bienes,  pues  su  Biblioteca  era  lo  que  más  va- 
lía, le  pagó  todas  sus  deudas  y  fueron  entre- 
gados estos  libros  en  1576.  Son  de  los  de 
mayor  mérito  que  aún  se  conservan  en  la  Bi- 
blioteca, pues  además  de  los  manuscritos  habia 
algunas  ediciones  del  siglo  XV. 

Por  orden  de  Felipe  II  se  agruparon  tam- 
bién á  esta  Biblioteca  ciento  treinta  y  tres  vo- 
lúmenes de  la  Capilla  Real  de  Granada,  enri- 
queciéndose además  con  los  libros  del  Arzo- 
bispo de  Tarragona  Antonio  Agustín,  con  no- 
venta y  cuatro  volúmenes  de  la  testamentaría 
del  Obispo  D.  Pedro  Ponce  de  León,  que  re- 


29 

cogió  y  envió  Ambrosio  de  Morales  como  de- 
signado para  desempeñar  esta  comisión,  con 
los  doscientos  treinta  y  cuatro  impresos  y  ma- 
nuscritos del  Historiador  de  Aragón  y  Secre- 
tario Gerónimo  de  Zurita  y  con  los  ochenta  y 
siete  volúmenes  del  Dr.  Juan  Paezde  Castro. 
En  Mallorca  y  Barcelona  y  en  los  Monaste- 
rios de  la  Marta  y  de  Poblet  se  recogieron 
doscientos  treinta  y  tres  volúmenes,  la  mayor 
parte  pertenecientes  á  las  obras  de  Raimundo 
Lulio  que  se  conservan  muchas  y  cuyos  códi- 
ces he  podido  examinar  con  alguna  detención. 
El  visitador  D.  Martin  de  Córdova  se  encargó 
después  de  recoger  treinta  y  un  manuscritos 
de  D.  Diego  González,  Prior  de  Roncesvalles; 
vinieron  de  la  Inquisición  ciento  treinta  y  nue- 
ve libros  prohibidos  y  de  los  que  Sorojas  te- 
nía en  su  poder,  del  Rey,  ciento  treinta  cuer- 
pos. El  P.  Benedicto  Arias  Montano,  enri- 
queció é  ilustró  esta  Biblioteca  con  doscientos 
seis  volúmenes,  entre  los  cuales  hay  que  enu- 
merar setenta  y  dos  manuscritos  originales, 
hebreos,  griegos  y  arábigos.  D.  Alonso  de  Zú- 
ñiga  regaló  cuarenta  y  cinco  libros,  y  de  la  Bi- 
blioteca del  Marqués  de  los  Velez  se  trajeron 
cuatrocientos  ochenta  y  seis,  la  mayor  parte 
manuscritos  griegos  de  muchísimo  interés.  De 
la  testamentaría  del  Cardenal  de  Burgos  nove- 


30 

cientos  treinta  y  cinco  y  además  otras  muchas 
donaciones  particulares.  En  el  año  de  1606  se 
agregaron  los  libros  del  Licenciado  Alonso 
Ramírez  del  Prado  que  adquirió  Felipe  II  por 
la  aplicación  que  de  sus  bienes  se  hizo  al 
fisco. 

Felipe  II  mandó  comisionados  á  todas 
partes  en  busca  de  manuscritos  y  reliquias 
que  trajeron  de  Italia,  Flandes  y  Alemania, 
ordenando  incautaciones  en  todos  los  domi- 
nios de  su  corona,  hasta  el  extremo  de  que 
podemos  considerar  á  dicho  Rey  excitado  por 
sus  ideas  religiosas  y  por  sus  sueños  de  cen- 
tralización en  el  Escorial,  como  al  primero  y 
más  entusiasta  incautador  que  ha  habido  en 
España  de  todas  las  obras  de  ciencia,  arte  y 
objetos  religiosos,  y  prescindiendo  ahora  de 
su  conducta  política  como  Monarca  y  de  las 
consecuencias  de  su  gobierno,  preciso  es  re- 
conocer que  desenterró  la  Historia  de  las  an- 
tiguas crónicas,  registró  los  archivos  parro- 
quiales, dio  amparo  á  la  ciencia  y  la  engran- 
deció. Los  escritores  mandaban  á  la  Biblioteca 
del  Escorial  sus  manuscritos  inéditos,  y  fácil 
es  recordar  entre  otros  muchos  á  Ambrosio 
de  Morales  y  á  Julio  Claro.  El  morisco  Alonso 
del  Castillo  fué  comisionado  por  Felipe  II 
para  la  adquisición  de  libros,  pero  principal- 


31 

mente  arábigos,  formando  luego  un  curioso 
índice  de  todos  los  volúmenes  árabes  conser- 
vados en  el  Monasterio  de  San  Lorenzo  que 
publicó  el  alemán  Ottinger  en  1668  en  su  Bi- 
blioteca oriental  impresa  en  Heidelverg. 

En  tiempo  de  Felipe  III  se  agregó  á  la  Bi- 
blioteca del  Escorial  la  famosa  librería  del 
Rey  Zidan,  según  expresa  el  manuscrito  en 
que,  ocupándose  de  la  historia,  vida  y  hechos 
de  Felipe  III,  dice  así:  «Durante  su  reinado, 
Pedro  de  Lara,  capitán  de  las  galeras  de 
España,  encontró  junto  á  Zalé  en  el  mar 
de  Berbería  dos  navios  que  conducían  la 
recámara  de  Muley  Zidan,  Rey  de  Marrue- 
cos, apoderándose  de  ellos  y  de  todas  las 
riquezas  que  contenían,  entre  las  que  figu- 
raban la  Biblioteca  del  Rey  compuesta  de 
más  de  cuatro  mil  manuscritos  árabes,  tur- 
cos y  persas.)) 

«Quiso  el  Rey  de  Marruecos  apesadum- 
brado por  tan  irreparable  pérdida  rescatar  á 
toda  costa  su  famosa  librería,  pero  Felipe  III 
despreció  el  dinero  que  por  ella  le  ofrecía  y  le 
exigió  en  cambio  la  libertad  de  todos  los  cau- 
tivos cristianos,  lo  cual  impidió  la  guerra  civil 
de  sus  vasallos  por  aquella  época  y  como  pa- 
sara el  tiempo  y  el  cambio  no  se  efectuase, 
dispuso  Felipe  III  enviar  los  manuscritos  al 


32 

Monasterio  del  Escorial,  dirigiendo  con  este 
motivo  al  Prior  la  siguiente  carta. » 

«Yo  el  Rey.»  —  «Venerable  y  devoto 
P.  Fr.  Juan  de  Peralta,  Prior  de  San  Lo- 
renzo el  Real.»  «Sabed  que  el  año  pasado  de 
mil  y  seiscientos  y  doce  se  hizo  presa  por  al- 
gunos bajeles  de  mi  armada  sobre  el  puerto 
de  la  Mámora,  de  la  librería  del  Rey  Zidan  y 
mandé  traerla  á  esta  corte  y  que  se  entregase 
á  Francisco  de  Gurmendi,  mi  criado,  que  me 
sirve  en  la  traducción  é  interpretación  de  las 
lenguas  arábiga,  turquesa  y  persiana,  para 
que  viese  y  reconociese  qué  libros  eran,  los 
cuales  están  en  su  poder  y  me  ha  hecho  rela- 
ción que  son  cuatro  mil  libros,  veinte  ó  treinta 
menos  y  los  más  sin  títulos,  y  hasta  quinien- 
tos de  ellos  desencuadernados.»  «Que  ha- 
biendo trabajado  mucho  en  dividirlos  y  po- 
nerlos en  orden  por  sus  ciencias  y  facultades 
ha  hallado  que  dos  mil  cuerpos  de  libros  y 
más  son  esposiciones  sobre  el  Alcorán  y  cosas 
de  aquellos  errores  y  los  demás  de  diversas 
materias  y  letras  de  humanidad,  filosofía,  ma- 
temáticas y  algunos  de  medicina,  suplicán- 
dome fuese  servido  de  mandar  que  los  dichos 
libros  se  llevasen  á  San  Lorenzo  el  Real, 
haciéndole  á  él  merced  que  se  le  queden  al- 
gunos para  sus  estudios  y  para  traducir  en 


33 

nuestra  lengua  castellana,  y  habiendo  visto 
juntamente  con  esto  un  memorial  que  en 
vuestro  nombre  se  me  ha  dado  en  que  pedis 
que  porque  entre  los  dichos  libros  hay  mu- 
chos vedados,  se  depositen  ahi  los  que  lo  son 
(pues  está  ordenado  se  haga  esto  de  todos  los 
vedados)  y  que  se  pongan  en  la  Real  librería 
della  como  los  demás  que  hay  manuscritos, 
he  resuelto  y  tengo  por  bien  que  el  dicho 
Francisco  de  Gurmendi  haga  llevar  allá  los 
dichos  libros  y  se  entreguen  en  depósito  al  re- 
ligioso ó  persona  que  vos  nombraredes  para 
que  los  tenga  apartados  de  los  otros  libros, 
tanto  vedados,  como  no  vedados,  hasta  que 
yo  ordene  lo  que  se  ha  de  hacer  de  ellos,  sin 
que  de  ninguna  manera  se  mezclen  con  otros, 
poniéndolos  aparte  en  un  lado  de  la  librería 
más  alta  de  esa  casa  ó  donde  mejor  os  pare- 
ciere y  que  el  dicho  Francisco  de  Gurmendi 
se  halle  presente  al  tiempo  de  entregarlos  y 
ponerlos  en  San  Lorenzo,  para  que  ponién- 
dolos con  la  distancia  de  las  materias  que  él 
ha  apuntado  estén  juntos  lo  más  que  se  pu- 
diere los  de  cada  facultad  y  se  conserven  y 
hallen  más  pronto  cuando  convenga.»  «Que 
al  dicho  Francisco  de  Gurmendi  se  le  dejen 
algunos  libros  de  todas  facultades  y  ciencias 
que  él  tuviere  por  necesarios  para  sus  estu- 


34 


dios  de  la  dicha  lengua  arábiga,  como  son  vo- 
cabularios y  otros  de  la  propiedad  y  elegancia 
de  la  lengua  y  el  dicho  Gurmendi  podrá  tra- 
ducir en  castellano  algunos  que  parezcan  me- 
recerlo por  ser  materias  morales  ó  de  histo- 
ria.» «El  cual  y  el  religioso  ó  persona  á  quien 
se  entregaren  los  libros  se  han  de  tratar  fami- 
liar y  amigablemente  cuando  se  les  ofreciere 
alguna  ocasión  de  los  dichos  libros;  asi  os 
mando  que  en  esta  conformidad  deis  orden 
que  se  reciban  en  esa  casa  los  dichos  libros  y 
que  en  la  custodia  dellos  y  lo  demás  se  guarde 
puntualmente  lo  que  va  resuelto  y  declarado 
en  esta  mi  Real  cédula^  sin  esceder  dello  en 
ninguna  manera  que  así  conviene  á  mi  servi- 
cio y  es  mi  voluntad.»  «Dada  en  Madrid  á 
seis  de  Mayo  de  mil  seiscientos  y  catorce 
años.» — «Yo  el  Rey.» — «Gregorio  de  Ciriza.» 
Los  cuatro  mil  volúmenes  entregados  por 
Felipe  II  como  base  de  esta  Biblioteca,  se  dis- 
tinguen por  su  encuademación  especial,  que 
es  de  tafilete  negro  ó  morado  sobre  tablas  y 
ostentan  sus  armas  grabadas  en  el  centro. 
También  se  conocen  por  su  encuademación 
los  procedentes  de  D.  Diego  de  Mendoza;  son 
sus  cubiertas  negra  la  una  y  encarnada  la  otra 
y  tienen  estos  libros  enmedio  un  medallón 
elíptico.  El  corte  de  las  hojas  es  en  muchos  de 


35 


dos  colores  con  unas  lineas  paralelas  doradas 
que  corren  de  alto  á  bajo. 

Quien  desee  consultar  sobre  el  origen  y 
procedencia  de  los  manuscritos  existentes  en 
el  Escorial  y  sobre  la  fundación  de  la  Biblio- 
teca y  Monasterio,  revise  los  documentos  del 
archivo  de  San  Lorenzo,  las  Memorias  autó- 
grafas del  P.  Juan  de  San  Gerónimo  (estante 
1 17  plúteo  í  número  Vil,  códice  fines  siglo 
XVI),  las  Memorias  del  P.  Quevedo,  los  có- 
dices del  P.  Sigüenza,  la  famosa  Biblioteca 
griega  del  P.  Juan  de  Cuenca  (18  códices  del 
siglo  XVIII  con  el  título  de  Clave  de  la  Biblio- 
teca griega  del  Escorial). 

Todos  los  trabajos  de  los  orientalistas 
antiguos  y  modernos  no  han  podido  sin  em- 
bargo oscurecer  la  monumental  obra  de  Ca- 
siri,  y  continúa  aún  su  Biblioteca  arábigo- 
escurialense,  siendo  el  guia  que  señala  y  da  á 
conocer  el  mayor  número  de  manuscritos 
arábigos  existentes  en  el  Monasterio  de  San 
Lorenzo.  «Biblioteca  árabe  española  del  Es- 
corial por  el  Presbítero  D.  Miguel  Casiri,  Doc- 
tor en  Teología»,  distinguido  orientalista  y 
sabio  bibliotecario:  edición  hecha  bajo  los  aus- 
picios de  nuestro  ilustre  Monarca  Carlos  III; 
dos  tomos;  obra  publicada  en  Madrid  en 
MDCCLX  por  el  impresor  Antonio  de  Soto. 


36 

Se  ocupa  de  los  códices  que  tratan  de  gramá- 
tica, retórica,  poesía,  lógica,  filosofía,  política, 
medicina,  historia  natural,  jurisprudencia,  teo- 
logía, geografía  é  historia  y  ciencia  militar. 

En  la  obra  de  Casiri  constan  los  nom- 
bres de  un  gran  número  de  autores  de  la  Bi- 
blioteca árabe-española  y  de  sus  ilustres  va- 
rones. En  el  tomo  segundo  hay  un  interesante 
índice  alfabético  biográfico-bibliográñco  de 
autores  árabes;  véanse  los  códices  MDCXXXI, 
página  14. — MDCLXVIII ,  página  71. — 
MDCLXX,  página  121.— MDCLXXI,  página 
1 33  y  MDCLXXII,  página  140.  También  en  la 
página  149  hay  un  curioso  índice  de  las  mu- 
jeres que  cultivaron  las  letras  y  ciencias  en 
España. 

Se  ocupa  Casiri  de  mil  ochocientos  cin- 
cuenta y  seis  códices  arábigos,  pero  en  el  in- 
ventario de  los  códices  arábigos  del  Escorial 
formado  en  1859,  figuran  mil  novecientos 
cinco  y  además  setenta  y  dos  legajos  sin  cla- 
sificar. 

Todos  los  escritos  de  los  árabes  en  be- 
neficio de  la  ciencia,  todos  los  destellos  de  su 
sabiduría  consignados  en  sus  obras,  todos  los 
códices  que  nos  legaron,  han  ido  desapare- 
ciendo de  España  poco  á  poco.  El  Monasterio 
del  Escorial,  un  templo  católico,  ha  sido  su 


37 

último  albergue,  y  Casiri  el  propagandista  que 
les  dio  publicidad,  y  si  á  juicio  de  personas 
ilustradas  y  competentes  en  la  materia  hay  en 
su  obra  algunas  omisiones  y  pequeñas  inexac- 
titudes, se  reflejan  en  todas  las  páginas  de  ese 
grandioso  monumento  literario  levantado  por 
el  genio  de  Casiri^  su  laboriosidad  infatigable 
y  su  talento,  al  perpetuar  como  lo  ha  hecho,  la 
brillante  historia  científica  de  la  dominación 
árabe  en  España. 

Tuvo  también  la  comunidad  del  Escorial 
un  hombre  eminentísimo  en  el  estudio  y  co- 
nocimiento de  la  lengua  arábiga,  el  monge 
Fr.  Patricio  de  la  Torre^  que  dejó  al  morir  mu- 
chos opúsculos  y  trabajos  literarios,  legando 
además  cuarenta  y  siete  manuscritos  árabes 
que  habia  recogido  en  sus  expediciones  por 
África  y  que  fueron  luego  reclamados  por 
D.  Francisco  Antonio  de  Góngora  para  entre- 
garlos á  la  Real  Biblioteca.  Se  conservan  en 
la  Biblioteca  de  manuscritos  del  Escorial  dos 
códices  interesantes  de  Fr.  Patricio  de  la  Torre, 
uno  titulado  «Ensayo  sobre  la  poesía  de  los 
árabes»  y  otro  sobre  refranes  arábigos,  tra- 
ducidos al  castellano.  Códices  fines  siglo 
XVÍII.  (Estante  h.)  En  la  Biblioteca  de  impre- 
sos consta  también  yá  publicado  en  Madrid 
en  1787  el  libro  de  Fr.  Patricio  de  la  Torre 


38 

¿ 

«Ensayos  sobre  la  gramática  y  poética  de  los 
árabes.»  (Estante  W. — Plúteo  vj.) 

No  debemos  olvidarnos  de  hacer  constar 
aquí  y  con  profunda  gratitud,  que  al  ilustra- 
do literato  D.  Antonio  Conde,  compañero  de 
trabajos  arábigos  de  Fr.  Patricio  de  la  Torre, 
debe  la  literatura  Española  la  salvación  de 
la  Biblioteca  del  Escorial,  durante  la  inva- 
sión francesa.  Aunque  partidario  de  ellos  ó 
afrancesado,  conociendo  el  inmenso  valor 
de  las  riquezas  literarias  de  que  éstos  querían 
despojarnos,  al  llevarse  los  manuscritos  de 
dicha  Biblioteca,  como  se  llevaron  los  cua- 
dros y  el  oro,  plata  y  piedras  preciosas  de  las 
reliquias^  pudo  salvar  los  códices  de  nuestra 
Biblioteca  por  haber  sido  comisionado  por  el 
gobierno  francés  para  su  traslación  áese  país. 
Puso  en  unos  cajones  todos  los  manuscritos 
y  los  llevó  á  Madrid,  colocándolos  en  una 
capilla  del  convento  de  la  Trinidad,  y  haci- 
nando sobre  ellos  muchos  carros  de  libros 
impresos  para  ocultar  los  códices,  consiguió 
salvarlos,  y  sólo  se  perdieron  entonces  algu- 
nos libros  impresos  de  esta  biblioteca. 

Entre  los  muchos  manuscritos  existen- 
tes en  la  Biblioteca  del  Escorial  los  hay  no- 
tables, como  luego  expondremos  en  los  dife- 
rentes capítulos  de    este    libro.    Códices   de 


39 

ciencia,  historia  y  arte  militar,  crónicas  de  los 
reyes  de  España,  códices  de  medicina  y  lite- 
ratura, hacienda  y  estadística,  derecho,  mo- 
ral y  religión.  Aquí  se  encuentran  todas 
las  obras  de  los  clásicos  griegos  y  latinos, 
en  estas  lenguas  y  traducidas  también  al  cas- 
tellano. De  Séneca,  Marco  Tulio  Cicerón, 
Terencio,  Salustio,  Horacio,  Demóstenes, 
Platón,  Plinio  y  Valerio  hay  varios  códices 
en  los  estantes  io8,  ii3  y  114.  Los  li- 
bros de  Aristóteles  en  el  estante  119.  To- 
das las  obras  de  Hipócrates,  Galeno,  etc., 
etc.,  según  manifestaremos  al  tratar  de  los 
códices  de  medicina,  que  tanto  abundan  en 
esta  biblioteca  y  que  se  encuentran  en  grie- 
go, en  latin,  en  arábigo  y  en  castellano, 
constituyendo  una  verdadera  riqueza  lite- 
raria para  la  historia  bibliográfica  de  la  me- 
dicina. 

Hay  todas  las  obras  de  Séneca  literarias  y 
dramáticas,  traducidas  al  castellano  por  di- 
ferentes autores,  y  recuerdo,  entre  otras  tra- 
ducciones, la  hecha  por  Alfonso  de  Cartagena, 
códice  siglo  XV,  estante  108,  plúteo  3.°  En- 
tre los  manuscritos  griegos  los  hay  de  gran 
valor,  en  obras  y  en  opúsculos,  algunos  iné- 
ditos. Hay  códices  latinos  sobre  los  empera- 
dores  romanos  y  catálogos  latinos  de  digni- 


40 


dades  romanas:  la  historia  natural  de  Plinio 
en  varios  códices. 

Entre  los  latinos  es  notable  el  famoso 
códice  áureo  que  hoy  se  conserva  en  la  bi- 
blioteca alta  y  contiene  los  prefacios  de  san 
Gerónimo,  los  cánones  de  Eusebio  de  Cosa- 
rea,  y  los  Cuatro  Evangelios,  escritos  con 
letras  de  oro  por  orden  del  Emperador  Con- 
rado y  concluido  en  tiempo  de  su  hijo  D.  En- 
rique en  el  año  de  io5o.  Más  antiguos  son 
aún  los  códices  Vigiliano  y  Emilianense  que 
tratan  de  los  concilios,  escritos  en  976  y  994. 
Hay  la  biblioteca  arábigo-española  de  dere- 
cho escrita  por  Averroes,  año  705  de  la  Egi- 
ra,  historias  de  los  Califas,  varones  ilustres, 
sabios  griegos,  hebreos,  cristianos  y  árabes. 
Hay  también  un  códice  de  interés  bajo  el 
punto  de  vista  biográfico,  bibliográfico  de  Ga- 
briel de  la  Vega,  titulado:  «Catálogo  de  los 
varones  ilustres  y  doctos  en  literatura  que  ha 
tenido  España,  donde  cada  uno  murió  y  las 
obras  que  han  dado  á  la  prensa.))  Estante 
1 16,  plúteo  S.*",  número  2'-].  Hay  varios  códi- 
ces sobre  hechos  y  dichos  de  los  filósofos,  y 
entre  ellos  uno  que  se  titula:  «Compendio  de 
la  vida,  hechos,  dichos  y  costumbres  de  los 
antiguos  filósofos;»  códice  en  vitela,  de  prin- 
cipios del  siglo  XV,  de  Fr.  Juan  Gallensi. 


41 

Catálogo  y  breve  noticia  de  los  antiguos  filó- 
sofos y  poetas,  en  número  de  119.  Estante 
io3,  plúteo  2.'',  número  8. 

Hay  notables  apocalipsis  y  entre  ellos  es 
superior  á  toda  ponderación  uno  escrito  con 
tanto  lujo  y  con  tan  preciosas  viñetas  y  pro- 
fusión de  ellas  que  puede  presentarse  este 
códice  como  uno  de  los  más  sorprendentes  y 
curiosos  de  la  biblioteca.  Hay  otro  apoca- 
lipsis de  San  Amadeo,  escrito  de  su  mano; 
códice  del  siglo  XV,  estante  i>!o,  plúteo  3.° 
Son  dignos  de  especial  mención  entre  los 
manuscritos  castellanos  el  «Censo  general  de 
España,»  de  Felipe  II,  el  fam.oso  orde- 
namiento auténtico  de  Alcalá  y  todas  las 
obras  de  Alfonso  de  Madrigal,  vulgo  el  Tos- 
tado. 

Hay  muchas  y  muy  buenas  obras  reli- 
giosas y  entre  ellas  varias  colecciones  de  in- 
terés para  la  oratoria  sagrada  y  para  la  poesía 
religiosa.  Se  encuentran  también  las  obras  de 
Santo  Tomás  de  Aquino,  San  Isidoro,  San 
Leandro  y  Santa  Teresa  de  Jesús.  De  esta 
última,  además  de  sus  códices  de  la  Biblioteca 
de  manuscritos,  hay  en  el  camarín  del  Mo- 
nasterio cuatro  libros  suyos  autógrafos  que 
tratan  de  su  vida,  de  fundaciones,  modo  de 
visitar  los  conventos  de  su  orden  y  su  cele- 


42 


bre  libro  «Camino  de  perfección.»  Hay  tam- 
bién en  dicho  camarin  entre  los  cuatro  men- 
cionados, otros  dos  libros  notables,  siendo  el 
más  antiguo  un  tratado  de  San  Agustin  sobre 
la  administración  del  Bautismo  á  los  párvu- 
los, escrito  en  la  primera  mitad  del  siglo  VII^ 
y  es  el  otro  un  libro  de  los  Evangelios  que  se 
cantaban  en  la  iglesia  griega. 

Entre  varios  códices  de  música  existe  uno 
autógrafo  de  Fr.  Antonio  Soler,  monge  del 
Escorial,  titulado  «Llave  de  la  modulación  y 
antigüedades  de  la  música,»  códice  en  4.°  de 
fines  del  siglo  XVII,  estante  120,  plúteo  3.° 
Hay  también  de  Fr.  Ignacio  Ramoneda,  mon- 
ge del  Escorial,  un  índice  de  la  insigne  libre- 
ría del  coro  de  dicho  Real  Monasterio,  con 
su  historia,  sugetos  que  trabajaron  en  su  for- 
mación, etc.,  códice  en  4.*'  del  siglo  XVIII, 
estante  120,  plúteo  3.°  Y  es  de  lo  más  notable, 
yá  que  de  ello  nos  ocupamos  ahora,  los  libros 
de  coro  del  Escorial,  siendo  su  mérito  tan  su- 
perior, que  no  los  hay  iguales  en  el  mundo; 
son  doscientos  diez  y  nueve  y  tienen  cada  uno 
vara  y  cuarta  de  alto  por  una  de  ancho;  sus 
hojas  de  piel  de  carnero,  tan  bien  curtidas, 
que  ambas  caras  quedaron  completamente 
limpias  y  blancas,  componiendo  un  total  de 
diez  y  siete  mil  pieles.  El  carácter  de  letra  de 


43 

estos  libros  es  bellísimo,  estando  las  virgina- 
les y  letras  iniciales  muy  bien  iluminadas,  y 
contienen  lindas  viñetas  con  los  misterios  de 
nuestra  religión  é  imágenes  de  santos  perfec- 
tamente ejecutadas  por  Fr.  Julián  de  Fuente 
el  Zaz,  Fr.  Andrés  de  León  y  Ambrosio  de 
Salazar.  Estos  fueron  también  los  autores  de 
las  preciosas  viñetas  pintadas  en  otro  famoso 
libro  que  se  conserva  en  la  sacristía  del  Mo- 
ansterio  de  San  Lorenzo  del  Escorial  y  es  un 
capulí  lar  io  de  sobresaliente  mérito,  con  cu- 
biertas de  terciopelo  carmesí  y  cantoneras  y 
manecillas  de  plata.  Está  escrito  por  el  célebre 
monge  Martin  de  Falencia  y  contiene  diez  y 
ocho  viñetas  y  caprichosísimos  adornos. 

Hay  en  el  Escorial  algunos  códices  del 
célebre  Arias  Montano,  y  de  éste,  y  de  varios 
códices  allí  existentes  en  que  se  trata  de  la 
Compañía  de  Jesús  y  en  donde  hay  documen- 
tos de  importancia,  he  sacado  curiosas  co- 
pias y  útiles  noticias  de  gran  interés  para  la 
historia  de  los  Jesuítas  en  España. 

En  el  capítulo  en  que  nos  ocupamos  de 
los  códices  de  ciencia  y  arte  militar  y  en  el  re- 
ferente á  Marina,  constan  los  muchos  manus- 
critos (con  figuras,  planos  y  dibujos  muchos 
de  ellos),  que  importa  conocer  á  los  jefes  y 
oficiales  del  Ejército  y  Armada  y  que  han  mo- 


44 

tivado  más  principalmente  la  publicación  de 
este  libro. 

Hay  en  el  monasterio  del  Escorial  una 
numerosa  colección  de  biblias,  alcoranes,  mi- 
sales y  breviaros,  con  preciosos  adornos  y  mi- 
niaturas en  algunos  y  con  letras  de  oro,  orlas 
y  flores  primorosamente  ejecutadas. 

En  la  Biblioteca  del  Escorial  están  el  de- 
vocionario de  Isabel  la  Católica,  el  breviario 
de  Carlos  V  y  el  de  Felipe  II.  Se  conservan 
misales  en  vitela  de  los  siglos  XIII  y  XIV  y 
diferentes  martirologios  y  evangelios;  hay  un 
antiquísimo  breviaro  mutilado,  en  vitela,  del 
siglo  XII,  con  doscientos  ochenta  folios;  es- 
tante 120,  plúteo  3.%  y  algunas  biblias  en  la- 
tín y  en  castellano  escritas  en  los  siglos  XII, 
XIV  y  XV. 

En  lengüistica  hay  muchos  diccionarios, 
vocabularios,  gramáticas  é  índices  antiguos; 
hay  claves  de  la  biblioteca  griega  é  índice  al- 
fabético de  las  interpretaciones  de  los  nom- 
bres hebreos,  griegos  y  latinos.  Un  códice  de 
etimología,  de  voces  castellanas  en  otras  len- 
guas, por  el  Licenciado  Valverde,  de  princi- 
pios del  siglo  XVI,  estante  1 16,  plúteo  i  .^ 

Diccionarios  latino,  arábigo,  hebreo,  ar- 
menio y  persiano;  diccionario  de  nombres  pro- 
pios y  un  diccionario  bíblico,  códice  en  vi- 


45 

tela,  folio  máximo  del  siglo  XII  y  con  doscien- 
tos sesenta  y  seis  folios;  estante  117,  plúteo 
i.°,  número  8. 

Hay  libros  manuscritos  de  actas  capitu- 
lares y  extractos  del  archivo,  Memorias  autó- 
grafas del  famoso  P.  Antonio  de  Villacastin, 
varias  historias  de  la  Orden  de  San  Gerónimo, 
catálogo  de  la  Biblioteca  del  Vaticano,  catá- 
logo de  la  Biblioteca  griega  y  latina  del  Car- 
denal Sirlet  y  una  colección  de  cartas  intere- 
santes copiadas  de  manuscritos  del  Vaticano 
sobre  asuntos  literarios,  y  particularmente  nu- 
mismáticos; códices  siglos  XVII  y  XVIII,  es- 
tante 1 18,  plúteo  2.° 

En  la  Biblioteca  de  impresos  hay  también 
obras  notables,  que  es  allí  fácil  encontrar,  por- 
que hay  formados  diferentes  catálogos  de  esta 
Biblioteca,  situada  en  la  galería  alta  del  Mo- 
nasterio y  que  merece  se  visite  con  mucha  de- 
tención. Se  ven  en  ella  algunos  libros  raros  y 
varios  incunables  y  es  la  obra  más  antigua  el 
Speculiim  vitce  humance,  impreso  en  Roma 
por  Pedro  de  Máximo  en  el  año  1468,  preci- 
samente en  el  mismo  año  en  que  falleció  el 
célebre  inventor  de  la  imprenta  Guttemberg. 
Hay  también  algunas  ediciones  en  vitela  y  un 
ejemplar  completo  de  la  célebre  Biblia  regia 
de  Arias  Montano,  todas  las  obras  de  Santo 


46 

Tomás  de  Aquino,  una  edición  de  Virgilio  de 
1470  y  otras  muchas  obras  de  que  no  debo 
tratar  ahora,  pues  sólo  me  ocupo  en  este  libro 
de  los  manuscritos  del  Escorial,  que  deseo 
dar  á  conocer  del  modo  más  compendiado 
que  sea  posible  hacerlo.  Quiero  sin  embargo 
manifestar  la  existencia  de  una  preciosa  co- 
lección de  grabados  que  se  guardan  en  la  Bi- 
blioteca principal,  porque  es  magnífica  y  con- 
tiene láminas  admirables  de  Alberto  Durero, 
Lúeas  de  Holanda,  Miguel  Ángel  y  otros  cé- 
lebres artistas.  Hay  también  varios  dibujos  de 
las  ropas  de  la  sacristía  del  Monasterio.  No 
existe  catálogo  oficial  y  detallado  de  esta  co- 
lección de  estampas  de  tanto  mérito,  pero  ha 
tenido  la  paciencia  y  el  buen  gusto  de  formar- 
lo, aunque  todavía  no  lo  ha  dado  á  luz  mi  ex- 
celente amigo  y  distinguido  crítico  D.  Cefe- 
rino  Araujo,  quien  no  sólo  cultiva  con  espe- 
cial talento  las  bellas  Artes,  sino  que  se  ocupa 
además,  y  con  acierto,  de  literatura,  habiendo 
publicado  varios  trabajos  literarios,  y  entre 
ellos  creo  que  ha  dado  yá  á  conocer  el  códice 
de  los  cuentos  de  Calila  y  Dina  existentes  en 
la  Biblioteca  del  Escorial. 

Al  entregar  en  i85g  la  Biblioteca  del  Es- 
corial al  dignísimo  P.  D.  Gerónimo  Pagés 
existían,  según  el  inventario  que  se  hizo,  vein- 


47 

ticinco  mil  cuarenta  y  tres  impresos  y  cuatro 
mil  seiscientos  cuatro  manuscritos,  constitu- 
yendo un  total  de  veintinueve  mil  seiscientos 
cuarenta  y  tres  volúmenes.  Habia  entre  los 
manuscritos  quinientos  ochenta  y  tres  códices 
griegos,  mil  novecientos  cinco  arábigos,  va- 
rios legajos  sin  clasificar,  setenta  y  tres  he- 
breos y  dos  mil  cuarenta  y  tres  latinos^  caste- 
llanos y  en  otras  lenguas. 

No  es  posible  ocuparse  de  la  Biblioteca 
del  Escorial  sin  dedicar  un  grato  recuerdo  de 
admiración  y  entusiasta  agradecimiento  al  sa- 
bio Rey  D.  Alfonso  X,  protector  de  todos  los 
hombres  de  ciencia  sin  distinción  de  religio- 
nes ni  de  razas.  Todas  las  inteligencias  halla- 
ron en  D.  Alfonso  decidida  protección,  y  para 
ejemplo  de  tolerancia  religiosa  que  tanto  con- 
trasta con  el  injusto  proceder  de  otros  monar- 
cas, y  como  prueba  evidente  de  que  antes  que 
á  las  cuestiones  teológicas  atendía  primero  á 
los  progresos  de  la  ciencia,  reunió  en  Toledo 
á  todos  los  hombres  eminentes  en  matemáti- 
cas y  en  astrología,  cristianos,  judíos  y  moros 
para  que  discutiesen  en  su  presencia  y  corri- 
gieran los  defectos  de  las  tablas  Ptolomáicas, 
cuya  obra  duró  diez  años,  formándose  en  ese 
tiempo  las  conocidas  con  el  nombre  de  Alfon- 
sinas. 


48 

Aumentó  el  Rey  D.  Alfonso  las  cátedras 
de  la  Universidad  de  Salamanca,  llamó  á  los 
sabios  de  Egipto  para  aprender  con  ellos  y  es- 
cribió de  todo  cuanto  puede  abarcar  la  inteli- 
gencia humana,  revestida  de  las  galas  de  la 
poesía  y  del  sentimiento,  siendo  sus  obras  y 
las  que  él  mandó  escribir,  que  se  encuentran 
en  diferentes  códices  de  la  Biblioteca  del  Es- 
corial, objeto  de  admiración  y  de  alabanza  im- 
perecedera. Dice  el  P.  Sarmiento:  «Todo 
cuanto  hizo  escribir  el  Rey  es  un  preciosísimo 
tesoro  de  la  lengua  castellana  del  siglo  XIII; 
por  esto  se  debían  registrar  todos  los  archivos 
y  bibliotecas  hasta  tropezar  ó  con  ios  origina- 
les ó  con  las  copias  más  coetáneas  para  rec- 
tificar el  texto  y  después  hacer  una  magnífica 
edición  de  todo  cuanto  el  expresado  Rey  es- 
cribió ó  mandó  escribir  para  el  conocimiento 
de  la  antigüedad  y  etimología  de  la  significa- 
ción de  muchas  de  nuestras  voces. » 

Al  revisar  algunos  códices  del  Escorial, 
¿cuántas  veces  he  recordado  los  justos  deseos 
del  P.  Sarmiento  en  asunto  de  tanto  interés 
para  nuestra  patria  y  para  la  gloria  y  presfigio 
de  la  monarquía?  ¿No  han  debido  nuestros  re- 
yes permanecer  indiferentes  á  la  perpetuación 
y  publicidad  de  tan  grandioso  monumento  li- 
terario, yá  que  en  sus  archivos  y  en  la  Biblio- 


49 

teca  del  Escorial  hay  materiales  de  riquísimo 
valor  para  la  obra?  Existen  en  ella  muchos 
códices  del  Rey  D.  Alfonso  X  y  otros  varios, 
como  sus  cantigas,  que  se  llevaron  á  la  Aca- 
demia de  la  Historia,  podrían  reunirse  para 
formar  una  sola  colección.  Del  maestro  Ber- 
nardo y  Abraham  Alfaqui  he  visto  un  códice 
traducido  del  árabe  por  mandato  del  Rey  Don 
Alfonso  y  se  titula  «Azarchel,»  fábrica  y  usos 
de  la  azafelia;  se  encuentra  en  el  estante  107, 
plúteo  2/  Hay  también  un  curiosísimo  códice 
en  folio  mayor  y  en  vitela  del  siglo  XIV  so- 
bre «el  juego  de  axedrés,  dados  y  tablas,  etcé- 
tera,» mandólo  ordenar  el  Rey  D.  Alfonso  el 
Sabio  con  explicaciones  y  pinturas  para  en- 
tenderlos y  en  cuyo  final  se  lee:  «Este  libro 
fué  comenzado  é  acabado  en  la  cibdad  de  Se- 
villa por  mandado  del  muy  noble  Rey  D.  Al- 
fonso, en  treinta  y  dos  años  que  el  Rey  sobre- 
dicho regno,  en  la  Era  de  i32i  anno.» 

Jehudah-Mosca,  llamado  el  Catón,  y  que 
nació  en  Toledo,  fué  médico  del  Rey  D.  Alfon- 
so X,  y  en  el  año  de  i25o  concluyó  la  traduc- 
ción castellana  que  siendo  Infante  D.  Alfonso  le 
mandó  hacer  de  una  obra  antigua  escrita  en 
lengua  arábiga  y  que  trata  ^^de  trescientas  sesen- 
ta piedras,  según  los  grados  de  los  signos  ce- 
lestes, del  color  de  cada  una  de  ellas,  nombre, 


50 

virtud^  lugar  en  que  fué  hallada  y  figuras  de 
los  signos  que  reciben  su  valor  y  fuerza.  »>  Este 
(^famoso  lapidario^)  fué  escrito  primero  en 
Caldeo,  después  traducido  al  arábigo  por  un 
moro  llamado  Abolays,  y  según  parece,  lo  te- 
nia escondido  maliciosamente  un  judío  tole- 
dano de  quien  pudo  tomarlo  el  Rey  D.  Al- 
fonso X  é  informado  de  su  mérito,  encargó  la 
traducción  castellana  a  su  médico,  el  hebreo 
Jehudah-Mosca.  He  tenido  ocasión  de  exami- 
nar detenidamente  tan  preciosos  códices,  ador- 
nados con  pinturas  y  de  los  cuales  estaba  sa- 
cando unas  excelentes  copias  fotográficas  en  la 
época  de  mi  permanencia  en  el  Escorial  mi 
amigo  y  distinguido  fotógrafo  D.  Antonio 
Selfa,  que  también  habia  yá  obtenido  antes  la 
copia  de  las  obras  autógrafas  de  Santa  Teresa. 
El  códice  «Bocados  de  oro»  que  existe  en  la 
Biblioteca  del  Escorial,  se  atribuye  á  D.  Al- 
fonso, y  hay  además  en  dicha  Biblioteca  sus 
leyes  de  partida  y  varias  crónicas  referentes  á 
este  Rey  á  quien  la  posteridad  hizo  justicia. 
¡Siempre  son  justos  los  severos  é  imparciales 
fallos  de  la  historia  cuando  tiene  que  registrar 
en  sus  anales  y  en  sus  más  brillantes  páginas 
de  gloria  los  ilustres  nombres  de  Monarcas 
como  D.  Alfonso  el  Sabio  y  Carlos  III ! 


CAPITULO  III 


HISTORIA,  CIENCIA  Y  ARTE   MILITAR 


En  el  período  más  glorioso  de  nuestra 
preponderancia  militar  también  las  Artes  y  las 
letras  llegaron  á  su  mayor  apogeo  de  gloria  y 
de  cultura  en  nuestra  patria,  siendo  España 
el  emporio  de  la  ilustración  de  Europa  y  un 
foco  constante  de  luz  y  de  progreso  en  los  di- 
versos ramos  y  manifestaciones  del  saber  hu- 
mano. 

Las  páginas  de  la  Historia  militar  y  lite- 
raria de  España  en  el  siglo  XVI,  son  de  en- 
grandecimiento material  é  intelectual,  porque 
todo  floreció  en  aquella  época  en  que  no  habia 
obstáculos  que  pudieran  detener  la  marcha 
de  nuestras  tropas,  ni  pueblos  que  no  apren- 
diesen algo  de  nuestras  escuelas  ó  escuchasen 


52 

con  entusiasta  admiración  y  profundo  respeto 
la  autorizada  voz  de  los  maestros  españoles. 
Nuestra  ilustración  se  comunicó  á  todo  el 
mundo;  actividad  febril  que  se  desbordaba 
bajo  formas  diferentes,  pues  al  mismo  tiempo 
que  la  Monarquía  se  engrandeció  con  la  fuerza 
de  las  armas,  iban  nuestros  sabios  á  todas 
las  naciones,  y  más  principalmente  á  Italia, 
Francia  y  Alemania,  cuyos  países  recibieron 
entonces  de  España  el  fermento  de  su  civiliza- 
ción con  la  ciencia  y  el  dominio  y  la  ley  que 
nuestras  tropas  imponían  á  los  pueblos  de 
América  y  de  Europa,  con  el  poder  de  la  vic- 
toria en  sus  combates  y  conquistas. 

Todas  las  obras  clásicas  griegas  y  latinas 
se  traducían  en  nuestro  país  en  diferentes  idio- 
mas, todas  se  comentaron  y  toda  la  ilustra- 
ción de  los  árabes  la  difundió  España  por  Eu- 
ropa. No  había  entonces  poetas  que  rivaliza- 
ran con  Argensola,  Herrera  y  Garcilaso;  his- 
toriadores como  Mariana  y  Mendoza;  huma- 
nistas como  Nebrija;  médicos  famosos  y  es- 
cuelas como  las  nuestras;  las  matemáticas,  la 
astronomía,  las  ciencias  naturales,  la  topogra- 
fía militar  y  médica,  las  expediciones  científi- 
cas, no  estaban  en  ninguna  nación  á  la  altura 
de  adelantos  que  en  España.  En  este  siglo  de 
vida  y  desarrollo  intelectual,  nos  dice  la  His- 


53 

toria  que  el  Emperador  Carlos  V  derrota  á 
Francisco  I  de  Francia  y  haciéndole  prisio- 
nero le  conduce  á  Madrid.  Y  ese  mismo  Em- 
perador que  encerraba  al  Rey  de  Francia  en 
la  torre  de  los  Lujanes,  toma  á  Roma,  des- 
hace la  liga  formada  por  el  Papa  Clemente 
VII  y  pone  preso  al  Sumo  Pontífice  en  el  cas- 
tillo de  San  Angelo.  En  lo  militar,  humilló  el 
poder  militar  de  Francia,  y  se  sobrepuso  á 
todas  las  influencias  y  poderes  religiosos  de 
la  época,  al  decretar  la  prisión  del  Jefe  Su- 
premo de  la  Iglesia.  Marchó  Carlos  V  á  África 
con  cincuenta  mil  hombres  en  i535,  entró  en 
Túnez  y  en  la  Goleta,  volvió  al  África  para 
combatir  contra  Bárbaro  ja,  hizo  la  guerra  á 
los  turcos,  se  impuso  en  Alemania  y  en  Italia, 
en  África  y  en  Flandes,  y  sin  contar  con  sus 
conquistas  en  Europa,  engrandeció  la  Monar- 
quía con  las  de  Méjico,  el  Perú,  Chile  y  el  Pa- 
raguay, engarzando  á  su  corona  las  ricas  joyas 
de  nuevos  dominios  y  extensas  posesiones  en 
América.  Su  hijo  Felipe  II  gana  la  memora- 
ble batalla  de  San  Quintín  en  i557  y  funda  el 
Monasterio  del  Escorial,  que  ha  de  servir  de 
hospitalario  asilo  á  la  ciencia;  manda  al  fa- 
moso Duque  de  Alba  á  Portugal  y  en  dos 
batallas  le  conquista  un  reino.  La  Armada 
española  coaligada  y  al  mando  de  D.  Juan  de 


54 

Austria,  derrota  á  los  turcos  en  Lepanto  en 
1 571^  y  Cervantes,  héroe  de  esa  jornada,  es 
el  español  más  ilustre  de  nuestras  glorias  lite- 
rarias. 

La  monarquía  militar  del  siglo  XVI  no 
se  opuso  al  imperio  de  las  letras,  pero  faltaba 
sin  embargo  algo  en  nuestra  patria;  el  cielo  de 
su  gloria  era  triste,  y  muy  sombrío  el  hori- 
zonte desús  conquistas;  la  nube  que  oscurecía 
la  luz  de  la  razón,  esclavizando  también  las 
conciencias,  era  que  faltaba  aún  en  España 
para  consolidar  la  civilización,  la  fuerza  es- 
pansiva  y  fecundante  de  la  libertad  política  y 
civil  subyugadas  por  el  fanatismo  de  la  época. 
Las  crueldades  de  Felipe  II  en  los  Países 
Bajos,  la  muerte  de  Lanu/.a  y  otros  hechos  y 
actos  de  su  gobierno,  nos  demuestran  que  la 
razón  y  el  derecho  sufrían  de  una  manera  de- 
masiado vejatoria  para  el  legítimo  progreso  y 
ordenado  desarrollo  de  la  sociedad  y  vida  de 
los  pueblos,  el  intransigente  dominio  de  la 
fuerza. 

En  la  Biblioteca  del  Escorial  hay  precio- 
sos datos  para  seguir  paso  á  paso  3^  al  través 
de  todos  los  siglos  la  historia  de  la  ciencia  re- 
presentada por  sus  códices  científicos;  la  his- 
toria de  la  Monarquía  española  por  sus  nu- 
merosas crónicas  y  nuestra  historia   militar 


55 

por  los  muchos  manuscritos  que  hay  en  ella. 
Y  todos  los  cuerpos  é  institutos  del  Ejército  y 
Armada  encontrarán  en  esta  Biblioteca  alguna 
obra  de  particular  interés  y  muchas  de  espe- 
cial estudio  ó  de  agradable  distracción.  Divi- 
diremos en  varios  capítulos  la  noticia  deta- 
llada de  estos  códices,  distribuyéndolos  en  las 
agrupaciones  particulares  de  las  diferentes  ma- 
terias de  que  tratan,  consagrando  el  primer 
capítulo,  dividido  en  varias  partes,  álos  códi- 
ces de  ciencia  y  arte  militar  é  historia,  y  ocu- 
pándonos en  otros  capítulos  de  los  pertene- 
cientes á  Marina,  Hacienda  y  Estadística,  Me- 
dicina militar  y  Derecho;  dedicaremos  también 
un  capítulo  á  la  exposición  de  muchos  é  inte- 
resantes manuscritos  de  ciencia  en  general  y 
de  literatura  que  existen  en  la  Bibhoteca  del 
Escorial,  y  concluirá  nuestro  trabajo  con  una 
serie  de  consideraciones  científicas  y  mili- 
tares. 

En  el  capítulo  de  los  códices  dedicado  al 
Ejército,  debemos  llamar  la  atención  acerca 
de  los  códices  griegos  por  sus  figuras  y  viñe- 
tas, muy  importantes  para  la  historia  de  la 
guerra;  respecto  á  los  escritos  en  lengua  caste- 
llana, los  hay  notables,  no  solo  bajo  el  punto 
de  vista  militar  y  científico,  sino  porque  tam- 
bién se  conservan   entre  ellos  autógrafos  de 


56 


mucho  interés  como  los  de  Londoño,  Contre- 
ras,  Portocarrero,  etc.  Hay  varios  sobre  ba- 
tallas campales  célebres,  siendo  dignos  de  men- 
ción los  titulados  «Árbol  de  batallas;»  se  en- 
cuentran bastantes  compendios  de  arte  mili- 
tar y  algunos  códices  que  tratan  de  máquinas  é 
instrumentos  de  guerra.  De  fortificación  hay 
un  curioso  códice  del  siglo  XVI,  autógrafo,  de 
Francisco  Marchis,  con  veintinueve  estampas, 
diferentes  manuscritos  de  Vitrubius  v  varios 
sobre  algunas  plazas  fuertes  de  Europa  y 
Francia. 

Nos  detendremos,  aunque  ligeramente, 
en  la  exposición  de  algunos  códices  de  deter- 
minados periodos  históricos,  por  la  íntima  re- 
lación que  tienen  con  el  Ejército  y  con  la  his- 
toria militar  los  sucesos  y  hechos  que  en  ellos 
se  relatan.  Nada  más  completo  en  ese  género 
que  las  campañas  cié  Carlos  V,  las  de  D.  Juan 
de  Austria  y  Duque  de  Alba,  donde  además 
de  los  asuntos  militares  se  encuentran  verda- 
deros modelos  de  escritos  de  guerra.  La  his- 
toria de  los  Monarcas  y  de  los  reinados  esen- 
cialmente militares,  interesan  mucho  al  Ejér- 
cito y  debe  fijar  en  ellos  su  atención.  Expon- 
dremos los  manuscritos  que  existen  de  las  ór- 
denes militares  y  de  algunos  libros  de  caballe- 
ría yá  que  tanto  contribuyeron  antiguamente 


57 

á  mantener  el  espíritu  militar  y  caballeresco, 
verdadera  monomanía  de  cierta  época  tan  ad- 
mirablemente representada  en  Don  Quijote 
por  nuestro  inmortal  Cervantes.  De  historia 
antigua  hay  excelentes  códices,  varios  de  la 
guerra  de  Troya  y  muchos  del  Imperio  ro- 
mano. 

Todos  los  historiadores  tienen  en  esta 
selecta  Biblioteca  legítima  y  digna  representa- 
ción. La  Historia  de  España  puede  conside- 
rarse como  una  historia  militar  en  la  que  hay 
épocas  de  gloria  y  épocas  funestas  que  deben 
recordarse  mucho^  porque  los  sucesos  adver- 
sos, como  los  desengaños  de  la  vida,  son  los 
que  nos  dan  á  veces  un  cabal  y  más  exacto 
conocimiento  de  la  realidad  y  consecuencias 
de  las  cosas. 

En  las  apreciaciones  históricas  y  po- 
líticas y  aun  en  las  religiosas,  no  siempre 
la  verdad  se  sobrepone  á  la  pasión  y  al  inte- 
rés de  doctrinas  de  secta  ó  de  partido,  según 
el  apasionado  criterio  de  cada  uno  en  relación 
con  sus  ideas.  Pregúntese  si  no  á  un  protes- 
tante y  á  un  católico  de  parte  de  quién  estaba 
la  razón,  si  de  Felipe  II  ó  de  los  luteranos,  si 
del  Duque  de  Alba  ó  de  los  herejes  á  quienes 
combatía.  Pregúntese  si  fué  justa  ó  arbitraria 
é  inconveniente  la  expulsión  de  los  moriscos 


58 

y  judíos  en  España;  pregúntese  si  el  Rey  Don 
Pedro  de  Castilla  fué  cruel  ó  justiciero;  pre- 
gúntese sobre  la  bondad  de  los  sistemas  y  de 
las  instituciones,  acerca  de  la  Inquisición,  so- 
bre el  poder  temporal  de  los  Papas,  la  revo- 
lución francesa  y  las  diferentes  formas  de  go- 
bierno y  organización  de  los  ejércitos,  y  cada 
cual  examinará  las  cosas  y  juzgará  los  hechos 
á  su  modo,  apesar  de  revelarse  bien  patente  la 
verdad,  oscurecida  como  la  justicia,  por  el  ex- 
clusivismo personal  y  por  la  intransigencia  de 
la  opinión.  En  los  hechos  de  los  tiranos,  dice 
C.  Gornelio,  «no  se  escribe  la  verdad  mien- 
tras ellos  viven  por  miedo  de  ellos,  y  después 
de  su  muerte,  por  aborrecimiento. » 

En  la  Biblioteca  arábigo-escurialense  de 
Casiri  se  mencionan  los  códices  arábigos  de 
ciencia,  historia  y  arte  militar  existentes  en  el 
Escorial.  Hay  en  esta  Biblioteca  composiciones 
poéticas  y  alabanzas  guerreras  en  códices  ará- 
bigos, comentarios  de  guerra,  preceptos  mili- 
tares y  estrategia,  hay  manuscritos  arábigos 
de  ilustres  guerreros  españoles,  un  tratado  de 
arte  ecuestre  del  cordobés  Aldhamiathi  y  otros 
que  se  ocupan  de  instrumentos  de  guerra,  ar- 
mas y  caballos. 

En  los  códices  arábigos  del  Escorial  se 
trata  de  los  ingenios  ó  máquinas  para  disparar 


59 

armas  arrojadizas  por  medio  de  los  polvos  de 
nitro,  lo  cual  describen  los  árabes  en  sus  li- 
bros como  de  muy  antiguo  uso  y  adelantando 
su  conocimiento  en  esta  materia  á  la  época  de 
la  invención  de  la  pólvora  en  Europa.  El  có- 
dice señalado  por  Casiri  en  el  tomo  segundo 
de  su  Biblioteca  con  el  número  MDCXXXV 
donde  se  hace  mención  del  nitrati  pulveris  y 
que  lleva  el  epígrafe  de  Tonnentoriini  bellico- 
riim  nitrati  piiheris  apiid  Árabes  antiquitate 
atque  iisii,  trae  curiosas  observaciones,  extrac- 
tos de  autores  arábigos  y  algunos  párrafos  in- 
teresantes de  Casiri  sobre  el  particular  que 
constan  en  la  crónica  de  los  Reyes  de  Castilla 
de  Alfonso  XIL  capitulo  CCXXÍíI:  «Y  los  mo- 
ros de  la  ciudad  lanzaban  muchos  truenos 
contra  la  hueste  en  que  lanzaban  pellas  de 
fierro  grandes,  tamaños  como  manzanas  muy 
grandes  y  lanzábanlas  tan  lejos  de  la  ciudad 
que  pasaban  allende  de  la  hueste  algunas 
dellas;  é  algunas  dellas  ferian  en  la  hueste.» 
Dice  en  el  capitulo  CCCXXXVII  de  dichas 
crónicas:  «Y  seyendo  fecha  la  mayor  parte 
dello  en  veinte  y  cuatro  dias  andados  deste 
mes  de  Febrero^  entraron  en  la  ciudad  cinco 
Zabras  y  Saetias  cargadas  de  fariña  y  de  miel 
y  de  manteca  y  de  pólpora  con  que  lanzaban 
del  trueno.))  Y  expresa  luego:  Ex  editiene  His- 


60 

palensi  ani  i5jo.  «Y  aun  mucho  tiempo  an- 
tes desto  en  la  crónica  del  Rey  D.  Alonso  que 
ganó  á  Toledo  escribe  D.  Pedro,  Obispo  de 
León,  que  en  una  batalla  de  mar  que  hubo  en- 
tre el  armada  del  rey  de  Túnez  y  la  del  Rey 
de  Sevilla,  moros  á  quienes  favorecía  el  Rey 
D.  Alonso,  los  navios  del  rey  de  Túnez  traian 
ciertos  tiros  de  hierro  ó  lombardas  con  que 
tiraban  muchos  truenos  de  fuego,  lo  cual  si  así 
es,  debió  de  ser  artillería,  aunque  no  en  la  per- 
fección de  agora  y  há  esto  más  de  cuatrocien- 
tos años. »  Al  ocuparse  Casiri  del  códice  ará- 
bigo de  la  Biblioteca  del  Escorial,  número 
MDCXLVII  menciona  (año  yóS  de  la  egira) 
que  trata  de  Re  militari precepta  y  de  estrata- 
gema y  que  en  el  capítulo  XX  de  presidís  mu- 
niendis  SQ  hace  referencia  de  la  pólvora,  tra- 
tando los  otros  libros  de  este  códice  de  equita- 
ción, de  régimen  de  guerra,  etc. 

Entre  los  muchos  códices  arábigos  del 
Escorial  hay  varios  que  se  ocupan  de  milicia, 
matemáticas,  astronomía  é  historia  y  puede 
consultarse  con  provecho  la  obra  de  Casiri. 
Hay  diferentes  manuscritos  de  crónicas  é  his- 
torias de  los  varones  ilustres  que  florecieron 
en  España,  la  historia  de  Alejandro  Magno  y 
la  de  los  Califas,  un  diccionario  histórico  en 
arábigo,  un  códice  del  origen  del  Nilo,  y  en  el 


61 

prólogo  de  la  obra  de  Casirí  constan  los  nom- 
bres de  los  autores  árabes  que  tratan  en  los 
códices  del  Escorial  de  historia  y  matemáti- 
cas, de  astronomía  y  geografía.  Sólo  de  his- 
toria examina  Casiri  más  de  ciento  veinte  có- 
dices^ y  entre  ellos  merecen  citarse  el  seña- 
lado con  el  número  MDCXLIX  que  trata  de 
«Autores  de  historia,»  el  códice  MDCXXXVI 
que  tiene  un  «índice  de  todos  los  historiado- 
res árabes,))  el  códice  MDCLXVIII  de  escri- 
tores árabes  y  otros  códices  con  índices  alfa- 
béticos biográfico-bibliográficos,  crónicas,  des- 
cripciones de  Granada,  etc.,  etc. 

Hay  un  códice  con  el  número  i652  del 
inventario  de  la  Biblioteca  titulado  «Arte  mi- 
litar de  Ben-Azil))  que  es  de  interés.  Se  halla 
también  con  los  códices  hebreos  de  la  Biblio- 
teca del  Escorial  un  manuscrito  titulado  «His- 
toria del  Imperio  de  Nabucodonosor  y  de  sus 
sucesores.))  Estante  G.,  plúteo  2.^ 

Entre  los  manuscritos  de  ciencia  y  arte 
militar,  los  hay  autógrafos  de  mucha  impor- 
tancia y  de  mérito  científico^  literario  y  biblio- 
gráfico, es  digno  de  especial  mención  el  de 
D.  Alfonso,  Duque  de  Estrada  Portocarrero, 
titulado  «Deberes  délas  clases  militares  desde 
soldado  á  capitán  general.»  Está  dedicado  ai 
Duque  de  Sanlúcar  la  Mayor,  Conde  de  Oli- 


62 

vares,  y  manifiesta  el  autor,  que  continuando 
los  servicios  de  sus  antecesores^  pertenece  al 
Ejército  español  durante  veinte  años  é  ingresó 
en  él  cuando  tenía  catorce  de  edad,  ocupando 
todos  los  puestos  de  la  milicia,  desde  soldado 
particular  á  cabo  de  escuadra,  sargento,  alfé- 
rez, entretenido,  capitán  de  infantería  y  sar- 
gento mayor.  Y  por  esta  experiencia  propia, 
cree  en  provecho  de  la  Nación  y  del  Ejército 
que  su  libro  ó  breve  epitome  de  las  obligacio- 
nes de  cada  oficio  militar,  puede  ser  de  gran 
utilidad.  Comienza  su  discurso  primero,  ma- 
nifestando lo  que  es  y  debe  ser  el  soldado  y 
véase  qué  lenguaje  y  qué  ideas  sustentaba  en 
aquella  época  al  hablar  de  los  merecimientos 
y  virtudes  principales  de  un  buen  capitán, 
quien  perteneciendo  á  un  linaje  ilustre  dice: 
«Debajo  de  la  bandera  en  que  el  soldado  hu- 
biere de  sentar  plaza,  elegirá  el  capitán  que  sea 
el  de  mayor  nombre  y  virtud  que  hallare  en 
el  ejército^  porque  á  los  tales  es  á  quienes  los 
generales  encomiendan  empresas  dificultosas 
y  allí  es  donde  se  han  de  mostrar  los  buenos 
soldados,  procurando  ser  los  primeros  á  cual- 
quiera facción,  con  que  se  acreditan  y  ganan 
opinión  y  fama,  como  lo  hicieron  los  de 
D.  Rodrigo  Zapata  en  Flandes,  que  por  sus 
hazañas  que  hicieron  los  llamaban  los  cnemi- 


63 

gos,  de  la  bandera  sangrienta,  y  asimismo,  ios 
que  acometieron  á  la  artillería  con  D.  Lope 
de  Figueroa  en  la  jornada  de  Pissa,  y  en  la 
guerra  de  Granada  los  ginetes  de  Tello  de 
Aguilar.  Y  esto  ha  de  ser  sin  tener  presunción 
vana,  como  hacen  algunos  que  no  quieren  ser 
mandados  ni  sujetarse  á  capitán  que  no  sea 
muy  ilustre  en  linaje,  aunque  le  falten  los 
efectos,  como  si  la  nobleza  romana  no  se  hu- 
biera preciado  de  seguir  por  muchos  años  las 
banderas  de  Cayo  Mario,  nacido  de  pobres  y 
viles  padres.  Y  las  de  Basso,  natural  de  una 
alquería  de  Asculi,  que  por  su  valor,  vino  á 
ser,  de  cavador  y  bagajero,  capitán  general.» 
«Ni  tampoco  se  despreciaron  Felipe  Vicecó- 
mite^  Duque  de  Milán  y  otros  potentados  de 
Italia,  detener  por  su  capitán  general  á  Nicolo 
Pichinino,  que  era  hijo  de  un  carnicero.»  «Ni 
la  Señoría  de  Venecia,  á  Francisco  Carma- 
ñola, que  fué  pastor  de  ganado:  y  otros  mu- 
chos Príncipes  y  repúblicas  ansiaron  el  go- 
bierno de  sus  ejércitos  y  la  defensa  de  sus  Es- 
tados de  semejantes  caudillos  por  el  valor  de 
sus  ánimos.»  «Y  no  contradigo,  que  si  el  ca- 
pitán que  es  caballero  tuviese  el  ser  y  forta- 
leza que  conviene,  entonces  con  mayor  cui- 
dado se  ha  de  procurar  asistir  en  su  compa- 
ñía, que  en  la  del  que  no  fuese  tal.»  «Pero  si 


64 

la  nobleza  no  estuviese  acompañada  con  otras 
buenas  partes  y  que  en  adelante  se  dirá,  en  tal 
caso,  mejor  es  elegir  la  virtud,  que  es  el  ver- 
dadero camino  por  donde  se  ha  de  valer,  que 
pocas  veces  se  pierden  los  trabajos  obrados  con 
ella  y  mediana  fortaleza,  en  compañía  del  ca- 
pitán virtuoso,  experimentado  y  prudente. » 

Al  hablar  de  las  vejaciones  de  las  tropas  en 
los  países  por  donde  van,  dice:  «las  sinrazones 
é  injusticias  hacen  de  los  amigos  enemigos  y  de 
las  ovejas  leones  y  de  los  fieles  infieles,  que 
quien  da  causa  á  la  pérdida  y  al  daño,  poco 
menos  es.»  «En  lo  que  el  soldado  se  ha  de  es- 
merar y  poner  cuidado,  ha  de  ser  en  lo  que 
toca  á  las  armas,  que  es  el  fin  y  principio  de 
lo  que  profesa  y  en  el  manejo  de  ellas;  y  si  és- 
tas fueren  las  sedas  y  el  oro  y  galas  que  tra- 
jere, será  capaz  y  hábil  para  mayores  cargos, 
que  en  lugar  del  ámbar,  parece  muy  bien  el 
olor  del  hierro  y  pólvora.»  «Le  será  de  gran 
importancia  leer  historias  para  avivar  el  ánimo 
y  perfeccionar  el  ingenio.» 

Se  ocupa  después  de  los  deberes  del  cabo 
de  escuadra,  del  sargento  y  del  alférez,  del 
capitán,  sargento  mayor,  maese  de  campo, 
etc.,  y  al  tratar  del  alférez,  dice:  «que  debe 
tener  las  calidades  de  un  perfecto  alcaide 
en  nobleza  y  estimación  de  honra  para  que 


65 

la  sepa  guardar  y  morir  por  defenderla,  sin 
jamás  desampararla,  como  lo  hizo  el  alfé- 
rez Olea  en  la  batalla  que  el  Conde  D.  Gó- 
mez y  D,  Pedro  de  Lara  tuvieron  por  la  Reina 
Doña  Urraca  de  Castilla  contra  el  Rey  Don 
Alonso  de  Aragón  su  marido,  en  que  fueron 
vencidos,  y  el  Conde  muerto,  que  siéndole 
cortadas  entrambas  manos  á  este  caballero 
por  quitarle  la  bandera,  la  recogió  en  si  con 
los  troncos  de  los  brazos,  y  la  defendió  vale- 
rosamente, apellidando  su  nombre.»  «Y como 
el  alférez  tudesco  en  el  reencuentro  que  el 
Rey  D.  Fernando  de  Ñapóles  tuvo  con  los 
franceses  y  tudescos,  cercados  en  Abella,  so- 
bre el  coger  del  agua,  que  fué  hallado  muerto, 
con  la  mano  derecha  cortada  y  la  izquierda  y 
que  con  los  dientes  tenia  asida  la  bandera, 
que  parecía  c[ue  habia  expirado  cuando  co- 
menzó á  hacer  aquel  hecho  de  invencible  va- 
lor.» «Y  también  el  otro  alférez  lUescas,  que 
siéndole  arrebatado  el  brazo  derecho  y  la  ban- 
dera de  un  balazo  en  la  batalla  del  Careliano, 
la  levantó  con  la  mano  izquierda,  y  siéndole 
cortada  por  quitársela,  la  recogió  en  si  y  de- 
fendió sin  retirar  pié  atrás,  hasta  que  los  fran- 
ceses volvieron  las  espaldas  vencidos  y  des- 
baratados.» «Y  con  el  mismo  valor,  Pedro  de 
Avellanada,  alférez  del   capitán  Machin   de 


Q6 

Munguia,  hallándose  en  la  defensa  de  la  Nao 
Aragonesa,  cuando  la  jornada  de  la  Prebiosa, 
y  siéndole  llevada  una  pierna  de  un  balazo^ 
campeó  la  bandera  en  popa,  refirmado  sobre 
la  caña  del  muslo,  hasta  que  vino  la  noche, 
que  murió,  porque  es  tanta  la  presunción  que 
se  tiene  en  defender  estas  insignias  (como 
propiamente  las  llaman  los  italianos  y  fran- 
ceses), que  prometen  los  que  las  tienen  á  su 
cargo,  de  morir  desesperadamente  antes  que 
perderlas,  como  lo  hizo  un  alférez  español 
cuando  fué  desbaratada  nuestra  Armada  so- 
bre los  Gelves,  que  viéndose  quedar  en  poder 
de  turcos  sin  esperanza  de  salvación  por  ha- 
berse apoderado  de  su  galera,  acordó  poner 
en  cobro  la  bandera  de  suerte  que  no  pudiese 
venir  á  sus  manos,  y  armado  como  estaba,  se 
revolvió  en  ella,  y  abrazado  con  el  asta,  se 
echó  cabeza  abajo  á  la  mar,  para  que  junta- 
mente con  él  fuese  á  pique,  donde  estuviese 
para  siempre  segura  de  los  enemigos.»  «Y 
asi,  cuando  una  batalla  se  gana,  por  las  mu- 
chas banderas  que  perdieran  los  enemigos,  se 
hace  más  famosa,  y  los  generales  vencedores 
las  suelen  poner  por  trofeos  en  sus  entierros 
y  capillas,  como  parece  en  el  de  el  Gran  Ca- 
pitán en  San  Gerónimo  de  Granada  y  en  el 
del  Marqués  de  Santa  Cruz  en  el  Viso,   y  el 


67 

estandarte  real  del  gran  turco,  que  se  ganó  en 
la  batalla  naval  de  Lepanto,  en  el  Escorial. » 
«Y  algunos  descendientes  de  generales  las  sue- 
len traer  por  orla  en  los  escudos  de  sus  armas, 
como  los  de  la  casa  de  Toledo,  las  que  ganó 
D.  Fernando  Álvarez  de  Toledo,  su  antece- 
sor, siendo  general  del  Rey  D.  Juan  II,  contra 
los  Reyes  de  Aragón  y  Granada  en  las  batallas 
diferentes  que  con  ellos  tuvo.» 

Este  interesante  manuscrito  autógrafo  lo 
tengo  copiado  integro  y  pienso  publicarlo  muy 
en  breve,  con  otros  varios  que  considero  de 
utilidad  para  el  Ejército. 

Es  también  inédito,  escrito  y  firmado  por 
el  capitán  Gerónimo  de  Contreras  en  3o  de 
Agosto  de  1570,  un  códice  de  esta  Biblioteca, 
que  se  titula  «Vergel  de  varios  triunfos,»  de- 
dicado á  Felipe  II.  Consta  de  diferentes  triun- 
fos ó  capítulos  en  verso  y  prosa,  con  la  dedi- 
catoria siguiente  al  Rey:  «Puesto  que  mi  bajo 
ingenio  y  rudo  estilo  le  conozco,  poderosísimo 
y  católico  Rey  y  Señor  nuestro,  todavía  co- 
nociendo la  benignidad  de  Vuestra  Magestad, 
me  he  atrevido  á  poner  debajo  de  sus  muy 
poderosas  y  Reales  manos  domadoras  y  ven- 
cedoras de  sus  enemigos,  este  Vergel  de  va- 
rios triunfos,  acordándome  que  el  año  de  se- 
senta en  Toledo,  despidiéndome  de  Vuestra 


68 

Magestad  para  ir  á  gozar  del  entretenimiento 
que  en  el  Reino  de  Ñapóles  me  hizo  merced, 
dije  que  haría  alguna  cosa,  en  la  cual  mostrase 
una  pequeña  parte  del  valor  de  España;  que 
todo  seria  imposible,  y  así  he  cumplido  mi  pa- 
labra, componiendo  este  tratado,  el  cual  he  di- 
rigido á  Vuestra  Magestad,  porque  con  tal  am- 
paro, vaya  seguro  de  mano  en  mano,  sin  que 
sus  faltas  sean  conocidas,  por  donde  suplico 
humildemente  á  Vuestra  Magestad  le  reciba  y 
favorezca:  y  nuestro  Señor,  que  á  Vuestra 
Magestad  hizo  tan  justo,  tan  católico  y  bueno, 
le  dé  mucha  vida  y  salud,  para  que  con  ella 
se  gócenlos  Reinos  y  Señoríos  sujetos  á  Vues- 
tra Real  Corona,  y  se  aumente  en  mayor  nú- 
mero la  cristiandad,  para  mayor  gloria  y  ala- 
banza de  Dios.  Vasallo  y  criado  de  Vuestra  Ma- 
gestad, que  sus  Reales  manos  besa,  Gerónimo 
de  Contreras.  Empieza  así  su  manuscrito: 

Compuse  este  Vergel  de  varias  flores 
y  díle  por  su  nombre  Vergel  vario, 
pues  es  vario  un  pintor  en  los  colores, 
y  en  hiervas  conocer  el  hervolario, 
y  es  lo  mismo  un  galán  en  sus  amores 
y  en  piedras  el  famoso  lapidario,   (*j 
y  todo  lo  demás  de  cualquier  suerte 
es  pura  vanidad,  hasta  la  muerte. 

(*)    Aludiendo  quizás,  al  famoso  códice  lapidario  de  Don  Alfonso  X, 
existente  en  la  biblioteca  del  Escorial,  de  que  nos  hemos  ocupado. 


69 

Como  muestra  del  estilo  que  emplea  el 
autor  en  sus  descripciones,  insertamos  los  si- 
guientes versos: 

Y  aquel  que  ves  allí  del  estandarte 
con  el  rostro  á  la  mar  sobre  la  proa, 
es  quien  tiene  en  el  mundo  muy  gran  parte 
y  así  fama  inmortal  sus  hechos  loa, 
no  es  este  Agamenón,  ni  el  fiero  Marte 
que  Homero  por  loar,  antes  desloa, 
más  llámase  Don  Juan,  su  propio  nombre 
de  Austria  donde  está,  vino  renombre. 

Es  hijo  de  Don  Carlos,  el  primero 
Rey,  que  tuvo  este  nombre  en  nuestra  España 
y  del  nombre  así  mismo  fué  el  postrero, 
que  enfrenó  las  potencias  de  Alemania, 
el  cual  con  celo  santo,  verdadero, 
conociendo  del  mundo  como  engaña, 
dejó  cetro,  corona,  mando  y  silla, 
escogiendo,  un  rincón  pobre  en  Castilla. 

Y  más  adelante  dice: 

De  Florencia  y  Saboya,  son  aquellas 
galeras  que  parecen  de  esta  parte, 
y  entiendo  que  navegan  siempre  en  ellas 
caballeros  y  hombres  de  gran  arte: 
y  aquellas  que  allí  ves,  en  medio  dellas, 
con  la  divina  cruz,  por  estandarte, 
son  del  Papa  y  las  mas  de  Jenoveses 
y  aquestas  de  famosos  Portugueses, 


70 


Y  en  aquella  galera  despalmada, 
á  quien  siguen  las  siete  á  gran  porfía, 
viene  el  sabio  y  valiente  Gil  de  Andrada 
de  mostrar  su  potencia  y  valentía 
en  el  antiguo  Reyno  de  Granada, 
á  la  parte  del  mar,  junto  Almería, 
en  el  cual  ha  mostrado  muy  de  veras, 
su  bondad  y  el  valer  de  sus  galeras. 

Que  todos  estos  fuertes  caballeros, 
irán  por  tierra  y  mar  á  castigallos, 
mostrándose  en  vencer  leones  fieros: 
y  á  su  Rey  con  amor,  firmes  vasallos, 
no  preciando  riquezas,  ni  dineros, 
queriendo  en  sus  estados  empleallos 
en  aqueste  servicio,  viendo  cierto, 
quedar  victorioso  el  vivo  y  muerto. 


Otro  códice  militar  hay  en  esta  Biblioteca 
de  Antonio  Cornazano,  traducido  del  italiano 
en  versos  endecasílabos,  por  Lorenzo  Suarez 
de  Figueroa,  Alcaide  del  Castillo  de  Novara, 
es  curioso,  y  se  titula  «Reglas  de  la  milicia.» 
Está  encuadernado  en  terciopelo,  tiene  viñe- 
tas en  las  portadas  y  son  miniadas  de  colores 
las  letras  mayúsculas  desús  capítulos.  Se  halla 
en  el  estante  B,  plúteo  4.°,  y  dice  asi  en  su  de- 
dicatoria al  Rey  D.  Felipe:  «En  haber  yo  pe- 
netrado una  pequeña  parte  de  la  felicidad  en 
que  Dios  nos  ha  puesto  á  los  españoles,  ha- 


71 

ciéndonos  nacer  vasallos  de  Vuestra  Mages- 
tad,  se  ha  encumbrado  tanto  mi  juicio,  que  he 
osado  emprender  la  traducción'  de  las  reglas 
militares  de  Antonio  Cornazano^  que  siendo 
obra  tan  profunda  y  dura  y  llena  de  tantos 
ejemplos  y  doctrina,  no  bastara  mi  ingenio  á 
la  milésima  parte,  si  de  tal  fuego  no  se  hu- 
biera encendido  y  alumbrado.»  «Y,  pues,  con 
ésta,  se  junta  la  inmortalidad  que  nos  ha  dado 
el  valor  y  divino  juicio  de  los  belicosos  Reyes, 
antecesores  de  Vuestra  Magestad,  con  haber- 
nos encaminado  y  conducido  á  las  victorias 
que  tan  dignas  de  memoria  hemos  habido  y  el 
de  Vuestra  Magestad,  á  quien  la  cristiandad 
(con  tanta  razón)  tiene  por  verdadero  y  firme 
amparo,  y  las  naciones  más  belicosas  del 
mundo  por  Señor  y  verdadero  padre  de  mi- 
licia^ etc.,  etc.» 

Comienza  este  manuscrito  con  una  im- 
portante carta  al  lector  que  no  me  parece 
ocioso  dar  á  luz  para  que  se  comprenda  su 
objeto,  y  porque  en  ella  se  lamenta  el  traduc- 
tor Suarez  de  Figueroa  de  que  la  nación  es- 
pañola «fiándose  de  la  fortaleza  de  ánimo  y 
recia  complexión  de  que  la  naturaleza  la  ha 
dotado,  se  da  menos  que  otras  al  estudio  mili- 
tar.^>  La  expresada  carta  ó  prólogo  del  ma- 
nuscrito dice  asi:  «Si  en  las  artes  que  se  ha- 


72 

cen  con  el  espíritu  quieto  y  reposado  es  ne- 
cesaria la  doctrina,  cuánto  más  lo  debe  ser  en 
la  milicia,  donde  ningún  punto  se  puede  mo- 
ver sin  contraste  de  hambre,  sed,  calor  y  frió, 
necesidad  y  temor  que  á  cualquiera  ánimo, 
por  fuerte  que  sea,  naturalmente  altera. »  «Esto 
dejaré  considerar  á  quien  de  ello  tuviere  co- 
nocimiento y  diré:  que  las  reglas  de  Antonio 
Cornazano  (cuanto  á  mi  juicio)  comprenden 
tanto,  que  dudo  haber  hombre  escrito  en 
guerra  tan  profundo  y  copioso  como  él  y  co- 
nociendo á  la  nación  española,  fiándose  de  la 
fortaleza  de  ánimo  y  recia  complexión  de  que 
natura  tanto  la  ha  dotado,  se  da  menos  que 
otras  al  estudio  militar^  y  que  las  que  de  ella 
han  fido  vencidas  y  superadas,  siempre  que 
han  venido  á  las  manos,  presumen  con  el  arti- 
ficio, no  tan  solamente  repararse,  más  herir 
y  ofender.  Instado  del  deseo  que  un  buen  va- 
sallo debe  tener  al  servicio  de  su  Rey  y  Señor 
natural,  y  del  amor  entrañable  que  tengo  á  mi 
nación,  me  he  movido  á  hacer  esta  traduc- 
ción, con  esperanza  que  de  ella  he  de  sacar 
algún  fruto  y  aunque  la  excusa  antes  de  la  ca- 
lumnia denota  error,  no  dejaré  por  eso  de  res- 
ponder á  algunas  objeciones  que  un  ingenio 
más  acendrado  que  el  mio^  en  obra  tan  difícil, 
pudiera  con  mucha  razón  temer,  no  tanto  por 


73 

excusarme,  cuanto  por  declarar  cuál  haya  sido 
mi  intento  en  la  manera  de  proceder  en  esta 
obra,  y  así  digo:  que  el  intérprete  (como  se 
sabe)  no  es  obligado  á  responder  voz  por  voz 
en  aquella  lengua  en  que  traduce,  sino  mudar 
iielmente  el  censo  del  censo,  porque  la  tra- 
ducción de  otra  manera  sería  imperfecta.  Y 
puesto  que  yo  esto  haya  observado,  mandó  la 
ley  común,  todavía  habiendo  sido  este  au- 
tor cerrado  en  su  deber,  y  de  tal  manera,  que 
si  yo  en  todo  lo  hubiese  querido  seguir  punto 
por  punto,  la  traducción  habría  quedado  en 
nuestro  romance  castellano  más  confusa  que 
no  está  en  su  original.»  «He  sido  forzado  á 
desviarme  un  poco  en  algunas  partes  para  de- 
clarar en  nuestra  lengua  lo  que  en  la  que  lo 
escribió,  dejó  tan  oscuro,  que  muchos  por  este 
defecto  han  dejado  de  tratarla  y  leerla,  y  los 
que  la  han  leído  han  sido  los  que  por  el  útil 
que  de  ella  han  sentido^  han  querido  enten- 
derla, sufriendo  su  aspereza  con  la  paciencia, 
como  se  sabe  de  cierto  Señor  Próspero  Colo- 
na, de  buena  memoria,  que  no  solamente  la 
leyera,  más  la  tenía  por  tan  familiar,  que 
(siendo  el  único  preceptor  de  milicia)  se  delei- 
taba y  no  se  despreciaba  de  decir  de  coro  de- 
lante de  los  escuadrones,  todo  un  capítulo,  se- 
gún venía  al  propósito  de  lo  que  se  hablaba. » 

10 


74 

«Y  en  cuanto  á  la  declaración  de  los  nombres 
de  armas,  máquinas,  instrumentos  de  guerra 
(por  ser  en  los  más  de  ellos  desusados  incóg- 
nitos y  sin  moderna  apelación  la  mayor  parte 
he  dejado  en  los  propios  nombres  en  que  los 
he  hallado  en  el  autor,  y  lo  mesmo  he  hecho 
en  los  nombres  de  provincias,  montes,  rios, 
ciudades,  pueblos,  naciones  y  varones  parti- 
culares, por  desviar  todo  género  de  confusión. » 
«Y  aunque  en  esta  mi  traducción  se  hayan  de 
hallar  más  cosas  en  que  la  perfección  se  deba 
desear  que  envidiar,  si  de  Homero  se  dice 
(siendo  aquel  raro  y  excelente  varón)  haberse 
dormido  en  algunas  cosas,  en  su  mesma  in- 
vención, no  se  maravillara  el  discreto  lector 
que  el  traductor  se  haya  ofuscado  en  tanta  an- 
tigüedad de  cosas,  diversidad  de  costumbres, 
reglas  y  religiones,  donde  seria  necesario  ser 
más  presto  adivino  que  traductor  y  más  siendo 
la  cosa  que  con  mayor  dificultad  se  hace,  por 
lo  cual,  y  por  la  causa  que  á  ello  me  movió, 
se  me  debe  algún  perdón.» 

Este  manuscrito  comprende  nueve  libros, 
divididos  en  cincuenta  y  seis  capítulos,  que 
entre  otras  muchas  cosas,  tratan  del  arte  mili- 
tar, de  sus  primeros  inventores  y  diversos 
modos  con  que  fué  ejecutado,  naturaleza, 
condición  y   sentimientos  del  buen   soldado, 


75 

necesidad  ó  conveniencia  de  que  el  capitán  y 
el  soldado  sean  letrados  y  memoriosos;  cuali- 
dades del  capitán;  el  capitán  debe  tener  secreto 
su  pensamiento  y  procurar  entender  el  del 
enemigo;  modo  de  conducir  un  ejército;  provi- 
siones y  alojamientos;  modo  cié  acampar  bien 
y  cómo;  astucias  de  guerra;  consejos  antes  de 
la  batalla;  manera  de  combatir;  de  caballos, 
armas  ofensivas  y  defensivas;  cómo  se  ha  de 
seguir  la  victoria  y  gobernar  una  tierra  cerca- 
da; lo  que  ha  de  hacer  el  que  es  sitiado;  de  la 
clemencia  con  la  ciudad  vencida,  etc.,  etc.  Co- 
mo muestra  de  la  forma  en  que  se  tratan  estas 
cuestiones  y  de  su  estilo,  copiamos  lo  siguiente, 
debiendo  advertir,  que  q\  fondo  de  este  manus- 
crito y  lo  curioso  del  libro  es  lo  que  recomen- 
damos, no  la  forma  literaria  de  sus  versos 
como  obra  poética,  que  adolecen  de  los  defec- 
tos propios  de  aquella  época. 

Quien  ánimo  ganiil  y  alto  tuviere, 
y  deseare  el  triunfo  y  la  victoria, 
constancia  mostrará  en  lo  que  emprendiere. 


Tomando  luego  un  medio  y  firme  estilo 
para  perfecto  ser,  será  el  soldado 
villano  en  cuerpo,  en  ánimo  un  Camilo. 


76 

Así  que  el  príncipe,  un  hora,  ni  un  rato, 
si  el  hijo  en  guerra  lo  querrá  valiente, 
no  le  deje  en  lascivias  tener  trato. 

Este  de  las  delicias  siempre  ausente, 
no  se  corra  dormir  sobre  una  estera, 
ni  en  tierra,  con  la  vil  y  baja  gente. 

De  bailes,  téngalo  y  banquetes  fuera 
y  hágale  de  arnés  enmascararse, 
corriendo  con  almete  y  con  visera,  etc. 

Juan  Hilarte,  célebre  médico  y  filósofo 
del  siglo  XVÍ,  escribió  un  notable  libro  «Exa- 
men de  ingenios  para  ciencia»  y  se  ocupa  en 
él,  en  su  capítulo  XV,  de  todo  lo  necesario 
para  el  arte  militar  ó  sea  «qué  diferencia  de 
habilidad  pertenece  al  arte  militar»  y  «conque 
señales  se  ha  de  conocer  el  hombre  que  alcan- 
zare esta  manera  de  ingenio.»  «La  malicia  y 
la  milicia,  dice  Huarte,  casi  convienen  en  el 
mismo  nombre:  cuáles  sean  las  propiedades  y 
naturaleza  de  la  malicia,  traelas  Cicerón  di- 
ciendo: malitia  est  persa ta,  et  falax  nocendi 
vatio.  ^)  «De  la  misma  manera,  en  la  guerra  no 
se  trata  de  otra  cosa  más  de  cómo  ofender  al 
enemigo  y  ampararse  de  sus  asechanzas. »  «Así, 
la  mejor  propiedad  que  puede  tener  un  general 
es  ser  malicioso  con  el  enemigo  y  no  echar 


77 

ningún  movimiento  suyo  á  buen  fin . »  « Por  esta 
razón  el  capitán  debe  tener  una  imaginativa 
adivinadora,  que  sepa  conocer  los  engaños 
que  vienen  debajo  de  alguna  cubierta.»  «Pero 
el  entendimiento  es  tan  impertinente  en  las 
maquinaciones^  como  los  oidos  para  ver.» 
Manifiesta  que  el  arte  militar  pertenece  á  la 
imaginativa  y  dice:  «que  la  diferencia  de  esta 
facultad^  que  pertenece  al  ejercicio  de  la  guer- 
ra, no  es  la  que  hace  al  general  valiente  y  atre- 
vido, peleando  á  cureña  rasa  y  rompiendo  á 
su  enemigo,  sino  lo  que  con  ardides  y  mañas 
le  destruye,  sin  que  le  cueste  un  soldado. »  Hé 
aquí  expresados  por  Huarte  los  fines  de  la 
estrategia  adelantando  con  sus  ideas  en  este 
particular,  los  conocimientos  estratégicos  de 
nuestra  época,  en  la  cual  las  batallas  se  deciden 
más  aún  que  por  la  fuerza,  por  las  combina- 
ciones más  ó  menos  hábiles  y  por  los  movi- 
mientos estratégicos,  realizándose  hoy  por  los 
esfuerzos  de  la  instrucción  de  los  jefes  milita- 
res y  por  el  poder  de  la  inteligencia,  una  de  las 
célebres  niáximas  de  Justo  Lipsio  cuando  afir- 
ma en  su  doctrina  civil,  que  «el  ejército  vale 
tanto  cuanto  el  que  le  manda.  )>  Analiza  Huarte 
en  su  obra  «Examen  de  ingenios»  las  circuns- 
tancias que  deben  concurrir  en  un  buen  ge- 
neral, compara   «el  juego  de  ajedrez   al  arte 


78 

militar,  representando  en  él  todos  los  acciden- 
tes de  la  guerra  y  así  como  en  este  juego  «no 
hay  fortuna»  ni  se  puede  llamar  dichoso  al  ju- 
gador que  vence  á  su  contrario,  ni  al  vencido 
desdichado,  asi  también  el  capitán  que  venciere 
se  ha  de  llamar  sabio  y  al  vencido  ignorante.» 
Este  manuscrito,  copia  y  extracto  de  la  obra 
que  se  dio  á  la  imprenta  en  i^yS,  fué  prohi- 
bido por  el  tribunal  de  la  Inquisición,  que  im- 
pidió la  tirada  del  libro,  publicándose  poste- 
riormente después  de  algunas  supresiones. 

D.  Juan  de  Solorzano  Pereira.  del  Con- 
sejo de  S.  M.,  escribió  en  el  siglo  XVII  unos 
«emblemas  latinos  de  sentencias  y  observa- 
ciones necesarias  para  formar  un  Principe 
perfecto;»  de  estos  emblemas  se  ocupa  un 
manuscrito  del  Escorial,  y  sobre  ellos  escribió 
su  famoso  libro  «El  Principe  perfecto,»  el 
P.  Jesuíta  Andrés  Mendo,  cuya  obra  dedicó 
al  Rey  Eelipe  IV,  y  en  la  cual  hay  documentos 
ó  capítulos  admirablemente  escritos.  Debe- 
mos recordar  entre  ellos  (y  llamar  la  atención 
de  que  quien  así  se  expresa  es  un  Jesuíta)  el 
titulado  «La  sangre  heredada  se  oscurece  no 
ilustrándola  con  virtudes  propias.»  «El  valor 
y  prendas  recibidas  de  otros,  granjean  esti- 
mación y  respeto,  pero  ha  de  conservar  el 
Principe  este  resplandor  con  virtudes  y  haza- 


79 

ñas  suyas  que  granjean  con  título  mcás  justo 
la  alabanza,  y  ésta  no  se  puede  dar  á  quien  no 
tiene  más  gloria  que  la  de  su  ilustre  descen- 
dencia.» «El  nacer  en  familia  estrecha  acorta 
el  ánimo;  felicidad  es  recibir  gallardos  alien- 
tos en  el  nacimiento  ilustre.»  Así  lo  reconoció 
el  Rey  D.  Alonso  el  décimo,  en  el  proemio  de 
las  Partidas  cuando  dice:  «E  otrosí,  la  muy 
grande  merced  que  Dios  nos  fizo,  en  querer 
que  viniésemos  del  linage  onde  venimos,  e  el 
lugar  en  que  nos  puso;  faciéndonos  Señor  de 
tan  buenas  gentes.»  «Pero  el  valor  y  la  sangre 
heredados,  empiezan  en  acciones  heroicas.» 
«Es  el  lustre  propio,  mas  plausible  que  el  ad- 
quirido; que  el  valor  de  cada  uno  se  descubre 
en  sus  trabajos.»  Pintó  Apeles  á  Alejandro  vi- 
brando los  rayos  de  Júpiter  y  rindiendo  con 
ellos  los  Reinos  que  sujetó  á  su  corona;  re- 
prendió justamente  Lisipo  la  impropiedad  de 
la  pintura  diciendo:  «que  hubiera  sido  mayor 
prudencia  pintarle  ganando  triunfos  con  sus 
armas  propias,  que  no  con  las  agenas  y  aun- 
que era  primorosa  la  pintura,  era  errada  la  li- 
sonja.» «El  alabar  á  uno  de  noble,  es  dar  á 
sus  progenitores  la  alabanza;  aplaudirle  por 
rico  es  significar  el  favor  de  su  fortuna;  acla- 
marle por  sus  artes  y  costumbres,  es  engran- 
decerle á  él  mismo.»  Alababa  uno  al  RevDon 


80 


Alonso  el  primero  de  Ñapóles  y  Aragón,  de 
que  era  hijo,  nieto  y  hermano  de  Reyes:  in- 
terrumpióle, dándole  á  entender,  que  con 
aquellos  encomios  alababa  á  sus  ascendientes 
y  no  á  él;  que  deseaba  más,  la  alabanza  de 
sus  virtudes  vivas,  que  de  sus  padres  muer- 
tos. «Lo  que  pasó  antes  de  ti,  no  es  tuyo.» 
«La  herencia  de  la  nobleza  es  un  contrato  que 
obliga  de  derecho  á  ser  bueno  al  heredero;  de 
otra  suerte  la  honra  derivada  de  los  mayores 
se  convierte  en  afrenta.»  «Es  menor  descré- 
dito nacer  sin  nobleza,  que  degenerar  de  ]a 
heredada."  «El  que  nace  humilde,  con  sus  ac- 
ciones y  virtudes  se  hace  noble;  quien  nació 
noble,  con  sus  vicios  y  desaciertos  se  hace  hu- 
milde.»  «El  no  levantarse  á  más  alta  fortuna 
puede  ser  desgracia;  el  decaer  de  la  grandeza 
heredada  es  de  ordinario  culpa.»  Es  muy  no- 
table el  documento  XVIÍÍ  donde  dice:  «Vál- 
gase de  letras  y  de  armas,  que  conservan  unas 
lo  que  ganan  otras.»  «No  se  puede  gobernar 
la  república  sin  ciencias,  ni  se  puede  defender 
sin  armas.»  Decía  el  Rey  de  Ñapóles  y  Ara- 
gón D.  Alonso  1:  «en  los  libros  se  aprende  á 
pelear,  en  las  armas  se  enseña  como  se  han  de 
guardar  el  derecho  y  la  justicia. »  En  el  do- 
cumento XX VI  aconseja,  que  no  se  tolere  la 
ociosidad,  y  ocupándose  del  ejército  exclama: 


81 

«Teme  menos  la  muerte  quien  está  hecho  á 
sufrir  que  el  que  nunca  supo  de  fatiga.»  «El 
arte  militar  si  no  se  ensaya,  cuando  es  necesa- 
rio no  se  tiene;  háse  de  aprender  en  la  paz, 
lo  que  se  ha  de  obrar  en  la  guerra.»  Al  ocu- 
parse de  la  historia  dice:  «es  la  historia  tes- 
tigo de  los  tiempos,  vida  de  la  memoria,  luz 
de  la  verdad,  maestra  de  las  costumbres, 
mensajera  de  la  antigüedad,  sabiduría  conglo- 
bada y  discurso  de  muchos  entendimientos.» 
«Es  una  pintura  hermosa  que  muestra  lo  que 
se  ha  de  huir  y  lo  que  se  debe  obrar.»  «Sá- 
bese en  ella  lo  sucedido  y  se  previene  lo  ve- 
nidero.»  «Es  el  clarin  con  que  la  fama  des- 
pierta las  acciones  que  estaban  en  la  sepultura 
del  olvido.»  «Más  ensena  la  historia  en  poco 
tiempo,  que  la  experiencia  en  mucho;  habla 
sin  temor,  desengaña  sin  lisonja  y  aconseja 
con  libertad. » 

Daríamos  demasiada  extensión  á  nuestro 
libro,  si  quisiéramos  mostrar,  aunque  breve- 
mente, las  muchas  bellezas,  los  curiosos  da- 
tos y  los  tesoros  de  ciencia  que  contienen  los 
manuscritos  de  la  Biblioteca  del  Escorial,  y 
pasaremos  á  exponer  en  el  próximo  capítulo 
los  códices  allí  existentes,  cuyo  conocimiento 
interesa  más  particularmente  al  Ejército  ó  sean 
los  de  ciencia,  historia  y  arte  militar. 


CAPITULO  IV 


CÓDICES  DE  CIENCIA  ,  HISTORIA  Y  ARTE  MILITAR 


PARTE  PRIMERA 
CÓDICES  GRIEGOS  Y  ARÁBIGOS 


GK^IIIía-OS 

ELIANO.  Comentarios  de  guerra:  precioso  có- 
dice que  ostenta  en  su  portada  bellas  miniaturas  de 
gusto  bizantino  y  las  armas  de  Felipe  II,  (para  quien 
se  hizo.)  En  este  manuscrito,  pintado  por  Ángel  Ver- 
gecio,  hay  varias  viñetas,  y  en  su  final  una  gran  mi- 
niatura representando  un  ejército  puesto  en  batalla. 
Códice  con  brocado  de  seda;  consta  de  5 1  folios.  (Fuera 
conveniente  y  curioso  sacar  copia  de  sus  lindas  minia- 
turas, y  no  sólo  de  este  códice,  sino  de  otros  muchos, 
en  los  que  hay  pinturas  que  representan  combates  co- 
mo los  de  la  guerra  de  Troya,  hechos  de  Alejandro  y 
Julio  César,  figuras  de  héroes  y  máquinas  de  guerra.) 
Siglo  XVÍ;  estante  87. 

ELIANO.  Del  ordenamiento  de  las  huestes:  tra- 
tado de  los  cercos  ó  asedios;  códice  con  72  folios  y  del 
siglo  XVI;  estante  89. 

NICEFORO  PHOCAS.     De  la  guerra  ligera:  có- 


84 


dice  del  siglo  XVI,  con  seis  tratados  más  y  ijS  folios; 
estante  86. 

QUINTILIANO  ARÍSTIDES.  Autor  griego, 
didáctico,  del  siglo  II,  (que  escribió  también  tres  li- 
bros sobre  la  música.)  Tratado  de  táctica  por  Niceforo 
Phocas:  códice  del  siglo  XVI;  estante  86. 

POLYENO.  Estratagemas  de  guerra,  en  ocho 
libros.  En  el  principio  de  cada  libro  y  en  la  primera 
hoja,  hay  orlas  con  miniaturas  y  un  escudo;  las  letras 
mayúsculas  adornadas:  códice  con  2  5o  folios.  Siglo 
XVI;  estante  86. 

POLYENO.  Sus  estratagemas:  últimas  prepa- 
raciones bélicas  del  Emperador  León  el  filósofo:  códice 
con  414  folios;  estante  86. 

ONEXANDRO.  De  arte  militar:  códice  del  si- 
glo XVI;  estante  88.  ¡Está  también  traducido  al  latin 
en  otro  códice.) 

EL  EMPERADOR  LEÓN.  Constituciones  mi- 
litares: códice  con  366  folios.  Siglo  XVI;  estante  89. 

EL  EMPERADOR  LEÓN.  Táctica:  códice  con 
1 53  folios.  Siglo  XVI;  estante  89. 

ÚLTIMAS  PREPARACIONES  BÉLICAS.  Es- 
tante 89. 

ATHENEO.  Tratado  de  máquinas  de  guerra, 
con  cuatro  tratados  más  de  la  misma  materia,  siendo 
el  último  de  Julio  el  Africano.  (Tiene  este  códice  unas 
láminas  muy  bien  delineadas  que  debieran  copiarse.) 
Se  compone  de  172  folios;  es  del  siglo  XVI  y  ocupa  el 
estante  89. 

ATHENEO  EL  MATEMÁTICO.  De  máqui- 
nas de  guerra,  con  varios  opúsculos;  concluyendo  con 
uno  de  Julio  el  Africano.  Trata  el  primer  capítulo  de 
Iti  fabricación  de  armas  guerreras:  códice  del  siglo  X, 


85 


en  vitela  y  con  3o8  folios;  estante  90.  Es  un  códice 
muy  curioso  y  de  mucha  importancia  militar  y  bi- 
bliográfica. 

PROCO  Pío.  Guerra  de  los  godos:  en  cuatro  li- 
bros: códice  del  siglo  XVI;  estante  go. 

EUTHYMIOZYGABENO.  Su  panoplia:  có- 
dice con  324  folios,  escrito  en  vitela  del  siglo  XIII;  es- 
tante 92. 

SEXTO  EMPÍRICO.  Tratado  contra  los  ma- 
temáticos: códice  con  38o  folios,  siglo  XVI;  estan- 
te 87. 

CUESTIONES  SOBRE  LA  MECÁNICA  DE 
ARISTÓTELES.  Códice  del  siglo  XVI;  estante  87. 
(Hay  otro  códice  con  la  traducción  en  castellano  de  la 
mecánica  de  Aristóteles.) 

APOLONIO  DE  PERGA.  Secciones  cilindri- 
cas y  cónicas,  por  Severo  de  Antisa,  y  tratado  de  la  es- 
fera: códice  con  332  folios,  siglo  XVI;  estante  91. 

OBRAS  DE  ARQUÍMEDES  YDE  LOS  GEÓ- 
METRAS ANTIGUOS.  Códice  del  siglo  XVI;  es- 
tante 88. 

MÉTODO  DE  CÁLCULO  ALGEBRAICO. 
Códice  del  siglo  IV;  estante  88. 

GEOMETRÍA  DE  EUCLIDES.  Códice  del 
siglo  IV;  estante  88. 

PAPPIAS  DE  ALEJANDRÍA.  Colección  ma- 
temática de  geometría;  estante  88. 


Hay  en  la  Biblioteca  del  Escorial  varios 
códices  griegos,  de  Historia,  pero  como  la  ma- 
yor parte  de  ellos  y  de  los  hechos  que  relatan 


86  . 

se  han  traducido  al  arábigo,  al  latin  y  al  cas- 
tellano, no  es  preciso  mencionarlos.  Mucho 
contribuyeron  los  judíos  en  España^  no  sólo 
á  estas  traducciones,  sino  al  progreso  de  to- 
das las  ciencias,  y  yá  tendremos  ocasión  de 
demostrarlo. 

El  gran  número  de  manuscritos  de  auto- 
res hebreos  y  arábigos  existentes  en  la  Biblio- 
teca, nos  indican  que  los  judíos  y  los  árabes 
comentaron  y  tradujeron  todos  los  clásicos 
griegos  y  latinos,  y  es  fácil  hallar  en  esta  Bi- 
blioteca diferentes  códices  con  las  traduccio- 
nes de  las  obras  de  Marco  Tulio  Cicerón,  Te- 
rencio,  Platón,  Valerio,  Séneca,  Aristóteles, 
Plinio,  etc.,  etc.,  todos  los  tratados  de  medi- 
cina de  los  latinos  Cornelio  Celso  (el  hipócra- 
tes  latino)  Sereno,  Garioponto,  Constantino, 
Bernardo  Gordonio,  Pedro  de  Abano,  Filo- 
nio  y  Nículus,  y  entre  los  autores  griegos  y 
árabes  cuyas  obras  de  medicina  propagaron 
los  hebreos,  hallamos  las  de  Hipócrates.  Ga- 
leno, Pablo  de  Egina,  Alejandro  de  Tralles, 
Aecio,  Oribasio,  Avicena  Rhassis,  Averroes, 
Albucasis,  Aliabas,  Serapion,  Isaac  y  otras 
muchas  que  mencionaremos  al  tratar  de  la 
medicina  española  y  de  los  códices  de  medi- 
cina de  la  Biblioteca  del  Escorial,  en  el  capí- 
tulo VII  de  este  libro. 


87 

Los  códices  griegos  del  Escorial  ocupan 
los  estantes  86.  87,  88,  8g,  go,  91,  92,  gS  y 
94  de  la  Biblioteca  de  manuscritos,  eleván- 
dose su  número  á  quinientos  ochenta  y  tres 
según  el  último  inventario.  En  el  capítulo  V, 
al  tratar  de  los  códices  referentes  á  marina, 
mencionaremos  también  algunos  de  los  grie- 
gos, que  tratan  de  combates  navales  y  de  as- 
tronomía . 

Hay  en  esta  Biblioteca  un  códice  griego 
que  es  preciso  recordar,  no  sólo  porque  se 
trata  en  su  primer  tomo,  de  la  vida  de  Moisés, 
sino  por  haber  pertenecido  á  Hurtado  de  Men- 
doza y  contiene  las  obras  del  Judío  Philon, 
Códice  del  siglo  XIV,  con  449  folios. 


^RABIÓOS 


TRATADO  DE  GUERRA  Y  ARTE  MILI- 
TAR, por  Alibeii  Abdelrham¿m  Ben  Azil,  natural  de 
Granada.  (De  este  códice  se  ocupaba  durante  mi  estan- 
cia en  el  Escorial,  el  ilustrado  escritor  y  orientalista 
D.  Francisco  Fernandez  y  González.) 

HISTORIA  DE  LOS  CALIFAS  DE  ESPAÑA 
Y  DE  SUS  GUERRAS,  por  Ebn  Elabar  y  Abdalla 
Alí,  Año  990  de  la  egira:  códice  MDCLIV. 

HISTORIA  DE  ALGUNOS  REYES  MAURE- 


88 

TAÑOS,  DE  SUS  COSTUMBRES,  GUERRAS  Y 
VICTORLAS,  por  Abu  Elhasan  Elhesin  Elgezamí 
Malacensis.  Año  781  de  la  egira:  códice  MDCLIII. 

Códice  MDGXXXV;  de  guerra  y  del  uso  de  la 
pólvora. 

Códice  MDCXLVII;  de  preceptos  militares  y  es- 
trategia. 

ARTE  ECUESTRE,  por  Aldhamiati. 

DICCIONARIOS,  índices  históricos  de  hechos 
memorables,  por  Abu  Said  Abdel  Malek  Ben  Coreinb 
y  Abi  Nasser. 

ANALES  HISTÓRICOS  DE  LOS  ÁRABES, 
por  Abu  Omar  Mohamad  Almotharazi  y  Abu  Amru 
Joseph. 

DE  LA  HISTORIA  DE  LOS  CALIFAS,  por 
Manzer  Ben  Mohamad  Ben  Hazna,  Jakildinus  Moha- 
mad ben  Alí  Alhassan  y  otros. 

DEL  EGIPTO  Y  DE  SUS  REYES,  por  Moha- 
mad Abil  hassan  y  otros. 

DE  HISTORIA  DE  LOS  PERSAS,  por  Mansor 
Ben  Alhassen  y  otros. 

DE  LOS  ETIOPES,  por  Abulpharagius  Ebn 
Algion  Assiutheus  y  otros. 

DEL  ÁFRICA,  por  Abdalla  Ismael  y  Abu  Mo- 
hamad Abdel  halin. 

DE  HISTORIA,  por  Abulpheda,  Abu  Abdalla 
Mohamad  Ben  Modharaph. 

DE  MATEMÁTICAS,  por  Ben  Badr. 

DE  GEOMETRÍA,  por  Ebn  Algiab. 

AUTORES  DE  HISTORIA.  Códice  MDCXLIX 

ÍNDICE  DE  LOS  HISTORIADORES  ÁRA- 
BES. Códice  MDCXXXVI. 

DE  AUTORES  ÁRABES.  Códice  MDCLXVIII; 


89 


códice   MDCLXX;     códice   MDCLXXI    y   códice 
MDGLXXII. 

HISTORIA  DE  LOS  ÚLTIMOS  REYES  DE 
GRANADA.  Códice  MDGGGLXXVII.  (De  este  có- 
dice también  se  ha  ocupado  el  distinguido  orientalista 
D.  Francisco  Fernandez  y  González.) 


Dice  nuestro  sabio  Morejon  al  reconocer 
los  progresos  que  los  árabes  hicieron  en  las 
ciencias,  rindiendo  un  justo  tributo  al  mérito 
de  nuestros  compatriotas,  «que  servirá  de 
prueba  á  los  que  no  ven  en  los  moros  sino 
una  gente  estúpida  -é  ignorante  y  hará  ver  que 
nunca  habia  florecido  el  bello  árbol  de  las 
ciencias  en  España,  como  en  el  tiempo  en  que 
los  Califas  amantes  del  humano  saber  prote- 
gieron á  los  hombres  que  se  dedicaban  al  es- 
tudio. ')  «Sé  que  habrá  quien  juzgue  exagerada 
mi  veneración  para  con  algunos  de  esos  sec- 
tarios de  Mahoma,  mas  registre  esos  volú- 
menes carcomidos,  esos  códices  llenos  de 
polvo,  esos  preciosos  manuscritos  dados  al 
olvido,  sepultados  en  los  armarios  de  las  Bi- 
bliotecas del  Escorial,  Sevilla  y  otros  puntos 
de  España  y  fuera  de  ella;  lea  sus  páginas, 
retrograde  á  aquella  época  gloriosa,  rival  de 
la  de  Hipócrates  en  Grecia,  y  al  punto  verá 
levantar  sus  frentes  venerables  entre  un  cre- 


12 


90 


cido  número  de  sabios  á  los  esclarecidos  va- 
rones Alkhathib,  Ebn  Abracam,  Ebn  El-Bey- 
thar,  Averroes,  Ben  Thophilus,  Avenzoar, 
Avicena,  Said,  Honaino,  etc.,  etc.»  «Consúl- 
teseles, y  ellos  dirán  cuánto  la  historia,  la 
filosofía,  las  matemáticas,  la  astrología,  la 
botánica  y  la  medicina  les  deben.»  «Pregún- 
teseles los  acontecimientos  literarios  de  su 
vida,  y  luego  responderán  muchos,  que  por 
medio  de  largos  y  penosos  viajes  se  instru- 
yeron en  el  conocimiento  de  las  lenguas  orien- 
tales; que  asistieron  á  las  escuelas  de  los  más 
remotos  países;  que  tradujeron  las  obras  de 
sus  más  esclarecidos  maestros,  y  que  volvie- 
ron con  ellas  á  enriquecer  las  librerías  de  su 
nación,  esparciendo  las  luces  de  la  sabiduría 
con  las  doctrinas  de  los  primeros  oráculos  de 
la  Grecia.»  «La  historia,  esa  reveladora  de 
sucesos  gloriosos  y  amargos  á  la  vez,  nos  pre- 
senta á  los  árabes  en  el  tiempo  en  que  los 
griegos  se  recreaban  en  sus  juegos  olímpicos 
y  los  romanos  en  los  circos,  celebrando  sus 
duelos  literarios  en  la  plaza  de  Okac,  argu- 
yendo sobre  puntos  de  retórica  y  poesía  y  co- 
ronando al  que  los  inteligentes  daban  por  vic- 
torioso.» «Los  árabes  volvieron  á  la  filosofía 
su  antiguo  esplendor,  ellos  fueron  los  que  la 
enseñaron  en  Europa,  los  que  comunicaron 


91 

el  gusto  de  la  lógica  y  los  que  publicaron  las 
obras  desconocidas  del  Estagirita.»  «Nada 
diré^  continúa  Morejon,  de  sus  amenas  y  ele- 
gantes poesías  llenas  de  fuego  y  que  pueden 
algunas  competir  con  las  del  tristísimo  poeta 
y  las  de  Virgilio;  nada  de  sus  elocuentes  histo- 
rias escritas  en  lenguaje  puro,  estilo  elevado  y 
narración  sencilla  de  los  hechos;  su  lectura  es 
el  testimonio  más  irrefragable  de  la  afición  de 
los  árabes  á  esta  clase  de  literatura.»  «Véanse^ 
en  efecto^  las  obras  de  nuestros  españoles 
Aliben  Musa,  las  de  Abdaüa-Ben-Alkatib,  las 
de  Abul-Husein  y  Eben  Alardí,  describiendo 
ya  la  historia  de  Granada,  ya  las  de  sus  Re- 
yes, ya  las  guerras  de  España,  y  nos  conven- 
ceremos de  una  verdad  importante,  á  saber: 
c]ue  por  la  falta  de  cultura  y  de  estudios  que 
habia  en  aquella  época  de  sangre  en  que  vi- 
vieron nuestros  antepasados  y  por  la  estrecha 
relación  que  tienen  los  sucesos  de  ambas  na- 
ciones, no  puede  perfeccionarse  nuestra  his- 
toria sino  en  tanto  que  hagamos  un  estudio 
del  idioma  árabe  para  consultar  á  los  ilustra- 
dos historiadores  sarracenos.» 

«Parece  increíble,  dice  Morejon,  al  leer 
la  historia  de  este  belicoso  pueblo  y  al  medi- 
tar en  las  obras  de  sus  sabios,  que  no  contu- 
viese la  pluma  de  sus  enemigos  el  respeto  que 


92 

inspirar  debiaii  estos  primeros  maestros  délas 
ciencias  después  de  los  griegos.»  «No  sé  cómo 
dejaron  de  tributar  á  su  mérito  el  debido  ho- 
menaje; tal  vez  estuvo  la  culpa  en  que  por  es- 
pacio de  muchos  siglos  se  miró  á  los  moros 
con  injusta  prevención;  sus  costumbres,  sus 
ideas  religiosas  y  sus  conquistas,  les  atrajeron 
el  odio  de  los  cristianos  y  la  liga  de  los  prín- 
cipes contra  ellos;  empero  el  hombre  de  cien- 
cia no  conoce  naciones,  ni  se  preocupa  con  los 
sabios  que  no  convienen  con  él  en  una  común 
creencia.» 

Hay  en  la  Biblioteca  del  Escorial  dife- 
rentes códices  arábigos  de  historia,  geografía 
é  historia  natural,  y  Casiri  menciona  setenta 
y  nueve  de  matemáticas;  entre  éstos  y  los 
muchos  que  existen  de  medicina,  se  hallan 
varios  de  astronomía,  astrologla  y  metereolo- 
gía.  En  la  Biblioteca  arábigo-escurialense  de 
Casiri  puede  verse  la  reseña  de  todos  los  có- 
dices arábigos,  si  bien  Casiri  sólo  hace  refe- 
rencia de  mil  ochocientos  cincuenta  y  seis  y 
en  el  inventario  constan  mil  novecientos  cua- 
tro y  además  setenta  y  dos  legajos  sin  clasi- 
ficar. 


93 

OÓIDIOH!   HEISI^EO 

Entre  los  setenta  y  tres  códices  hebreos 
que  hay  en  la  Biblioteca  de  manuscritos  del 
Escorial  se  encuentra  la  Historia  del  Imperio 
de  Nabucodonosor  y  sus  sucesores,  en  el  es- 
tante G,  plúteo  2.° 


PARTE  SEGUNDA 


CÓDICES    DE    CIENCIA  Y  ARTE   MILITAR  EN  LENGUA 

CASTELLANA  Y  ALGUNOS  EN  LATÍN,  EN  FRANCÉS 

É    ITALIANO. 


DON  SANCHO  DE  LONDONO,  Maestre  de 
Campo  del  tercio  de  Lombardía.  Compendio  del  arte 
militar,  compuesto  por  orden  del  Excmo.  Sr.  Duque 
de  Alba,  en  los  estados  de  Flandes;  códice  curioso. 
Autógrafo:  del  siglo  XVI;  estante  P,  plúteo  3." 

DON  ALFONSO,  DUQUE  DE  ESTRADA 
PORTOCARRERO.  «Deberes  de  las  clases  milita- 
res desde  soldado  á  capitán  general.»  Autógrafo  muy 
curioso,  dedicado  al  Conde  Duque  de  Olivares;  es- 
tante, &.,  plúteo  3.°  Este  códice  pienso  publicarlo 
en  breve,  con  otros  varios,  formando  una  «colección  de 
escritos  antiguos  militares,  autógrafos  é  inéditos,  en 
castellano. » 

JOUVENCEL.  Libro  que  tiene  por  objeto,  se- 
gún manifiesta  su  autor,  «dar  valor  y  osadía  á  los  jó- 
venes que  se  dedican  á  las  armas;»  códice  escrito  en 
francés;  en  vitela  y  adornado  de  preciosas  viñetas.  Se 
lo  dio  al  Rey  su  gentil-hombre  de  Cámara  D.  Alonso 


96 

de  Zúñiga  en  ló/S;  se  compone  de  245  folios  y  es  de 
principios  del  siglo  XV;  estante  S,  plúteo  2.° 

GERNIÓMO  DE  CONTRERAS;  Capitán  y  cro- 
nista del  Rey  D.  Felipe  II.  Vergel  de  varios  triunfos, 
dedicado  á  dicho  Rey.  Autógrafo  muy  curioso,  en 
verso  y  firmado  en  3o  de  Agosto  de  1570;  estante  B., 
plúteo  2." 

ANTONIO  CORNAZANO.  Reglas  de  la  mi- 
licia, escritas  en  italiano  y  traducidas  en  versos  ende- 
casílabos por  Lorenzo  Suarez  de  Figueroa,  Alcaide  del 
Castillo  de  Novara;  códice  de  terciopelo  con  canto  do- 
rado; tiene  viñetas  muy  lindas  en  las  portadas  y  están 
las  letras  mayúsculas  de  los  capítulos  miniadas  de  co- 
lores: códice  del  siglo  XVÍ;  estante  B,  plúteo  2.° 

DISCURSO  PRESENTADO  AL  REY  FE- 
LIPE IV,  sobre  materia  militar,  «con  ocasión  de  ha- 
llarse rodeado  de  tantos  enemigos  infieles  que  le  ha- 
cen la  guerra:»  códice  del  siglo  XVII;  estante  Y,  plú- 
teo 3." 

HONORATO  BOVERIO.  Árbol  de  batallas, 
traducido  del  francés  al  castellano,  por  Antonio  Zo- 
rita; dirigido  á  López  de  Mendoza,  Marqués  de  Santi- 
llana,  con  notas  muy  curiosas:  códice  con  128  folios, 
de  principios  del  siglo  XV;  estante  H,  plúteo  2."  Exis- 
te también  otro  códice  titulado  «Árbol  de  batallas,»  de 
Honorato  Bonnet,  Prior  de  Sallen,  escrito  en  francés  y 
dividido  en  cuatro  partes:  la  primera  trata  de  las  tri- 
bulaciones de  la  Iglesia:  la  segunda  de  la  destrucción 
de  los  cuatro  grandes  reinos  antiguos:  la  tercera  de  las 
batallas  en  general  y  la  cuarta  de  las  batallas  en  par- 
ticular. Está  dedicado  á  Carlos  VI,  Rey  de  Francia. 
Hay  además  en  este  códice  otro  libro  de  Caballería,  en 
francés,  titulado  «Historia  de   Pontus»  y  un  manus- 


97 

crito  sobre  «El  gobierno  de  Reyes:»   códice  siglo  XV; 
estante  X,  plúteo  3." 

BATALLAS  CAMPALES  que  han  acaecido  en 
España  después  que  los  Godos  fueron  señores  de  ella; 
la  prirnera  de  que  se  ocupa  es  de  la  del  Rey  Valía  en 
Andalucía  y  concluye  con  la  de  D.  Juan  II,  cuando 
peleó  con  el  Rey  de  Navarra:  códice  siglo  XV;  estante 
H,  plúteo  2." 

DIEGO  rodríguez  DE  ALMELA,  Canó- 
nigo de  Cartagena.  «Compilación  de  las  batallas  cam- 
pales que  son  contenidas  en  las  historias  escolásticas  y 
de  España:»  códice  siglo  XV;  estante  X,  plúteo  2.° 

JUAN  RUARTE.  Examen  de  ingenios;  del  in- 
genio necesario  para  el  arte  militar:  códice  con  otras 
varias  materias:  siglo  XV;  estante  H,  plúteo  2.° 

COMPENDIO  DEL  ARTE  MILITAR,  escrito 
en  latin:  en  vitela;  de  principios  del  siglo  XIV;  estante 
F,  plúteo  i.° 

MÁQUINAS  É INSTRUMENTOS  DEGUER- 
RA, con  dibujos:  códice  en  latin;  del  siglo  XIV;  es- 
tante J,  plúteo  3.°  Además  de  este  códice  que  ha  exa- 
minado con  detención  el  ilustre  literato  D.  Aureiiano 
Fernandez  Guerra,  hay  otros  dos  códices  en  griego  so- 
bre máquinas  de  guerra. 

VEGECIO.  Libro  de  caballería;  «por  man- 
dado del  Rey  D.  Enrique,  trasladado  del  latinen  nues- 
tro vulgar  romance,»  por  Fr.  Alfonso  de  San  Cristó- 
bal: códice  del  siglo  XV;  estante  L,  plúteo  2.° 

■    VEGECIO.     Libro  de  caballería;  «cómo  se  han 
de  facer  las  guerras  é  batallas,»  estante  &.  plúteo  2." 

VARIOS  EJEMPLARES  manuscritos,  latinos, 
de  Flavio  Vegecio  Renato,  de  ios  siglos  XIII  y  XV;  es- 
tantes N,  O  y  L,  plúteos  2."  y  3.° 

13 


98 


VEGEGIO  RENATO;  de  arte  militar;  estante 
F,  plúteo  4.° 

ORDENACIONES  hechas  por  el  Rey  D.  Pe- 
dro III  de  Aragón  para  el  gobierno  de  todos  los  ofi- 
ciales de  su  corle;  traducido  del  lemosin  al  castellano, 
por  Miguel  Clemente  y  por  mandado  de  Carlos,  Prín- 
cipe de  España,  año  de  i5Ó2,  con  una  epístola  del  au- 
tor, dedicándole  la  obra:  códice  del  siglo  XVI;  estante 
H,  plúteo  2.°  (También  existe  el  códice  lemosin  en  el 
mismo  estante  y  plúteo.) 

DISCURSO  sobre  arte  militar;  estante  N,  plú- 
teo i.° 

Entre  'las  obras  de  Marco  Tulio  Cicerón,  hay  un 
códice  en  vitela  que  trata  en  el  libro  V  «de  re  niilita- 
ri.y>  Siglo  XIV;  estante  R,  plúteo  i.° 

ONEXANDRO.  De  arte  militar  traducido  del 
griego  al  latin  y  dedicado  al  Rey:  códice  del  año  1469, 
muy  bien  escrito  y  adornado  con  pinturas. 

LIBRO  DE  PERFECCIÓN  MILITAR,  por 
Alfonso  Palentino,  Arzobispo  de  Toledo  y  dedicado  á 
Alfonso  de  Carrillo:  en  latin  y  en  buena  letra,  estando 
ornada  con  una  elegante  pintura  su  primera  página: 
códice  en  vitela  con  109  folios:  siglo  XV;  estante  S, 
plúteo  3." 

JULIO  FRONTINO.  (Célebre  táctico  romano 
que  mandó  como  Procónsul  los  ejércitos  de  Bretaña  y 
fué  además  eminente  hombre  de  Estado.)  «Estrata- 
gemas de  guerra:»  libro  en  latin  con  pinturas  doradas 
y  adornos  en  las  iniciales:  códice  del  siglo  XIV;  en 
vitela,  estante  Q,  plúteo  i .° 

PEDRO  CAMPÍO.  De  imperio  y  jurisdicción 
militar.  Respuesta  acerca  de  la  jurisdicción  militar  que 
por  derecho  propio  puede   ejercer   el  jefe   superior  del 


99 


Ejército  ó  Capitán  general:  códice  Autógrafo  y  dedi- 
cado por  su  autor  á  Felipe  II:  del  siglo  XVI;  estan- 
te &.,  plúteo  3/' 

JACOBO  DE  CALICIO.  Tratado  de  preroga- 
tiva  militar:  códice  del  siglo  XV.  Hay  otro  códice  en 
latin  del  mismo  autor,  (í^Tractatus  siiper  iisatica  de 
guerra, y>  en  el  estante  E,  plúteo  2." 

CARTA  que  declara  cómo  es  laudable  el  temor 
de  la  muerte  y  cómo  puede  ser  necio  y  reprensible. 
Hay  en  este  códice  diez  y  nueve  manuscritos  más  de 
diferentes  asuntos;  estante  &.,  plúteo  3.° 

DISCURSO  EN  ITALIANO,  sobre  arte  mili- 
tar: códice  del  siglo  XVI;  estante  O,  plúteo  3.*^ 

LEYES  SOBRE  LA  GUARDA  DEL  REY,  de 
los  castillos,  etc.,  etc.  Fuero  del  Emperador  Cario 
Magno,  que  ordenó  cuando  vino  á  España  sobre  los 
cabalgadores:  códice  de  fines  del  siglo  XV;  estante  Y, 
plúteo  3.° 

MODO  DE  ANDAR  Á  LA  GINETA  y  manera 
de  enfrenar  los  caballos,  por  el  Conde  de  Puñoenros- 
tro;  estante  L,  plúteo  4." 

SEÑALES  Y  COLORES  que  debe  tener  el  ca- 
ballo: de  los  frenos  que  se  le  deben  poner;  sus  enfer- 
medades y  remedios.  Recetario  de  algunas  medicinas 
para  caballos:  códice  del  siglo  XIV;  en  vitela,  estante 
B,  plúteo  4.° 

RECETAS  «para  los  suelos  de  caballos  que  se  le 
quiebran:»  estante  N,  plúteo  2." 

REGLAS  para  la  lucha,  uso  de  las  armas,  modo 
de  atraer,  acometer  y  defenderse  del  contrario:  códice 
del  siglo  XVI,  estante  A,  plúteo  4.° 


100 


FRANCISCO  MARCHIS.  Arquitectura  mili- 
tar. Es  un  curioso  é  interesante  códice  de  fortificación 
y  defensa  de  costas,  dedicado  á  Felipe  II.  Se  divide  en 
dos  libros  y  contiene  el  retrato  del  autor  y  28  láminas 
de  algunas  plazas  fuertes  de  Europa.  Consta  de  3o  fo- 
lios; estante  J,  plúteo  i." 

VITRUBIO.  Arquitectura,  traducida  en  italia- 
no: códice  en  vitela,  con  80  folios,  de  fines  del  siglo 
XIV;  estante  J,  plúteo  2.° 

VITRUBÍUS.  Arquitectura,  en  doce  libros,  es- 
crita en  latin,  en  caracteres  góticos.  Tratado  de  pesas, 
medidas  y  colores:  códice  en  vitela,  con  85  folios^  si- 
glo XII;  estante  F,  plúteo  3.° 

VITRUBÍUS.  Arquitectura,  en  diez  libros  y  en 
latin.  En  este  mismo  códice  está  el  manuscrito  ^^Stra- 
tagematicon  Sessti  TiiUii  Fontini,  códice  en  vitela, 
con  64  folios  y  del  siglo  XIII;  estante  O,  plú- 
teo 2.° 

MARCO  FOLIÓN  VITRUBIO;  autor  de  los 
anteriores  códices,  fué  el  célebre  arquitecto  romano, 
contemporáneo  del  Emperador  Augusto  y  su  tratado 
(íde  architecturay)  es  un  verdadero  resumen  de  los  co- 
nocimientos antiguos  en  el  arte  de  edificar. 

COSME  LOTÍ.  Ingeniero  florentino.  Proyecto 
de  un  jardin  que  el  autor  titula  «Introducción  al  tem- 
plo de  la  eternidad  por  medio  de  la  fama.»  Lo  dedica 
su  autor  al  Conde  de  Olivares  y  está  traducido  al  cas- 
tellano por  Felipe  Crasso,  profesor  del  Seminario  del 
Escorial:  códice  del  siglo  XVII;  estante  K,  plúteo  2.'' 

JUAN  ANTONELI.  Ingeniero  de  S.  M.  Rela- 
ción verdadera  de  la  navegación  de  los  rios  de  España, 
focha  en  Madrid  á  5  de  Diciembre  de  i582:  códice  Au- 
tógrafo, con  3o  folios,  estante,  &.,  plúteo  2." 


101 


MAPA  del  puente  de  ia  ciudad  de  Nimes.  Plano 
del  acueducto  de  Segovia;  estante  &.,  plúteo  3.° 

Hay  en  la  Biblioteca  del  Escorial  diferentes  mapas 
geográficos  é  hidrográíicos,  y  nos  ocuparemos  de  algu- 
nos de  ellos  en  la  sección  correspondiente  ó  sea  en  el 
capítulo  V,  al  tratar  de  los  códices  de  Marina. 

ALFONSO  DE  TOLEDO.  Invencionario  en 
el  que  se  hallan  los  inventores  primeros  de  todas  las 
cosas  y  motivos  y  causas  de  las  invenciones:  códice  del 
siglo  XV,  estante  H,  plúteo  3.° 

JUAN  BAUTISTA  DE  TOLEDO.  Primer  ar- 
quitecto del  Escorial.  Tratado  del  Cuerpo  cúbico. 

SEVERO  DE  ANTISA.  Secciones  cilindricas  y 
cónicas:  códice  siglo  XVI,  estante  Y,  plúteo  3." 

MECÁNICA  DE  ARISTÓTELES,  traducida 
del  griego  ai  castellano  por  D.  Diego  de  Mendoza:  có- 
dice del  siglo  XVÍ;  con  24  folios;  estante  F,  plúteo  4." 

NIVEL.  Su  descripción  y  uso;  estante  V,  plú- 
teo 2.° 

ESTADO  DE  LAS  PLAZAS  DE  FRANCIA, 
con  apuntamiento  de  sus  rentas  y  sueldos  de  los  gober- 
nadores y  lugartenientes,  escrito  en  francés:  códice  del 
siglo  XVIIí;  estante  H,  plúteo  2." 

NOTICIA  DEL  ESTADO  ACTUAL  de  las 
plazas  de  Oran  y  Mazarquivir  y  de  los  castillos  de 
Santa  Cruz,  San  Felipe,  San  Antonio,  Rozalcázar  y 
San  Gregorio,  con  distinción  de  la  calidad  de  sus  for- 
tificaciones, almacenes,  cuarteles,  cuerpos  de  guar- 
dia, etc.:  códice  escrito  en  iy35\  estante  J,  plúteo  2.° 

SEXTO  JULIO  FRONTINO.  Acueducto  de  la 
ciudad  de  Roma:  códice  en  latin,  del  siglo  XV;  estante 
S,  plúteo  3.° 

TRATADOS   DE   PAZ  Y   ALIANZAS.     Hay 


102 


varios  códices  interesantes  bajo  el  punto  de  vista  histó- 
rico y  militar.  En  la  parte  V  de  este  capítulo  que  trata 
de  Crónicas  é  Historia,  es  fácil  encontrarlos,  consig- 
nando sólo  aquí  la  existencia  de  un  códice  del  siglo 
XV con  25  manuscritos  diferentes  de  alianzas  y  trata- 
dos de pa:^;  estante  L,  plúteo  2.° 


PARTE    TERCERA 


MANUSCRITOS  QUE  PUEDEN  SER  ÚTILES  AL  EJERCITO,  CON 
MÁXIMAS,    OBSERVACIONES  Y  CONSEJOS   POLÍTICO-MILITA- 
RES PARA  LA  EDUCACIÓN  DE  LOS  REYES  Y  LOS  PRÍNCIPES; 
LIBROS  DE    CABALLERÍA,  CÓDICES  DE   LAS    ÓRDENES 
MILITARES,    HISTORIA    GENEALÓGIGA 
Y   HERÁLDICA. 


CONSIDERACIONES  GENERALES. 

Creemos  no  sólo  conveniente,  sino  de 
absoluta  necesidad,  subdividir  en  un  grupo 
especial  los  códices  de  la  Biblioteca  de  ma- 
nuscritos, donde  hay  excelentes  y  filosóñcos 
consejos  para  los  Reyes  y  los  Príncipes,  enca- 
minados á  dirigir  con  sabias  advertencias  y 
oportunas  reflexiones,  su  educación  político- 
militar,  que  tanto  se  relaciona  con  la  del  Ejér- 


103 


cito.  Juzgamos,  y  con  fundamento,  que  á  éste 
también  le  interesa  la  lectura  de  obras  como 
las  de  C.  Cornelio,  Cicerón,  Plinio,  Tácito, 
César,  Egidio  Romano,  Plutarco,  Justo  Lip- 
sio,  Erasmo,  Bocaccio,  Saavedra,  Mariana, 
Estrada,  Francois,  Comines,  Richelieu,  So- 
lorzano,  Mendo,  Fenelon,  Santa  Cruz,  etc.,  y 
no  citamos  más  nombres  entre  los  muchos 
que  podríamos  mencionar,  porque  bastan  és- 
tos para  comprender  que  las  consideraciones 
militares,  sociales  y  morales  desús  libros,  han 
de  ser  provechosas  para  el  Ejército,  pues  si 
necesita  de  los  estudios  científicos  é  históri- 
cos, muy  útiles  le  serán  además  los  de  filoso- 
fía militar. 

El  célebre  historiador  español  y  sabio  Je- 
suíta Juan  de  Mariana,  autor  de  la  famosa 
obra  « De  Rege  et  Regís  institutione , »  que  el 
Parlamento  de  París  mandó  quemar,  nos 
dice:  «el  amor  de  los  soldados  á  su  Príncipe 
es  la  cosa  más  importante  en  la  guerra.»  «En 
presencia  de  su  Príncipe,  que  los  ha  de  pre- 
miar, los  valientes  se  hacen  leones  y  los  co- 
bardes se  avergüenzan.»  «Las  determinacio- 
nes en  las  dificultades  de  la  guerra  son  más 
sentadas  cuando  el  Rey  ve  por  sus  ojos  lo  que 
pasa.»  «No  vencen  los  muchos,  sino  los  va- 
lientes.» Así  se  expresa  Mariana,  y  á  esto  de- 


104 

bemos  añadir  hoy,  que  el  valor  no  es  yá  sufi- 
ciente para  conseguir  la  victoria:  es  preciso, 
en  la  época  actual,  como  manifiesta  nuestro 
malogrado  Villamartin,  (í^qiie  se  cuente  con  el 
apoyo  de  la  opinión  pública))  y  que  se  inspi- 
ren los  actos  del  Ejército  en  la  razón  y  en  el 
derecho,  realizándose  éstos  con  acierto  y  sa- 
biduría por  el  eficaz  y  poderoso  auxilio  de  la 
inteligencia. 

Felipe  de  Comines;  eminente  hombre  de 
Estado^  militar  é  historiador  francés,  de  fines 
del  siglo  XV,  cuyas  Memorias,  traducidas  al 
castellano,  están  en  la  Biblioteca  de  manus- 
critos del  Escorial,  dice:  «de  las  guerras  civi- 
les alas  extranjeras,  hay  la  miisma  diferencia^ 
como  de  comer  de  sus  propias  carnes  ó  de  las 
agenas.»  «La  ciencia  militar,  que  es  propia  de 
hombres,  no  consiste  en  pelear  cerrando  en 
las  batallas,  sino  en  campear.»  «El  vencedor 
y  el  vencido,  se  dan  mayores  muestras  de 
amor,  cuantas  mayores  causas  se  dieron  de 
aborrecimiento;  desean  ganarse  las  volunta- 
des: aquél  en  hacer  mercedes  y  éste  en  mere- 
cerlas.» 

Diego  de  Saavedra  Fajardo;  historiador 
y  diplomático  español,  que  asistió  como  ple- 
nipotenciario en  1643  al  Consejo  de  Munster 
y  Osnabruch,  donde  se  trató  de  la  pacificación 


105 

de  Europa,  nos  ha  dejado  en  su  filosófica 
obra  «Empresas  políticas»  (de  la  cual  se  han 
hecho  yá  varias  ediciones)  excelentes  máxi- 
mas como  ésta,  «donde  no  hay  honra,  no  hay 
valor,»)  que  todos  los  militares  debieran  cono- 
cer y  no  olvidar  jamás.»  Dice  Richelieu  en  su 
testamento  político,  (das  armas  pueden  alcan- 
zar lo  que  no  puede  la  razón  conseguir»  y  ma- 
nifiesta Justo  Lipsio,  «la  fortuna  de  la  guerra 
enseña  á  los  vencidos  el  arte  de  ella.»  Las 
gracias  de  una  empresa,  dice  C.  Cornelio, 
«suele  llevarlas  el  que  la  da  fin,  aunque  otros 
hayan  hecho  mucho  más. »  Solís,  en  su  con- 
quista de  Méjico,  nos  recuerda  que  las  gran- 
des hazañas  son  hijas  de  los  grandes  peligros, 
y  nos  avisa  que  «los  ojos  son  los  primeros 
que  se  han  de  vencer  en  las  batallas. »  Como 
ejemplo  de  las  bellas  imágenes  que  se  encuen- 
tran entre  las  máximas  y  consejos  de  estos 
libros,  cuya  lectura  recomendamos  al  ejército, 
expondremos  una  de  Cicerón,  que  tan  impor- 
tante es  para  la  legitimidad  de  las  glorias  mi- 
litares, como  para  la  justa  y  fundada  reputa- 
ción de  ciertos  hechos;  «la  verdadera  gloria 
echa  por  si  raices  y  se  extiende,  más  las  cosas 
fingidas,  todas  se  caen  como  las  flores.» 

Estrada  en  su  guerra    de  Flandes,  Julio 
César  en  sus  comentarios,    Tácito   en   sus 

14 


106 

obras,  Fenelon  en  su  Telémaco  y  Cervantes 
en  Don  Quijote,  nos  dan  útiles  consejos.  Y 
cuando  el  P.  Mendo  se  dirije  á  los  Príncipes 
y  Plinio  á  los  tiranos,  son  sus  máximas  de 
aplicación  general,  y  no  debemos  olvidar  la 
filosofía  que  encierran  las  siguientes  palabras 
de  uno  y  otro  autor:  «el  que  más  sube  está  á 
mayor  contingencia  de  resbalar  y  caer;  nadie 
se  prometa  seguridad,  pues  sus  pasos  son  por 
escala  y  sus  dichas  andan  en  rueda  y  si  ésta 
se  vuelve,  quedará  en  breves  horas  misera- 
ble, quien  se  miraba  dichoso.»  «El  Príncipe, 
dice  Plinio,  «no  dé  nada,  pero  no  quite  nada; 
no  alimente,  pero  no  mate,  y  los  hijos  nacerán 
por  todas  partes.» 

Hemos  hecho  esta  ligera  digresión  para 
demostrar  la  conveniencia  de  incluir  en  el  ca- 
pítulo de  historia,  ciencia  y  arte  militar,  los 
códices  que  tratan  de  la  educación  de  un  Prín- 
cipe, y  los  que  se  ocupan  de  asuntos  de  filo- 
soíía  militar,  ó  contienen  emblemas  y  máxi- 
mas de  interés  para  el  Ejército,  á  quien  ade- 
más recomendamos  la  lectura  de  algunos  clá- 
sicos de  la  Biblioteca  del  Escorial,  cuyos  prin- 
cipales manuscritos  se  mencionan  en  el  capí- 
tulo X,  consagrado  á  los  códices  hterarios. 

Incluimos  en  esta  subdivisión  los  libros 
de  caballería,  por  la  preponderancia  que  tu- 


107 

vieron  en  ciertas  épocas,  manteniendo  el  es- 
píritu caballeresco,  que  necesariamente  habia 
de  influir  también  en  el  Ejército,  reflejándose 
en  el  valor  personal  del  soldado,  en  las  haza- 
ñas de  nuestras  tropas  y  en  los  hechos  y  proe- 
zas de  los  aventureros,  que  con  la  punta  de  su 
espada  señalaron  el  nombre  de  España  en  to- 
dos los  países  y  en  las  más  remotas  pla- 
yas. 

Los  libros  de  caballería  y  los  romances 
nos  pintan  con  brillante  colorido  todos  los  ac- 
tos de  heroísmo,  ofreciéndonos  con  su  lec- 
tura, como  ejemplos  de  digna  imitación,  las 
ficciones  más  sorprendentes;  empresas  atrevi- 
das y  luchas  temerarias,  descritas  en  invero- 
símiles historias,  que  en  muchas  ocasiones, 
más  que  copias  de  los  hechos  reales,  condu- 
cen la  acción  al  táltimo  límite  de  lo  sobrena- 
tural y  fabuloso. 

Se  retratan  en  las  páginas  de  los  libros 
de  caballería  y  en  los  rom.ances,  hazañas  ma- 
ravillosas, sucesos  memorables  y  todas  las 
pasiones  que  agitan  el  corazón  humano  ó  con- 
mueven á  los  pueblos,  desde  el  dulce  cantar 
del  enamorado  trovador  hasta  el  más  rudo 
combate.  Reflejan  todos  los  sentimientos  del 
alma,  ofreciéndonos  una  muestra  de  los  tran- 
quilos afectos  del  más  puro  idealismo,  junto 


108 

á  los  más  tempestuosos  y  desordenados  sen- 
timientos. 

Los  libros  de  caballería  y  los  romances, 
nos  señalan  los  dos  contrastes,  alegre  y  triste, 
ridículo  y  sublime  de  la  vida.  Nos  relatan  to- 
dos los  actos,  deseos  y  aspiraciones  de  aquella 
sociedad  y  de  aquellos  famosos  tiempos  de 
aventuras  y  de  combates,  de  amores  y  cuchi- 
lladas á  quienes  deben  su  existencia.  Galan- 
tería y  heroísmo  confundidas  con  crímenes  é 
infamias,  glorias  y  miserias,  despreocupación 
y  fanatismo,  vicios  y  virtudes,  cual  si  una 
misma  flor  ostentase  las  perlas  del  rocío  en 
algunas  de  sus  frescas  y  lozanas  hojas  y  tu- 
viera yá  otras  marchitas ,  cubiertas  de  cieno  y 
salpicadas  de  sangre. 

Y  hay  en  estos  romances  caballerescos, 
trovas  de  amor  que  encantan  y  hechos  heroi- 
cos que  elevan  el  espíritu  y  estas  trovas  y  es- 
tos hechos,  que  conmueven  de  igual  manera 
al  alma,  con  opuestos  sentimientos,  se  adap- 
tan perfectamente  á  la  organización  y  tenden- 
cias de  los  pueblos  meridionales;  son  la  ex- 
presión genuina  de  su  modo  de  ser  y  de  sen- 
tir de  su  estado  físico  y  moral,  reflejan  el 
temperamento,  las  costumbres,  la  educación 
y  hasta  la  topografía  del  país  y  la  influencia 
estacional.  Por  eso  no  es  posible  que  la  leyen- 


109 

da  española  se  parezca  nunca  á  la  leyenda  ale- 
mana. En  la  nuestra  ha}^  luz,  hay  sol,  hay  ca- 
lor, hay  gérmenes  de  vida,  fuerza  de  creación 
expontánea  y  asombrosa  fecundidad  por  to- 
das partes;  y  en  la  alemana,  como  en  la  de 
todos  los  pueblos  frios  y  nebulosos,  la  imagi- 
nación y  los  afectos  están  en  armonía  con  la 
naturaleza  y  sólo  hay  sombras,  oscuridad, 
misterio,  vacilación  y  duda.  Nosotros  creemos 
y  sentimos,  ellos  piensan  y  razonan.  En  nos- 
otros se  imponen  la  imaginación  y  el  espíritu, 
en  ellos  domina  siempre  la  voluntad,  esclava 
de  la  materia  y  subordinada  al  cálculo  intere- 
sado y  positivista. 

El  feudalismo,  los  duelos,  los  torneos,  el 
culto  exagerado  al  valor  que  engendraron  el 
heroísmo  y  el  desprecio  de  la  vida,  el  culto 
apasionado  de  la  belleza  que  sostuvo  la  ga- 
lantería hasta  la  exageración,  y  de  tal  mane- 
ra^ que  nunca  fué  la  mujer  más  atendida  y 
realzada,  á  todo  eso  deben  su  origen  y  pre- 
ponderancia los  romances  de  caballería  y  los 
hechos  famosos  de  los  celebrados  andantes 
caballeros.  Y  el  trovador  que  canta  y  el  ca- 
ballero que  corre  por  el  mundo  en  busca  de 
aventuras,  y  defiende  lo  iTiismo  su  derecho 
que  su  sin  razón,  lo  justo  é  injusto  á  cuchilla- 
das, encuentran  la  inspiración  de  sus  canelo- 


lio 

nes  y  el  móvil  de  sus  actos,  en  las  ideas  predo- 
minantes de  su  época  y  en  la  educación  pecu- 
liar de  la  sociedad  en  que  vivieron. 

El  nombre  de  romance  que  se  dio  á  las 
primeras  composiciones  de  este  género,  se  ha 
atribuido  á  los  trovadores  provenzales  que 
nos  conservaron  algunos  restos  de  literatura, 
escribiendo  en  una  mezcla  de  latin  y  de  galo 
llamado  lenguaje  romano  ó  romance. 

Uno  de  los  más  antiguos  es  el  de  los  Doce 
Pares  de  Francia,  escrito  en  el  siglo  XI.  Des- 
pués de  éste  se  escribió  el  Amadis  de  Gaulay 
también  las  cruzadas  y  las  guerras  con  los 
moros,  dieron  materia  y  estimulo  para  otros 
muchos. 

La  expulsión  de  los  árabes,  la  abolición 
de  los  torneos,  la  prohibición  de  los  duelos  y 
el  fanatismo  religioso  matando  el  ideal  y  des- 
pertando la  inclinación  á  la  vida  monástica^ 
fueron  extinguiendo  las  aficiones  caballeres- 
cas; el  espíritu  de  aventuras  fué  reemplazado 
por  otras  ideas,  por  otros  sentimientos  y  por 
distintas  aspiraciones.  Cervantes,  con  el  ridi- 
culo y  con  la  filosófica  critica  de  su  obra,  con- 
cluyó con  los  libros  de  caballería,  desterrando 
para  siempre  la  afición  que  aún  despertaba  en 
todas  las  clases  de  la  sociedad  la  lectura  de  los 
romances.  Debemos,  sin  embargo,  consignar 


111 

ahora,  y  con  profundo  respeto,  que  los  mu- 
chos y  buenos  romanceros  españoles  han  en- 
riquecido la  literatura  patria  con  excelentes 
obras  de  gran  mérito  y  de  verdadero  ingenio. 
Al  terminar  estas  breves  consideraciones 
acerca  de  los  libros  de  caballería  y  sobre  la 
influencia  de  la  educación  y  de  las  costumbres 
en  las  épocas  de  su  mayor  preponderancia, 
deseo  hacer  aquí  entusiasta  mención  de  una 
bellísima  poesía  titulada  ^^El  trovador,  y)  que 
forma  parte  de  un  libro  próximo  á  publicarse, 
escrito  por  mi  buen  amigo  y  compañero  el 
poeta  sevillano  D.  José  Velarde.  Esta  com- 
posición excede  á  todo  elogio,  y  en  ella 
se  describen,  ó  mejor  dicho,  se  dibujan 
de  un  modo  admirable  y  con  la  mayor 
delicadeza,  todos  los  sentimientos,  todos  los 
cuadros  sociales  y  distintos  hechos  adonde 
acudía  el  trovador  buscando  inspiración  para 
sus  cantos. 


Los  códices  sobre  las  órdenes  militares, 
su  institución  y  origen,  así  como  la  genealo- 
gía y  la  heráldica^  deben  figurar  en  esta  sec- 
ción de  Historia  militar  y  en  la  parte  biblio- 
gráfica correspondiente  al  examen  y  clasifica- 
ción que  hacemos  de  la  Biblioteca  de  manus- 
critos del  Escorial. 


112 


CÓIDIOES 

PLUTARCO.  Educación  de  un  príncipe  ó  tra- 
tado de  cómo  un  Rey  no  puede  gobernar  sin  ciencia. 
Tratado  del  tirano  y  tiranía  y  del  Rey  y  Reino,  por 
Augustin  Nipho:  códice  de  mediados  del  siglo  XVI; 
en  italiano:  estante  &,  pliíteo  4.° 

EGIDIO  ROMANO.  Gobernamiento  de  los 
príncipes;  traducido  al  castellano  por  Pedro  García  de 
Castroxeriz,  para  la  educación  del  Infante  D.  Pedro, 
hijo  de  D.  Alfonso  XI:  códice  con  464  folios,  estante 
H,  plúteo  i.° 

Hay  otro  códice  de  Egidio  Romano,  en 
el  estante  K^  plúteo  i.°  que  consta  de  iSy 
folios  «trasladado  de  iatin  en  romance  é  co- 
piado Fr.  Juan  García  de  Castroxeriz,  de  la 
Orden  de  los  Menores,  Confesor  de  la  Rey- 
na  de  Castilla,  para  el  noble  Infante  D.  Pe- 
dro, fijo  de  D.  Alonso,  á  petición  del  Obispo 
de  Osma  D.  Bernabé.»  También  en  el  estante 
H,  plúteo  2.°  hay  dos  códices  de  Egidio 
Romano;  uno  que  se  titula  «Regimiento  de 
Principes.»  traducido  del  Iatin  á  la  lengua 
castellana  y  otro,  compendiado  y  que  tie- 
ne 1 35  folios. 

CONSEJO  Y  CONSEJEROS  DE  LOS  PRÍN- 
CIPES;    cuáles  deben   ser  para  su   buen   gobierno: 


113 


compuesto  por  el  Maestro  Pedro:  códice  siglo  XV,  es- 
tante Z,  plúteo  3.° 

GOBIERNO  DE  REYES.  Este  manuscrito  es- 
tá en  el  códice  Árbol  de  Batallas,  de  Honorato 
Bonnet:  estante  X,  plúteo  3.° 

REPERTORIO  DE  PRÍNCIPES  DE  ESPA- 
ÑA.    Estante  X,  plúteo  2.°;  códice  del  siglo  XV. 

OFICIO  DE  REY.     Estante  G,  plúteo  4." 

JUAN  BOCACCIO.  Caida  de  Príncipes;  tra- 
ducida al  castellano;  estante  L,  plúteo  3.°  Hay  otra 
traducción  de  Bocaccio  en  el  estante  E,  plúteo  3.",  y 
en  otro  códice  todos  sus  cuentos  ó  Decameron.  (Hago 
aquí  mención  de  los  dioses  de  Bocaccio,  por  consi- 
derar curiosa  su  lectura.) 

EMBLEMAS  LATINOS  ó  consejos  á  los  Prín- 
cipes y  á  sus  Ministros,  por  D.  Juan  de  Solorzano; 
siglo  XVII;  estante  K,  plúteo  4.° 

FELIPE  DE  COMINES;  sus  memorias  tradu- 
cidas del  francés  al  castellano,  por  Philiberto,  que  se 
titula  «Primo  y  Criado  de  S.  M.»  muy  bien  escritas  en 
el  año  de  1622.  Este  códice  que  consta  de  443  folios, 
tiene  grabadas  las  armas  Reales.  Estante  J,  plúteo  i  ."^ 

EL  PRÍNCIPE  PERFECTO  y  ministros  ajus- 
tados; documentos  políticos  y  morales,  consideracio- 
nes histórico-filosóficas  y  militares,  para  la  educación 
de  un  Príncipe,  por  el  P.  Andrés  Mendo,  de  la  Com- 
pañía de  Jesús.  Curioso  códice  dedicado  á  S.  M.  el 
Rey  D.  Felipe  IV,  de  mediados  del  siglo  XVII,  es- 
tante H,  plúteo  2.° 

TELÉMACO.  Hay  diferentes  traducciones  y 
copias  de  pasajes  de  este  famoso  libro  de  aventuras, 
de  Francisco  Salignac  de  Lamothe  Fenelon,  quien 
publicó  también   un   libro  titulado:   «Examen  de  la 

15 


114 


conciencia  de  un  Rey,»  y  la  «Explicación de  las  máxi- 
mas de  los  Santos,»  que  Bossuet  hizo  condenar  en 
Roma.  También  de  la  guerra  de  Troya  hay  varios 
códices,  (algunos  con  viñetas)  y  se  habla  en  ellos  de 
Telémaco,  hijo  de  Ulises  y  Phenélope,  ayudado  en 
sus  empresas  por  Minerva. 

URGANDA.  Códice  con  82  folios,  en  donde 
se  trata  de  los  oráculos  ó  vaticinios  de  Reyes  y  de 
Príncipe;  siglo  XVI,  estante  &,  plúteo  4." 

FR.  MIGUEL  DE  FRANCOIS.  «Espejo  de 
ricos  y  principalmente  de  los  de  corte,»  escrito  en 
francés  para  el  Archiduque  de  Austria  y  Duque  de 
Borgoña  D.  Felipe,  de  quien  era  confesor  el  autor; 
concluido  en  i5oo.  Códice  en  vitela  con  una  hermo- 
sa viñeta  y  con  iSg  folios;  estante  Z,  plúteo  i.° 

AVISOS  PARA  MINISTROS  que  negocian  con 
sus  Príncipes  en  la  corte  de  otros  Monarca;  códice  en 
italiano;  de  principios  del  siglo  XVI,  estante  K, 
plúteo  3.° 


En  la  parte  II  y  más  particularmente  en 
las  IV  y  V  de  este  capítulo  hacemos  mención 
de  algunos  códices  que  contienen  interesan- 
tes consejos  é  instrucciones  para  los  Reyes 
y  los  Príncipes,  debiendo  citar  entre  otros, 
los  manuscritos  del  estante  Y^  plúteo  3.^ 
«Recuerdos  de  Carlos  V  para  su  hijo.»  «Ra- 
zonamiento del  mismo,  en  donde  se  expresa 
cómo  debe  gobernar  en  tiempo  de  paz  y  de 
guerra.»    Discurso  de  Felipe  II  hecho  á  su 


115 

hijo  en  el  último  dia  de  su  vida,  &,  &.  Hay 
en  esta  biblioteca,  tan  rica  en  manuscritos 
históricos,  científicos  y  literarios,  muchos  é 
interesantes  códices  que  se  ocupan  de  la 
educación  de  un  Príncipe  y  de  la  instrucción 
y  gobierno  de  los  Reyes. 


LIBROS  DE  caballería.  Varios  manus- 
critos con  aventuras,  cuentos  é  historias:  códice  en 
vitela  del  siglo  XV,  estante  H,  plúteo  i.'' 

DOCTRINAL  DE  CABALLEROS;  con  una 
carta  dedicatoria  al  Condestable:  códice  en  vitela  con 
276  folios;  siglo  XV,  estante  H,  plúteo  3.° 

LIBRO  DE  LA  GAYA  CIENCIA.  Códice  del 
siglo  XV,  estante M,  plúteo  i.° 

HECHOS  Y  HAZAÑAS  de  D.  Jaime  I  de 
Aragón;  códice  delsiglo  XVI,  estante  I,  plúteo  2.° 

FIESTAS  REALES  de  justa  y  torneo,  com- 
puestas por  Fr.  Miguel  de  Madrid;  autógrafo;  (i3  de 
Abril  de  1 589;)  auto  sacramental.  Estante  D,  plú- 
teo 3.« 

SUMARIO  DE  LAS  LEYES  DE  DESAFÍOS 
entre  caballeros,  según  uso,  hecho  por  Pedro  Juan 
Ferrer,  escrito  en  lemosin. 

CARTELES  DE  DESAFIO  de  D.  Luis  Cor- 
nell  á  Mosen  Galceran  de  Besora,  con  todas  las  cartas 
y  demás  circunstancias  de  dicho  desafio;  en  lemosin: 
códice  del  siglo  XVI,  estante  L,  plúteo  i.° 

LEYES  DE  caballería,  de  paz  y  de  guer- 
ra. Relación  del  desafio  del  general  de  Francia  con  el 


116 


Príncipe  de  Gales:  códice  en  lemosin,  siglo  XV,  es- 
tante Y,  plúteo  3.° 

MELGHIOR  PEINTZING.  Hazañas  y  peli- 
gros del  héroe,  valeroso  y  célebre  caballero  Teius- 
dan  1 1 1.  Libro  impreso  en  la  ciudad  de  Nuremberg, 
por  Juan  Schousperger  en  i5i7;  un  volumen;  siglo 
XVI,  estante  X,  plúteo  i.° 

GUENTOS,  HISTORIAS  Y  AVENTURAS 
del  Rey  Guillermo  de  Inglaterra,  de  una  Santa  Em- 
peratriz de  Roma,  del  Emperador  Garlos  de  Roma  y 
de  su  mujer  la  Emperatriz  Sevilla,  del  Emperador 
Otas,  de  Roma,  de  la  Infanta  Florencia,  su  hija,  y  del 
buen  caballero  Esmeros:  códice  en  vitela  del  siglo 
XIV,  con  1 52  folios  de  cuentos  y  aventuras;  estante 
H,  plúteo  i.° 

PEDRO  rodríguez.  Descripción  del  paso 
honroso  que  defendió  Suero  de  Quiñones,  cerca  de  la 
puerta  de  Orbigo,  á  seis  leguas  de  la  ciudad  de  León 
y  tres  de  la  de  Astorga,  en  que  se  juntaron  nueve  ca- 
balleros castellanos  con  otros  nueve  aragoneses;  año 
de  1434;  códice  del  siglo  XVI,  estante  F,  plúteo  2.° 

JAGOBO  ANTONIO  FERRARI.  Desafio  va- 
leroso de  trece  campeones  italianos  y  otros  tantos 
franceses,  acaecido  en  la  Pulla,  en  el  año  de  i5o3, 
por  defender  el  honor  de  sus  naciones,  y  gloriosa  vic- 
toria obtenida  por  los  primeros. 

Desafio  entre  tres  soldados  italianos  y  otros  tan- 
tos españoles,  tenido  en  la  ciudad  de  Vicenza  en  el 
año  i5i3. 

Desafío  entre  el  gigante  Turco  y  el  gentil  caba- 
llero Leonardo  Prato,  tenido  en  la  isla  de  Rodas,  y 
victoria  obtenida  por  el  último.  Todos  los  desafios 
mencionados  se   describen  en  el  códice  que  ocupa  el 


117 

estante  P,  plúteo  4.°,  escrito  en  italiano.  Es  de  prin- 
cipios del  siglo  XVI  y  se  compone  de  i83  folios. 

HISTORIA  DE  PONTUS;  libro  de  caballería, 
en  francés.  Siglo  XV  estante  X,  plúteo  3.° 

JULIO  CLARO.  De  los  duelos  y  de  sus  legí- 
timas causas.  Varios  edictos  sobre  los  duelos  y  los  ad- 
versarios: códice  en  latin,  estante  P,  plúteo  3." 

FIESTAS  Y  TORNEOS  verificados  en  la  co- 
ronación de  Carlos  VIII  de  Francia.  Están  pintados 
los  torneos  y  los  escudos  de  los  caballeros.  Estante  E, 
plúteo  4.° 


LEYES  Y  CONSTITUCIONES  de  los  caba- 
lleros de  la  orden  de  Santiago,  con  algunos  ordena- 
mientos de  Maestres:  códice  siglo  XV,  estante  M, 
plúteo  i.° 

ESTABLECIMIENTO  DE  LA  ORDEN  DE 
SANTIAGO,  por  D.  Fernando  de  Ortega,  con  otros 
dos  tratados  del  mismo  autor,  referentes  á  dicha  or- 
den: códice  del  siglo  XV,  estante  B,  plúteo  4.° 

FRANCISCO  SANSORINO.  Origen  de  los 
caballeros,  «donde  se  tratan  las  invenciones,  órdenes 
y  declaraciones  de  la  caballería  del  collar  ó  cadena, 
de  Cruz  y  de  Espuela,  con  los  estatutos  de  caballería 
de  la  de  Saboya,  del  Tusson  y  de  San  Miguel.»  Tra- 
ducido del  italiano  al  castellano,  en  Granada,  por 
D.  Diego  Castellano,  el  año  i5ji.  Al  principio  se 
halla  autógrafo  el  dictamen  de  Ambrosio  de  Morales; 
hay  dos  sonetos  de  Fr.  Vicente  Hernández  y  al  final 
el  dictamen  de  Fr.  Lorenzo  de  Villavicencio,  también 
autógrafo:  códice  con  429  folios;  del  siglo  XVI,  es- 
tante C,  plúteo  3." 


118 


ABAD  DE  MORINUENDO.  Don  Guillermo. 
«Definiciones  fechas  en  los  tiempos  del  preclaro  é 
magnífico  señor  D.  Rodrigo  Tcllez  de  Girón,  Maes- 
tre de  Galatra  va.))  Calendario  y  ordinario  de  los  ca- 
balleros de  dicha  orden:  códice  siglo  XV;  estante  P, 
plúteo  3." 

FR.  JUAN  DE  FOXAN.  Historia  de  la  orden 
militar  de  San  Juan  de  Jerusalem,  dedicada  á  su 
gran  Maestre  Fr.  Juan  de  Valetta,  firmada  de  mano 
del  autor,  en  Barcelona,  en  Junio  de  i563;  i.'^y  2.^ 
parte:  estante  N,  plúteo  i." 

HISTORIA  DE  LA  MILICIA  DE  JERUSA- 
LEM, conocida  con  el  nombre  de  caballeros  del  or- 
den Teutónico;  escrita  en  alemán:  códice  siglo  XV, 
estante  K,  plúteo  2." 

DISCURSO  Y  RELACIÓN  sobre  la  orden  de 
San  Juan  de  Jerusalem,  de  Malta:  su  origen  é  ins- 
titución; en  italiano;  estante  X,  plúteo  3.° 

REGLA  DEL  COLLAR  ó  divisa  que  instituyó 
el  Infante  D.  Fernando  de  Castilla;  manuscrito  ador- 
nado con  pinturas;  códice  del  siglo  XVI,  estante  D, 
plúteo  3.° 

LIBRO  DE  LA  ORDEN  DE  LA  VANDA  que 
fizo  el  Rey  D.  Alfonso  XI:  estante  D,  plúteo  i.''  ¡La 
orden  militar  española  de  la  Banda  estaba  ya  des- 
acreditada en  tiempo  de  Enrique  IV  por  lo  mucho  que 
se  habia  prodigado.  Los  Reyes  Católicos  la  abolieron 
y  aunque  Felipe  V  la  restableció,  pronto  cayó  en 
desuso.) 


HERNÁNDEZ   DE  MENDOZA.     Blasones  de 
¿irmas   de  Reyes  y  Príncipes  y  particularmente  de  la 


119 

nobleza  española:  códice  con  227  folios,  siglo  XV, 
estante  C,  plúteo  2." 

ARMAS,  BLASÓN  DE  INGLATERRA:  su 
origen  y  explicación:  ¡pintadas  en  vitela.)  Orden  de 
la  Jarretiera,  su  origen,  ordenanzas,  etc.:  códice  siglo 
XV,  estante  X,  plúteo  2." 

DE  APELLIDOS  NOBLES  É  ILUSTRES. 
Genealogías  de  los  linages  y  solares  de  España  y  de 
otros  Reyes  y  ciudades:  códice  siglo  XV;  estante  &, 
plúteo  2.^ 

NOBLEZA  DE  VENECIA.  Apellidos  nobles, 
destinos,  sueldos,  etc.,  en  italiano:  códice  del  siglo 
XVI;  estante  H,  plúteo  4.° 

ÁRBOL  GENEALÓGICO  de  los  Reyes  de  In- 
glaterra y  su  parentesco  con  los  de  España;  estante  X, 
plúteo  2." 

GENEALOGÍA  y  descendencia  «de  Fernán  Pérez 
de  Agevedo,  llamado  el  Portugalés:»  códice  anónimo 
del  siglo  XV;  estante  K,  plúteo  i.° 

ORIGEN  de  los  señores  de  Ayala  é  de  Salcedo  é 
donde  fueron  levantados:  códice  siglo  XV;  estante  &, 
plúteo  2.° 

ORIGEN  DE  LOS  GUZMANES;  estante  X, 
plúteo  2." 

FRAGMENTO  GENEALÓGICO  de  los  apelli- 
dos La-Cerda  y  Lara:  códice  siglo  XV;  estante  K,  plú- 
teo 2.° 

FR.  ANTONIO  RODRÍGUEZ  MARTÍNEZ 
LOBON,  Monge  de  San  Basilio;  «Memorial  y  papel 
genealógico  de  los  caballeros  Ugarte,  Barrientos  y  Ro- 
dríguez de  Saro  en  el  Valle  de  Carriedo,  con  un  elogio 
Pontificio  y  Regio.»  «Breve  descripción  del  palacio  de 
su  Keal  y  Católica  Magestad.»  Alegato  genealógico  de 


120 

los  mismos  caballeros,  con  varios  escudos  de  armas, 
dos  códices  del  siglo  XVIII;  estante  J,  plúteo  i.° 

CARTA  EJECUTORIA  de  hidalguía  á  petición 
de  Francisco  Frias,  vecino  de  la  villa  de  Olivares;  au- 
téntica y  escrita  en  8  de  Octubre  de  1610:  códice  con 
72  folios,  en  vitela. 

GENEALOGÍAS  de  varios  apellidos  y  algunas 
cartas  ejecutorias  en  diferentes  códices. 

GENEALOGÍA  de  los  Reyes  de  Vizcaya;  estante 
X,  plúteo  2.° 

RELACIÓN  de  todos  los  títulos  que  hay  en  Es- 
paña, sus  descendencias  y  casas  solares:  códice  de  fines 
del  siglo  XVI;  estante  J,  plúteo  2.*^ 

DEL  CARDENAL  D.  Francisco  de  Bobadilla  y 
Mendoza,  Tizón  de  España;  Memoria  que  dio  al  Rey 
D.  Felipe  II  sobre  el  origen  de  algunas  casas,  títulos  y 
caballeros  españoles:  códice  de  fines  del  siglo  XVI;  es- 
tante J,  plúteo  3.°  (Bobadilla,  Arzobispo  de  Burgos, 
escribió  esta  representación  dirigida  al  Rey,  probando 
que  todas  las  familias  ilustres  de  España  procedian  de 
judíos,  moriscos,  bastardos,  etc.,  etc.,  por  vengarse  de 
la  repulsa  que  hablan  sufrido  dos  sobrinos  suyos  en  el 
tribunal  de  las  órdenes,  que  se  negó  á  cruzarlos,  por- 
que no  probaron  su  nobleza.) 


Hay  en  la  Biblioteca  del  Escorial,  entre 
sus  crónicas  y  códices  de  historia,  las  genea- 
logías de  un  gran  número  de  Reyes.  Empera- 
dores y  Pontífices.  Existen  varias  de  los  Re- 
yes de  España  y  Portugal,  Francia  é  Iiigla- 


121 


térra;  algunas  de  los  Emperadores  romanos  y 
de  los  Reyes  de  Ñapóles  y  Aragón. 

Hay  varios  manuscritos  con  privilegios 
otorgados  á  individuos,  corporaciones  y  ciu- 
dades; códices  con  fundaciones  de  monaste- 
rios, ordenamientos,  fueros,  etc.,  etc.,  y  de 
ellos  mencionanios  algunos  en  los  capítulos 
correspondientes. 

Respecto  á  heráldica;  además  de  los  có- 
dices especiales,  hay  otros  muchos  con  blaso- 
nes, armas,  escudos  y  viñetas,  pudiendo  ase- 
gurar que  se  encuentra  la  Historia  del  arte 
pintada  en  los  códices  del  Escorial,  pues  no 
sólo  representan  éstos,  comoy¿í  anteriormente 
indicamos,  un  tesoro  científico  y  literario  de 
gran  valor,  sino  una  riqueza  artística  de  reco- 
nocido mérito  y  de  mucha  consideración. 


PARTE  CUARTA 


CÓDICES  DE  LAS  CAMPAÑAS  E  HISTORIA  DE  CARLOS  V  Y  DE 

LAS    GUERRAS    DE    ESPAÑA   EN   LOS   PAÍSES   BAJOS 

É  HISTORIA  DE  FELIPE  II 


CONSIDERACIONES  GENERALES  YCODICES 

Consagramos  una  sección  especial  de  este 
capítulo,  ó  sea  la  parte  IV  del  mismo,  para 

16 


122 

los  códices  que  tratan  de  las  campañas  de 
Carlos  V  y  Felipe  II.  Al  separar  la  historia 
de  estos  dos  Monarcas  y  sus  hechos  militares 
de  la  parte  dedicada  en  nuestro  libro  á  las 
crónicas  é  historia  general  y  particular,  obe- 
decemos al  propósito  de  ofrecer  al  Ejército 
todos  los  manuscritos  de  la  Biblioteca  del  Es- 
corial, cuyo  conocimiento  más  le  interesa  y 
aquéllos  que  puedan  serle  de  mayor  utilidad. 

Las  monarquías  de  Carlos  V  y  de  Fe- 
lipe II  fueron  esencialmente  militares;  los  ma- 
nuscritos referentes  á  ellas  son  también  nu- 
merosos: por  estas  razones,  en  armonía  con 
el  objeto  de  nuestro  libro,  reunimos  en  un 
sólo  grupo  de  índole  militar  é  histórica  todos 
los  códices  que  se  refieren  á  estos  dos  Mo- 
narcas y  á  los  acontecimientos  más  notables 
de  su  reinado. 

A  muchas  consideraciones  se  presta  el 
estudio  filosófico  de  las  épocas  de  nuestra 
preponderancia  militar;  pero  los  desaciertos 
políticos,  el  fanatismo  religioso  y  la  intransi- 
gencia exagerada,  empeñaron  después  las  glo- 
rias de  nuestras  armas,  y  en  vez  de  los  bene- 
ficios que  España  pudo  alcanzar  realizando 
en  ese  brillante  período  histórico  el  mayor 
desenvolvimiento  de  su  progreso  moral  y 
poUtico-social,  se  detuvo  y  retrocedió  en  las 


123 


más  fáciles  y  seguras  etapas  de  su  civiliza- 
ción. En  el  camino  de  la  victoria  brotaron  es- 
pinas y  recogimos  abrojos  en  vez  de  flores. 
Destruimos  poco  á  poco  los  gérmenes  más 
fecundantes  de  la  civilización  de  los  pueblos  y 
de  nada  sirvieron  para  el  porvenir  de  la  na- 
ción nuestras  conquistas,  porque  no  supimos 
consolidarlas,  conservando  con  prudentes  re- 
formas y  paternal  cuidado  los  bienes  adqui- 
ridos. Fueron  estériles  para  el  progreso  y  en- 
grandecimiento de  la  patria  la  sangre  derra- 
mada en  los  combates,  el  descubrimiento  de 
la  América  y  la  adquisición  de  nuevas  pose- 
siones. El  poder  de  las  ideas  no  contribuyó 
luego  á  secundar  la  fuerza  de  nuestro  domi- 
nio y  por  eso  resultaron  inútiles  los  sacrifi- 
cios de  nuestros  soldados  y  la  justa  fama  de 
sus  victorias.  Bien  pudiéramos  decir  al  re- 
cordar todas  las  causas  de  nuestra  postración 
y  de  nuestros  desaciertos  en  la  época  en  que 
la  fortuna  más  nos  sonrió  prodigándonos  sus 
dones,  lo  que  decia  aunque  con  otro  motivo 
al  Emperador  Carlos  V  el  célebre  teólogo  es- 
pañol y  fraile  dominico  Melchor  Cano:  <dos 
grandes  males  vienen  muchas  veces  encubier- 
tos en  grandes  bienes,  y  el  estrago  de  la  reli- 
gión jamás  viene  sino  en  máscara  de  reli- 
gión.» 


124 


OÓDICES 

PEDRO  MEXIA.  Historia  del  Emperador 
Carlos  V:  códice  con  25  i  folios,  del  siglo  XVI;  estan- 
te U,  plúteo  2." 

CARTA  DEL  EMPERADOR  CARLOS  V  ala 
ciudad  de  Zamora  notificándole  su  embarque  en  Bar- 
celona en  la  armada  contra  Barbaroja  y  nombrando 
Lugarteniente  á  la  Emperatriz  en  9  de  Mayo  de  i553: 
códice  del  siglo  XVI;  estante  U,  plúteo  2.° 

CARTA  DEL  MARQUÉS  DE  PESCARA  al 
Emperador  Carlos  V,  después  de  la  batalla  de  Pavía. 
(En  el  códice  anterior.) 

RELACIÓN  DE  LA  JORNADA  DEL  PIA- 
A40NTE  hecha  por  los  ejércitos  del  Emperador  Car- 
los V:  códice  del  siglo XVI;  estante  U,  plúteo  3." 

NOTICIAS  DE  LOS  EJÉRCITOS  DEL  EM- 
PERADOR CARLOS  V  desde  el  7  de  Agosto  de  i  545 
en  que  el  autor  manifiesta  que  salió  segunda  vez  para 
Flandes,  hasta  mediados  del  año  1 547.  (En  el  có- 
dice anterior.) 

PEDRO  MEXIA.  Hay  en  el  estante  L,  plú- 
teo I .",  otro  códice  del  siglo  XVI  con  el  título  de  «His- 
toria y  vida  del  Emperador  Carlos  V.» 

DEL  CONDE  JULIO  LANDI.  Libro  de  la 
grandeza  de  ánimo,  escrito  en  italiano  y  dedicado  á  la 
memoria  del  Emperador  Carlos  V:  códice  del  siglo 
XVI;  estante  D,  plúteo  3." 

CARTAS  DEL  EMPERADOR  CARLOS  V  y 
de  su  madre,  á  Rampston  de  Viciana,  gobernador  de 
S.  M.  en  el  reino  de  Valencia:  códice  del  siglo  XVÍ; 
estante  D,  plúteo  3." 


125 

JORNADA  TRIUNFANTE  que  el  Emperador 
Carlos  V  hizo  á  Viena  contra  el  turco  Solimán. — 
Guerra  que  el  Emperador  Carlos  V  hizo  contra  Tú- 
nez y  la  goleta  y  su  toma:  códice  del  siglo  XVI;  estan- 
te U,  plúteo  2." 

PEDRO  DE  SAL  AZAR.  Historia  de  la  guerra 
que  el  Em.perador  Carlos  V  hizo  contra  los  rebeldes  de 
Alemania:  primera  parte:  códice  de  fines  del  siglo 
XVI;  estante  U,  plúteo  3.'' 

PEDRO  FRANCISCO  DE  HOSTIGLIA:  Ora- 
ción suplicatoria  acerca  de  la  guerra  que  Carlos  V  po- 
dría intentar  contra  la  Señoría  de  Venecia  y  del  modo 
de  hacerla  frente:  códice  en  italiano,  siglo  XVI;  es- 
tante D,  plúteo  2.° 

CAMPAÑAS  DE  CARLOS  V.  (Modelos  de  es- 
critos de  guerra:)  estante  U,  plúteo  2.° 

MARTIN  GARCÍA  ZERECEDA.  Comenta- 
rios de  las  batallas,  ligas  y  ejércitos  con  todos  los  acon- 
tecimientos que  en  Italia,  Francia  y  en  otras  partes  ha 
tenido  el  éxito  de  la  Magestad  Cesárea  desde  el  dia  de 
San  Pedro  y  San  Pablo  del  año  i52i  hasta  17  de  No- 
viembre de  iSqS:  códice  del  siglo  XVI;  estante  M, 
plúteo  I .° 

HISTORIA  DEL  EMPERADOR  CARLOS  V: 
códice  del  siglo  XVI;  estante  G,  plúteo  2.*^ 

DISCURSO  MILITAR  dirigido  al  Emperador 
Carlos  V,  sobre  la  guerra  contra  los  turcos,  escrita  en 
Mallorca  á  4  de  Diciembre  de  iSqS,  estante  F,  plú- 
teo 2.° 

JORNADA  DEL  EMPERADOR  CARLOS  V 
contra  Túnez,  en  i535;  escrita  en  francés;  estante  B, 
plúteo  4.° 

JORNADA  DE  ARGEL   hecha  por  el  Empera- 


126 


dor  Carlos  V;  descrita  en  verso:  códice  del  siglo  XVI, 
estante  C,  plúteo  4.° 

HISTORIA  DEL  EMPERADOR  CARLOS  V: 
comprende  algunos  cuadernos  sobre  las  guerras  de 
Alemania,  desde  el  año  i  542;  anónima;  estante  L, 
plúteo  i.° 

JACOEO  NARDI.  Discurso  por  el  cual  trata  de 
persuadir  al  Emperador  Carlos  V,  la  justicia  con  que 
los  florentinos  piden  su  libertad;  escrito  en  italiano, 
año  de  i536;  códice  siglo  XVI,  que  traía  de  otros  va- 
rios asuntos  históricos;  estante  L,  plúteo  i.° 

EMPRESA  Y  CONQUISTA  GERMÁNICA 
del  Emperador  Carlos  V,  escrita  y  ccmpuesta  por  el 
Arcediano  Busto;  Capellán  y  Cronista;  códice  del  si- 
glo XVI,  estante  L,  plúteo  i.° 

SEGISMUNDO  QUINTANA.  Austriados.  Li- 
bro XXIII,  al  Emperador  Carlos  V;  códice  en  latin; 
siglo  XVI,  estante  &,  plúteo  2.° 

BA  DO  VERO.  Relación  de  la  persona,  estado, 
gobierno,  etc.  del  Emperador  Carlos  V;  en  italiano; 
códice  siglo  XVI,  estante  X,  plúteo  3.° 

BERNARDO  NAVAJERO.  Relación  de  los 
estados,  fuerzas  y  gobierno  del  Emperador  Carlos  V; 
en  italiano;  códice  del  siglo  XVI,  en  el  que  \iay  otras 
muchos  manuscritos;  estante  X,  plúteo  3." 

RECOPILACIÓN  de  algunas  cartas  y  escrituras 
por  las  cuales  se  comprende  la  verdad  de  las  cosas  pa- 
sadas entre  S.  M.  Carlos  V  y  el  Rey  de  Francia;  tra- 
ducida del  francés  al  castellano  por  el  Secretario  Gar- 
cian.  Ligas  que  el  Rey  de  Francia  ha  hecho  contra 
el  Emperador  Carlos  V;  año  de  i5  52;  estante  V,  plú- 
teo 2." 

D.    LUIS    DE   ZUÑIGA,     Comentarios   de   la 


127 

guerra  de  Alemania,  hecha  por  el  Emperador  Carlos 
V  contra  los  rebeldes  y  herejes  de  dicho  país.  Jornada 
hecha  por  el  Emperador  Garlos  V  contra  el  Duque 
Juan  Federico  de  Jasa;  por  el  mismo  Zúñiga.  Autó- 
grafo: códice  del  siglo  XVI,  estante  E,  plúteo  2.° 

HISTORIA  DE  LA  GUERRA  que  el  Empe- 
rodor  Garlos  V  mandó  contra  los  principales  caballe- 
ros y  pueblos  rebeldes  de  Alemania,  en  la  cual,  además 
de  los  sucesos  de  Alemania,  se  contienen  otros  mu- 
chos, que  en  el  intermedio,  en  otras  partes  ocurrieron, 
como  fué  el  tratado  del  Gonde  Fiesco,  en  Genova,  los 
acontecimientos  de  Ñapóles,  etc.:  códice  de  fines  del 
siglo  XVI,  estante  &,  plúteo  3.° 

GENSURA  DE  LOS  TRIBUNALES  DE  ÑA- 
PÓLES, dirigida  al  Emperador  Garlos  V;  manuscrito 
en  italiano,  que  con  otros  muchos  de  diferentes  ma- 
terias, componen  el  códice  número  19  del  estante  N, 
plúteo  3.° 

DIÁLOGO  LLAMADO  DE  MERGURIO  Y 
GHARON  en  donde  se  manifiesta  la  justicia  del  Em- 
perador Garlos  V  y  la  iniquidad  de  los  que  le  desafia- 
ron; códice  del  siglo  XVI;  estante  N,  plúteo  2.° 

FERRANTI  GONZAGA.  Relación  sobre  el 
reino  de  Sicilia  (de  cuyo  gobierno  estaba  encargado) 
dirigida  al  Emperador  Garlos  V,  dada  en  Milán  á 
3 1  de  Julio  de  1541;  en  italiano;  códice  del  siglo  XVI; 
estante  X,  plúteo  3.'' 

DISGURSO  DE  MONSEÑOR  GLAUDIO 
TOLOMEO,  Obispo  de  Dalmacia,  sobre  los  méritos 
del  Emperador  Garlos  V  y  el  Rey  de  Francia,  para 
con  la  Silla  Apostólica;  códice  del  siglo  XVI;  en  ita- 
liano; estante  X,  plúteo  3." 

JUAN  PAEZ  DE  GASTRO.     Relación  y  anota- 


128 


cioiies  de  lo  sucedido  en  Europa  desde  el  año  i5io 
hasta  el  de  iSSg,  ó  sea  aparato  para  la  historia  de  Es- 
paña. (Autógrafos.)  Códice  en  4.°  del  siglo  XVI;  estan- 
te &,  plúteo  3.° 

CARTA  ORIGINAL  á  nombre  del  Emperador 
Carlos  V,  al  Arzobispo  de  Toledo  D.  Juan  Tavera, 
sobre  varios  negocios,  fechada  en  Valladolid  á  5  de 
Marzo  de  1544,  ñrmada  por  el  Príncipe  D.  Felipe  II 
y  refrendada  por  el  Secretario  Ledesma;  estante  &, 
plúteo  2.° 

FORTUNATO  DERCILLA.  Dichos  y  hechos 
memorables  de  D.  Alonso  Rey  de  Ñapóles;  autógrafo, 
y  dirigido  á  Carlos  V;  estante  E,  plúteo  4." 

CARTA  AL  EMPERADOR  CARLOS  V,  Y 
FRANCISCO  I,  para  conciliarios;  dedicada  por  el 
traductor  Marin  al  Infante  D.  Carlos;  en  Valladolid 
á  12  de  Diciembre  de  i55  5:  códice  del  siglo  XVI^  es- 
tante B,  plúteo  4.*' 

EL  EMPERADOR  CARLOS  V.  «Recuerdos 
para  su  hijo  Felipe  II,  fechos  en  Augusta  á  18  de 
Enero  de  i545;»  en  Italiano.  Razonamiento  del  Em- 
perador Carlos  V,  dirigido  á  su  hijo  Felipe  II,  al 
entregarle  sus  estados  y  reinos,  en  el  cual  se  contiene 
cómo  debe  gobernar  en  tiempo  de  paz  y  de  guerra. 
Discurso  de  Felipe  II,  hecho  en  el  último  dia  de  su 
vida,  al  Príncipe  su  hijo;  escrito  en  italiano;  códice 
siglo  XVII,  estante  J,  plúteo  3.° 

INSTRUCCIÓN  que  el  Emperador  Carlos  V 
dio  á  su  hijo  D.  Felipe  II,  al  encargarle  en  su  ausen- 
cia del  Gobierno  de  España,  fecha  en  Barcelona  á  i." 
de  Mayo  de  i  543;  estante  J,  plúteo  3." 


129 


HISTORIA  de  las  causas  de  la  desunión,  re- 
vueltas y  alteraciones  de  los  Países  Bajos;  dos  códices 
de  fines  del  siglo  XVI,  estante  M,  plúteo  i.° 

LISTA  'de  los  caballeros  que  acom- 
pañaron al  Duque  de  Alba,  en  la  guerra  contra  los 
rebeldes  de  Alemania:  códice  del  siglo  XVI,  estante  V, 
plúteo  3.° 

TOMA  DE  BUGIA  por  el  Conde  Pedro  Na- 
varro; códice  de  principios  del  siglo  XVI,  estante  V, 
plúteo  2." 

DE  LA  GUERRA  CON  LOS  CALVINISTAS; 
códice  en  latin,  aiio  de  i63i,  estante  N,  plúteo  i.° 

HISTORIA  DE  FLANDES  y  de  las  revueltas 
en  tiempo  de  Felipe  II;  dos  códices  en  italiano,  estan- 
te M,  plúteo  i.° 

TOMA  DE  BUGIA  por  el  Conde  Pedro  Na- 
varro; códice  donde  está  también  la  historia  de  los 
Reyes  Católicos,  de  Hernando  del  Pulgar;  siglo  XVI, 
estante  V,  plúteo  2.° 

MIGUEL  SURIANO;  Embajador  de  la  Seño- 
ría de  Venecia.  Relación  de  la  persona,  estado,  go- 
bierno, etc.,  del  Rey  Felipe  II;  códice  del  siglo  XVI; 
en  italiano;  estante  X,  plúteo  3." 

DE  LA  REBELIÓN  DE  LOS  ESTADOS  DE 
FLANDES,  y  en  donde  «también  se  muestra  no 
convenir  á  la  reputación  y  autoridad  de  la  Magestad 
Católica  admitir  los  rebeldes  á  reconciliación  si  pri- 
mero no  se  humillan  y  dejan  las  armas;))  año  de  1612, 
sin  nombre  de  autor.  Discursos  sobre  la  propiedad  y 
naturaleza  de  la  heregía,  la  cual  siendo  mala  y  dañosa 
no  debe  S.  M.  ni  lícitamente  puede  otorgar  á  los  de 
Holanda  y  Gelanda  la  libertad  de  conciencia  y  de 
religión  que  piden,   en    las   treguas  ó  paces,  que  con 

17 


130 

ellos  se  tratan:  códice  con  i32  folios,  siglo  XVII;  es- 
tante &,  plúteo  3.° 

ENGEHEN  ROOSWYCH.  Remedio  propues- 
to á  S.  M.  para  pacificar  y  hacer  entrar  en  la  obe- 
diencia á  las  provincias  rebeldes  de  Holanda.  Medios 
para  que  con  la  menor  dificultad  y  en  mayor  prove- 
cho de  SS.  AA.,  puedan  hacer  el  viaje  al  Rhin; 
anónimo.  Historia  de  la  rebelión  y  sucesos  de  los 
Paises  Bajos,  desde  el  año  i56o  y  1570.  Colección 
curiosa  de  cartas  de  aquella  época.  Comisión  y  poder 
dado  por  Felipe  II  á  los  inquisidores  y  sobre  la  he- 
regía  de  los  Paises  Bajos.  Dos  códices  del  siglo  XVI, 
muy  curiosos,  en  los  que  hay  ocho  manuscritos  más, 
é  interesantes  todos,  sobre  la  rebelión  de  Holanda;  es- 
tante L,  plúteo  i.° 

FREX  DE  TORRES,  Canónigo  de  Palencia. 
Discurso  sobre  la  conquista  de  Francia,  dirigido  al 
Rey  D.  Felipe  TI;  siglo  XVI;  estante  &,  plúteo  3." 

DIEGO  VALDES.  Un  autógrafo  sobre  la  dig- 
nidad y  excelencia  de  los  Reyes  de  España,  dirigido 
á  Felipe  II;  códice  interesante  del  siglo  XVI,  con  226 
folios,  estante  H,  plúteo  2.° 

JUAN  MARÍA  MEMO.  Razonamientos  sobre 
el  gobierno  de  la  República,  dirigidos  á  Felipe  II  y 
escritos  en  1540:  códice  en  vitela,  estante  D,  plú- 
teo 4.° 

NOTICIAS  HISTÓRICAS  sobre  el  reinado  de 
Felipe  II.  Autógrafas.  Alzamiento  de  los  moriscos 
de  Granada  en  i568.  Hay  en  este  códice  28  trata- 
dos más  con  diferentes  manuscritos  y  documentos 
históricos:  códice  de  fines  del  siglo  XVI;  estante  K, 
plúteo  I." 

JUAN    BAUTISTA   GESIO.     Matemático  del 


131 


Rey  D.  Felipe  II.  Discurso  sobre  la  sucesión  del  peino 
de  Portugal,  escrito  en  italiano  en  1578.  Es  Autó- 
grafo. Estante  P,  plúteo  i .° 

*  DIEGO  HURTADO  DE  MENDOZA.  Guer- 
ras  de  Granada  ó  tumulto  excitado  por  los  moriscos 
en  el  siglo  XVI:  códice  del  siglo  XVII;  con  162  folios; 
estante  H,  plúteo  3.° 

CARTAS  Y  DISCURSOS  de  Juan  Bautista  Ge- 
sio,  dirigidos  á  Felipe  II,  sobre  la  toma  de  posesión 
del  reino  de  Portugal  y  los  asuntos  de  África.  Autó- 
grafos y  minutas:  estante  P,  plúteo  i." 

DESCRIPCIÓN  DE  LA  ENTRADA  de  Felipe 
II  en  Genova,  por  Teodoro  Glorioso.  Escrita  en  1 548: 
códice  en  8.''  de  terciopelo  azul  y  del  siglo  XVI;  estan- 
te D,  plúteo  4.° 

CARTA  DE  D.  FERNANDO  DE  TOLEDO, 
Duque  de  Alba,  á  la  Santidad  del  Papa  Paulo  IV,  fe- 
cha en  Ñapóles  á2i  de  Agosto  de  i556,  en  italiano. — 
Habla  que  los  ministros  de  Lisboa  hicieron  á  los  no- 
bles y  eclesiásticos  y  al  pueblo  de  Portugal  en  tiempo 
de  Felipe  II:  códice  defines  del  siglo  XVII;  estante  J, 
plúteo  S."" 

DIALOGO  llamado  Philipino;  donde  se  refieren 
las  razones  en  que  se  funda  el  derecho  que  S.  M.  el 
Rey  D.  Felipe  II  tiene  al  reino  de  Portugal;  escrito 
por  Lorenzo  de  San  Pedro:  códice  de  fines  del  si- 
glo XVI,  con  3 18  folios;  estante  &,  plúteo  3.° 

JUAN  DE  ÁNGULO.  Rogativas  hechas  en 
Toledo  por  la  salud  del  Príncipe  Carlos,  hijo  de 
Felipe  II;  en  verso  y  prosa;  año  de  i562;  códice  con 
viñetas  á  pluma;  estante  B,  plúteo  2.° 

MEMORIAS  DE  ANTONIO  PÉREZ,  Secreta- 
rio de  Felipe  II. 


132 


•VIDA  INTERIOR  DE  FELIPE  II;  códice  si- 
glo XVII;  estante  J,  plúteo  3.'' 

MÁXLMAS  POLÍTICAS,  escritas  por  Antonio 
Pérez,  Secretario  de  Felipe  II,  códice  del  siglo  XVII; 
estante  J,  plúteos  i.^y  3.° 

ANOTACIONES  AUTÓGRAFAS  de  lo  suce- 
dido en  Europa  dede  i5io  á  iSSg,  por  Paez  de 
Castro.  De  este  códice  interesante  para  la  Historia  de 
España  nos  hemos  ocupado  yá  y  solo  lo  mencionamos 
aquí  por  referirse  también  á  los  cuatro  primeros  años 
del  reinado  de  Felipe  II.  Estante  &,  plúteo  3." 


Hay  eii  la  biblioteca  y  salas  capitulares 
del  Escorial  varios  retratos  de  Carlos  V  y 
de  Felipe  lí.  En  la  biblioteca  principal  exis- 
ten dos  del  Emperador  Carlos  V,  uno  á  los 
49  años  de  edad,  hecho  por  Pantoja  y  otro 
de  medio  cuerpo,  de  cuando  era  joven,  tabla 
de  Cranach.  De  este  autor  hay  también  una 
tabla  de  doña  Isabel  de  Portugal,  esposa  de 
Carlos  V.  En  la  biblioteca  de  impresos  se 
halla  el  retrato  de  Felipe  II  y  en  el  gabinete 
de  lectura  el  de  Antonio  Pérez. 


133 


PARTE  QUINTA 


CRÓNICAS     É     HISTORIA. 

HECHOS  DE  HÉRCULES,  Jason  y  guerra  de 
Troya:  códice  del  siglo  XV,  estante  V,  plúteo  2^ 

'historia  DE  TROYA.  Empieza  con  la  na- 
vegación de  Jason:  códice  en  latin,  con  200  folios^  del 
siglo  XV,  estante  &,  plúteo  3." 

HISTORIA  DE  LA  GUERRA  Y  RUINA  DE 
TROYA;  traducida  del  francés  al  castellano  por 
mandado  del  Rey  D.  Alfonso  XI,  «é  fué  concluido  el 
postrero  dia  de  Diciembre  de  1 35o.»  Tiene  pintadas 
algunas  figuras  de  los  héroes  de  dicha  guerra:  códice 
en  vitela  del  siglo  XIV,  estante  H,  plúteo  i.° 

HISTORIA  DE  LA  GUERRA  DE  TROYA: 
códice  del  siglo  XV,  estante  L,  plúteo  2.'' 

COMENTARIOS  DE  JULIO  CÉSAR,  en  siete 
libros;  códice  en  vitela  y  en  latin,  del  siglo  XV  y  con 
pinturas,  estante  C,  plúteo  2.° 

ce.  SALLUSTIO.  Guerra  Catilinaria;  muy 
bien  escrita  en  latin;  códice  en  vitela  con  21  folios, 
del  siglo  XV,  estante  F,  plúteo  2." 

VASCO  DE  GUZMAN.  Traducción  castellana 
de  «Cayo  Salustio;»  sobre  la  guerra  de  Jugurta;  có- 
dice con  144  folios  y  del  siglo  XV,  estante  S,  plú- 
teo 3.° 

C.  CRÍSPULO  SALLUSTIO.  Guerras  Cati- 
lina  y  de  Jugurta;  códice  en  latin,  siglo  XV,  estante 
O,  plúteo  2." 


134 


LEONARDO  ARETINO.  Comentarios  á  la 
primera  guerra  púnica;  códice  en  latin,  del  siglo  XV, 
estante  O,  plúteo  2.° 

C.  SALLUSTIUS.  «Bellum  Catilinarium  et 
Jugurtinum.))  Ornada  su  primera  página  con  pintu- 
ras doradas;  códice  de  terciopelo,  en  vitela  con  87  fo- 
lios y  del  siglo  XV,  estante  &,  plúteo  3/ 

CG.  SALLUSTIO.  Bellum  Jugurtinum;  có- 
dice en  vitela,  de  fines  del  siglo  XII,  estante  M,  plú- 
teo 3/  (Hay  otros  dos  códices  de  lo  mismo.) 

J.  CESAR.  Comentaría  de  bello  gothico;  códi- 
ce en  vitela,  del  siglo  XIV,  estante  M,  plúteo  3.° 

JULIUS  C^SAR.  Comentada  de  bello  galli- 
co;  eódice  en  vitela  del  siglo  XV,  estante  N,  plú- 
teo 3.° 

Q.  CURTIUS  RUFUS.  Gesta  Alexandri  Mace- 
donum  Regis;  códice  en  vitela,  del  siglo  XV,  con  muy 
buena  letra,  estante  M,  plúteo  3.° 

SUETONIO  Y  SALUSTIO.  Vida  y  hechos  de 
César;  escrita  en  portugués;  códice  en  vitela,  siglo  XVI, 
estante  Q,  plúteo  i ." 

SUETONIO.  Vida  de  César;  códice  en  latin, 
en  papel  y  vitela,  fines  del  siglo  XIV,  estante  Q,  plú- 
teo 2.° 

SUETONIO.  Vitaí  duodecim  Cicsarum;  muy 
bien  escrita,  por  Juan  de  Paraszo,  año  de  1423;  códice 
en  vitela,  estante  M,  plúteo  2." 

LUGANO.  Historia  de  los  hechos  entre  Julio 
César  y  Pompeyo;  traducida  al  castellano;  códice  si- 
glo XV,  estante  R,  plúteo  i ." 

LUGANUS.  «Bellum  civile  Farsalia,»  códi- 
ce en  vitela  con  94  folios,  de  fines  del  siglo  XII; 
pstantc  O,  plúteo  3." 


135 


LUGII  FLORI.  «Historia  de  bellis  romano- 
rum,»  códice  siglo  XV,  estante  O,  plúteo  3." 

VALERIO  MÁXIMO.  «Hechos  memorables 
del  imperio  Romano,»  códice  siglo  XI V^  en  latin,  es- 
tante M,  plúteo  2.° 

LEONARDO  ARETINO.  Guerra  gótica,  com- 
puesta por  el  mismo,  traducida  al  castellano  por  un 
anónimo,  natural  de  Toledo  y  dedicada  al  Conde  de 
Alba,  códice  del  siglo  XV,  estante  D,  plúteo  3." 

LEONARDO  ARETINO.  Comentarios  de  la 
primera  guerra  púnica;  códice  en  latin  del  siglo  XV, 
estante  G,  plúteo  3.° 

LEONARDUS  ARETINUS.  Bellum  gothi- 
cum  in  Italia  gestum;  códice  en  vitela,  del  siglo  XV, 
estante  G,  plúteo  3.° 

LEONARDUS  ARETINUS.  Tractatus  mili- 
Ú3e  ad  Raymundum  equitem  Florentinum;  códice  en 
vitela  del  siglo  X,  estante  G,  plúteo  3.° 

LEONARDO  ARETINO.  Historia  del  pueblo 
florentino,  muy  bien  escrita  en  Florencia,  año  de 
1445;  códice  en  latin:  estante  N,  plúteo  2.'^ 

QUINTO  CURCIO.  Historia  de  Alejandro 
Magno,  traducida  del  latin  por  el  P.  Candido  De- 
cember,  y  escrita  en  italiano  en  1438:  códice  en  vitela, 
con  186  folios;  estante  N,  plúteo  3.° 

HISTORIA  ROMANA:  códice  en  vitela,  con 
78  folios:  siglo  XIII;  en  latin,  estante  L,  plúteo  3.° 

ARRIANO.  Historia  de  Alejandro  de  Macedo- 
nia:  códice  en  vitela,  adornado  con  pinturas,  del  si- 
glo XV  y  con  161  folios;  estante  N,  plúteo  2.°,  en 
latin. 

HISTORIA  de  los  hechos  de  Hércules,  Jason, 
Medea,  etc.,  de  la  guerra  de  Troya,  é  historia  sagrada, 


136 

hasta  la  muerte  del  Rey  David:  códice  del  siglo  XV; 
estante  N,  plúteo  2.° 

LIBRO  DE  LAS  GENERACIONES:  comienza 
en  Adam,  sigue  por  la  de  los  Reyes  de  Israel,  de  Tro- 
ya, de  Persia  y  de  los  Reyes  de  España  y  condes  de 
Castilla.  Crónica  de  España  desde  su  fundación 
hasta  el  año  1369:  códice  del  siglo  XV;  estante  N, 
plúteo  i.° 

HISTORIA  del  Imperio  Romano  y  de  sus  cosas 
más  notables  desde  el  año  qio  hasta  el  i3i3,  anónima 
y  escrita  en  latin;  estante  P,  plúteo  3.° 

T.  LIVIO  PATAVINUS.  Historia  Romana; 
contiene  la  primera  década,  en  latin:  códice  en  vitela, 
con  233  folios:  siglo  XV;  estante  O,  plúteo  2." 

C.  PLINIO  SEGUNDO.  Conjuración  de  Cati- 
lina,  escrita  en  vitela  y  en  i  5  folios:  siglo  XV;  estante 
O,  plúteo  2.° 

TITO  LIVIO.  Historia  Romana,  en  latin;  es- 
tante R,  plúteo  i.° 

Hay  también  otro  códice  de  esta  historia  traducida 
al  castellano  en  el  siglo  XIV. 

TITO  LIVIO.  Historia  del  pueblo  romano:  códi- 
ce en  vitela,  del  siglo  XV,  muy  bien  escrito,  en  latin  y 
adornada  su  portada  con  pinturas,  estante  K,  plúteo  i ." 

Hay  otros  varios  códices  en  latin,  sobre  historia 
rornana. 

DON  RODRIGO,  Arzobispo  de  Toledo.  Crónica 
de  España.  Historia  de  los  hunnos,  vándalos,  alanos, 
suevos,  godos,  ostrogodos,  etc.  Noticia  de  los  Pontífi- 
ces y  Emperadores  romanos.  Historia  de  los  romanos 
en  su  dominación  en  España,  hasta  Pompeyo.  Histo- 
ria de  España  desde  su  dominación  por  los  árabes:  có- 
dice del  siglo  XVÍ;  estante  U,  plúteo  2.° 


137 

HISTORIA  de  Cario  Magno,  escrita  por  Don 
Alonso  el  Sabio:  códice  de  mediados  del  siglo  XV;  es- 
tante Y,  plúteo  i.° 

COMPARACIÓN  entre  Alejandro  Magno,  Anní- 
bal  y  Scipion  el  africano.  Diálogo  de  Luciano,  tradu- 
cido al  castellano  por  Martin  de  Avila:  códice  del  siglo 
XVI,  estante  &,  plúteo  2.° 

VIDA    DE   TEMISTÓCLES    y   de    Alejandro  , 
Magno;  estante  C,  plúteo  3.° 

DIFERENTES  CRÓNICAS  de  Reyes:  varios 
manuscritos  de  Historia  romana  y  de  ilustres  varones 
griegos:  estante  C,  plúteo  2.° 

CRÓNICx^  de  los  Emperadores  y  Sumos  Pontífi- 
ces romanos:  códice  en  latin,  de  principios  del  siglo 
XV;  estante  J,  plúteo  3.° 

BREVE  COM  PENDIÓ  de  historia  según  las  siete 
edades  del  mundo;  escrito  en  verso  y  prosa;  anónimo: 
siglo  XV;  estante  X,  plúteo  2." 

CRÓNICA  de  los  Señores  y  Reyes  que  han  po- 
seído á  España  desde  el  principio  del  mundo  hasta  la 
era  de  io38:  códice  del  siglo  XIV;  estante  Y,  plú- 
teo 2." 

PvODERICO.  Crónica  de  España  en  tiempo 
de  los  godos:  códice  en  latin,  siglo  XV;  estante  X,  plú- 
teo 2.° 

Hay  otro  códice  con  el  nombre  de  Roderico  en 
el  estante  Z,  plúteo  i."  Crónica  de  España  en  tiempo 
de  los  godos. 

ARZOBISPO  D.  RODRIGO.  Historia  del  Rey 
D.  Rodrigo,  último  Rey  de  los  godos.  Historia  de  la 
segunda  destrucción  de  España,  c|ue  fué  después  del 
vencimiento  del  Rey  D.  Rodrigo:  hay  dos  códices 
iguales;  fines  del  siglo  XV;  estante  Y,  plúteo  2.*^ 

18 


138 


FÁBULAS  de  la  fundación  de  Sevilla:  hay  en 
este  códice  2  5  tratados  más  de  diferentes  asuntos;  es- 
tante H,  plúteo  2.° 

FR.  GONZÁLEZ  DE  ALVARADO,  Abad  de 
San  Pedro  Arlanza.  Crónica  del  Conde  Fernán  Gon- 
zález. Se  ocupa  también  de  la  muerte  de  los  Infantes 
de  Lara  y  de  los  hechos  y  vida  de  los  sucesores  del 
Conde  Fernán  González  hasta  Don  Fernando  I  y 
D."  Sancha  su  mujer:  códice  del  siglo  XVI;  estante  Y, 
plúteo  3.° 

CRÓNICA  del  Conde  Fernán  González  y  noticia 
de  algunos  Reyes  de  Castilla.  Está  incompleta  y  es 
parte  de  la  de  San  Pedro  de  Arlanza  ó  sea  copia  del  có- 
dice anterior.  Anónima,  de  principios  del  siglo  XVI  y 
con  119  folios;  estante  U,  plúteo  2.° 

HECHOS  del  Conde  Fernán  González  y  del  Cid, 
Ruy  Diaz  de  Vivar:  códice  del  siglo  XV;  estante  Y, 
plúteo  i.° 

POEMA  del  Conde  Fernán  González:  códice  del 
siglo  XV;  estante  B,  plúteo  2.° 

ALONSO  DE  CARTAGENA.  Genealogía  de 
los  Reyes  de  España,  compuesta  en  latin  y  traducida 
al  castellano,  con  adiciones  marginales  de  Juan  de 
Villafuerte.  Sumario  breve  de  historia  de  España  des- 
de el  nacimiento  del  Rey  Católico  hasta  su  muerte; 
anónima;  estante  X,  plúteo  2.° 

CRÓNICA  de  algunos  Reyes  de  Castilla  y  León 
desde  D.  Fruela  II  hasta  D.  Fernando,  que  ganó  á 
Córdoba;  estante  X,  plúteo  2.° 

CRÓNICA  de  once  Reyes  de  León  y  Castilla 
desde  D.  Ramiro  II  hasta  D.  Fernando  el  Santo:  có- 
dice del  siglo  XV,  con  260  folios;  estante  Y,  plú- 
teo 3.° 


139 

CRÓNICA  de  los  Señores  y  Reyes  que  ha  tenido 
España  desde  su  población  hasta  el  año  994  de  Jesu- 
cristo, escrita  el  año  1400:  códice  con  259  folios;  es- 
tante X,  plúteo  i.° 

RODERICO,  Arzobispo  de  Toledo:  Crónica  de 
España,  en  latin,  escrita  el  año  1 386,  leyéndose  al  ñnal 
de  ella  la  siguiente  inscripción  del  autor.  «Navarra  me 
parió,  crióme  Castilla,  París  me  graduó,  Toledo  fué 
mi  silla,  mi  sepultura  en  Huesca,  en  el  cielo  con  Dios 
mi  alma  se  queda:»  códice  del  siglo  XIV;  estante  L, 
plúteo  2.° 

Es  también  de  Roderico  la  Crónica  de  España  en 
tiempo  de  los  godos,  que  está  en  el  estante  X,  plúteo 
2.^;  códice  del  siglo  XV. 

D.  CARLOS,  Príncipe  de  Viana.  Crónica  de  los 
Reyes  de  Navarra:  códice  del  siglo  XVI;  estante  X, 
plúteo  2."^ 

GENEALOGÍA  de  los  Reyes  de  Granada  desde 
García  Sancho  Abarca:  códice  del  siglo  XV;  estante  N, 
plúteo  I."* 

CRÓNICA  de  los  Reyes  de  Navarra,  compuesta 
por  el  Príncipe  D.  Carlos  IV,  Señor  de  dicho  Reino, 
en  el  año  de  1454;  estante  &,  plúteo  2.° 

GENEALOGÍA  de  los  Reyes  de  Navarra,  desde 
D.  íñigo  Arista  hasta  el  año  de  1425;  estante  X,  p.°  2.° 

HISTORIA  de  España  y  particularmente  de  la 
Corona  de  Aragón  hasta  el  Rey  D.  Alonso  V,  anóni- 
ma y  en  lemosin:  códice  del  siglo  XV;  estante  Y,  plú- 
teo 3.^ 

PEDRO  FOMICH.  Historia  de  España  y  par- 
ticularmente de  la  Corona  de  Aragón  hasta  el  Rey  Don 
Alonso  V,  en  lemosin,  escrita  por  Luis  Rivelles  en 
1493;  estante  X,  plúteo  2.° 


140 


CARTAS  DEL  REY  de  Castilla  á  los  de  Navarra 
y  Aragón  y  de  éstos  á  aquel  sobre  su  entrada  en  los 
Reinos  de  Castilla,  escritas  en  Julio  de  1429:  son  co- 
pias y  están  en  un  códice  de  mediados  del  siglo  XV;  es- 
tante P,  plúteo  2.° 

CONQUISTA  DE  VALENCIA;  comentarios  so- 
bre ella:  códice  en  4."  del  siglo  XV;  estante  Y,  plú- 
teo 3." 

DESCRIPCIÓN  de  los  hechos  de  D.  Jaime  I  de 
Aragón  y  de  muchos  de  sus  descendientes;  historia  tra- 
ducida de  la  «Crónica  catalana  de  Ramón  Muntaner,» 
al  castellano,  por  Miguel  Montade:  códice  de  fines  del 
siglo  XVI;  estante  J,  plúteo  3." 

HISTORIA  general  de  España  por  D.  Alonso  el 
Sabio:  contiene  desde  Hércules  hasta  el  tiemipo  de  Cario 
Magno:  códice  con  242  folios,  escrito  en  1434;  estante 
Y,  plúteo  I ." 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Alonso  el  Sabio  y  de  Don 
Sancho  su  hijo,  anónima:  códice  del  siglo  XV;  estante 
Y,  plúteo  2." 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Alonso  de  Castilla,  por 
Juan  Nuñez  Villazán:  códice  del  siglo  XVI,  con  3o3  fo- 
lios; estante  Y,  plúteo  3." 

EL  REY  D.  ALFONSO.  Historia  general  des- 
de el  principio  del  mundo  hasta  la  unión  de  Jacob  con 
Labam:  códice  de  fines  del  siglo  XIII,  con  i53  folios, 
en  vitela;  estante  O,  plúteo  i." 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Alfonso  en  la  que  se  con- 
tiene la  «Crónica  del  Rey  D.  Sancho,  su  fijo,  é  del  Rey 
D.  Fernando,  su  nieto,  fasta  que  ovo  un  fijo,  que  lla- 
maron D.  Alfonso,»  anónima:  códice  en  vitela,  con 
89  folios,  de  fines  del  siglo  XIV;  estante  Y,  plú- 
teo I." 


141 

HISTORIA  general  del  Rey  D.  Alfonso  «desde 
el  principio  hasta  el  ñn  del  Deuteronomio,  primera  par- 
te: códice  con  385  folios,  siglo  XV;  estante  Y, plúteo  i." 

HISTORIA  general  del  Rey  D.  Alonso,  contiene 
desde  el  libro  de  Josué  hasta  la  muerte  del  Rey  David, 
segunda  parte,  con  371  folios,  siglo  XV;  estante  Y,  plú- 
teo i.° 

HISTORIA  general  del  Rey  D.Alfonso,  tercera 
parte;  contiene  desde  el  libro  de  los  Psalmos,  hasta  los 
profetas  menores:  códice  del  siglo  XV,  con  235  folios; 
estante  Y,  plúteo  i.° 

HISTORIA  general  de  España  por  D.  Alonso  el 
Sabio,  contiene  desde  el  Rey  Ptolomeo  Filopater  hasta 
el  Rey  Antioco  el  Grande:  códice  del  siglo  XV,  con  2  5/ 
folios,  cuarta  parte. 

HISTORIA  general  de  España  que  hizo  Don 
Alonso  el  Sabio,  cuarta  parte  de  la  general,  comprende 
hasta  la  muerte  del  Rey  D.  Bermiudo  de  León:  códice 
del  siglo  XV,  con  270  folios. 

HISTORIA  general  mandada  recopilar  por  el 
Rey  D.  Alonso  el  Sabio:  códice  del  siglo  XV;  estante 
Y,  plúteo  3." 

HISTORIA  del  Rey  D.  Alfonso  el  Sabio,  consta 
de  tres  tomos,  que  comprenden  la  primera,  segunda, 
tercera  y  cuarta  parte:  códice  de  fines  del  siglo  XV;  es- 
tante X,  plúteo  I .° 

DIFERENTES  CRÓNICAS  de  D.  Alonso  el 
Sabio,  Sancho  IV  y  Fernando  IV;  en  el  estante  X, 
plúteo  I." 

CRÓNICAS  de  los  Reyes  D.  Alfonso  el  Sabio, 
D.  Sancho  el  Bravo  y  D.  Fernando  el  Emplazado: 
códice  del  siglo  XV;  estante  M,  plúteo  2.°  (Sin  nombre 
de  autor.) 


112 


COPIA   DEL   TESTAMENTO   del   Rey   Don 

Alonso  el  Sabio,  manuscrito  de  fines  del  siglo  XV;  es- 
tante X,  plúteo  2." 


Hay  otros  varios  códices  de  la  Historia 
general  de  D.  Alfonso  el  Sabio  y  habia  tam- 
bién en  esta  Biblioteca  uno  de  la  Historia  de 
España  que  hizo  el  Rey  D.  Alonso  y  que  co- 
menzaba desde  el  Diluvio,  concluyendo  en  el 
alzamiento  de  D.  Pelayo  y  casamiento  de 
Muza  con  su  hermana.  Este  códice  fué  tras- 
ladado á  la  Academia  de  la  Historia,  lo  mis- 
mo que  una  Crónica  de  los  Reyes  de  León, 
de  Castilla  y  demás  de  España,  desde  D.  Pe- 
layo  hasta  el  Rey  D.  Fernando  el  Santo. 

Se  ecuentran  en  la  Biblioteca  del  Escorial 
todas  las  obras  de  D.  Alfonso  el  Sabio  y  ha- 
bia antes  sus  famosas  cantigas.  Están  sus  li- 
bros de  partidas,  fuero  Real,  fuero  de  Bur- 
gos, etc.  etc.^  de  que  nos  ocuparemos  en  el 
capitulo  VIII;  están  los  dos  célebres  códices  la- 
pidario y  juego  de  dados  y  axedrés;  el  códice 
titulado  Tesoro,  se  halla  en  el  estante  L,  plú- 
teo S.'*  y  otro  que  se  atribuye  á  dicho  Rey  y 
y  que  lleva  el  título  de  Bocados  de  oro;  en 
el  estante  H,  plúteo  3,"" 


143 


HISTORIA  de  España  por  el  moro  Rhassis:  co- 
pia del  original  antiguo,  escrito  en  pergamino,  que 
Ambrosio  de  Morales  poseia  y  que  dio  al  Conde  de 
Lanzarote:  códice  del  siglo  XVI,  estante  &,  plúteo  2.° 

EL  REY  D.  Sancho  IV  el  Bravo:  castigos  y  do- 
cumentos para  bien  vivir.  Al  final  se  lee:  «E  nos  el 
Rey  D.  Sancho  que  fecimos  este  libro  lo  acabamos 
aquí  en  este  logar  en  la  era  de  i33i  años;»  estante  Z, 
plúteo  3.'' 

GENEALOGÍA  de  los  Reyes  de  Vizcaya,  sacada 
de  muchos  autores,  escrita  en  lengua  fenicia  y  tradu- 
cida al  castellano:  códice  de  principios  del  siglo  XVI; 
estante  X,  plúteo  2.*^ 

CRÓNICA  general  desde  el  principio  del  mundo 
hasta  los  tiempos  del  Rey  D.  Carlos  V,  anónima:  có- 
dice de  principios  del  siglo  XVI,  con  13/  folios;  estan- 
te M,  plúteo  i.° 

HISTORIA  general  colegiada  de  San  Isidoro, 
Arzobispo  de  Sevilla;  Julián  Pomenio,  de  Toledo;  Se- 
bastian, Obispo  de  Salamanca;  Sampiro  de  Astorga  y 
Palao,  de  Oviedo;  desde  el  principio  del  mundo  hasta 
el  tiempo  de  D.  i\lfonso,  hijo  de  D.  Fernando:  códice 
interesante  del  siglo  XV,  con  332  folios;  estante  X,  plú- 
teo i.° 

REYES  DE  ESPAÑA  y  los  autores  que  en  par- 
ticular escribieron  de  ellos:  catálogo  de  72  Reyes  de 
España;  estante  L,  plúteo  i ." 

DIEGO  rodríguez  DE  ALMELA.  Com- 
pendio historial  de  las  Crónicas  de  España  hasta  la 
muerte  del  Rey  D.  Enrique:  dos  códices  del  siglo  XV, 
con  438  folios;  estante  U,  plúteo  2.° 

CRÓNICA  DEL  REY  D.  Alfonso  XI,  que  ganó 
las  Algeciras,  mandada  escribir  por  su  hijo  D.  Enri- 


144 


que  II  á  Juan  Nuiiez  de  Villazán:  códice  con  36o  fo- 
lios, del  siglo  XV;  dos  códices;  estante  Z,  pltíteo  S.*" 

JUAN  NUÑEZ  VILLAZÁN:  Crónica  desde  el 
año  XV,  del  reinado  de  D.  Fernando  IV,  hasta  la  toma 
de  Algeciras  por  D.  Alfonso  XI:  códice  en  vitela,  con 
289  folios,  siglo  XV;  estante  Y,  plúteo  2." 

JUAN  NUÑEZ  VILLAZÁN:  Crónica  del  Rey 
D.  Alonso,  hijo  del  Rey  D.  Fernando,  trasladada  al 
papel  en  la  era  del  César  de  141 4  «é  andaba  el  año  del 
nacimiento  de  Nuestro  Salvador  en  1 366  años:»  có- 
dice en  folio  de  mediados  del  siglo  XIV;  estante  M, 
plúteo  I." 

CRÓNICA  DE  ALFONSO  XI,  por  Juan  Nuñez 
Villazán:  códice  del  siglo  XV,  con  280  folios;  estante 
Y,  plúteo  2.° 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Alonso,  que  ganó  las  Al- 
geciras, sin  nombre  de  autor:  códice  del  siglo  XV;  es- 
tante K,  plúteo  i.° 

HISTORIA  en  verso  del  Rey  D.  Alonso  Onceno, 
que  ganó  las  Algeciras:  códice  del  siglo  XIV,  con  b-j 
folios;  estante  X,  plúteo  2.° 

CRÓNICA  de  los  hechos  acontecidos  en  España 
desde  el  principio  del  mundo  hasta  D.  Alfonso  On- 
ceno, por  Fr.  García  de  Engui,  Obispo  de  Bayona;  es- 
tante X,  plúteo  2." 

CRÓNICA  de  Alvar  Pérez  de  Guzman  el  Bueno, 
precedida  de  una  noticia  del  origen  de  los  Guzmanes; 
estante  &,  plúteo  2.° 

HISTORIA  verdadera  del  Rey  D.  Pedro  de  Cas- 
tilla, con  notas  y  advertencias  curiosas;  su  testamento 
y  la  sucesión  de  los  del  linage  de  Castilla:  códice  del 
siglo  XVI,  estante  J,  plúteo  2.^ 

HISTORIA  del  Rey  D.   Pedro,  D.  Enrique  II  y 


145 


D.  Juan,  anónima  é  incompleta,  sólo  tiene  200  folios: 
códice  de  mediados  del  siglo  XV;  estante  M,  plú- 
teo i.° 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Pedro  de  Castilla,  hasta 
la  muerte  de  D.  Enrique,  anónima:  códice  del  siglo 
XV;  estante  K,  pliíteo  2.° 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Pedro  y  D.  Enrique,  su 
hermano:  códice  del  siglo  XV,  con  266  folios;  estante 
Y,  plúteo  I .° 

CONSEJOS  Y  DOCUMENTOS  á  D.  Pedro, 
hijo  del  Rey  D.  Alfonso,  en  verso;  estante  B,  plúteo  2." 

CRÓNICAS  de  D.  Enrique  III  y  D.  Enrique 
IV;  estante  X,  plúteo  2.° 

CRÓNICAS  de  los  Reyes  D.  Pedro,  D.  Enrique 
II  y  D.  Juan  I,  por  Pedro  López  de  Ayala:  códice  del 
siglo  XV,  con  428  folios:  estante Z,  plúteo  3.'' 

CRÓNICAS  de  D.  Pedro,  D.  Enrique  II,  D.  En- 
rique III  y  D.  Juan  I,  por  D.  Pedro  López  de  Ayala: 
códice  del  siglo  XV,  con  323  folios;  estante  Y,  plú- 
teo 2.'' 

Todos  los  códices  que  hay  en  el  Escorial  referen- 
tes al  Rey  D.  Pedro  los  ha  examinado  con  suma  de- 
tención el  ilustrado  literato  Sr.  Tubino,  pues  tuve  oca- 
sión de  verle  consagrado  á  ese  trabajo  histórico-biblio- 
gráfico  en  la  misma  época  en  que  yo  me  ocupaba  tam- 
bién en  el  examen  de  los  manuscritos  de  esta  Biblio- 
teca. 

CRÓNICA  de  D.  Juan  I,  «desde  que  se  coronó  en 
Burgos,  hasta  que  el  Infante  de  Navarra  venía  por  en- 
traren Portugal  con  el  Rey  D.  Juan.)) 

CRÓNICx\S  de  España,  comenzando  desde  Hér- 
cules, hasta  D.  Enrique  IV,  anónima:  códice  del  si- 
glo XV;  estante  H,  plúteo  2." 

19 


146 

CRÓNICA  ó  compendio  histórico  de  cuarenta 
Reyes  de  Castilla  y  León,  desde  D.  Pelayo  hasta  Don 
Enrique  III;  estante  Z,  plúteo  S.*" 

«GENERACIONES,  semblanzas  é  obras  de  los 
excelentes  Reyes  de  España  D.  Enrique  III  é  D.  Johan 
el  II,  é  de  los  venerables  Perlados  é  notables  caballeros 
que  en  los  tiempos  destos  Reyes  fueron,»  compuesto 
por  Fernán  Pérez  de  Guzman:  códice  del  siglo  XV;  es- 
tante Z,  plúteo  3." 

CRÓNICA  de  D.  Enrique  III  el  Doliente,  por 
D.  Pedro  López  de  Ayala,  escrita  por  Pedro  de  Salas 
en  el  año  de  i56o;  estante  X,  plúteo  2.*^ 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Enrique  IV,  sin  nombre 
de  autor,  y  adornada  la  primera  página  con  las  armas 
de  Castilla:  códice  curioso  y  muy  bien  escrito  del  siglo 
XV;  estante  X,  plúteo  2.° 

DIEGO  ENRIQUEZ  DE  CASTILLA,  cronista 
de  Enrique  IV.  Crónica  de  dicho  Rey:  códice  de  prin- 
cipios del  siglo  XVII;  estante  X,  plúteo  2.^ 

BIOGRAFÍA  de  D.  Juan  Pacheco,  Marqués  de 
Villena,  (favorito  de  Enrique  IV,  que  formó  la  liga  de 
Burgos  é  hizo  declarar  ilegítima  á  D.*  Juana,  hija  del 
Rey,  llamada  la  Beltraneja:)  códice  del  siglo  XV;  es- 
tante Y,  plúteo  I." 

DIEGO  ENRIQUEZ  DE  CASTILLA.  Cró- 
nica del  Rey  D.  Enrique  IV:  códice  con  210  folios,  de 
principios  del  siglo  XVI;  estante  Y,  plúteo  3.° 

CRÓNICA  del  Rey  D.  Juan  el  II,  anónima:  có- 
dice de  fines  del  siglo  XV;  estante  X,  plúteo  2.° 

CRÓNICA  del  Condestable  D.  Alvaro  de  Luna, 
(ministro  y  favorito  de  Juan  II  de  Castilla,  á  quien 
todos  adulaban  á  porfía  mientras  gozó  de  privanza  y  al 
que  abandonaron  hasta  los  que  más  favores  le  debían 


147 

cuando  fué  preso  y  condenado  á  muerte.  ¡Triste  ejem- 
plo de  las  miserias  sociales  y  desconsoladora  prueba  de 
la  ingratitud  de  los  hombres  y  de  lo  mudable  que  es  la 
fortuna!;  códice  con  284  folios,  siglo  XV;  estante  X, 
plúteo  2.° 

CLÁUSULA  DEL  TESTAMENTO  del  Rey 
D.  Enrique  III,  fecha  y  firmada  en  Salamanca  en  el 
año  de  1466  y  confirmada  en  Santa  María  de  Nieva 
en  14/3:  está  en  el  códice  de  los  ordenamientos  de  los 
Reyes  D.  Enrique  III,  D.  Enrique  IV  y  D.  Juan  II. 

D.  PEDRO  GONZÁLEZ  DE  MENDOZA,  (Ar- 
zobispo de  Toledo,  á  quien  llamaban  el  Cardenal  de 
España  y  eminente  hombre  de  Estado.)  «Habla  que 
hizo  á  algunos  grandes  de  Castilla,  cuyo  parecer  era 
que  descompusiesen  al  Rey  D.  Enrique  IV  el  cetro 
Real  y  pusieran  á  D.  Alonso,  su  hermano,  que  era  de 
once  años.))  Desafío  que  el  Rey  D.  Fernando  el  Cató- 
lico envió  á  Alfonso  V,  Rey  de  Portugal,  y  respuesta  de 
éste.  Carta  de  Fernando  V,  escrita  á  una  dama,  con- 
solándola de  la  muerte  de  la  esposa  de  Fernán  Gon- 
zález: códice  del  siglo  XVI;  estante  F,  plúteo  2.° 

DE  LA  caída  de  ESPAÑA  en  tiempo  de 
D.  Juan  I  y  su  restauración  por  los  Reyes  Católicos: 
este  códice  que  lleva  el  título  de  (^Retribución  divinajf) 
es  anónimo  y  están  adornadas  las  letras  iniciales  y  su 
primera  hoja,  con  oro  y  pinturas:  códice  en  vitela,  del 
siglo  XV;  estante  Y,  plúteo  3.° 

PROPOSICIÓN  que  el  Obispo  de  Burgos  pre- 
sentó en  el  Concilio  de  Basilea  referente  á  la  preemi- 
nencia que  tienen  los  Reyes  de  España  sobre  los  de 
Inglaterra:  códice  del  siglo  XV;  estante  Z,  plú- 
teo 3.° 

HERNANDO  DEL  PULGAR.     Historia  délos 


148 


Reyes  Católicos:  códice  de  principios  del  siglo  XVI; 
estante  U,  plúteo  2.° 

LORENZO  DE  PADILLA.  Crónica  de  los 
Príncipes  de  la  Casa  de  Austria,  hasta  el  Rey  D.  Fe- 
lipe 11.  Crónica  del  Rey  D.  Felipe  I.  Comienza  desde 
la  entrada  de  los  Reyes  Católicos  en  Granada,  hasta  la 
muerte  de  ambos:  códice  con  184  folios,  del  siglo  XVI; 
estante  X,  plúteo  2.° 

HERNANDO  DEL  PULGAR.  Crónica  de  los 
Re3^es  Católicos  D.  Fernando  y  D.''  Isabel.  Historia 
de  las  cosas  que  pasaron  entre  los  Reyes  de  Granada 
desde  el  tiempo  de  D.  Juan  II,  hasta  que  los  Reyes 
Católicos  la  ganaron,  copilada  por  Hernando  de  Bae- 
za:  códice  con  478  folios,  del  siglo  XVI;  estante  Y, 
plúteo  3.° 

HERNANDO  DEL  PULGAR.  Otro  códice  so- 
bre los  Reyes  Católicos;  en  el  estante  U,  plúteo  2.'' 

DISCURSO  sobre  el  derecho  que  los  Reyes  Cató- 
licos tienen  á  «Gascuña,  al  Ducado  de  Guajana  y  á 
Navarra;»  por  Diego  Rodríguez  de  Almela,  canónigo 
de  Cartagena;  estante  X,  plúteo  2.° 

D.  DIEGO  rodríguez  DE  ALMELA.  Tra- 
tado de  «cómo  las  mujeres  heredan  siempre  en  España 
los  reinos,  ducados,  condados,  señoríos  é  mayorazgos 
después  de  la  muerte  de  sus  padres,  no  dejando  fijos  va- 
rones:))  códice  definesdelsigloXV;  estante X, plúteo  2." 

ADVERTENCIAS  dadas  al  Cardenal  Farnesio 
para  el  cónclave  celebrado  en  muerte  del  Papa  Paulo 
III,  escritas  en  italiano.  Justificaciones  de  Juan  An- 
drés Doria,  en  que  expone  los  motivos  que  tuvo  para 
no  querer  llegar  á  la  Isla  de  Chipre,  en  italiano:  có- 
dice del  siglo  XVI,  que  contiene  17  manuscritos  dife- 
rentes, sobre  asuntos  históricos;  estante  X,  plúteo  3.^ 


149 

DIEGO  rodríguez  DE  ALMELA.  «Es- 
criptura  enviada  al  Muy  Reverendo  Obispo  de  Coria, 
de  cuantas  veces,  é  en  qué  tiempo  vinieron  los  moros 
por  mar  á  tierra  de  Italia.»  Autógrafo.  Carta  del  mis- 
mo al  Dean  y  Cabildo  de  Cartagena,  «sobre  la  ida 
que  el  Arzobispo  de  Toledo  se  dice  que  quiere  facer  á 
la  guerra  contra  los  turcos;»  fechada  en  Murcia  á  25 
de  Abril  de  1481. 

«ORIGEN  y  descendencia  de  los  Reyes  de  Por- 
tugal é  como  el  dicho  Reyno  pertenece  á  los  Reyes 
Católicos  D.  Fernando  é  D.'*  Isabel.»  por  Diego  Ro- 
dríguez de  Almela.  En  este  códice  hay  también  otro 
manuscrito  titulado:  «Respuesta  á  ciertas  preguntas  y 
de  algunas  Reynas  é  grandes  señoras  que  non  fueron 
buenas  mujeres,  é  de  otras  que  fueron  muy  bue- 
nas viviendo  honesta,  casta  é  virtuosamente  é  de 
cosas  famosas  que  por  sus  esposos  ficieron,»  dirigida 
á  Diego  Carvajal  por  su  autor  Rodríguez  de  Almela: 
códice  de  fines  del  siglo  XV,  con  129  folios;  estante 
H,  plúteo  3.° 

CAPITÁN  GONZALO  FERNANDEZ  DE 
OVIEDO.  Relación  de  la  Cámara  del  Príncipe  Don 
Juan,  hijo  de  los  Reyes  Católicos.  Autógrafo,  escrito 
en  1548;  códice  con  107  folios;  estante  E,  plúteo  4.° 

D.  VICENTE  ARIAS  DE  BALBOA.  Parece- 
res fundados  en  derecho  que  se  tomaron  de  grandes 
letrados,  acerca  de  la  diferencia  que  tuvieron  el  Rey 
D.  Juan  II  y  el  Infante  D.  Fernando,  su  tio,  y  otras 
personas,  sóbrela  sucesión  de  los  Reyes  de  la  corona 
de  Aragón,  por  muerte  del  Rey  D.  Martin,  año  de 
141 2;  ordenado  por  el  Dr.  Burgos  de  Paz,  que  regaló 
este  códice  autógrafo  al  Rey  D.  Felipe  II,  año  1574. 
Contiene   noticias  curiosas  y  tiene  notas  marginales 


150 


del  mismo  Arias  de  Balboa;  del  siglo  XVI,  con  79 
folios;  estante  F,  plúteo  i.° 

INFORMACIÓN  AUTÉNTICA,  en  la  cual  se 
esclarece  y  trata  el  derecho  de  posesión  de  la  Isla  de 
Lanzarote,  y  conquista  de  las  Canarias;  hecha  por 
comisión  de  los  Reyes  Católicos,  y  comenzada  en  14 
de  Enero  de  1477;  estante  X,  plúteo  2.° 

HISTORIA  DE  LOS  TURCOS  desde  su 
origen,  hasta  mediados  del  siglo  XVI.  Anónima. 
Códice  siglo  XVI,  con  275  folios,  estante  O,  plú- 
teo 2." 

DOMINICO  TEVISANO.  Historia  del  estado, 
gobierno,  etc.,  del  gran  Turco,  escrita  en  italiano,  en 
1554.  Historia  del  Emperador  de  los  Turcos,  Sultán 
Solimán,  hecha  por  Domencio  Contareno,  en  i532; 
en  italiano.  Relación  del  estado,  gobierno,  etc.,  del 
Rey  de  Persia,  llamado  el  Sofi,  y  la  guerra  tenida  con 
Solimán,  Emperador  Turco;  en  1554.  Historia  del 
estado  y  gobierno  del  gran  Turco,  hecha  por  Monse- 
ñor Marin  Cavalli,  en  italiano;  códice  de  fines  del 
siglo  XVI,  estante  X,  plúteo  3.° 

MONSEÑOR  BUGGIERI.  Relación  del  Rey- 
no  de  Polonia  y  Moscovia.  Hay  en  este  códice  otros 
varios  manuscritos  históricos,  en  italiano:  códice  si- 
glo XVI,  estante  X,  plúteo  2." 

VICENTIO  FIDELI.  Embajador  Veneciano. 
Relación  que  hizo  de  su  comisión  con  el  Duque  de 
Florencia,  Cosme  de  Médicis,  con  otros  asuntos  refe- 
rentes al  Papa  Paulo  IV,  en  italiano.  Relación  sobre 
el  estado  político  de  Roma  y  del  Papa  Paulo  IV,  he- 
cha por  Bernardo  Navajero,  al  concluir  su  Embajada, 
en  italiano.  Hay  en  este  códice,  que  se  compone  de 
671  folios^  doce  tratados  más  con  manuscritos  históri- 


151 


eos  y  documentos  de  interés;  códice  de  principios  del 
siglo  XVII,  estante  X,  plúteo  ?>." 

JORNADA  de  Huzam  Baja  en  las  plazas  de 
Mazarquivir  y  Oran.  (De  este  códice  se  ocupaba  du- 
rante mi  estancia  en  el  Escorial,  el  distinguido  escri- 
tor D.  Florencio  Janer.) 

HISTORIA  DE  ÁFRICA  y  particularmente  de 
Túnez:  códice  del  siglo  XVI:  estante  &,  plúteo  4.° 

FEDELI .  Historia  de  la  guerra  del  Turco  con- 
tra los  venecianos,  desde  i56g  hasta  iSjS,  escrita  en 
italiano;  códice  del  siglo  XVI;  estante  O,  plúteo  2.° 

MONSEÑOR  CAPÍLUPO.  Discurso  sobre  la 
liga  entre  el  Papa,  el  Rey  Católico  y  Venecianos,  con- 
tra el  Turco;  escrito  en  italiano,  estante  X,  plú- 
teo 3.° 

DISCURSO  de  Monseñor  Gabriel  Selvago,  so- 
bre la  misma  liga.  Autógrafo,  en  italiano.  En  el 
mismo  códice  hay  otros  ocho  manuscritos  más,  en 
italiano,  de  diferentes  asuntos,  y  entre  ellos  un  dis- 
curso^  anónimo,  sobre  la  guerra  del  Papa  Paulo  IV 
con  España:  códice  del  siglo  XVI,  estante  X,  plú- 
teo 3.° 

DISCURSO  sobre  la  paz  que  la  Señoría  de  Ve- 
necia  hizo  con  el  Turco,  en  i5j3.  Discurso  sobre  la 
precedencia  entre  España  y  Francia,  por  Monseñor 
Giacomo  Aloisio.  Instrucciones  dadas  por  el  Papa 
Sixto  IV  á  diversos  Cardenales,  Embajadores  de  Ale- 
mania, Polonia,  etc.,  y  al  final  unas  del  Papa  Ino- 
cencio VIII;  todos  estos  manuscritos  y  otros  de  dis- 
tintas materias,  que  hay  en  este  códice,  están  en  ita- 
liano: códice  fines  del  siglo  XVI,  estante X,  plúteo  3.° 

RELACIÓN  del  estado,  poder,  gobierno,  etc., 
de  la  república  de  Florencia,    hecha  por  Marco  Fos- 


152 


cari,  Embajador  de  Venecia,   en  dicha  república;  en 
italiano;  estante  X,  plúteo  3.° 

ESCRUTINIO  de  la  Libertad  Veneciana,  en  el 
cual  constan  los  derechos  del  Imperio  Romano  sobre 
la  libertad  y  Señoría  de  aquella  república,  traducido 
por  Antonio  de  Herrera,  1618;  estante  J,  plúteo  3.° 

En  el  estante  H,  plúteo  3.°,  número  i5  existe 
otro  manuscrito  igual,  de  la  Libertad  Veneciana.  El 
códice  que  ocupa  el  estante  J,  señalado  con  el  nú- 
mero 27,  contiene  otros  varios  documentos  y  noticias 
históricas  sobre  la  república  de  Venecia. 

DEL  REYNO  DE  SICILIA:  códice  en  latin 
de  fines  del  siglo  XVI,  estante  J,  plúteo  d.'' 

MONSEÑOR  DE  TERRACINA;  Nuncio  que 
fué  en  la  corte  de  Francia.  Sucesos  de  dicho  Reyno 
concernientes  á  la  religión,  guerra,  etc.,  comenzando 
desde  el  año  i556;  escritos  en  italiano;  códice  del  si- 
glo XVI;  estante  X,  plúteo  S.*' 

MARÍN  GIUSTINIANO.  Historia  del  Rey- 
no  y  gobierno  de  Francia.  Del  Reyno  de  Francia  en 
tiempo  del  Rey  D.  Enrique,  hecha  por  el  Embajador 
Giovan  Michele.  Comentarios  sobre  el  Reyno  de 
Francia,  por  el  Sr.  Michel  Suriano,  Embajador  de 
Venecia.  Del  estado^  gobierno,  etc.,  del  Reyno  de 
Francia,  por  Monseñor  Giovani  Correzo.  Del  estado^ 
gobierno,  etc.,  del  Reyno  de  Saboya,  por  Giovani 
Correzo:  códice  en  italiano;  estante  X,  plúteo  3." 

RELACIÓN  de  los  Hugonotes  de  F' rancia,  he- 
cha por  el  Cardenal  Bentivoglio,  en  tiempo  de  su 
Nunciatura  cerca  del  Rey  Cristiano  Luis  XIII  y  en- 
viada á  Roma  al  Pontífice  Paulo  V  en  Noviembre  de 
1 61 9,  con  motivo  de  la  asamblea  de  dichos  Hugono- 
tes; en  italiano.  Relación  de  Dinamarca,  enviada  en 


153 

una  carta  del  Cardenal  Benlivoglio,  durante  su  Nun- 
ciatura en  Flandes,  al  Cardenal  Bosgheti,  sobrino  del 
Papa  Paulo  V:  en  italiano.  Descargo  dado  por  Oc- 
taviano  Bon,  Embajador  de  Venecia,  cerca  del  Rey 
Cristianísimo,  acusado  de  haber  firmado  contra  las 
órdenes  públicas,  las  capitulaciones  de  paz  hechas 
entre  el  Archiduque  Fernando  de  Austria  y  la  Re- 
pública de  Venecia;  en  italiano,  á  principios  del  siglo 
XVII;  códice  con  235  folios,  estante  K,  plúteo  3." 

HISTORIA  de  la  fuga  de  Enrico  de  Borbon, 
Príncipe  de  Conde,  de  la  sangre  Real  de  Francia  y 
de  los  sucesos  hasta  su  vuelta  á  París,  hecha  por  el 
Cardenal  Bentivoglio;  en  italiano:  estante  K,  plú- 
teo 3.° 

COMENTARIOS  de  los  sucesos  de  Francia, 
desde  i585al  i5g8:  códice  anónimo,  en  italiano,  de 
fines  del  siglo  XVI,  estante  M,  plúteo  i .° 

SATISFACCIONES  que  el  Duque  de  Crequii, 
Embajador  en  Roma,  pide  del  Santo  Padre  Alejan- 
dro VII  por  el  asesinato  de  un  francés,  cometido  por 
los  soldados  corsos  y  contestación  del  Papa;  estante 
&,  plúteo  2.° 

HISTORIA  de  la  consagración,  unción  y  co- 
ronación de  Carlos  VIII  de  Francia.  Fiestas  y  torneos. 
En  este  códice  hay  pintados  los  torneos  y  los  escudos 
de  los  caballeros  que  en  ellos  tomaron  parte.  Tradu- 
cida al  castellano  por  Santos  de  la  Horca,  Comenda- 
dor de  Tampas,  para  presentarla  al  Conde  de  Bena- 
vente,  en  2  5  de  Noviembre  de  1484;  estante  E, 
plúteo  4. « 

FR.  HAYTON.  Flor  de  las  historias  de  Orien- 
te, en  cuyo  libro  se  habla  de  su  situación,  reyes,  cos- 
tumbres, etc.,  escrito  en  francés,  por  Fr.  Hayton,  por 

20 


154 


orden  del  Papa  Clemente  V;  traducción  castellana  de 
Nicolau  Falcon  de  Colly,  adornado  el  principio  con 
oro  y  pinturas.  Comprende  también  el  viage  á  Tierra 
Santa:  siglo  XIV,  estante Z,  plúteo  i.° 

GENEALOGÍAS  y  Crónica  de  los  Reyes  de  Por- 
tugal desde  el  Conde  D.  Enricjue  hasta  D.  Juan  III: 
códice  del  siglo  XVI;  estante  X,  plúteo  2.^ 

CRÓNICA  de  los  Reyes  de  Portugal  desde  Don 
Alonso  Enriquez,  que  fué  el  primero,  escrita  en  Por- 
tugués: códice  con  3o2  folios,  del  siglo  XVI;  estante  N, 
plúteo  I." 

RESTITUCIÓN  délos  Estados  del  Duque  de 
Braganza,  por  D.  Manuel,  Rey  de  Portugal,  fecha  á 
12  de  Abril  de  t5o5.  Crónica  del  Rey  D.  Juan  el  II 
de  Portugal,  por  su  cronista.  García  de  Resende.  £)/- 
chos  y  hechos  del  Rey  D.  Juan  el  II  de  Portugal,  por 
García  de  Resende. 

RECUERDOS  de  los  medios  que  deben  adop- 
tarse para  volver  á  demandar  la  posesión  del  reino  de 
Portugal,  escritos  en  italiano;  estante  P,  plúteo  i." 

HISTORIA  del  fingido  Rey  de  Portugal  D.  Se- 
bastian, escrita  por  un  P.  de  la  Compañía  de  Jesús. 
Historia  del  llamado  Falso  Nuncio  de  Portugal:  có- 
dice del  siglo  XVÍ;  con  j5  folios;  estante  Z,  plúteo  4." 

GUERRA  entre  el  Rey  de  Polonia  y  el  Duque  de 
Moscovia,  en  1579:  códice  en  italiano,  que  contiene 
además  otros  muchos  y  curiosos  manuscritos  sobre  em- 
bajadas, viajes,  etc.,  etc.;  estante  Y,  plúteo  2." 

RELACIÓN  de  lo  que  el  heraldo  de  Inglaterra 
ha  hecho  en  Francia  al  anunciar  al  Rey  la  guerra;  en 
italiano:  siglo  XVI;  estante  U,  plúteo  2." 

SUCESOS  del  Reino  de  Inglaterra,  comenzando 
desde  el   Rey   Eduardo  VI,  hasta  el  casamiento  entre 


155 

Felipe  II  y  la  Reina  D.^  María,  redactados  por  Mon- 
señor Comandoni,  Nuncio  del  Papa,  cerca  de  dichas 
Magestades.  Retrato  ¿qI  reino  de  Inglaterra,  sin  nom- 
bre de  autor,  en  italiano:  códice  del  siglo  XVI,  estan- 
te X,  plúteo  3." 

HISTORIA  de  Inglaterra,  anónima  y  con  el  tí- 
tulo de  (íFriito  de  los  tiempos:y)  códice  del  siglo  XV; 
estante  X,  plúteo  2." 

HISTORIA  de  Enrique  IV  de  Inglaterra  y  de 
Eduardo  VIII  su  hijo,  anónima;  comienza  en  el  año 
1 53o:  códice  con  79  folios,  del  siglo  XVII;  estante  X, 
plúteo  2." 

RELACIÓN  de  las  personas,  estados,  gobier- 
no, etc.,  etc.,  de  los  Reyes  de  Inglaterra  Felipe  II  y 
María,  hecha  por  Juan  Michaele,  embajador  de  Vene- 
cia,  al  concluir  su  embajada  de  Inglaterra  en  iSSj;  es- 
tante X,  plúteo  3.° 

RELACIÓN  del  Reino  de  Inglaterra,  hecha  por 
Daniel  Bárbaro  cuando  volvió  de  aquella  corte,  donde 
estuvo  de  embajador  de  Venecia,  en  italiano;  estante  X, 
plúteo  3.° 

ESTEPHANO  GARDINERO.  De  la  llegada  de 
los  normandos  é  ingleses  á  Bretaña,  con  la  historia  de 
sus  Príncipes,  etc.,  escrita  en  inglés  y  traducida  al 
italiano,  por  Jorge  Bains-Jordo,  quien  lo  dedicad  S.  M. 
el  Rey  Felipe  II:  códice  en  vitela,  con  109  folios;  es- 
tante I,  plúteo  3." 

RELACIÓN  del  comienzo  y  suceso  de  las  guerras 
civiles  llamadas  de  las  Comunidades  de  Castilla  y 
más  principalmente  de  todo  lo  relativo  á  D.''  María 
Pacheco  y  al  fin  el  epitafio  de  dicha  señora.  Poder  que 
se  dio  á  los  gobernadores  y  Consejo  para  declarar  trai- 
dores y  proceder  contra  los  Comuneros.  Provisión  que 


156 


se  envió  á  las  ciudades  levantadas  en  comunidad  para 
que  revocasen  sus  poderes:  contiene  este  códice  82  ma- 
nuscritos más  de  diferentes  materias:  códice  del  siglo 
XVI;  estante  U,  plúteo  2.° 

JUAN  MALDONADO.  Historia  en  latin  de  las 
Comunidades  de  Castilla:  códice  del  siglo  XVI;  es- 
tante &,  pliJteo  3."* 

INSTRUCCIÓN  que  el  Cardenal  de  Tortosa  dio 
al  bachiller  de  Zarate  para  los  caballeros  que  estaban  en 
Tordesillas,  fecha  en  Tordesillas  á  14  de  Diciembre  de 
I  520:  códice  en  vitela,  estante  &,  plúteo  2.° 

DR.  M.  NICOLO  THIEPOLO.  Relación  he- 
cha á  la  vuelta  de  su  embajada  del  Consejo  de  Niza, 
donde  se  hizo  la  reunión  del  Papa  Paulo  III,  Carlos  V 
y  Francisco  I,  en  italiano;  estante  X,  plúteo  3.° 

SUCESOS  ocurrridos  en  Italia  desde  la  extinción 
del  dominio  de  los  Longobardos  (que  fué  en  el  aiio  775) 
hasta  el  i5oo,  redactados  por  Ludovico  Raccadello, 
gentil  hombre  Boloiiés  y  después  Arzobispo  de  Ra- 
guzza,  escritos  en  italiano.  Historia  de  la  República 
Florentina,  compuesta  por  Donato  Giannoti,  en  italia- 
no. Historia  de  Roma  desde  el  año  320  hasta  el  i35o, 
escrita  en  italiano,  anónima:  códice  en  folio  máximo 
con  616  folios,  de  principios  del  siglo  XVI;  estante  O, 
plúteo  I." 

INSTRUCCIÓN  del  Papa  Paulo  IV  dada  á  Don 
Pedro  Carrafa,  enviado  cerca  del  Rey  Católico,  sobre 
los  asuntos  de  Paliano  y  otros,  en  Italia.  Instrucción  y 
réplica  del  Cardenal  Carrafa  al  Rey  de  Francia,  sobre 
los  asuntos  de  la  guerra  con  el  Rey  Católico,  en  ita- 
liano: contiene  este  códice  del  siglo  XVI  muchos  ma- 
nuscritos, diversos  tratados  y  varias  cartas  escritas  á 
diferentes  personajes  durante  el  Pontificado  del  Papa 


157 

Paulo  IIÍ,  en  nombre  del  lUmo.  Cardenal  Farncsio. 
(Curiosidades  históricas  y  hallazgos  bibliográficos  que 
es  posible  encontraren  los  códices  del  Escorial,  exami- 
nando con  detención  las  diversas  materias  de  algunos 
volúmenes,  en  que  como  sucede  en  este  códice,  hay  en 
él  55  tratados  diferentes,  é  igualmente  con  el  códice 
número  4,  del  estante  U,  plúteo  2.",  que  contie- 
ne 194.) 

COPIA  de  las  cartas  del  Embajador  de  España  en 
Venecia  á  Carlos  II,  dándole  cuenta  de  su  misión: 
comprende  desde  el  8  de  Octubre  de  1695,  hasta  i.°  de 
Marzo  de  1698:  códice  del  siglo  XVÍI;  estante  H,  plú- 
teo 4.° 

CARTA  del  Califa  de  Bagdad  al  Rev  de  Bella- 
marin  en  1340:  estante  X,  plúteo  2.° 

ENTRADA  y  conquista  del  Reino  del  Perú,  es- 
crita por  su  autor  Pedro  de  Quiroga,  de  quien  lleva  la 
firma,  autógrafa:  códice  de  mediados  del  siglo  XVI; 
estante  K,  plúteo  2.° 

RELACIÓN  de  los  Incas  del  Perú;  estante  L, 
plúteo  I," 

RELACIÓN  de  las  cosas,  idolatrías,  ritos  y  cere- 
monias que  en  la  nueva  España  hallaron  los  españoles 
cuando  la  ganaron,  quiénes  fueron  los  primeros  que 
predicaron  la  fé,  etc.:  códice  del  siglo  XVI,  estante  X, 
plúteo  2.'' 

DE  LA  SUCESIÓN  y  gobierno  de  los  Incas,  «se- 
ñores naturales  que  fueron  de  las  provincias  del  Perú  y 
otras  cosas  tocantes  á  aquel  Reino.))  Al  final  se  lee:  . 
«Fué  visto  lo  más  de  lo  escripto  por  el  Dr.  Bravo  de 
Saravia  y  el  Licenciado  Hernando  de  Santillan;  oido- 
res de  la  Audiencia  Real  de  los  Reyes:  Illmo.  Sr.  Don 
Juan  Sarmiento,   presidente  del   Consejo  Real  de  In- 


158 


dias:»  en  este  códice  muy  interesante  de  principios  del 
siglo  XVI,  y  compuesto  de  847  folios,  hay  seis  tratados 
más  sobre  los  Incas  del  Perú,  con  autógrafo,  del  Li- 
cenciado Santillan;  estante  L,  plúteo  i ." 

ALEGACIONES  acerca  de  que  el  Embajador  de 
España  debe  ocupar  en  la  corte  de  Roma  asiento  prefe- 
rente al  del  Embajador  de  Francia:  códice  del  siglo 
XVI;  estante  B.  plúteo  4." 

RELACIÓN  de  las  cosas  acaecidas  en  el  asunto 
de  D.^  Margarita  de  Austria  con  el  Duque  Octavio  su 
marido,  en  italiano:  año  i5o8;  estante  K,  plúteo  3.° 

SITIO  de  Logroño  por  los  franceses,  desde  el  21 
de  Junio  de  i52i;  estante  U,  plúteo  2.'' 

CARTAS  de  varios  personajes  dependientes  déla 
corte  de  Roma  y  Príncipes  de  Italia,  desde  principios 
del  año  i55o,  escritas  en  italiano;  estante  L,  plú- 
teo I."" 

PEDRO  DE  MAGALHAENS.  (Historiador 
portugués  del  siglo  XVI.) 

HISTORIA  del  Brasil:  códice  del  siglo  XVI;  es- 
tante B,  plúteo  2." 

IMAGEN  ó  espejo  de  las  obras  de  Dios;  en  cuyo 
libro  se  trata  déla  Historia  Sagrada,  profana  y  mitoló- 
gica: códice  del  siglo  XVI;  estante  B,  plúteo  3.'' 

VARIOS  tratados  de  historia,  política  y  litera- 
tura, en  un  códice  del  siglo  XVII,  estante  C,  plú- 
teo 3." 

JUAN  BOTERO.  Razón  de  Estado,  escrita  en 
italiano  y  traducida  al  castellano,  por  Antonio  de  Her- 
rera en  I  591:  códice  del  siglo  XVI;  estante  B,  plú- 
teo 4.'' 

MEMORIAL  curioso  en  el  cual  el  Obispo  re- 
prende al  Rey;  estante  Y,  plúteo  3." 


159 


ORDENAMIENTOS,  leyes,  fueros,  pragmáti- 
cas, etc.,  etc.,  de  los  Reyes  de  España.  (Véase  el  capí- 
tulo VIII  de  este  libro.) 

DE  ALIANZAS  y  tratados  hay  varios  manus- 
critos en  diferentes  códices;  entre  ellos  es  de  mucho  in- 
terés el  que  ocupa  el  estante  L,  plúteo  2." 

RELACIÓN  primera  que  vino  del  desbarate  y 
muerte  del  Conde  de  Alcaudete  en  África  á  24  de  Julio 
de  1 558.  Carta  que  Cristóbal  Rejón  de  Silva  escribió 
desde  Oran  á  Gutierre  López  de  Padilla,  fecha  i."  de 
Setiembre  de  i558,  en  que  refiere  la  desgraciada  jor- 
nada y  muerte  del  Conde  de  Alcaudete:  este  códice  in- 
teresante y  curioso  es  digno  también  de  especial  men- 
ción, porque  se  compone  de  485  folios  y  contiene 
unos  200  manuscritos  de  diversos  asuntos  históricos, 
cartas,  opúsculos,  documentos  notables,  etc.:  siglo  XVI; 
estante  ü,  plúteo  2.^ 

SILVIO  ENEAS  PICOLOMINO.  Historia  Bo- 
hémica dirigida  á  D.  Alfonso,  Rey  de  Aragón:  códice 
del  siglo  XVI;  estante  X,  plúteo  2.° 

CARDENAL  BENTIVOGLIO.  De  los  estados 
de  Flandes  y  de  las  provincias  que  continúan  bajo  la 
obediencia  del  Sermo.  Sr.  Príncipe,  Archiduque  Al- 
berto y  de  D."*  Isabel,  Infanta  de  España;  estante  K, 
plúteo  3.". 

ÉPOCAS  de  varios  acontecimientos  notables,  así 
sagrados  como  profanos:  códice  siglo  XV;  estante  X, 
plúteo  2.°. 

RAZONES  que  se  pueden  representar  para  que 
Su  Santidad  haga  gracia  del  Arzobispado  de  Toledo  al 
Sermo.  Sr.  Infante  D.  Fernando.  Resolución  que  el 
Rey  D.  Felipe  III  tomó,  por  Setiembre  de  161 8,  acer- 
ca de  algunas  cosas  importantes  á  su  monarquía.  Haj' 


160 

en  este  códice  otros  varios  manuscritos  curiosos  é  inte- 
resantes y  entre  ellos  uno  de  materia  militar:  de  fines 
del  siglo  XVIII;  estante  I,  plúteo  3.". 

VINDICACIÓN  del  Duque  de  Osuna  é  injusti- 
cia de  su  prisión:  siglo  XVIII;  estante  H,  plúteo  i  .*' 

IDEA  del  gobierno  de  Sicilia,  por  D.  Pedro  Ce- 
leste; dedicado  al  Excmo.  Sr.  Duque  de  Osuna,  Virey 
y  Capitán  General  de  dicho  Reino,  fecha  en  Palermo 
á  i4de  Abril  de  1611:  códice  del  siglo  XVII;  estante  I, 
plúteo  3." 

DESCRIPCIÓN  de  las  bodas  de  Felipe  IV  con 
la  Infanta  D.'*  Isabel  hermana  de  Luis  XIV  y  de  éste 
con  la  Infanta  hermana  de  Felipe  IV.  Jornada  que 
hizo  S.  M.  con  su  hijo,  hasta  Burgos:  contiene  este 
códice  diferentes  cartas,  noticias  literarias,  curiosas  y 
bastantes  autógrafos  de  que  nos  ocuparemos  en  el  ca- 
pítulo X,  por  no  referirse  á  asuntos  históricos;  estante 
L,  plúteo  I.". 

D.  VICENTE  BACALLAR,  Marqués  de  San 
Felipe.  Comentarios  de  la  guerra  de  España  desde 
1700  hasta  1725:  dos  códices  interesantes,  del  siglo 
XVIII;  estante  M,  plúteo  i.° 

MEMORIAL  entregado  al  Rey  Felipe  IV,  sobre 
que  no  dé  su  hija  en  matrimonio  al  Príncipe  de  Ingla- 
terra, por  P.  Mantuano;  siglo  XVIII:  está  dicho  ma- 
nuscrito, en  un  códice  que  contiene  diferentes  ma- 
terias. 

TORMENTO  que  se  dio  al  Duque  de  Hijar  en 
el  año  de  1648.  Arte  de  lo  bueno  y  de  lo  justo  para  la 
causa  que  motivó  la  prisión  del  Marqués  del  Carpió, 
Duque  de  Montoro.  Vida^  prisión  y  muerte  de  Don 
Rodrigo  Calderón,  Caballero  de  Santiago,  Ministro  de 
Felipe  IV,  favorito  del  Duque  de  Lerma,  Marqués  de 


161 


Siete  Iglesias  y  Capitán  de  la  guardia  alemana:  este 
códice  contiene  varios  tratados  más,  muy  curiosos  é  in- 
teresantes; estante  Y,  plúteo  3.°. 

NARRACIÓN  histórica,  detallada,  «de  todo  lo 
acaecido  en  el  levantamiento  de  Madrid,  el  dia  2  3  de 
Marzo  de  1766. ^^  Romance  con  el  título  «El  llanto  so- 
bre el  Difunto;  consejo  que  el  Miércoles  Santo  cele- 
braron los  italianos  y  españoles  secuaces  del  Marqués 
de  Esquiladle.»  (íOrdenan^as  que  deben  y  han  de  guar- 
dar (bajo  las  penas  que  se  expresan)  indispensable- 
mente todos  los  sugetos  de  que  se  compone  el  cuerpo 
de  españoles  de  esta  corte,  que  ansiosamente  solicitan 
ver  á  su  amado  Monarca  y  Señor  D.  Carlos  III.»  No- 
ticias individuales  del  tumulto  de  Madrid  del  dia  2  3 
de  Marzo  de  1766,  anónimas.  Poesías  anónimas  y  pa- 
peles varios  sobre  el  motin  de  Madrid  contra  el  Mar- 
qués de  Esquilache.  Diálogo  de  tres  religiosos  sobre  la 
historia  del  Predicador  Fr.  Gerundio,  con  otros  mu- 
chos papeles  en  prosa  y  en  verso,  en  pro  y  en  contra  de 
dicha  obra,  sin  nombre  de  autor:  códice  muy  curioso; 
estante  J,  plúteo  3.° 


21 


CAPITULO  V 


m:a.riit^ 


CONSIDERACIONES  GENERALES  YCÓDICES 


La  historia  militar  de  la  Marina  espa- 
ñola registra  en  sus  anales  gloriosos  hechos, 
y  son  también  de  inolvidable  memoria  los  es- 
clarecidos nombres  que  inmortalizan  las  bri- 
llantes páginas  de  su  historia  científica  y  lite- 
raria. De  unos  y  otros  podemos  ofrecer  á 
nuestros  lectores  muchos  ejemplos  que  de- 
muestren la  grandeza  de  sus  actos  y  la  bondad 
de  sus  obras. 

La  epopeya  de  las  acciones  navales  y  su 
importancia,  se  consignan  yá  en  los  primeros 
tiempos  de  nuestra  Marina,  y  sólo  con  unas 
cuantas  frases  de  Roger  de  Lauria,  Vice- 
Almirante  de  Don  Pedro  III  y  de  Don  Jai- 
me I,  descubriremos  (aunque  parezca  exage- 


164 

rada)  la  altivez  de  los  hombres  de  su  temple 
en  aquella  época,  y  el  poder  marítimo  é  in- 
fluencia política  de  los  Reyes  de  Aragón.  Pi- 
dióle treguas  el  Conde  de  Fox  á  Roger  de 
Lauria,  y  como  éste  se  negase  á  pactarlas  y 
fuera  amenazado  con  una  flota  de  trescientas 
velas,  le  contestó  Roger  en  un  arranque  de 
noble  orgullo:  «Sabed  que  sin  licencia  de  mi 
Rey  no  ha  de  atreverse  á  nadar  por  la  mar 
flota  ni  nave;  ¿qué  digo  nave?  los  peces  mis- 
mos, si  quieren  levantar  la  cabeza  sobre  las 
aguas,  han  de  mostrar  las  armas  de  Aragón 
en  un  escudo,  ó  los  castigaré  como  rebel- 
des. » 

Lepanto,  Trafalgar  y  el  Callao  atestigua- 
rán siempre  la  abnegación  y  heroísmo  de  la 
Marina  española,  y  si  queremos  recordar  sus 
glorias  cientíñcas,  que  son  inmarcesibles,  no 
es  posible  entonces  que  olvidemos  los  nom- 
bres de  dos  niños,  porque  muy  jóvenes  eran 
aún  para  la  gigantesca  empresa  que  les  fué 
encomendada,  D.  Antonio  UUoa  y  D.  Jorge 
Juan.  Siendo  guardias  marinas  y  cuando  sólo 
tenían  diez  y  nueve  años  de  edad  el  primero 
y  veintiuno  el  segundo,  fueron  comisionados 
por  Felipe  V  para  averiguar,  en  compañía  de 
los  más  famosos  astrónomos  franceses,  la 
verdadera  figura  de  la  tierra.  Los  académicos 


165 

de  la  de  ciencias  de  París  se  creyeron  desaira- 
dos al  ver  c]ue  España  enviaba  como  repre- 
sentantes para  tan  difícil  comisión  científica  á 
dos  guardias  marinas,  á  quienes  se  ascendió  á 
tenientes^  con  el  propósito  de  que  esta  mayor 
graduación  realzara  el  prestigio  y  autoridad 
que  sus  pocos  años  de  servicios  les  negaban, 
pero  al  terminar  sus  tareas,  todos  unánimes 
reconocieron,  honrando  á  España  con  sus  elo- 
gios, que  los  comisionados  de  ella  á  quienes 
se  juzgó  pigmeos,  eran  gigantes. 

Y  yá  que  con  este  motivo  hemos  citado 
á  Felipe  V,  á  quien  debe  España  la  fundación 
de  las  Academias  de  la  Lengua  y  de  la  His- 
toria y  á  quien  la  Medicina  es  deudora  de  la 
eficaz  protección  que  dispensó  á  los  estudios 
anatómicos,  no  desdeñándose  dicho  Rey  hasta 
de  asistir  á  las  inspecciones  cadavéricas;  ha- 
gamos constar  también,  puesto  que  se  nos 
ofrece  ocasión  oportuna  para  ello,  que  este 
Monarca,  primero  de  la  Casa  de  Borbon  en 
nuestra  patria,  levantó  á  nuestra  Armada  de 
su  decaimiento  y  postración  con  vigoroso  im- 
pulso y  decidido  apoyo.  Aunque  Felipe  V  ce- 
dió Gibraltar  y  Menorca  á  los  ingleses,  Ña- 
póles, Cerdeña,  el  Milanesado  y  Toscana  al 
Emperador  y  la  Sicilia  al  Duque  de  Saboya, 
se  hizo  después  acreedor   á  la   consideración 


166 

de  la  Historia  militar  y  naval  de  España  con 
la  conquista  de  las  Dos  Sicilias  y  por  los  glo- 
riosos laureles  que  alcanzó  nuestra  Marina 
con  motivo  de  la  sangrienta  campaña  contra 
Inglaterra  en  el  combate  naval  de  1744  en 
que  vencieron  los  españoles  á  una  poderosa 
escuadra  inglesa  compuesta  de  veinticinco  bu- 
ques de  alto  bordo. 

Pero  dejando  para  más  adelante  el  relato 
á  grandes  rasgos  de  estos  preclaros  hechos 
militares  de  nuestra  Armada,  ocupémonos, 
aunque  sea  brevemente,  de  las  glorias  científi- 
cas de  la  Marina  española. 

Siempre  estuvo  en  nuestra  patria  más 
adelantada  que  en  los  demás  países  la  nave- 
gación, y  acaso  pertenezca  á  los  españoles  el 
descubrimiento  de  la  aguja  náutica. 

Las  leyes  de  partida  y  las  obras  de  Rai- 
mundo Lulio,  (que  vivió  en  el  siglo  XIII  y 
de  quien  hay  algunos  códices  en  el  Escorial 
que  he  podido  examinar  con  detención)  nos 
hablan  de  la  brújula,  de  su  dirección  al  Norte 
y  de  su  aplicación  á  la  náutica,  y  se  refiere 
esto,  no  como  un  hecho  nuevo,  sino  como 
cosa  de  antiguo  uso  entre  los  navegantes.  La 
ley  28  de  partida,  título  9.°,  parte  2.*  en  el 
año  1257  (códice  también  del  Escorial)  nos 
dice  «como  los  marineros  se  guian  en  la  noche 


167 

oscura  por  el  aguja,  que  les  es  medianera  en- 
tre la  piedra  é  la  estrella,  é  les  muestra  por 
do  vayan,  también  en  los  malos  tiempos  como 
en  los  buenos;  otro  si  los  que  han  de  aconse- 
jar al  Rey  se  deben  siempre  guiar  por  la  jus- 
ticia, que  es  medianera  entre  Dios  é  el  mundo 
en  todo  tiempo.» 

Se  ha  dicho  que  el  inventor  de  la  brújula 
y  el  que  la  aplicó  á  la  navegación,  fué  Juan 
Goya,  natural  del  Reino  de  Ñapóles,  en  el 
año  i3oo;  pero  además  de  ser  este  apellido 
vizcaíno  y  por  lo  tanto  aun  el  descubrimiento 
tendría  un  origen  español,  recuérdese  que 
cuarenta  y  tres  años  antes  se  habla  yá  de  la 
aguja  náutica  en  las  leyes  de  partida,  y  por  lo 
menos,  si  no  la  inventamos  los  españoles, 
concédasenos  que  fuimos  de  los  primeros  en 
usarla. 

Véase  lo  que  sobre  este  particular  ma- 
nifiesta el  ilustrado  brigadier  de  la  Armada 
D.  Vicente  Tofiño,  en  la  introducción  de  su 
obra  «Derrotero  de  las  costas  de  España  en  el 
Mediterráneo.»  Lo  probable  es,  que  el  cono- 
cimiento de  la  brújula  lo  aprendiéramos  de 
los  árabes,  que  pudieron  traerlo  de  la  India 
Occidental. 

Los  datos  que  hay  en  el  archivo  de  Si- 
mancas  nos   indican   también  que  á  un  ma- 


168 

riño  español  se  debe  la  invención  de  los  bar- 
cos de  vapor,  ó  por  lo  menos,  la  primera  apli- 
cación del  vapor  como  fuerza  motora  para  la 
navegación.  En  el  archivo  de  Simancas  consta, 
y  yá  muchos  autores  se  han  ocupado  de  ello, 
que  Blasco  de  Garay,  oficial  de  la  Armada  de 
Carlos  V,  hizo  en  Barcelona  la  experiencia  de 
un  bajel  que  andaba  por  medio  de  un  apa- 
rato, cuya  parte  más  importante  era  una  gran 
caldera  llena  de  agua  hirviendo.  La  prueba  se 
hizo  en  un  barco  llamado  Trinidad,  y  veamos 
cómo  se  expresa  D.  Martin  Fernandez  de 
Navarrete  en  el  folio  127,  «Discurso  prelimi- 
nar de  los  viajes  y  descubrimientos  que  hi- 
cieron por  mar  los  españoles  desde  fines  del 
siglo  XV. » 

«La  primera  máquina  de  vapor  fué  in- 
ventada por  Blasco  de  Garay,  capitán  de  niar, 
y  presentada  al  Emperador  Carlos  V  en  i543, 
el  cual  quiso  que  se  ensayara,  como  en  efecto 
se  verificó  en  Barcelona  el  dia  17  de  Junio  del 
referido  año,  no  habiéndose  tenido  más  noti- 
cia de  tan  importante  descubrimiento  hasta 
que  vinieron  los  ingleses,  dándose  por  inven- 
tores de  él.»  «La  experiencia  se  hizo  en  una 
nao  de  doscientas  toneladas,  venida  de  Coli- 
bre á  descargar  trigo  á  Barcelona,  llamada  la 
Trinidad^  su  capitán  Pedro  de  Scarza.»  «Por 


169 

comisión   de  Carlos  V  y  del    Príncipe  Feli- 
pe II,  su  hijo,  intervinieron  en  este  negocio 
D.  Enrique  de  Toledo,  el  gobernador  D.  Pe- 
dro   Cardona,    el    tesorero  Kávago,   el  vice- 
canciller,   el   maestre   racional    de  Cataluña 
D.  Francisco  Gralla  y  otros  muchos  sugetos 
de  categoría,   castellanos  y   catalanes,   entre 
ellos  varios   capitanes  de  mar  que  presencia- 
ron la  operación,  unos  dentro  de  la  nao  y 
otros  desde   la  marina.»  «En  los  partes  que 
dieron  al  Emperador  y  al  Príncipe,  todos  ge- 
nualmente  aplaudieron  el  ingenio  y  en  espe- 
cial la  prontitud  con  que  se  daba  vuelta  á  la 
nao.»  «El  tesorero  Rávago,  enemigo  del  pro- 
yecto, dice  que  andarla  dos  leguas  cada  tres 
horas,  que  era  muy  complicado  y  costoso  y 
que  habia  mucha  exposición  de  que  estallase 
con  frecuencia  la  caldera.»    «Los  demás  co- 
misionados aseguran  que  la  nao  hizo  ciaboga 
dos  tantos  más  presto,  que  una  galera  servida 
por  el  método  regular  y  que  andaba  á  legua 
por   hora  cuando  menos.»   «Concluido  el  en- 
sayo, recogió  Caray  todo  el  ingenio  que  ha- 
bia armado  en  la  nao,  y  habiéndose  deposi- 
tado las  maderas  en  las  atarazanas  de  Barce- 
lona, guardó  para  sí  lo  demás.»  «Nunca  qui- 
so Garay  manifestar  descubiertamente  el  in- 
genio; pero  se  vio  al  tiempo  del  ensayo  que 

22 


170 

consistía  en  una  gran  caldera  de  agua  hir- 
viendo y  en  unas  ruedas  de  movimiento  com- 
plicadas, á  una  y  otra  banda  de  la  embarca- 
ción.» «Apesar  de  las  dificultades  y  contra- 
dicciones propuestas  por  Rávago,  fué  apre- 
ciado el  pensamiento  de  Garay,  y  si  la  expe- 
dición en  que  entonces  estaba  empeñado  Car- 
los V  no  lo  estorbara,  sin  duda  lo  hubiera 
alentado  y  favorecido.»  «Con  todo  eso,  pro- 
movió al  inventor  á  un  grado  más,  le  dio  una 
ayuda  de  costa  de  doscientos  mil  maravedi- 
ses por  una  vez,  mandó  pagarle  por  tesore- 
ría general  todos  los  gastos  y  le  concedió  otras 
mercedes.» 

Nadie  hizo  potable  el  agua  del  mar.  an- 
tes que  los  españoles,  empleando  la  destila- 
ción en  el  siglo  XVI,  en  la  jornada  de  Gelvez, 
con  cuarenta  años  de  antelación  á  los  ensa- 
yos de  Hawkins.  En  la  Biblioteca  del  Esco- 
rial hay  un  códice  donde  se  refiere  la  jornada 
de  los  Gelvez  en  i566  y  la  escasez  de  agua 
con  que  se  hallaban  los  españoles  sitiados  en 
una  fortaleza  por  los  turcos,  y  cuya  falta 
la  suplían  alambicando  la  del  mar.  Aunque 
este  método  fué  inventado  por  un  siciliano, 
debe  considerarse  como  invención  española, 
porque  Sicilia  en  aquella  época  pertenecía  a 
España   y   nuestro  célebre  Andrés  Laguna, 


171 

médico  de  Carlos  V,  fué  el  primero  que  en 
1 566  se  ocupó  de  la  potabilidad  del  agua  del 
mar,  colándola  por  arena  y  destilándola  en 
alambiques. 

También  del  blindaje  de  los  barcos  pode- 
mos ofrecer  ejemplos  en  el  año  i535,  cuando 
al  salir  Carlos  V  de  Barcelona  en  la  escuadra 
contra  Barbaroja  con  cuatrocientos  buques  y 
cuarenta  mil  combatientes^  dice  Boecio,  histo- 
riador de  la  Orden  de  San  Juan  de  Jerusa- 
lem,  que  formaba  parte  de  esta  escuadra  una 
galera  llamada  Santa  Ana,  armada  por  los 
caballeros  y  blindada  de  plomo  para  defen- 
derla de  las  balas,  «coraza  de  plomo  clavada 
por  medio  de  clavijas  de  cobre  y  que  impidió 
que  la  galera  no  sufriese  la  más  pequeña  ave- 
ría, apesar  de  los  muchos  proyectiles  que  die- 
ron contra  ella.» 

Recordemos  también  que  en  el  año  de 
1782,  en  el  sitio  de  Gibraltar,  la  Armada  es- 
pañola mandada  por  el  general  D.  Luis  de 
Córdoba,  empleó  por  primera  vez  unas  má- 
quinas de  guerra,  invención  del  coronel  Ar- 
con  y  fueron  las  baterías  flotantes. 

Los  costados  de  las  baterías  flotantes 
estaban  protegidos  de  los  fuegos  directos 
por  un  blindaje  de  fuertes  maderos,  relleno 
de   arena    mojada  y  cubierto   exteriormente 


172 

de  corcho;  una  techumbre  elástica  muy 
inclinada,  compuesta  de  cuerdas  trenzadas 
revestidas  de  cueros  húmedos,  debian  anular 
los  fuegos  curvos,  haciendo  que  resbalaran 
los  proyectiles. 

En  3o  de  Julio  de  1789,  las  corbetas  de 
guerra  Descubierta  y  Atrevida,  mandadas  por 
Malaspina  y  Bustamante,  salieron  de  Cádiz 
para  dar  la  vuelta  al  mundo.  Desde  entonces 
y  desde  que  se  usaron  por  los  españoles  los 
primeros  blindajes,  hasta  que  la  Numancia 
surcó  el  Pacifico,  siendo  el  primer  barco 
blindado  á  quien  corresponde  como  á  su  co- 
mandante Méndez  Nuñez,  la  gloria  de  esta 
empresa  ¿cuántas  páginas  de  honra  y  cuán- 
tos laureles  hay  que  agregar  á  la  Historia  y 
progresos  de  la  Marina  española? 

Los  fenicios,  los  cartagineses  y  los  roma- 
nos fueron  nuestros  maestros  en  náutica,  y 
á  Sisebuto  corresponde  la  organización  mili- 
tar de  nuestra  Marina,  según  manifiestan  San 
Isidoro  en  su  Historia  de  los  godos  y  Mariana 
en  la  de  España.  En  la  Biblioteca  de  ma- 
nuscritos del  Escorial,  están  todas  las  obras 
de  San  Isidoro  y  entre  ellas  dos  códices;  uno 
del  siglo  IX  que  es  un  curioso  itinerario  ma- 
rítimo de  importancia  histórico-bibliográfica 
y  otro  en  latin,    de  astronomía. 


173 

Existen  en  el  Escorial  suficientes  datos 
y  antecedentes  bibliográficos  para  escribir  la 
Historia  antigua  de  la  astronomía  y  astro- 
logia;  son  numerosos  los  códices  que  allí  se 
encuentran  de  dichas  materias,  que  los  hebreos 
y  los  árabes  cultivaron  en  España  con  singular 
predilección,  como  también  la  geografía  y  las 
matemáticas.  Hay  en  esta  Biblioteca  algunos 
manuscritos  de  cosmografía,  y  además  de  los 
códices  de  astronomía  y  astrología-arábigos 
y  castellanos,  algunos  en  latin. 

Los  hebreos  difundían  la  ciencia  conser- 
vando los  conocimientos  de  los  griegos,  co- 
mentando sus  obras  y  traduciéndolas,  y  los 
árabes  propagaron  la  ilustración  por  nuestra 
patria. 

Á  Moseh  Bar  Nachaman  conocido  vul- 
garmente por  Ramban,  se  le  dio  en  España 
el  honroso  nombre  de  Supremo  Maestro  en- 
tre los  rabinos  y  Maiiemon  ó  Moseh  Ben 
Maiiemon,  natural  de  Córdoba,  poseía  las 
lenguas  hebrea,  arábiga,  caldea  y  griega,  la 
retórica,  matemáticas,  derecho  y  medicina. 
Citamos  su  nombre  y  el  de  Averroes  como 
ejemplos  notables  por  la  universalidad  de 
su  profunda  instrucción.  De  estos  dos  sabios 
hebreo  el  uno  y  árabe  el  otro,  hay  varios  có- 
dices en  la  Biblioteca  del  Escorial, 


174 


Ali  Aben  Ragel  Ben  Abreschi  compuso 
una  obra  de  astronomía  que  fué  traducida  al 
castellano  por  el  rabino  Jehudadh  Mosca  lla- 
mado el  Catón  menor,  quien  tradujo  además 
como  ya  hemos  manifestado,  el  célebre  lapi- 
dario de  D.  Alfonso  X  existente  en  el  Escorial. 

Izchaq  Aben  Latiph  es  uno  de  los  judíos 
más  célebres  por  su  ilustración  y  conocimien- 
tos astronómicos  y  geográficos.  Quien  desee 
noticias  detalladas  de  este  autor  ó  de  otros 
varios,  puede  consultar  con  provecho  la  bi- 
blioteca española  de  Rodríguez  de  Castro,  la 
biblioteca  rabínica  de  Julio  Bartoloccio,  la 
biblioteca  hebrea  de  Wolfio,  la  España  orien- 
tal de  Paulo  Colomesio,  las  obras  de  Van 
Der  Linden,  Barrios,  Limberch,  Juan  de 
Vogrio,  etc.,   etc. 

Aben  Zarsal,  padre  é  hijo,  fueron  céle- 
bres astrólogos  Sevillanos,  siendo  el  primero 
quien  según  indica  el  P.  Mariana,  tuvo  la 
conferencia  con  el  Rey  D.  Pedro  sobre  su 
horóscopo  famoso,  y  al  segundo  se  refiere  la 
inscripción  que  hay  en  la  catedral  de  Sevilla. 

Selomoh  Ben-Virga;  historiador  y  astró- 
nomo; escribió  unas  tablas  astronómicas,  en 
el  siglo  XV. 

Jahagob  Mantenu,  tradujo  los  libros  de 
Platón  y  Aristóteles,   de  física  y  metafísica 


175 

en  el  año  1490  y  de  estas  traducciones  se 
ocupan  Bartoloccio,  Wolfio  y  Rodríguez  de 
Castro. 

Abraham  Zachut,  sabio  rabino  del  si- 
glo XV  y  profesor  de  astronomía  en  Sala- 
manca, escribió  un  almanaque  perpetuo. 

Abraham-Ben-Chija,  fué  astrónomo  es- 
pañol y  geógrafo  célebre  del  siglo  XI. 

El  astrónomo  sevillano  David-Ben-Abu- 
draham,  compuso  un  tratado  de  los  solsticios 
y  equinocios  y  el  libro  Tablas  del  Cielo,  cuyo 
códice  se  conserva  aún. 

Se  ocupan  Petruci  en  su  libro  de  la  esfera, 
de  la  teoría  de  los  planetas;  Schmaseddino- 
Mohamad-Ben-Ahamad-Almozi  del  uso  del 
cuadrante;  Gemalddinos  del  cuadrante  astro- 
nómico y  del  cuadrante  de  los  paralelos  y 
Mohamadis  Jebth  escribió  varios  tratados 
de  astrología,  geometría  y  astronomía. 

Daríamos  á  este  capítulo  una  extensión 
de  que  no  podemos  disponer  en  este  libro,  si 
fuéramos  á  tratar  en  él  de  todos  los  autores 
hebreos  que  han  escrito  de  astronomía,  cos- 
mografía y  geografía,  y  nos  limitaremos  á 
recordar,  que  á  los  hebreos  y  á  los  árabes  es 
deudora  la  ciencia  en  España,  de  sus  pro- 
gresos, así  como  de  todos  los  adelantos  refe- 
rentes á  la  Marina   española   en  su   origen 


176 

científico,  pues  si  Roger  de  Lauria  y  Roger 
de  Flor  fueron  bravos  como  marinos,  re- 
conozcamos en  ellos  su  valor  militar  cual 
sobresaliente  cualidad,  pero  buscando  los 
conocimientos  profundos  de  la  ciencia  en 
esta  carrera,  ícicil  es  descubrir  entonces  que 
la  base  científica  y  fundamental  pertenece  á 
los  judíos  y  á  los  árabes.  A  ellos,  además  de 
sus  muchas  obras  debemos  la  invención  de 
varios  instrumentos  de  matemáticas  y  de  as- 
trología  y  el  perfeccionamiento  de  muchos. 

La  astrología  tuvo  principio  en  el  Egipto; 
allí  aprendimos  las  ideas  de  medir  á  beneficio 
de  la  sombra,  y  determinar  las  distancias  y 
alturas  inaccesibles  por  medio  de  las  propor- 
ciones de  los  lados  del  triángulo.  Thales  fué 
el  primero  que  pronosticó  los  eclipses  y  que 
nos  enseñó  el  uso  de  la  estrella  polar^  la  re- 
dondez de  la  tierra  y  la  oblicuidad  de  la  elíp- 
tica; Anaximandro,  el  inventor  de  la  esfera 
armilar  y  de  las  cartas  geográficas;  Aristarco^ 
el  que  nos  dio  el  método  para  conocer  la  dis- 
tancia del  Sol  por  la  de  la  Luna  é  Hisparco  el 
primero  que  calculó  las  tablas  del  movimien- 
to del  Sol  y  de  la  Luna,  el  que  formó  la  serie 
de  estrellas  fijas  y  quien  estableció  el  funda- 
mento para  descubrir  la  presión  de  los  equi- 
nocios. 


177 

Los  árabes  y  los  hebreos  nos  trasmitieron 
todos  los  conocimientos  indispensables  para  el 
Ejercicio  de  la  Marina  como  profesión  cientí- 
fica. Los  códices  de  astronomía,  astrología, 
geografía  y  cosmografía  que  de  ellos  hay  en  to- 
das las  BibHotecas  y  particularmente  en  la  del 
Escorial,  nos  lo  revelan.  Y  siendo  tan  buenos 
geómetras  y  tan  observadores,  habían  necesa- 
riamente de  ser  también  buenos  astrónomos. 

Si  los  muchos  códices  de  astrología  judi- 
ciaria  y  los  varios  que  es  fácil  examinar  en 
el  Escorial,  de  juicios  de  las  estrellas,  nos  in- 
dican que  se  dejaron  llevar  de  las  estravagan- 
cias  de  la  astrología  como  pretexto  científico 
para  sus  horóscopos,  sortilegios,  misterios  y 
hasta  crímenes,  fanatizados  muchas  veces  por 
sus  ideas  ó  impresionada  su  razón  por  lo  ma- 
ravilloso^ creyendo  que  podían  leer  en  el  cielo 
la  muerte  de  los  hombres  y  los  destinos  de  la 
humanidad,  supieron  en  cambio  impulsar  los 
progresos  de  la  ciencia,  y  así  como  de  la  al- 
quimia nació  la  química,  la  astrología  sirvió  á 
la  astronomía,  que  también  las  preocupacio- 
nes de  los  hombres  y  los  extravíos  de  la  inte- 
ligencia fecundizan  el  campo  de  las  conquistas 
intelectuales  é  históricas  y  prueba  evidente  de 
esto  último  nos  dieron  en  España  los  libros 
de  caballería,  sosteniendo  el  espíritu  aventu- 

23 


178 

rero  y  despertando  el  amor  á  los  peligros  que 
engrandeció  nuestros  dominios. 

El  estudio  de  las  lenguas  orientales  en 
España  ha  contribuido  mucho  á  nuestro  pro- 
greso científico. 

Los  manuscritos  arábigos  existentes  en 
el  Escorial  nos  recuerdan,  que  al  posesionarse 
los  árabes  de  España,  no  sólo  propagaron 
todas  las  ciencias,  la  literatura,  las  industrias, 
las  artes  y  el  comercio,  sino  que  fecundiza- 
ron nuestro  suelo,  canalizando  las  aguas  y 
utilizando  los  rios;  á  los  árabes  debió  la  agri- 
cultura el  excelente  sistema  de  riegos  que 
aún  hoy  admiramos  en  Valencia  y  en  Gra- 
nada. 

En  la  Biblioteca  escurialense  de  Casiri 
constan  los  códices  arábigos  de  matemáticas, 
geografía,  astrología,  astronomía  y  meteorolo- 
gía del  Escorial.  Y  debe  verse  entre  otros  por 
lo  que  se  refiere  á  los  conocimientos  especia- 
les, para  el  estudio  de  la  Marina  el  códice  del 
Escorial,  señalado  con  el  número  CMXIII. 

El  árabe  Abu-Baker  Mohamad  Ben  Bageh 
de  quien  nos  habla  Santo  Tomás,  dándole  el 
nombre  de  Aben  Pace,  fué  célebre  teólogo, 
matemático,  médico,  poeta  y  músico,  y  de 
este  autor  hay  un  códice  en  la  Biblioteca  del 
Escorial. 


179 

Hay  también  otro  códice  que  contiene 
los  nombres  y  escritos  de  algunos  sabios  y  de 
eminentes  varones,  no  sólo  en  filosofía,  sino 
en  todas  las  ciencias  y  entre  ellas  de  astro- 
nomía. 

Casiri  en  su  Biblioteca  nos  da  noticia  de 
varias  cartas  geográficas  que  demuestran  la 
antigüedad  de  los  conocimientos  de  los  ára- 
bes en  esta  materia;  véase  la  página  9/  tomo 
2.''  de  su  obra. 

El  moro  Abolays  de  quien  hemos  tenido 
ocasión  de  hablar,  fué  célebre  astrónomo  en 
tiempo  de  D.  Alfonso  el  Sabio,  y  Gerónimo 
Torrella  lo  fué  también^  y  muy  famoso,  en 
tiempo  de  los  Reyes  Católicos;  Alfonso  Sevi- 
llano escribió  unas  tablas  astronómicas  que 
dedicó  á  la  Reina  D.*  Isabel  la  Católica,  y 
Francisco  Nuñez  de  la  Hierba  compuso  su 
famosa  cosmografía  aumentada  de  Pomponio 
Mela. 

En  el  siglo  XVI  se  escribió  mucho  en 
España  de  astronomía  y  astrología,  sobresa- 
liendo en  esta  última,  Alfonso  de  la  Fuente, 
Juan  de  Espina^  Gerónimo  de  Chaves,  Juan 
Aguilera  y  Juan  Martínez  Población,  y  en  as- 
tronomía Córdoba  y  Rojas;  de  hidrografía  es- 
cribió Andrés  Poza;  Gerónimo  de  Chaves 
compuso  el  notable  libro  «De  la  esfera,  reper- 


180 

torio  de  los  tiempos;»  Juan  de  Espina  y  Juan 
de  Aguilera,  se  ocuparon  del  astrolabio  y  mu- 
cho antes  escribió  Francisco  Palero,  en  i535, 
su  tratado  «De  la  esfera  y  del  arte  de  marcar 
con  el  regimiento  de  las  alturas;»  Francisco 
Valles  comentó  los  cuatro  libros  de  Aristóteles 
«De  meteoros;»  Alfonso  Pérez  escribió  de  me- 
teorología y  Diego  Pérez  de  Mesa  de  cosmo- 
grafía; Bartolomé  de  la  Hera,  «Repertorio 
del  mundo  y  de  la  esfera,  del  cielo  y  orbes 
elementales. » 

En  el  siglo  XVII,  Antonio  Zamora  escri- 
bió de  los  cometas,  Simón  de  la  Visitación  y 
Francisco  Rodríguez  «De  meteoros;»  Henri- 
que  Martínez,  «Repertorio  de  los  tiempos;» 
Andrés  García  de  Céspedes  de  hidrografía  y 
teóricas  de  planetas,  publicando  además  las 
obras  siguientes:  «Teórica,  práctica  y  uso  del 
astrolabio,  un  libro  de  instrumentos  nuevos 
de  geometría  para  medir  distancias  y  alturas, 
y  una  historia  de  todas  las  islas  del  mundo,  su 
figura  y  sitio. » 

Por  último,  y  para  abreviar,  manifesta- 
remos que  en  el  siglo  XVII  y  desde  el  año 
1611,  escribieron  también  de  astronomía  ó 
de  meteorología,  Francisco  Murcia  de  la 
Llana,  Manuel  Díaz,  Pedro  Ureña,  Gerónimo 
Valencia,  Francisco  de   xMacedo,    Laurencio 


181 

Ferrer,  Vicente  Moles,  García  de  Góngora, 
Francisco  Velazquez,  Antonio  Na  jera,  Fran- 
cisco Alfonso,  Manuel  Gómez,  Manuel  Bo- 
carro,  Juan  Egidio,  Felipe  de  Soldevilla,  Juan 
Caramuel,  etc.,  etc. 

José  Várela  y  Ulloa,  ilustre  marino  espa- 
ñol que  en  1776  ayudó  al  célebre  Borda  (a)  á 
medir  geométricamente  el  pico  de  Tenerife  y 
á  trazar  los  planos  de  las  Islas  Canarias  y  de 
la  costa  de  África,  desempeñó  otras  muchas 
comisiones  científicas,  y  entre  varias  la  de 
fijar  los  límites  de  los  dominios  españoles  y 
portugueses  en  la  América  meridional. 

El  brigadier  de  la  Armada  D.  Vicente  To- 
fiño  levantó  el  plano  de  nuestras  costas  con 
sus  derroteros,  descripciones  de  puertos  y 
ensenadas,  rios,  etc.,  etc.;  su  capacidad  cientí- 
fica, que  honra  á  la  Marina  española,  se  re- 
vela en  su  obra  «Derrotero  de  las  costas  de 
España.» 

D.  Martin  Fernandez  de  Navarrete  ha 
enriquecido  la  literatura  naval,  ilustrando  la 
historia  de  la  Marina  con  la  «Colección  de  los 
viajes  y  descubrimientos  que  hicieron  por 
mar  los  españoles  desde  fines  del  siglo  XV. » 


(a)  Borda:  astrónomo  distinguido  y  célebre  marino  de  la  Acade- 
mia de  ciencias  de  París  é  inventor  del  círculo  de  reflexión,  escribió  el  viaje 
por  Europa  y  América  y  la  carta  de  las  Canarias. 


182 


Mientras  los  distinguidos  escritores  de 
nuestra  Armada  cultivan  la  ciencia  como 
Valdés,  Ponce,  Vargas  y  Navarrete,  redacta 
el  general  Mazarredo  la  ordenanza  naval  y 
canta  el  marino  y  poeta  Arriaza  el  glorioso 
desastre  de  Trafalgar. 

Los  jefes  y  oficiales  de  la  Marina  espa- 
ñola nos  han  dado  completas  y  exactas  des- 
cripciones de  los  mares,  de  sus  estrechos, 
golfos  y  bahías,  trazaron  derroteros  y  contri- 
buyeron al  conocimiento  de  los  escollos  y 
sondeos,  ocupándose  del  levantamiento  de 
planos  y  cartas  marítimas  y  de  todo  lo  relativo 
á  la  navegación  y  á  la  ciencia,  al  publicar 
diferentes  obras  de  verdadera  importancia  y 
novedad  como  la  de  Jorge  Juan  en  su  Ensayo 
marítimo,  de  tanto  interés  para  la  construcción 
naval. 

De  ciencias  exactas,  físicas  y  naturales, 
han  escrito  también  nuestros  marinos,  y 
podríamos  citar  los  nombres  de  profundos 
matemáticos,  físicos  y  naturalistas.  Como  mé- 
dicos los  hubo  y  hay  notables  en  el  cuerpo 
de  Sanidad  de  la  Armada,  habiendo  alcan- 
zado merecida  fama  su  escuela  de  Medicina 
naval  de  Cádiz. 

En  el  capítulo  VII  en  c[ue  nos  ocupamos 
de  la  medicina  española,  consignaremos  sus 


183 

principales  glorias,  que  alcanzan  en  gran 
parte  lo  mismo  las  científicas  que  las  militares 
á  los  profesores  de  la  Armada.  Luis  Lobera 
de  Ávila  acompañó  á  Carlos  V  en  sus  expedi- 
ciones por  mar  y  por  tierra,  y  el  célebre  Daza 
Chacón  á  D.  Juan  de  Austria. 

Como  Médicos  de  la  Armada  debe- 
mos considerar  á  los  que  fueron  con  Don 
Juan  de  Austria  y  á  los  que  acompañaban 
á  nuestra  Marina  en  sus  espediciones  ó  asis- 
tían con  ella  á  sus  combates.  Mencionemos 
aquí,  sin  embargo,  á  Cristóbal  Pérez  de 
Herrera  por  su  vastísima  instrucción;  fué 
Médico  de  las  galeras  del  Rey  y  tan  pro- 
fundo filósofo  como  buen  poeta  y  bravo  mi- 
litar; fundó  el  hospital  general  de  Madrid  y 
escribió  varias  obras  notables,  entre  ellas  un 
libro  sobre  el  garrotillo,  publicado  en  i6i5, 
que  he  visto  en  la  Biblioteca  de  la  Facultad 
de  Medicina. 

D.  Pedro  Virgili  fundador  de  los  co- 
legios de  Cádiz  y  Barcelona,  y  Cirujano  de 
Cámara  de  Carlos  III,  lo  habia  sido  antes 
de  Fernando  VI,  de  ese  bondadoso  Rey  á 
quien  la  Marina  española  debe  el  brillante 
estado  que  alcanzó  en  su  época,  la  creación 
en  175 1  de  nuestro  primer  astillero  en  el 
Ferrol  y  la  paternal  solicitud  del  Marqués  de 


184 

la  Ensenada  que  tanto  contribuyó  al  esplen- 
dor de  la  Marina. 

D.  Gregorio  Arias  León,  Cirujano  de 
la  Armada,  es  autor  de  una  excelente  diserta- 
ción sobre  la  gangrena  y  D.  Francisco  Villa- 
verde,  Cirujano  de  la  Real  Armada  y  Cate- 
drático del  Colegio  de  Cádiz,  publicó  un  buen 
tratado  de  las  operaciones  de  cirujia  para  uso 
de  los  reales  colegios;  Pedro  Malvasia,  Ciruja- 
no de  la  Armada,  fué  autor  de  un  libro  sobre 
la  trepanación,  y  por  último,  porque  haríamos 
demasiado  larga  nuestra  reseña,  citaremos 
entre  otros  á  D.  Carlos  Francisco  Ameller, 
profesor  del  Cuerpo  de  Sanidad  de  la  Arma- 
da, discípulo  predilecto  del  célebre  Canivell 
en  el  siglo  pasado;  fué  Catedrático  de  Física 
y  de  Matemáticas  del  Colegio  de  Cádiz,  pu- 
blicando varias  obras  notables  y  un  magniñco 
discurso  acerca  del  «mérito  y  proemio  de  la 
Cirugía  española. » 

Desde  que  Raimundo  Lulio  escribió  en 
el  siglo  XIII  el  prodigioso  número  de  obras 
de  química  que  encontramos  en  todas  las 
Bibliotecas,  contribuyendo  á  sacar  á  esta  cien- 
cia de  la  alquimia,  han  prestado  inteligente 
concurso  á  sus  progresos  algunos  de  nuestros 
marinos;  á  un  oficial  de  la  Marina  española 
debe  Europa  la  introducción  de  la  platina  y 


185 

mucho  han  impulsado  los  adelantos  de  la  quí- 
mica diferentes  médicos  y  farmacéuticos  de 
la  Armada,  pues  como  pertenecientes  á  ella 
y  participes  de  sus  glorias  ó  desastres,  consi- 
deramos á  los  que  ya  en  tiempo  de  Felipe  II 
se  embarcaban  (en  i588)  en  la  «Invencible 
escuadra»)  compuesta  de  ii5  navios,  donde 
iban  102  cirujanos  y  6o  farmacéuticos. 

De  construcción  naval  y  aún  desde  mu- 
cho tiempo  antes  que  nuestro  célebre  Jorge 
Juan  publicase  su  excelente  «ensayo  maríti- 
mo» se  ocuparon  también  con  inteligencia  y 
aprovechamiento  teórico  y  práctico  nuestros 
marinos.  Hoy  podemos  asegurar  que  en  pocas 
naciones  de  Europa  habrá  quien  rivalice  con 
la  instrucción  y  conocimiento  generales  y  es- 
peciales que  en  este  ramo  poscenios  Ingenie- 
i^os  de  la  Armada;  para  convencerse  de  ello, 
basta  recorrer  nuestros  arsenales  y  visitar  sus 
talleres,  examinando  ademas  los  programas 
que  constituyen  el  estudio  de  una  de  las  car- 
reras más  difíciles  de  España.  Y  por  último, 
cuenta  en  la  actualidad  la  administración  de 
Marina  con  un  personal  celoso  é  instruido  y 
hay  en  este  Cuerpo  distinguidos  escritores 
científicos  y  literarios  que  siempre  los  ma- 
rinos, como  Fulgosio,  Javier  de  Salas  y 
Negrin,  cultivaron  con  grandes  dotes  y  con 


186 


fruto,  la  literatura  española,  la  poesía  y  las 
bellas  artes. 

Dice  el  capitán  de  fragata,  distinguido 
escritor  y  académico  de  la  Historia  D.  Fran- 
cisco Javier  de  Salas  en  su  notable  libro  sobre 
la  Marina  española,  publicado  en  i865  «con 
las  obras  de  geografía,  cosmografía  y  artes  de 
navegar,  escritas  en  España  en  las  dos  cen- 
turias de  la  dinastía  austríaca,  podría  formarse 
una  brillante  corona  para  orlar  las  frentes  de 
los  Encisos  y  Santa  Cruz,  de  los  Medinas, 
Villegas,  Ramírez  Ardíanos  y  Rojas,  de  los 
Esquí vel,  Muñoz,  Moreno,  Céspedes,  Chacón^ 
Zamorano,  Labaña,  Sarmiento  de  Gamboa, 
Ferrer,  Circa,  López  de  Armendariz  y  otros 
muchos,  que  desarrollando  teorías  más  ó  me- 
nos curiosas,  acertadas  ó  útiles,  pero  todas 
propendiendo  a  inquirir  los  caminos  de  la 
verdad,  contribuyeron  á  enaltecer  la  ciencia 
en  nuestro  país  é  hicieron  fijar  la  vista  de  las 
naciones  más  cultas  en  los  adelantos  de  la 
nación  española.)) 

Imiten  nuestros  marinos  á  Plinio,  del  que 
hay  en  el  Escorial  varios  códices  y  á  quien 
no  dudamos  en  presentar  como  perfectísimo 
modelo,  pues  reunia  como  ninguno  el  valor, 
la  ciencia  y  la  abnegación  más  heroica.  Céle- 
bre naturalista,  sirvió  en  la  Marina,  recorriendo 


187 

la  Bretaña,  el  Egipto  y  la  Grecia;  durante  la 
guerra  de  Germania,  mandó  un  cuerpo  de 
caballería,  escribió  la  vida  de  Pompeyo  y 
ocho  libros  de  gramática  latina;  compuso  la 
Historia  de  su  tiempo  dedicada  a  Vespasiano 
y  su  gran  obra  de  Historia  Natural  que  inmor- 
talizó su  nombre;  estuvo  Plinio  en  España 
durante  las  guerras  de  Galba,  Otón  y  Vitelio, 
y  mandaba  la  escuadra  de  Misena  cuando  la 
erupción  del  Vesubio  sepultó  á  Pompeya  y 
Herculano;  entonces,  en  medio  de  la  conster- 
nación y  del  espanto  que  en  todas  partes 
producia  la  lava  abrasadora  del  volcan,  per- 
maneció Plinio  impasible  y  absorto  en  la 
contemplación  de  este  suceso  aterrador,  sin 
reparar  en  el  peligro  que  le  cercaba,  dictando 
sus  observaciones  científicas,  hasta  que  una 
ráfaga  de  viento,  llevando  fuego  en  vez  de 
airea  sus  pulmones,  le  privó  instantáneamente 
de  la  vida,  y  cayó  muerto  en  brazos  de  sus 
esclavos,  víctima  gloriosa  de  su  abnegación 
científica. 

Sigan  nuestros  marinos  los  progresos  de 
la  ciencia  en  sus  diversas  manifestaciones  y 
recuerden  c]ue  yá  en  las  antiguas  páginas  de  la 
Historia  naval  debe  consignarse  que  fueron 
respetados  los  que  cultivaban  su  inteligencia^ 
pues  derrotada  la  escuadra  de  los  Atenienses 


188 

en  la  guerra  del  Peloponeso,  se  mandó  pasar 
a  cuxhillo  á  los  prisioneros  y  se  perdonó  la 
vida  á  los  que  sabian  recitar  algunos  versos 
de  Eurípides.  Hoy  la  instrucción  hace  aún 
más  que  salvar  la  vida,  regenera  al  hombre, 
le  eleva  é  inmortaliza. 

Y  no  hay  profesión  que  más  se  preste  al 
estudio  y  á  la  contemplación  de  la  naturaleza 
que  la  ejercida  en  la  azarosa  y  al  mismo 
tiempo  tranquila  vida  de  los  mares^  porque  si 
hay  luchas  y  combates  con  las  tempestades  y 
las  olas,  no  se  lucha  con  las  miserias  de  la 
sociedad,  ni  con  las  pasiones  de  los  hombres. 
La  soledad  brinda  al  estudio,  convida  á  me- 
ditar, despierta  el  espíritu  filosóñco  de  la 
razón  y  los  más  tiernos  sentimientos  en  el 
alma.  No  es  difícil  entonces  ser  filósofo,  natu- 
ralista ó  dulcísimo  poeta;  ¿á  quién  no  inspiran 
ó  conmueven  las  maravillas  de  las  aguas? 
Recordemos  lo  que  decia  Izchaq  Cardoso, 
célebre  médico  hebreo,  que  ejerció  su  profe- 
sión en  Valladolid,  de  quien  hay  un  códice 
en  el  Escorial,  «parece  que  la  naturaleza  se 
quiso  esmerar  en  las  excelencias  de  este  ele- 
mento, adornando  sus  aguas  de  varias  cali- 
dades y  encerrando  misteriosos  secretos  en 
sus  ondas.»  «Desde  la  pequenez  de  la  fuente 
á  la  proceridad  del  Océano,  no  hay  parte  de 


189 


cristal  líquido  que  no  esté  publicando  mara- 
villas.» «Al  principio  inundaban  la  tierra  y 
buscando  nuevas  concavidades,  se  retiraron 
á  los  términos  que  les  señaló  el  precepto 
divino,  haciendo  que  en  un  sugeto  tan  leve 
como  la  arena  y  de  tan  poca  resistencia,  que 
un  airecillo  la  arroja,  quebrase  los  bríos  de 
su  arrogancia,  porque  se  vea  derribada  la 
mayor  soberbia  con  el  instrumento  más  hu- 
milde.» 

Siempre  la  Marina  española  brindó  con 
su  apoyo  é  influencia  al  genio,  protegiendo 
las  ciencias  y  las  artes.  Si  nuestro  célebre 
Gravina  no  hubiese  amparado  al  famoso 
poeta  lírico  y  autor  dramático  Pedro  Buena- 
ventura Metastasio,  á  quien  hizo  dar  una 
excelente  educación,  no  hubiera  escrito  sus 
bellas  obras,  ni  le  honrara  Carlos  VI  cuando 
fué  á  Viena  con  el  titulo  de  poeta  Cesáreo  que 
Gravina  le  ayudó  á  alcanzar. 

Habiendo  comisionado  Felipe  II  al  natu- 
ralista Francisco  Hernández  para  que  fuese  á 
las  Indias  occidentales  y  escribiera  una  Historia 
de  las  plantas  y  animales  de  aquellas  regiones, 
lo  efectuó,  empleando  algunos  años  en  esta 
obra,  que  constaba  de  quince  libros  en  folio 
mayor,  los  cuales  se  depositaron  en  la  Biblio- 
teca del  Escorial.  El  arte  y  la  ciencia  en  digna 


190 

emulación  hablan  competido  para  crear  un 
libro  monumental  por  su  valor  artístico  y 
científico;  las  figuras  de  los  animales,  los 
colores  de  las  plantas,  las  ramas  de  los  ár- 
boles, las  flores  y  las  frutas,  las  escamas  de 
los  peces,  las  plumas  de  las  aves,  los  trages 
de  los  naturales  de  aquellos  países,  sus  ador- 
nos, sus  costumbres,  sus  bailes  y  sacrificios, 
todo  estaba  admirablemente  hecho  y  dibujado 
por  hábiles  pintores;  todo  era  obra  perfecta 
de  las  ciencias  naturales  y  del  genio  de  las 
artes.  Su  encuademación  azul  con  oro,  sus 
manecillas,  cantoneras  y  bullones  de  plata, 
estaban  por  su  buen  gusto  y  riqueza  en  armo- 
nía con  la  magnificencia  y  grandiosidad  del 
libro  que  guardaban.  En  el  incendio  de  la 
Biblioteca  del  Escorial  en  1671,  las  llamas 
consumieron  esta  obra,  y  habiéndose  encon- 
trado después  en  los  estantes  de  la  Biblioteca 
de  San  Isidro,  por  Juan  Bauüsta  Muñoz, 
cinco  volúmenes  apolillados  de  los  famosos 
libros  de  Francisco  Hernández,  el  ministro 
de  Marina  en  aquella  época  D.  José  Calvez, 
comprendiendo  mejor  que  nadie  su  valor, 
influyó,  y  no  en  vano,  con  Carlos  III.  para 
que  se  dieran  á  la  prensa  las  obras  de  Fran- 
cisco Hernández  «co/z  toda  lafé  é  integridad 
del  original.  ^^   El  expresado  ministro  de  Ma- 


191 

riña  D.  José  Calvez,  empezó  la  edición,  y  al 
morir  Carlos  III,  mandó  Carlos  IV  á  su  mi- 
nistro Porlier  que  se  llevase  á  cabo;  pero  la 
gloria  é  iniciativa  de  la  empresa  proyectada 
en  bien  de  la  ciencia,  corresponde  á  un  mi- 
nistro de  Marina. 

Consignamos  aquí  este  suceso,  porque  no 
recordamos  que  nadie  lo  haya  mencionado  de 
una  manera  especial,  en  lo  que  de  honorífico 
tiene  para  nuestra  Marina,  yá  que  lo  realizó  el 
jefe  más  caracterizado  de  dicha  corporación. 

Y  téngase  presente,  que  los  hechos,  al 
parecer  más  insignificantes,  y  los  actos  más 
pequeños,  son  los  que  mejor  retratan  á 
veces  las  cualidades  de  las  personas  y  el 
valer  de  las  instituciones.  Hay  detalles  que 
describen  un  pueblo,  rasgos  que  caracterizan 
una  época  y  episodios  que  revelan  una  his- 
toria completa  en  pocas  líneas.  Por  eso  qui- 
siéramos en  breves  ñ'ases,  y  en  unas  cuantas 
páginas  de  este  libro,  haber  demostrado 
la  consideración  científica  á  que  es  acree- 
dora la  Marina  española  por  su  reconocida 
ilustración. 

Notables  son  también  los  hechos  militares 
de  nuestra  Historia  naval,  y  fácilmente  lo 
atestiguan  los  heroicos  combates  de  Orlando, 
Lepanto,    Trafalgar,    etc.,    etc.,    los    ilustres 


192 


nombres  de  Bonifaz,  Roger,  D.  Juan  de  Aus- 
tria, Bazan,  Mazarredo  Paliano,  Barceló, 
Malaspina,  Valdés,  Churruca,  Ruiz  de  Apo- 
daca  y  Gravina.  Y  no  ha  degenerado  el  valor 
que  como  glorioso  recuerdo  y  ejemplo  de  sus 
hechos  legaron  á  sus  sucesores,  porque  tam- 
bién citamos  con  orgullo  en  nuestros  dias  los 
apellidos  de  los  esforzados  vencedores  del 
Callao,  Alvar  González,  Lobo,  Antequera, 
Valcárcel,  Patero,  Topete  y  Pezuela,  debiendo 
tributar  hoy  el  respetuoso  homenaje  que  cor- 
responde al  preclaro  marino,  honra  de  nuestra 
Armada,  que  en  momentos  supremos  atacó 
con  barcos  de  madera  las  blindadas  torres  del 
Callao;  ¡gloria  eterna  para  el  inolvidable  Mén- 
dez Nuñez!  que  pronunció  en  ese  dia  estas 
memorables  frases  que  no  debe  olvidar  jamás 
la  Marina  española:  «España  prefiere  honra 
sin  barcos,  á  barcos  sin  honra,»  palabras  c]ue 
sólo  pueden  compararse  con  las  de  Sánchez 
Barcaiztegui  en  ese  mismo  combate,  cuando 
al  participarle  que  se  estaba  incendiando  la 
Santa  Bárbara  de  su  buque  respondió:  «yo  no 
mojo  hoy  la  pólvora,  volemos  todos.»  ¡No  es 
posible  que  degenere  una  institución  en  la  que 
hay  en  nuestra  época  hombres  que  se  expre- 
san y  conducen  como  Barcaiztegui  y  Méndez 
Nuñez! 


193 

Fué  Ramón  Bonifaz  el  primer  almirante  de 
la  escuadra  castellana,  que  tanto  contribuyó 
con  su  valor  é  inteligencia  á  la  toma  de  Sevilla 
en  1248;  yá  indicamos  anteriormente  algunos 
de  los  gloriosos  hechos  de  Roger  de  Lauria, 
debiendo  consignar  también  la  heroica  de- 
fensa que  hizo  Roger  de  Flor  de  la  plaza  de 
San  Juan  de  Acre;  recorrió  este  bravo  marino 
los  mares  con  una  pee|ueiia  escuadra  y  al 
frente  de  dos  mil  catalanes  derrotó  luego  á 
los  turcos,  contribuyendo  á  la  conquista  de 
Sicilia,  por  Fadrique  de  Aragón,  que  le  nom- 
bró vicealmirante. 

Los  reinados  de  Carlos  V,  Felipe  lí  y 
Carlos  III,  nos  recuerdan  memorables  haza- 
ñas de  la  Marina  española.  Fueron  muy  cé- 
lebres las  expediciones  navales  contra  los 
turcos  en  tiempo  de  Carlos  V;  véanse  los 
numerosos  códices  del  Escorial  referentes  á 
sus  campañas.  En  el  reinado  de  Felipe  II 
registra  la  Historia  el  combate  de  Lepanto, 
que  no  es  posible  comparar  con  ninguno,  tal 
es  su  grandeza  y  tanta  su  importancia.  Al 
recordarlo,  no  sabemos  qué  admirar  más,  si 
la  gran  figura  militar  de  D.  Juan  de  Austria 
que  en  primer  término  se  destaca  y  absorve 
toda  la  atención^  ó  el  titánico  desastre  de  los 
turcos   al  perder  en   aquella  jornada   ciento 

25 


194 

sesenta  y  siete  naves,  treinta  y  cinco  mil  hom- 
bres muertos  y  siete  mil  novecientos  cau- 
tivos. 

Contrasta  con  lo  gigantesco  de  la  empresa 
la  modesta  relación  que  hace  de  los  hechos  y 
lo  pequeña  que  coloca  su  personalidad  Don 
Juan  de  Austria,  cuando  participa  en  un  nota- 
ble documento  (que  debiera  servirnos  de 
modelo)  el  glorioso  suceso  en  que  fué  herido 
y  cuyo  accidente,  y  por  tratarse  de  él,  aun  le 
cuesta  trabajo  mencionar. 

Es  el  reinado  de  Carlos  III  de  feliz  me- 
moria para  nuestra  Marina;  para  conocerlo, 
basta  decir  que  en  aquella  época  figuran  en  la 
Marina  española  los  nombres  de  Mazarredo, 
Barceló,  Ulloa,  Jorge  Juan,  Borja  y  Malas- 
pina. 

Mandando  Barceló  la  expedición  contra 
Argel  en  1783,  llevaba  á  sus  órdenes  á  Es- 
caño, Valdés,  Salcedo  y  al  célebre  Gravina. 
Acompañó  este  último  á  Carlos  III  en  su 
viaje  á  España,  peleó  heroicamente  contra  los 
franceses  en  el  sitio  de  Rosas  y  fué  mortal- 
mente  herido  en  Trafalgar.  ¡Y  hé  aquí  el 
nombre  de  la  gran  epopeya  naval  de  nuestra 
Historia!  ¡Trafalgar!  Es  la  derrota  más  glo- 
riosa que  se  escribe  en  los  anales,  y  si  España 
fué  vencida,  Inglaterra  perdió  á  Nelson.  La 


195 

escuadra  británica  se  componia  de  treinta  y 
tres  naves  y  de  cuarenta  la  francesa  y  espa- 
ñola. Tuvimos  en  Trafalgar  mil  veintidós 
muertos,  mil  trescientos  ochenta  y  tres  heri- 
dos y  perdimos  diez  navios.  Murió  Churruca, 
y  al  arrebatarle  la  pierna  derecha  una  bala  de 
cañón,  quiere  incorporarse  aún  para  continuar 
luchando,  y  trasmite  á  la  posteridad  con  el 
heroísmo  de  sus  últimos  instantes  la  página 
más  brillante  que  inmortaliza  la  Historia  de 
la  Marina.  Murió  también  Gravina  de  resultas 
de  su  herida,  murieron  Castaños,  Alcedo  y 
Galiano,  y  al  desaparecer  sus  almas  de  la 
tierra  pregonando  la  fama  su  heroísmo,  quedó 
sepultado  en  el  fondo  de  las  aguas  el  poder 
marítimo  de  España. 

Hemos  trazado  á  grandes  rasgos  algunos 
de  los  hechos  mas  culminantes  de  nuestra 
Marina,  y  si  los  jefes  y  oficiales  de  la  Armada 
dieron  siempre  tantas  pruebas  de  valor  y 
abnegación  en  los  combates  y  en  las  continuas 
luchas  que  el  hombre  de  mar  se  ve  precisado 
a  sostener  con  la  naturaleza  embravecida, 
consagremos  también  un  recuerdo  de  admi- 
ración para  los  denodados  batallones  de  in- 
fantería de  Marina  que  en  Santo  Domingo, 
en  Cochinchina,  en  la  Isla  de  Cuba,  en  Viz- 
caya y  en  las  montañas  de  Navarra  durante  la 


196 

última  guerra  civil^  han  demostrado  con  su 
heroísmo  que  son  dignos  de  inscribir  en  sus 
banderas  los  lemas  de  sus  victorias,  orlados 
con  las  cintas  de  la  Orden  militar  de  San 
Fernando.  Es  nuestra  infantería  de  Marina 
digna  sucesora  de  aquel  mártir  de  sus  deberes 
Pedro  de  Avellaneda,  que  en  la  jornada  de  la 
Prebiosa  y  en  defensa  de  la  nao  aragonesa, 
«siéndole  llevada  la  pierna  de  un  balazo, 
campeó  la  bandera  en  popa^  refirmado  sobre 
la  caña  del  muslo,  hasta  que  vino  la  noche, 
en  que  murió  abrazado  á  su  bandera,  por  no 
querer  perderla,»  como  lo  hizo  un  alférez 
español  cuando  derrotada  nuestra  escuadra 
sobre  los  Gelves,  se  envolvió  en  la  bandera 
que  llevaba,  de  la  cual  no  consiguieron  los 
turcos  desprenderle,  «y  se  echó  con  ella  á  la 
mar,  para  que  juntamente  con  él  se  fuese  al 
fondo.» 

Nuestra  Marina,  que  tantos  servicios  ha 
prestado,  es  de  absoluta  necesidad  en  nuestra 
patria,  y  es  preciso  fomentarla.  Lo  extenso  de 
nuestro  litoral  y  la  seguridad  de  nuestras  islas 
adyacentes  y  posesiones  ultramarinas,  lo  exi- 
gen imperiosamente.  Lo  más  vulnerable  de 
España  son  sus  costas,  y  no  sólo  para  la 
defensa  de  ellas  y  de  nuestros  dominios  de 
Ultramar  necesitamos  una  Marina  bien  orga- 


197 

nizada.  sino  que  nuestro  poder  marítimo  acaso 
sea  el  único  que  nos  dé  hoy  garantías  de  con- 
sideración y  de  respeto  entre  las  demás  po- 
tencias en  el  terreno  de  la  fuerza  ó  en  el  de 
las  alianzas  y  auxilios  internacionales  á  que 
los  acontecimientos  de  Europa  y  los  sucesos 
del  porvenir  puedan  llevar,  aun  apesar  suyo, 
á  todas  las  naciones. 

Decia  yá  Temístocles,  «la  tierra  se  rinde 
al  que  surca  el  mar;»  no  olvidemos  que  de 
nuestros  puertos  han  salido  las  expediciones 
para  todo  el  mundo,  y  que  realizamos  el  pen- 
samiento de  Pompeyo  cuando  expresaba  que 
dominaría  en  los  continentes  quien  acertase  á 
dominar  en  los  mares. 

El  descubrimiento  de  la  América  dio  á 
España  un  nuevo  mundo  y  le  exigió  también 
la  organización  de  sus  escuadras. 

Desde  que  D.  Alfonso  el  Sabio  creó  en 
1273  la  Orden  militar  de  Santa  María  de  Es- 
paña para  premiar  los  fechos  de  mar,  hasta 
la  época  actual,  en  las  diferentes  vicisitudes 
por  las  que  nuestra  Marina  ha  pasado  y  en 
los  descalabros  y  derrotas  que  ha  sufrido,  lo 
mismo  que  en  sus  victorias,  fué  siempre  res- 
petada y  todos  han  hecho  justicia  al  valor  é 
inteligencia  científica  de  los  jefes  y  oficiales  de 
nuestra  Armada. 


198 

Yo,  que  he  navegado  en  algunos  de  sus 
barcos,  que  fui  con  el  Jorge  Juan  á  China  y 
con  el  Malaspina  á  Hong-Kong,  que  estuve 
algún  tiempo  en  Cavile,  arsenal  de  la  Marina, 
en  Filipinas,  y  me  hallé  en  la  expedición  de 
Cochinchina  embarcado  en  la  goleta  Circe, 
concurriendo  á  la  toma  de  la  cindadela  de 
Thuan-Tac  durante  las  operaciones  militares 
de  las  fuerzas  aliadas  en  la  provincia  suble- 
vada de  Go-Kong,  y  he  podido  apreciar  las 
cualidades  de  nuestros  marinos,  les  consagro 
hoy  en  este  libro  un  afectuoso  recuerdo  de 
cariño  y  un  justo  homenaje  de  consideración 
y  de  respeto.  Nunca  olvidaré  que  un  oficial 
de  Marina  veló  mi  intranquilo  y  delirante 
sueño  en  el  hospital  de  Saigon,  en  aquellos 
tristes  dias  en  que,  victuna  del  cólera,  y  juz- 
gándome solo  en  el  mundo  y  abandonado, 
tuve  que  refugiarme  á  ese  asilo  bienhechor 
c]ue  una  nación  extranjera  me  ofrecía. 

Cuando  el  gigante  de  las  sombras  exten- 
diendo sus  colosales  brazos  en  el  vacio,  en- 
vuelto en  el  sudario  de  la  noche,  avanzaba 
entre  el  espeso  bosque  de  exhuberante  ve- 
getación tropical  que  yo  apenas  distinguía, 
incorporado  en  el  lecho  y  al  través  de  mi 
ventana,  me  parecían  los  árboles  y  las  som- 
bras, las  ramas  y  las  hojas  movidas  por  el 


199 

viento,  fantasmas  aterradores,  que  alzándose 
de  sus  sepulcros,  venían  á  golpear  las  puertas 
del  hospital,  llamándome  acongojados,  pero 
con  dulce  voz,  para  que  les  siguiera  hasta  sus 
tumbas. 

En  esas  horas  de  contemplación  en  que 
vaga  el  espíritu  y  se  desborda  el  sentimiento, 
las  lágrimas  de  los  recuerdos,  más  aún  que 
las  de  mis  dolores  físicos,  surcaban  mis  me- 
jillas; llanto  del  alma,  nostalgia  del  hogar  y  de 
la  patria,  suspiros  y  deseos  del  corazón  que 
busca  en  vano  el  santo  amor  de  la  familia. 
Entonces ,  la  imaginación  excitada  por  la 
fiebre,  y  salvando  la  inmensidad  de  los  ma- 
res, me  trasladaba  á  España  para  contemplar 
con  ansia  loca  los  seres  más  queridos,  todos 
los  objetos  con  quienes  me  habia  identificado 
desde  niño  al  ser  testigos  de  mis  alegrías  y 
mis  penas,  fugaces  éstas  cual  nubes  de  verano 
en  esa  edad  feliz  en  que  las  ilusiones  sonríen 
el  horizonte  de  nuestros  primeros  años.  En- 
tonces veía  á  mi  madre  esperando  con  cruel 
afán  noticias  mias^  y  al  acordarme  de  ella, 
sentía  aún  más  el  pesar  que  mi  muerte  había 
de  causarla  á  ella,  que  el  miedo  propio  de 
perder  la  vida.  Cuando  despertaba  de  mi  le- 
targo, volviendo  mi  espíritu  á  la  realidad, 
encontraba  junto  á  mi  cama  los  tiernos  con- 


200 

suelos  de  una  hermana  de  la  Candad  y  los 
solícitos  cuidados  de  un  alférez  de  navio.  Y 
mi  tristeza  se  disipaba  al  ver  las  blancas  tocas 
de  un  ángel  y  el  honroso  uniforme  de  un 
oficial  de  nuestra  Marina  y  buen  amigo,  á 
quien  envió  este  recuerdo  de  afectuosa  grati- 
tud. La  santa  mujer  que  me  asistió  en  tan 
grave  enfermedad,  ¡Dios  sabe  á  dónde  su 
sagrado  ministerio  la  ha  llevado!  pero  puedo 
asegurar,  que  si  no  existe  en  la  tierra,  si  des- 
apareció de  los  hospitales  y  de  los  campos  de 
batalla  vivirá  en  el  cielo,  porque  es  la  mansión 
de  los  ángeles  que  vinieron  sólo  al  mundo 
para  ejercer  la  caridad  y  las  virtudes. 


CÓIDIOES 


BASILIO  PATRICIO.  Sobre  la  guerra  marí- 
tima: códice  en  griego,  del  siglo  XVI;  con  i6o  folios, 
estante  88. 

LUCIANO.  Códice  en  griego,  del  siglo  XV; 
que  se  compone  de  i6  tratados,  siendo  el  primero  «de 
los  navíos)),  estante  88. 

ONEXANDRO.  Combates  navales:  códice  en 
griego,  del  siglo  XVI;  estante  89. 

EL  EMPERADOR  LEÓN.  Combates  navales: 
códice  en  griego,  del  siglo  XVI;  estante  89. 


201 


SERENO  DE  ANTISA.  Secciones  cilindricas  y 
cónicas  en  once  libros  y  cuatro  tratados  más  sobre 
matemáticas,  siendo  el  último  de  la  esfera  y  del  cilin- 
dro, por  Arquímides:  códice  en  griego  con  246  folios, 
del  siglo  XVI;  estante  88. 

EUCLIDES.  Elementos  de  óptica  y  catóptrica: 
códice  en  griego,  con  287  folios,  del  siglo  XVI;  es- 
tante 91. 

STRABON.  Geografía:  códice  griego  en  vitela, 
del  año  1428;  estante  91. 

MÉTODO  DE  CÁLCULO  ALGEBRAICO:  có- 
dice en  griego  con  52  folios,  del  siglo  XIV,  estante  02. 

LA^NAVEGACION  DE  JASON:  códice  en  grie- 
go con  viñetas;  expedición  de  los  argonautas  (en  cuya 
época  se  inventó  la  nave  longa:  también  en  un  códice 
de  los  escritos  de  San  Julián  hay  dibujadas  tres  naves 
de  las  que  se  usaban  en  tiempos  del  Rey  Wamba.) 

VARIOS  códices  griegos  de  astronomía,  geografía 
é  historia:  (en  los  estantes  del  86  al  94.) 

TZETZES.  Escolios  sóbrela  Haliéutica;  poema 
de  la  pesca,  de  Oppiana:  códice  en  griego  del  si- 
glo XVL 

CATÁLOGO  por  índice  alfabético  de  escrito- 
res arábigos,  de  astronomía  y  matemáticas:  códice 
CMLXXX,  arábigo;  año  812  de  la  egira. 

CARTAS  GEOGRÁFICAS:  códice MDCXXXV, 
arábigo. 

ITINERARIOS  de  África,  Egipto  y  Siria,  por 
Abu  Mohamad,  Alabderite  y  Ben  Rascid,  Ben  Ahamad 
Alnauschrisi,  en  lengua  arábiga. 

COSMOGRAFÍA,  por  Abí  Alí  Ben  Alzeiat:  có- 
dice arábigo. 

NOMBRES  Y  ESCRITOS  de  varios  sabios  y  de 

26 


202 


varones  eminentes,  no  sólo  en  filosofía,  sino  en  mate- 
máticas y  astronomía:  códice  arábigo. 

DE  ASTRONOxMÍA,  por  Abdalla  Ebn  Alracam: 
códice  arábigo.  (Fué  geómetra  y  astrónomo  célebre; 
escribió  unas  tablas  astronómicas  acomodadas  al  cielo 
español  y  un  libro  de  varios  instrumentos  de  matemá- 
ticas, perfeccionados  é  inventados  por  él.) 

MATEMÁTICAS,  por  Abu  Bahar  Ibun  Chalson 
y  Alí  Ben  Solimán  Abulhasen;  en  lengua  arábiga. 

Hay  79  códices  arábigos  de  matemáticas,  astro- 
nomía, astrología  y  meteorología.  (Véase  la  Biblioteca 
arábigo-escurialense.) 

DE  GEOGRAFÍA,  siete  códices  arábigos.  (Véase 
el  tomo  II  de  Casiri.) 

HALY  HEBEN  RAGEL,  de  astrología  y  tra- 
tado de  composición  del  astrolabio:  códice  de  principios 
del  siglo  XIV,  en  latin  y  con  174  folios;  estante  J,  plú- 
teo 2.°  Hay  otro  códice  de  astrología  del  mismo  autor. 

ABRAHAM  ABEN  HEZRA.  Juicios  de  las 
estrellas  (que  compuso  en  el  año  de  1 148):  códice  del 
siglo  XV,  escrito  en  lemosin;  consta  de  177  folios;  es- 
tante N,  plúteo  I."  Fué  Aben  Hezra  astrónomo  é  in- 
ventor, según  Hilarión  Altobel  Sem,  del  modo  de 
dividir  la  esfera  celeste  por  medio  del  ecuador  en  dos 
partes  iguales.  En  el  tomo  I  del  catálogo  de  manus- 
critos del  Vaticano  se  hace  detallada  mención  de  todos 
los  códices  manuscritos  de  este  célebre  hebreo,  exis- 
tentes en  dicha  Biblioteca.) 

Los  árabes  instituyeron  los  observatorios 
astronómicos,  y  á  D.  Alfonso  el  Sabio  debe- 
mos la  corrección  de  las  tablas  Ptolomáicas, 
formando   las  conocidas  con   el  nombre  de 


203 


Alfonsinas,  en   las  que   se  usaron  las  cifras 
aritméticas  árabes,  en  ve/  de  las  romanas. 

SAN  ISIDORO.  Todas  las  obras  en  latin  de 
este  sabio  Obispo  español  y  entre  ellas  una  en  un  có- 
dice en  vitela,  del  siglo  VIII,  muy  curiosa,  Itinera- 
riiim  maritimiim  Imperatoris  Aiitonini  Ag.  iit  navi- 
gans  qua  littora  tenens  nosse  debeat  aut  qua  ambire 
incipiens  á  Gadibus  vel  extrema  África  perdocet 
feliciter:  estante  R,  plúteo  2.° 

SAN  ISIDORO.  Libro  de  astronomía  en  latin: 
códice  en  vitela,  con  69  folios,  de  fines  del  siglo  XIV; 
estante  K,  plúteo  i.° 

DESCRIPCIÓN  del  mapa  mundi  por  islas,  ma- 
res, regiones  y  provincias:  códice  en  castellano  del  si- 
glo XII,  en  vitela;  estante  F,  plúteo  i.° 

DE  LOS  PLANETAS.  Tratado  de  la  esfera, 
por  Juan  de  Sacroboscho;  aritmética  práctica,  por  Juan 
Almano;  tratado  de  geometría  (anónimo.)  Todos  estos 
tratados  escritos  en  latin,  están  en  un  códice  de  media- 
dos del  siglo  XV,  con  144  folios;  estante  O,  plúteo  2." 

DE  ASTRONOMÍA  y  tablas  astronómicas:  có- 
dice en  latin,  del  siglo  XIV,  en  vitela  y  con  figuras 
muy  bien  delineadas;  estante  O,  plúteo  2." 

DISCURSO  sobre  el  planiferio  celeste,  por  Mr.  de 
la  Hiré.  Descripción  del  globo  terrestre.  M.  S.  de  los 
siglos  XVI  y  XVII;  estante  L,  plúteo  i." 

JUAN  DE  SACROBOSCHO.  Tratado  de  la 
esfera;  de  los  planetas:  tablas  astronómicas:  códice  en 
latin  con  ii3  folios;  del  siglo  XV,  estante  &,  plú- 
teo 4.° 

TRATADO  ASTRONÓMICO,  escrito  por  Cor- 
nelio  Hust,  en  latin;  año  de  i455;  estante  U,  plúteo  2." 


204 


TRATADO  DE  ASTRONOMÍA  de  Peresio: 
códice  de  principios  del  siglo  XIV;  estante  S,  plú- 
teo 3." 

FAVIO  VEGECIO  RENATO.  Preceptos  de  la 
guerra  naval:  códice  en  latin;  en  vitela  con  78  folios  y 
del  siglo  XIII:  estante  L,  plúteo  3.° 

ASTRONOMÍA  Y  MATEMÁTICAS.  Varios 
tratados  de  Ptolomeo  y  otros  autores  griegos:  códice  en 
folio  máximo,  en  castellano  y  del  siglo  XVII:  estante 
K,  plúteo  i.° 

TRATADOS  DE  ASTRONOMÍA,  copiados  de 
un  códice  de  Alcalá  de  Henares  que  se  hizo  para  el 
Rey  D.  Alfonso.  Esta  copia,  hecha  para  el  Príncipe 
D.  Carlos,  tiene  las  figuras  astronómicas  é  hidráu- 
licas, hechas  por  Juan  de  Herrera:  estante  H,  plú- 
teo i.° 

FRANCISCO  HILARIO.  Tratados  de  cosmo- 
grafía; formulario  de  navegación,  con  figuras  de  los 
instrumentos  hechas  de  pluma;  artificios  de  fuego  y 
modo  de  hacerlos;  códice  escrito  en  francés  y  de  prin- 
cipios del  siglo  XVI:  consta  de  449  folios;  estante  &, 
plúteo  4."  Hay  otro  códice  de  dicho  autor  en  el  mismo 
estante  y  trata  de  geometría  y  matemáticas  en  general. 

ANTONIO  DE  VILLALOBOS.  De  la  esfera; 
manuscritos  del  siglo  XVII,  en  castellano. 

TRATADO  DE  ASTRONOMÍA  teórica  y  prác- 
tica: códice  de  fines  del  siglo  XVI,  en  latin;  consta  de 
134  folios:  estante  K,  plúteo  3." 

CARTA  que  el  Almirante  D.  Fadrique  Enriqucz, 
envió  al  autor  de  las  respuestas  quincuagenas,  hablan- 
do de  los  males  de  España  y  de  la  causa  de  ellos;  con 
la  respuesta  del  mismo  autor:  códice  en  castellano  del 
siglo  XV:  estante  Y,  plúteo  2.^' 


205 


REPRESENTACIÓN  de  Pedro  Piner  al  Rey, 
dándole  cuenta  del  mal  estado  de  la  armada  en  Dun- 
e^uerque,  medios  de  repararla  y  necesidad  de  fortiñcar 
el  puerto  de  Ostende:  estante  L,  plúteo  i.°,  códice  en 
castellano. 

QUERELLA  dada  al  Papa  Julio  III  sobre  la 
persecución  de  una  nave  siciliana  por  otras  francesas  y 
su  respuesta.  Querella  sobre  naves  dada  por  el  Maris- 
cal Strozzi;  en  italiano.  Hay  otros  varios  escritos  del 
Mariscal  Strozzi  y  uno  con  las  razones  que  expone  en 
virtud  de  las  cuales  ha  salido  á  campaña;  códice  del 
siglo  XVI,  estante  L,  plúteo  i.° 

CUENTAS  de  las  partidas  de  dineros  que  tenia 
recibidos,  Juan  Bautista  Gesio  (matemático  del  Rey 
D.  Felipe  II  y  autor  de  varios  escritos  acerca  de  Por- 
tugal, véanse  en  la  parte  V  del  capítulo  IV).  Varias 
minutas  de  las  cantidades  entregadas  á  Gesio  por 
Francisco  de  Villanías  para  el  gasto  del  descargo  de  los 
bastimentos  de  la  Armada  de  S.  M.  en  Santander: 
códice  en  castellano  del  siglo  XVI;  estante  P,  plú- 
teo r.° 

DECLARACIÓN  del  estandarte  de  la  armada  tur- 
ca, tomado  en  la  batalla  de  Lepanto,  hecha  por  Luis 
del  Mármol:  códice  en  castellano:  estante  Y,  plúteo  2.« 

DESCRIPCIÓN  de  las  costas  y  puertos  de  Eu- 
ropa; códice  en  italiano;  de  fines  del  siglo  XVI;  estante 
H,  plúteo  S.'' 

FRANCISCO  MARCHÍS.  Defensa  de  costas; 
códice  del  siglo  XVI,  con  29  láminas;  estante  F,  plú- 
teo 3.° 

MAPAS  de  España  y  Portugal.  Son  21  y  están 
hechos  con  pluma:  códice  del  siglo  XVI,  con  20  folios; 
estante  K,  plúteo   i.° 


206 

JUAN  AVELLO  DE  VALDES.  Diccionario 
náutico  ó  prontuario  marítimo  dedicado  al  Rey  Don 
Carlos  II  y  escrito  en  el  año  de  ibjS:  códice  en  folio 
mayor,  en  castellano;  estante  P,  plúteo  i  .'^ . 

Los  códices  de  ciencia,  historia  y  arte 
militar  de  que  nos  hemos  ocupado  en  el  capi- 
tulo IV,  interesan  lo  mismo  á  la  Marina  que 
al  Ejército,  é  igualmente  las  viñetas  y  pintu- 
ras que  hay  en  algunos,  representando  com- 
bates, figuras  de  héroes  y  máquinas  de  guerra, 
y  sólo  consignamos  en  este  capitulo  V  los 
que  tienen  más  intima  ó  especial  relación  con 
los  conocimientos  peculiares  de  la  Marina  en 
sus  diferentes  divisiones. 


CAPITULO  VI 

HACIENDA 

Y    ESTADÍSTICA 


La  estadística  nos  revela  con  la  exactitud 
matemática  de  sus  cifras  la  verdadera  situa- 
ción ó  estado  físico,  moral  é  intelectual  de  los 
pueblos.  El  censo  de  población  y  el  de  sus 
productos  naturales  ó  industriales  nos  de- 
muestran la  riqueza  de  un  país;  los  datos 
estadísticos  de  su  instrucción  y  criminalidad 
nos  descubren  sus  condiciones  morales,  su 
cultura  y  aptitudes  científicas  y  sociales.  La 
estadística  es  un  fiel  resumen  del  progreso  que 
señala  y  aprecia  en  todos  sus  detalles  la  mayor 
ó  menor  civilización  de  un  pueblo. 

Las  deducciones  estadísticas  enseñan  to- 
dos los  defectos  del  pasado,  trazan  las  sendas 


208 

del  porvenir  y  conducen  á  la  perfección  que 
constituye  el  verdadero  progreso  material, 
científico  y  político.  Ante  la  inflexible  lógica 
de  la  estadística  y  ante  la  verdad  de  sus  gua- 
rismos se  derrumban  las  hipótesis,  se  desva- 
necen las  teorías,  se  modifican  los  juicios  y  no 
es  posible  la  ideali{acio¡i  ni  el  predominio  de 
las  doctrinas  apasionadas  que  el  entusiasmo 
irreflexivo  ó  el  cálculo  interesado  quieren  á 
veces  imponer. 

La  estadística  todo  lo  examina  y  lo  com- 
para sin  prevención  y  sin  pasiones;  eclecticis- 
mo prudente  y  razonado  que  hace  imposibles 
ciertas  discusiones  teóricas,  porque  sólo  juzga 
los  hechos  concretos  y  reales  con  la  severidad 
matemática  de  los  números  más  verdadera 
siempre  que  los  juicios  de  los  hombres. 

Es  la  estadística  analítica  y  sintética  y  al 
precisar  la  verdad,  revelando  la  aplicación 
práctica  de  los  hechos,  abre  entonces  ancho  y 
fecundo  campo  á  todas  las  deducciones,  con- 
tribuye al  desarrollo  de  la  ciencia  y  al  bien- 
estar de  los  pueblos;  exige  profunda  reflexión 
y  buen  criterio,  porque  no  es  como  por  des- 
gracia acontece  con  algunos  datos  estadísticos, 
inútil  exposición  de  números  ó  vana  curiosidad 
de  cifras  que  nada  indican  y  para  nada  sirven. 

Por  la  estadística  conocemos  las  causas 


209 

que  impiden  la  prosperidad  de  la  industria,  la 
paralización  del  comercio,  la  ruina  de  la  agri- 
cultura, el  progreso  de  las  ciencias,  el  desen- 
volvimiento de  las  artes,  la  insalubridad  de 
los  climas,  el  desenfreno  de  las  pasiones,  la 
criminalidad  de  los  pueblos  y  su  falta  de  apti- 
tudes para  el  ejercicio"  de  sus  derechos  y  para 
la  práctica  de  los  deberes;  todo  lo  investiga, 
comprende  y  esclarece,  porque  todo  es  de  su 
dominio. 

En  el  Ejército,  lleva  minuciosa  cuenta  de 
los  adelantos  y  reformas  que  es  preciso  in- 
troducir, en  armonía  con  la  observación  y  con 
la  esperiencia,  en  el  arte  de  la  guerra  y  en 
todo  lo  que  se  refiere  al  material  y  personal 
de  los  ejércitos. 

La  estadística  sigue  al  soldado  desde  que 
ingresa  en  las  filas,  le  vigila  y  le  ampara  en 
el  cuartel,  en  los  campamentos,  en  la  paz  y 
en  los  combates.  La  estadística  hace  un  estu- 
dio comparativo  de  la  salud  de  las  tropas  y 
de  sus  dolencias,  ocupándose  de  su  higiene, 
de  sus  enfermedades  y  de  las  consecuencias 
de  estas  que  son  la  inufilidad  ó  la  muerte.  Y 
véase  cómo  la  estadística  sanitaria  se  halla  ín- 
timamente relacionada  no  sólo  con  la  medi- 
cina, con  la  política  y  la  filosofía,  sino  con  la 
ciencia  en  general  demostrándonos  que  todos 

27 


210 

los  sacrificios  pecuniarios  y  todos  los  gastos  que 
para  la  salud  del  soldado  hacen  los  gobiernos, 
son  gastos  reproductivos  que  compensan  con 
creces  los  adelantos  hechos,  porque  conservan 
su  existencia;  y  recordemos  lo  que  dice  Legouest 
«economizar  la  vida  de  los  hombres,  es  el  me- 
jor medio  de  aumentar  la  riqueza  pública.» 

El  estudio  de  las  diferentes  localidades  es 
de  muchísimo  interés,  y  siempre  se  ha  dado 
en  España  gran  importancia  á  las  observa- 
ciones topográficas,  bajo  el  punto  de  vista 
geográfico,  militar  y  médico.  De  las  úhimas 
tendremos  ocasión  de  tratar  en  el  cap.  VII, 
mencionando  entonces  y  entre  otros,  un  pre- 
cioso códice  de  la  Biblioteca  del  Escorial  es- 
crito en  el  siglo  XIII,  del  que  se  ocupó  yá  Pi- 
quer  en  el  siglo  pasado,  con  merecido  elogio, 
y  de  cuya  obra,  que  consideramos  de  gloria 
nacional,  dice  también  con  justicia  Morejon 
«que  es  tal  vez  la  primera  que  hay  en  Europa 
de  medicina  patria  y  topografía  médica:»  con 
este  motivo,  en  una  de  esas  características 
esplosiones  del  genio  y  de  su  orgullo  nacional, 
tantas  veces  y  tan  injustamente  lastimado  es- 
clama: ramo  en  que  han  sobresalido  en  tiem- 
pos posteriores  los  españoles,  (q^ara  confusión 
y  vergüenza  de  los  que  han  dicho  que  desco- 
nocemos la  tierra  que  pisamos. » 


211 


La  estadística  bibliográfica  nos  señala  el 
movimiento  literario  de  los  pueblos  y  es  muy 
interesante  la  estadística  de  la  ciencia,  porque 
escribe  todos  sus  progresos  en  los  catálogos 
de  sus  libros. 

¡A  cuántas  consideraciones  se  presta  el 
movimiento  bibliográfico  de  un  pais!  Su  bi- 
bliografía basta  muchas  veces  para  darnos  un 
conocimiento  exacto  de  su  prosperidad:  en  su 
bibliografía  se  consigna  el  verdadero  progreso 
que  emancipa  á  los  pueblos  de  la  servidum- 
bre de  la  ignorancia,  y  esta  es  quien  le  hace  es- 
clavo de  todas  las  tiranías. 

La  revolución  de  las  ideas,  los  combates 
de  la  inteligencia  y  sus  conquistas,  son  las 
únicas  revoluciones  provechosas,  no  las  luchas 
miserables  de  los  partidos,  ni  los  motines  de 
las  masas  desbordadas,  sin  ley  y  sin  razón,  á 
impulsos  de  sus  instintos  y  pasiones. 

Sólo  con  leer  la  estadística  bibliográfica 
de  Alemania,  compréndemeos  las  condiciones 
de  su  progreso  y  vislumbramos  para  el  por- 
venir el  perfeccionamiento  y  consolidación  de 
todos  los  derechos  á  que  es  acreedor  un  pue- 
blo cuando  tiene,  con  su  instrucción  y  cultura, 
las  bases  fundamentales  necesarias  para  con- 
servarlos y  la  conciencia  de  sus  actos  para 
ejercerlos.   Resulta  de  los  documentos  publi- 


212 

cados  últimamente  en  Leipzig,  que  el  número 
total  de  obras  y  ediciones  nuevas,  inscritas  en 
el  Registro  oficial  que  comprended  Alemania, 
Austria  y  Suiza,  durante  un  decenio  ha  sido 
de  1 14. 1 55,  lo  que  dá  un  término  medio 
anual  de  14,415.  Estos  datos,  y  las  deduccio- 
nes que  de  ellos  se  desprenden,  reflejan  el  ver- 
dadero estado  de  los  pueblos,  y  en  estas  cifras 
y  no  en  las  espansiones  de  la  fuerza  han  de 
buscar  su  prosperidad  y  bienestar. 

Italia,  Bélgica,  Alemania  y  hasta  Rusia, 
nos  enseñan  que  los  libros  son  las  bayonetas 
con  que  los  pueblos  conquistan  sus  liber- 
tades. 

En  la  Biblioteca  de  manuscritos  del  Es- 
corial, hay  diferentes  códices  estadísticos  que 
demuestran  la  importancia  que  yá  antigua- 
mente se  dio  en  España  á  estos  estudios;  es 
notable  el  Censo  de  Felipe  II:  obra  muy  cu- 
riosa en  siete  códices.  Hay  también  varios  de 
los  «títulos  de  España  y  de  sus  rentas,»  de 
los  «partidos  y  concejos  de  Galicia  y  de  algu- 
nas provincias  de  España» ;  «Catálogo  de  todos 
los  pueblos  de  Cataluña  y  Bailias  á  que  per- 
tenecen, etc. » 

De  Hacienda  hay  algunos  códices:  «enca- 
bezamientos de  ciudades  y  de  villas,  para  las 
diferentes  contribuciones,))  «derechos  de  adua- 


213 

ñas»  y"  es  interesante  la  Hacienda  española 
en  cuatro  códices. 

Siempre  se  ha  resentido  nuestra  Hacien- 
da de  la  falta  de  una  buena  administración  y 
tampoco  puede  florecer  donde  no  hay  paz. 
En  España  tenemos  poetas,  escritores  y  artis- 
tas como  en  ninguna  parte,  ciencia  al  nivel  de 
las  naciones  más  adelantadas  de  Europa,  va- 
rones eminentes,  hombres  profundos  en  todas 
las  carreras;  genio,  instrucción  y  erudición; 
pero  carecemos  de  industria;  nuestra  agricul- 
tura es  rutinaria^  vive  sin  amparo  ^  no  se 
fecundan  los  gérmenes  de  su  existencia,  y,  por 
último,  nos  faltan  hacendistas  y  políticos, 
aunque  abunde  el  número  de  los  que  siempre 
aspiran  á  regir  los  destinos  de  la  patria  y  sea 
su  inútil  abundancia  foco  constante  de  per- 
turbaciones y  de  envidias;  luchas  y  pugilatos 
de  medro  personal  que  no  interesan  al  pais 
y  con  los  cuales  nada  ganan  las  doctrinas, 
pierden  las  instituciones  y  empobrecen  nues- 
tra Hacienda. 

RELACIÓN  VERDADERA  de  todos  los  títulos 
que  hay  en  España,  rentas  de  cada  uno,  descendencias 
y  casas,  solares,  lugares  donde  tienen  sus  rentas,  etc., 
por  Pero  Nuñez;  año  iSgj:  códice  en  folio  mayor; 
estante  J,  plúteo  2.° 

FORMULARIO  de  todos  los  títulos  espedidos  á 


214 


las  dignidades  y  empleados  del  reino  de  Aragón  y 
Sicilia:  códice  de  principios  del  siglo  XVI,  con  187 
folios;  estante  K,  plúteo  2.*^ 

CATÁLOGO  DE  LOS  PARTIDOS  Y  CON- 
CEJOS c]ue  se  hallan  en  las  provincias  de  Orense, 
Mondoñedo,  Santiago,  Tuy,  Zamora,  Toro,  Falencia, 
Salamanca,  Avila,  etc. 

estadística  de  algunas  provincias  de  Espa- 
ña, comprendidas  en  los  reinos  de  Castilla  la  Vieja, 
León  y  Castilla:  códice  en  folio,  de  principios  del 
siglo  XVI;  estante  L,  plúteo  i.° 

CATÁLOGO  DE  TODOS  LOS  PUEBLOS  del 
principado  de  Cataluña  con  las  bailias  á  que  pertene- 
cen: códice  en  catalán,  del  siglo  XVII;  estante  J, 
plúteo  3." 

CENSO  DE  FELIPE  II  ó  descripción  de  los 
pueblos  de  España,  escrito  en  1574.  Es  autógrafo: 
siete  códices  muy  curiosos;  estante  J,  plúteo,  i.° 

GENERAL  GODIN.  Instrucción  para  arreglar 
la  Hacienda  en  los  Paises  bajos.  (Al  final  de  este  códice, 
escrito  en  francés,  se  encuentran  las  iniciales  del  autor): 
códice  de  principios  del  siglo  XVII;  estante  L,  plú- 
teo  i.° 

INSTRUCCIÓN  para  los  jefes  de  Hacienda  pú- 
blica. Hay  en  estos  códices  varios  tratados  y  algunos 
de  ellos  de  Hacienda  pública;  estante  L,  plúteo  i.° 

SOBRE  HACIENDA  ESPAÑOLA:  cuatro  có- 
dices; estante  L,  plúteo  2.° 

FRANCISCO  DE  SALABLANCA.  Dictamen 
de  la  Junta  de  Hacienda,  proponiendo  los  medios  de 
mejorarla,  suscrito  en  26  de  Agosto  de  1564  por  Pero 
Luis  de  Torregrosa,  Pedro  Ortiz  del  Rio,  Mateo  de 
Ferro  y  Gaspar  de  Pons. 


215 


TANTEO  GENERAL  del  cargo  y  data  de  toda 
la  Hacienda  ordinaria  y  extraordinaria  que  S.  M.  tiene 
en  estos  reinos  de  Castilla  y  en  los  tres  estados  de 
Italia,  desde  el  mes  de  Enero  de  este  año  de  1594, 
hasta  ñn  de  iSgg,  con  lo  que  en  estos  reinos  se 
debe  de  recojer  d3  años  pasados  hasta  fin  de  1593. 

Los  dos  manuscritos  anteriores  con  3y  más,  de 
varios  asuntos  y  algunos  de  ellos  referentes  á  Hacienda 
y  Estadística,  pertenecen  á  un  códice  que  ocupa  el 
estante  L,  plúteo  i." 

ENCABEZAMIENTO  de  las  ciudades  y  villas 
de  España  para  las  diferentes  contribuciones  que  pa- 
gaban por  los  años  de  1450  y  siguientes:  estante  L, 
plúteo  I.'' 

DERECHOS  de  aduanas  y  gabelas  del  reino  de 
Ñapóles:  códice  en  italiano,  de  mediados  del  siglo  XVI; 
estante  M,  plúteo  i." 

MEMORIA  sobre  los  abastos  de  Ñapóles;  destino 
del  granero,  etc.;  Memoria  sobre  el  pan  de  Ñapóles; 
Respuesta  á  una  consulta  hecha  por  la  junta  de  los 
Bancos  en  que  pide  se  erija  algunos  de  ellos  en  Monte 
de  piedad:  códice  de  principios  del  siglo  XVI;  estan- 
te N,  plúteo  3.° 

PROPOSICIONES  hechas  á  S.  M.  sobre  la  intro- 
ducción de  los  Erarios  en  los  reinos  de  España,  con  la 
solución  á  las  oposiciones  hechas  por  el  Comendador 
mayor  de  Castilla  D.  Juan  de  Zúñiga.  Ejemplos  del 
empleo  del  capital  y  lo  que  produce  empleado  veinte 
veces:  códice  de  fines  del  siglo  XVI;  estante  L,  plúteo  i  .^ 

CAPÍTULOS,  de  cómo  se  debe  tomar  el  mara- 
vedí en  Aragón;  trata  también  este  códice  de  lo  que  se 
cobrará  según  el  capital  de  cada  uno  (ce Dado  en  Villa- 
franca  por  el  Rey  D.  Jaime»):  estante  J,  plúteo  3."* 


216 


VALOR  DE  LAS  MONEDAS  GODAS.  En 
el  folio  93  de  un  códice  de  leyes  visigodas  que  ocupa 
el  estante  K,  pliáteo  2.° 

En  los  demás  capítulos  de  este  libro  ha- 
cemos mención  de  varios  códices  de  historia, 
geografía,  medicina,  literatura  y  milicia,  en 
los  que  hay  curiosas  noticias  estadísticas  é 
interesantes  datos  de  nuestra  Hacienda,  refe- 
rentes no  sólo  á  España,  sino  de  diversos 
pueblos  que  nos  pertenecieron  en  otras  épo- 
cas: de  Alemania  é  Italia  y  de  nuestros  anti- 
guos dominios  de  Ultramar. 

Pudiéramos  haber  incluido  en  este  capí- 
tulo varios  de  los  códices  arábigos,  latinos  y 
castellanos,  de  bibliografía  que  hay  en  el  Esco- 
rial por  ser  verdaderas  estadísticas  bibliográfi- 
cas,  de  obras  científicas  y  literarias  y  de  varo- 
nes ilustres  en  la  Ciencia,  pero  creemos  más 
acertada  la  colocación  de  dichos  códices  en  el 
capítulo  X,  donde  nos  ocuparemos  de  algunos 
manuscritos  curiosos  y  literarios,  y  sólo  hare- 
mos constar  ahora,  entre  otros,  la  existencia 
de  un  códice  de  Gabriel  de  la  Vega,  titulado 
«Catálogo  de  los  varones  doctos  que  ha  tenido 
España,  lugar  en  que  cada  uno  nació  y  obras 
que  han  dado  á  la  prensa;»  estante  L,  plú- 
teo 3.^ 


CAPITULO  VII 


MEDICINA 


PARTE  PRIMERA 


CONSIDERACIONES  GENERALES 


La  Historia  nos  demuestra  que  la  vida 
de  las  naciones,  cual  la  vida  de  los  individuos, 
ha  estado  sujeta  á  determinados  períodos  ó 
edades  de  crecimiento,  desarrollo,  descenso  y 
decrepitud.  Los  pueblos  donde  más  brillaron 
las  manifestaciones  de  la  inteligencia  y  los 
primeros  destellos  de  la  sabiduría  los  encon- 
tramos luego  sumidos  en  el  más  lamentable 
atraso. 

En  Grecia,  cuna  de  las  ciencias  y  de  las 
artes,  nació  la  Medicina;  Egipto,  Roma,  las 
escuelas  árabes  de  España  y  los  médicos  he- 
breos-españoles, son  los  faros  luminosos  que 
señalan  después  el  desarrollo  progresivo  de 


218 

los  estudios  médicos,  siempre  en  armonía  con 
la  civilización  de  los  pueblos.  Francia  é  Ingla- 
terra representan  mucho  más  tarde  que  Es- 
paña é  Italia  el  apogeo  de  la  ciencia. 

Hasta  fines  del  siglo  pasado  luchan  Fran- 
cia é  Inglaterra  para  alcanzar  los  laureles  de 
la  preponderancia  médica;  pero  esta  última 
sale  vencedora  en  la  contienda  á  fuerza  de 
desvelos,  de  originalidad  y  sencillez  en  sus 
estudios,  de  valentía  en  su  práctica  y  de  rec- 
titud en  sus  propósitos. 

Dos  grandes  pueblos  pretenden  en  la  ac- 
tualidad arrebatar  á  todos  los  demás  las  glorias 
del  saber  humano  y  las  creaciones  del  genio; 
estos  dos  pueblos  son  los  Estados-Unidos  de 
América  y  la  Alemania;  el  uno  es  joven  toda- 
vía, pero  siente  yá  circular  la  savia  vivificadora 
del  progreso  intelectual  en  toda  su  plenitud, 
y  el  otro  es  el  centro  de  la  inteligencia  y  del 
pensamiento,  que  esparce  hoy  su  iniciativa 
científica  por  todo  el  mundo. 

Italia  y  Francia  contribuyen  también 
con  sus  adelantos  á  tan  regeneradora  obra 
de  realismo  práctico  y  de  bella  idealización 
teórica,  pues  el  espiritualismo  y  el  mate- 
rialismo fecundizan  ambos  de  igual  manera 
las  conquistas  intelectuales  y  legítimas  aspi- 
raciones   de   la   sociedad   moderna,   que    no 


219 

puede  romper  aun  con  crisis  violentas  los 
vínculos  con  que  su  civilización  está  ligada 
al  espíritu  de  otras  épocas  y  á  las  exigencias 
de  las  antiguas  sociedades.  El  separar  estos 
lazos  de  unión  entre  las  doctrinas  de  ayer  y 
las  ideas  de  hoy,  no  es  obra  de  un  dia,  como 
no  lo  es  en  el  mundo  físico  conseguir  sin 
peligro  para  su  existencia  la  desordenada  pre- 
cipitación de  las  evoluciones  orgánicas,  el 
anticipado  crecimiento  de  las  plantas  y  los 
forzados  adelantos  de  las  edades  del  hombre. 
El  progreso  se  realiza  por  sucesivas  gra- 
daciones, y  así  como  varían  las  ciencias, 
lengua,  carácter  y  costumbres  según  los  pue- 
blos, razas,  climas  y  educación,  y  del  mismo 
modo  que  cada  pájaro  tiene  su  canto  peculiar 
y  fabrica  su  nido  según  sus  hábitos  é  instintos, 
también  las  razas  humanas  se  caracterizan 
por  sus  diferencias  físicas,  morales  é  intelec- 
tuales y  tienen  las  naciones  distintas  necesi- 
dades del  momento  ó  para  el  porvenir,  criterio 
político  diverso  y  diferentes  constituciones 
adecuadas  á  su  organización  social.  La  into- 
lerancia científica  ha  terminado  yá,  y  con  ella 
los  mártires  de  la  ciencia,  que  han  visto  en  la 
muerte  del  exclusivismo  la  epopeya  de  su 
resurrección,  como  el  esclavo  ve  en  la  libertad 
su  nueva  vida.  Por  pensar  Galileo  lo  contrario 


220 

de  lo  que  la  razón  católica  creía,  le  juzgó  el 
fanatismo  de  su  época,  concienando  su  heregía 
y  la  intransigencia  de  Calvino  llevó  á  la  ho- 
guera á  Miguel  Sérvete  por  haber  tenido  este 
médico  español  suficiente  valor  y  talento  para 
impugnar  sus  doctrinas  y  destruir  sus  argu- 
mentos. 

Los  que  niegan  el  examen  de  todas  las 
ideas,  los  que  aspiran  á  que  la  sociedad  per- 
manezca estacionaria  condenando  su  progreso, 
se  olvidan  de  que  la  perfección  es  el  bien. 
Pretender  que  el  progreso  se  detenga  es  desear 
que  las  plantas  crezcan  solas,  que  los  árboles 
no  se  poden,  sus  raices  no  se  rieguen  y  que  la 
ciencia,  en  fin,  no  descienda  sobre  el  mundo 
vegetal,  animal  é  intelectual  para  darle  vida  y 
desarrollo,  como  desciende  la  religión  hasta 
la  conciencia  para  educar  el  sentimiento  moral 
embelleciendo  el  alma. 

La  voluntad  del  hombre  es  insfintiva, 
pero  perfeccionándose  con  el  cultivo  de  la 
inteligencia,  constituye  la  voluntad  racional 
que  le  distingue  del  niño  en  quien  la  voluntad 
es  sólo  la  impulsión  primitiva  del  instinto  ó 
de  una  necesidad  orgánica;  la  satisfacción  de 
un  deseo  sin  ra^on  que  lo  motive  ni  criterio 
que  lo  modere. 

La  naturaleza,  apesar  de  regirse  por  leyes 


221 

físicas  y  principios  determinados,  perfecciona 
cada  dia  su  existencia.  Y  asi  como  en  el  reino 
vegetal  con  los  cuidados  é  instrucción  agrí- 
cola, crecen  las  plantas,  se  evitan  su  extinción 
y  su  atrofia,  se  escogen  las  semillas,  se  inger- 
tan  sus  frutos,  se  multiplican  las  especies  y  se 
propagan  en  todos  los  climas  y  en  distintas 
latitudes,  en  el  reino  animal  se  mejoran  las 
castas,  se  cruzan  las  razas,  se  da  calor  y  vida 
á  las  aves,  peces  y  mariscos  por  medios  arti- 
ficiales, sorprendiendo  á  la  naturaleza  sus 
secretos  que  van  á  buscarse  en  su  estudio 
fisiológico,  en  la  fecundación  y  desarrollo  de 
los  huevos  y  en  el  fondo  de  los  mares  ó  entre 
el  limo  de  las  rocas. 

Pues  esta  perfección  en  todo  es  del  doini- 
1110  científico  de  la  ra{on  humana,  es  el  pro- 
greso, que  no  se  opone  á  las  leyes  naturales, 
sino  que  es  una  consecuencia  legitima  de 
ellas.  Y  el  progreso  no  se  aparta  de  la  tradi- 
ción en  lo  religioso,  porque  se  halla  en  la 
moral  del  catolicismo,  refleja  las  doctrinas  de 
Jesús,  vive  en  la  Iglesia  y  le  realiza  el  hombre 
por  los  medios  con  que  Dios  le  ennobleció  al 
crear  la  inteligencia,  que  es  su  obra  más  per- 
fecta; recordemos  á  este  propósito  lo  que  dice 
el  P.  Ventura  Ráulica  en  su  filosófico  libro 
«La  razón  católica,»  cuando  exclama:  «todos 


222 


los  dogmas^  todas  las  leyes,  todos  los  sacra- 
mentos, todas  las  instituciones  del  cristianismo 
tienden  á  reformar  al  hombre,  á  elevarle,  á 
santificarle,  á  perfeccionarle  y  hacerle  más 
feliz.»  Pues  este  es  el  progreso  y  estos  sus 
legítimos  propósitos,  reformar  la  sociedad 
moralizándola  y  hacer  dichoso  al  hombre  per- 
feccionando su  inteligencia  y  los  sentimientos 
del  alma. 

La  razón  científica  busca  la  verdad  y 
certeza  de  los  hechos  por  medio  del  análisis. 
Necesita  el  libre  examen  y  no  se  impone  de 
un  modo  tiránico.  No  deben  confundirse  sus 
tendencias  y  propósitos  con  la  exageración 
metafísica  é  infundadas  pretensiones  de  un 
racionalismo  que  pretenda  destruir  con  la 
demoledora  piqueta  de  las  negaciones,  todas 
las  bases  sociales,  queriendo  borrar  de  una 
plumada  los  anales  de  la  humanidad  y  el  fun- 
damento de  toda  certeza  con  sus  dudas.  No 
son,  no  pueden  ser  estas  las  atribuciones  de 
la  razón  científica,  queremos  que  imperen 
la  verdad  y  la  razón,  nó  el  dominio  exclusi- 
vista, ó  la  intransigencia  sistemática  de  las 
diferentes  escuelas,  ni  tampoco  el  excepticis- 
mo  y  la  duda  en  filosofía,  en  política,  en  his- 
toria, en  literatura  y  en  religión,  como  lo  han 
intentado  los  que,  traspasando  los  límites  de 


223 

la  razón  científica,  lo  han  profundizado  todo 
con  el  escalpelo  de  imposibles  investigaciones, 
y  en  la  impotencia  del  conocimiento  de  algu- 
nos hechos  los  han  negado  extraviando  á  ve- 
ces las  doctrinas  con  los  apasionados  fallos 
de  una  critica  imposible  ó  con  absurdas 
teorías.  Y  véase  cómo  ciertas  doctrinas,  al 
parecer  materialistas^  hijas  de  un  racionalis- 
mo llevado  á  la  exageración,  nos  conducen 
al  más  ciego  idealismo.  Los  ricos  de  imagina- 
ción, en  su  exhuberancia  de  aptitudes,  se  con- 
funden con  los  pobres  de  espíritu;  la  plenitud 
y  el  exceso  desordenado  de  las  facultades  in- 
telectuales determinan  también  el  extravio 
de  la  razón  y  pueden  dar  los  mismos  frutos 
que  la  atrofia  de  la  inteligencia.  La  sobra  de 
razón  y  la  falta  de  criterio  producen  entonces 
iguales  resultados,  y  muchas  veces  el  fanatis- 
mo y  el  racionalismo  se  parecen  en  sus  con- 
secuencias y  en  nada  se  distinguen,  causando 
grave  daño  á  la  humanidad  y  á  la  ciencia. 

Hé  aquí  las  dos  tendencias  dominantes  en 
la  medicina  antigua  y  en  la  época  actual. 
Ciencia,  superstición  y  fanatismo  unidos  antes 
en  fatal  consorcio,  olvido  absoluto  é  inconve- 
niente hoy  de  las  fuerzas  vitales,  predominio 
exagerado  de  las  leyes  físicas  y  químico- 
orgánicas. 


224 


En  medicina,  como  en  todo  y  cual  carác- 
ter distintivo  de  nuestra  sociedad,  que  si  se 
exagera,  puede  acarrear  funestos  males,  an- 
tes que  el  espíritu  la  materia. 


TARTE  SEGUNDA 


MEDICINA     GODA     EN     ESPAÑA.  —  LA     MEDICINA     ARABE- 

ESPAÑOLA    Y    LA    MEDICINA    DEL    PROFETA. 

MEDICINA    HEBREA    Y    ÁRABE. 

La  dominación  goda  en  España,  tuvo  á 
la  medicina  en  el  más  lamentable  atraso, 
pues  constituía  una  confusa  mezcla  y  abigar- 
rado conjunto  de  las  fantásticas  elucubracio- 
nes y  misteriosos  secretos  de  la  medicina  mi- 
tológica, en  unión  con  los  absurdos  de  la  ni- 
gromancia^ de  la  astrología  y  del  empirismo. 

La  medicina  de  los  godos,  que  no  reco- 
nocía una  base  científica,  no  pudo  dejar  en  Es- 
paña rastro  fecundo,  ni  huella  provechosa  de 
su  existencia.  Sólo  en  el  fuero  juzgo  que  tuvo 
origen  en  el  reinado  de  Sisenando  y  terminó 
Egica,  encontramos  consignados  los  deberes 
de  los  médicos,  pero  nada  beneficioso  ni  de 
interés  para  la  Historia  de  la  medicina   nos 


225 

ha  legado  la  dominación  de  los  godos  en  Es- 
paña; las  varias  prescripciones  del  fuero  juzgo 
relativas  á  la  medicina  operatoria,  son  tan 
depresivas  para  la  ciencia  como  para  el  ejer- 
cicio profesional. 

La  superstición  anuló  entonces  y  ha  ex- 
clavizado  después  á  la  ciencia.  La  magia  y  la 
astrología,  apoderándose  de  la  medicina  é 
impresionando  á  los  pueblos,  impusieron  las 
creencias  de  un  poder  maravilloso  y  sobre- 
natural. Y  esa  credulidad  supersticiosa  no  obe- 
decía á  un  criterio  filosófico  masó  menos  fun- 
dado, era  sólo  la  superstición  de  la  ignorancia, 
mientras  que  las  doctrinas  de  nuestros  médi- 
cos hebreos  y  las  de  los  árabes  en  España 
fueron  hijas  de  la  observación  y  del  análisis,  y 
si  á  veces  encontramos  en  ellas  excesivo  fana- 
tismo por  ciertos  principios  y  sobra  de  entu- 
siasmo en  cosas  erróneas,  téngase  presente  que 
la  poesía,  descendiendo  á  torrentes  en  rauda- 
les de  inspiración,  imprimía  á  todas  las  crea- 
ciones del  genio  ese  tinte  dulce  y  poético,  esa 
velada  sombra,  reflejo  fiel  y  sello  caracterís- 
tico de  la  imaginación,  exaltada  unas  veces, 
melancólica,  abatida  é  indiferente  otras,  que 
hallamos  en  todas  las  obras  científicas  y 
artísticas,  legadas  á  España  por  los  árabes, 
ricos  tesoros   de   sus   recuerdos,  esparcidos 

29 


226 


por  doquier  en  los  admirables  monumen- 
tos levantados  durante  la  fecunda  época  de 
su  dominación  en  nuestro  suelo.  También 
la  poesía  bizantina  se  esculpió  en  piedra  y 
labró  después  los  abocelados  y  delgadísimos 
pilares  que  sostienen  los  apuntados  arcos 
y  esbeltas  bóvedas  de  arista  de  sus  sun- 
tuosas, elegantes  y  atrevidas  construcciones: 
armoniosa  combinación  arquitectónica  de  la 
poesía  y  de  la  ciencia,  de  la  estética  y  del 
cálculo,  que  quedó  consignada  luego  como 
gloriosa  página  para  la  historia  del  arte  y  de 
la  ciencia  reunidas,  en  las  bellas  filigranas  y 
finísimos  encajes  de  nuestras  catedrales. 

Pero  esa  poesía,  ese  delicado  sentimiento 
que  desde  el  principio  habia  difundido  las 
maravillas  del  genio  en  los  artistas,  estimu- 
lándoles al  progreso  y  á  la  perfección,  no  al- 
canzó á  la  medicina,  la  cual,  abdicando  toda 
razón,  desatendió  su  verdadera  base  filosófico- 
esperimental,  firme  apoyo  de  la  medicina 
griega  que  los  árabes  no  olvidaron  jamás.  La 
influencia  vertiginosa  del  sentimiento  y  de  la 
alucinación,  contenida  por  el  criterio  cientí- 
fico y  por  la  evidencia  de  la  certeza,  hizo  sen- 
sibles sus  efectos  y  consecuencias  en  las  obras 
de  arte  que  nos  ofrecen  la  estraña  y  sorpren- 
dente unión  del  idealismo  y  la  verdad  mate- 


227 


mática,  del  entusiasmo  irreflexivo,  limitado 
por  la  severidad  de  la  linea  geométrica,  enla- 
zados en  intimo  y  seductor  consorcio  para 
demostrar  Ja  fácil  existencia  del  arte  que  siente 
buscando  sólo  el  fin  estético  y  de  la  razón  que 
discurre,  discute  y  analiza,  apoyándose  en 
los  rígidos  y  fundamentales  principios  de  la 
ciencia. 

En  la  medicina  de  los  godos  no  hay  ver- 
dad, belleza  ni  ciencia:  hay  sólo  rutina,  igno- 
rancia y  superstición. 

En  Oriente  la  imaginación  inventó  lo  so- 
brenatural, y  el  sentimiento  desbordado  tras- 
pasa fácilmente  las  fronteras  de  la  razón,  para 
caer  en  el  dominio  de  los  absurdos;  pero  su 
origen,  como  el  de  la  mitología  griega  con  sus 
dioses,  su  Olimpo  y  sus  divinidades,  no  fué 
la  falta  de  razón,  sino  la  sobra  de  creencias; 
fué  la  excitación  que  perturba  la  inteligencia, 
de  igual  manera  que  la  excitación  nerviosa  de 
la  fiebre,  del  delirio,  de  la  embriaguez  y  de 
la  locura,  congestiona  el  cerebro  y  perturba 
sus  facultades. 

La  medicina  de  los  godos  es  la  imposición 
del  terror  y  el  imperio  de  la  fuerza  subyugada 
á  un  poder  sobrenatural,  mientras  que  la 
medicina  de  los  árabes  es  la  influencia  del 
sentimiento,  es  el  arte  que  halaga,  el  encanto 


228 

que  seduce,  la  maravilla  que  atrae,  el  filtro 
que  adormece,  la  nebulosidad  que  envuelve  el 
espíritu;  pero  que  se  disipa,  convence  y  per- 
suade, descubriendo  un  fondo  de  verdad  y  de 
certeza,  si  bien  á  veces  desciende,  para  ocultar 
lo  que  no  sabe,  á  rodearse  del  misterio  con 
que  entonces  y  en  todas  épocas  se  han  explo- 
tado la  credulidad  y  la  ignorancia.  Siempre  el 
vulgo  ha  sido  y  será  amante  de  lo  maravilloso 
y  entusiasta  de  aquello  que  no  le  es  fácil 
comprender  ni  posible  adivinar,  si  se  le  ofrece 
de  una  manera  fantástica  y  cubierta  con  im- 
penetrable velo,  que  despierte  su  curiosidad  y 
excite  su  deseo. 

Al  sepultarse  la  corona  de  D.  Rodrigo  en 
las  aguas  del  Guadalete,  se  derrumbó  el  trono 
de  los  godos  y  empezó  la  dominación  árabe 
en  España  con  una  nueva  era  de  ilustración 
y  de  progreso,  que  reflejándose  en  las  artes, 
en  la  agricultura  y  en  todas  las  ciencias,  al- 
canzó también  á  la  medicina  en  alto  grado  y 
volvió  ésta  á  germinar  y  á  florecer  lozana 
entre  los  claustros  de  sus  célebres  escuelas. 

Las  escuelas  árabes  de  Córdoba,  Sevilla, 
Granada  y  Toledo,  las  numerosas  bibliotecas  y 
academias  de  los  moros  en  España,  su  ilus- 
tración y  cultura  en  todos  los  ramos  del  saber 
humano,  los  preciosos  manuscritos  que  aún 


229 


se  conservan  como  joyas  de  gran  valor  para 
la  Historia  de  la  ciencia  en  general  y  para 
gloria  y  estudio  de  nuestra  literatura  médica 
en  todas  las  bibliotecas,  y  muy  especialmente 
en  la  del  Monasterio  de  San  Lorenzo  del 
Escorial,  nos  dicen  cuan  fecunda  y  honrosa 
fué  para  la  medicina  y  para  el  desarrollo  y 
progreso  de  todas  las  ciencias  la  dominación 
de  los  sarracenos  y  el  avasallador,  pero  al 
mismo  tiempo  ilustrado  poder  de  los  Califas. 

Si  el  fanatismo  y  las  preocupaciones,  las 
envidias  é  injustificada  critica  de  los  autores 
extranjeros  han  querido  rebajar  y  hasta  han 
negado  algunos  el  mérito  relevante  de  la 
medicina  arábigo-española,  téngase  presente 
cuan  inmensa  es  la  diferencia  que  existe  entre 
el  saber  de  nuestros  médicos  árabes  compa- 
rado con  los  conocimientos  y  estudios  de  los 
sectarios  de  Mahoma  en  general. 

La  medicina  de  los  árabes  en  España, 
reflejo  fiel  de  la  medicina  griega,  constituyó 
siempre  una  ciencia,  pero  la  medicina  del 
Profeta  despojada  de  todos  los  elementos  de 
progreso  y  sujeta  al  oscuro  y  reducido  límite 
de  las  creencias,  es  sólo  un  conjunto  de  las 
máximas,  consejos,  ejemplos  prácticos  y  pre- 
ceptos empíricos  ó  razonados  del  fundador  de 
la  religión  musulmana  que  la  tradición  sostiene 


230 

cual  indispensables  dogmas  impuestos  por  la 
fé  como  aforismos  indiscutibles  de  precisa 
observancia  y  de  reconocida  utilidad. 

Mahoma,  enviado  de  Dios,  juzga  vincu- 
lada en  él  la  ciencia  absoluta,  y  pretende  ser 
el  único  faro  que  ilumina  la  inteligencia  de 
los  hombres,  señalándoles  el  derrotero  de  sus 
actos  en  la  tierra  y  en  la  vida  vuluptuosa  y 
eternal  del  paraíso.  Su  código  religioso  es  el 
libro  científico  de  la  humanidad  y  en  sus  hojas 
se  resuelven  y  exponen  todos  los  problemas 
del  mundo  material,  moral  é  intelectual,  todas 
las  necesidades  de  la  vida  orgánica  y  del 
alma. 

Mahoma  establece  las  bases  y  preceptos 
para  todas  las  cosas  de  la  vida  práctica  y  de  la 
vida  eterna;  es  la  ciencia,  según  él,  hija  de  la 
religión,  y  vive  encadenada  al  Corán,  bus- 
cando su  prestigio  en  la  veneración  religiosa 
al  apoyarse  sólo  en  la  autoridad  sagrada  de  la 
fé;  sus  manifestaciones  son  las  del  oráculo, 
no  las  de  la  razon^  porque  se  cobija  en  un 
sentimiento  inviolable,  buscando  Mahoma  en 
el  templo  un  asilo  para  la  ciencia,  mientras 
que  la  de  nuestros  médicos  árabes  se  des- 
prendió de  la  religión  y  no  es  la  medicina  del 
Profeta.  Vivia  en  las  escuelas,  se  propagó  en 
las  bibliotecas,  y  amante  de  la  discusión,  se 


231 

inspiraba,  no  en  el  Corán,  sino  en  los  clásicos 
griegos.  No  es  Mahoma  su  Profeta,  son  los 
suyos,  Hipócrates  y  Galeno. 

Mahoma  en  el  islamismo  es  el  pontífice 
que  representa  el  poder  soberano,  la  suprema 
inteligencia.  La  medicina  arábigo-española, 
abandona  la  mezquita  y  se  guarece  en  la 
cátedra,  constituye  la  ciencia  de  la  vida,  se 
desliga  de  la  religión  y  busca  en  el  estudio  y 
en  las  facultades  intelectuales  del  hombre  su 
progreso. 

La  medicina  del  Profeta  «es  la  ciencia  de 
la  sagacidad  y  de  la  penetración,»  y  asi  consi- 
derada, tampoco  rechaza  Mahoma  el  progreso 
de  la  investigación  en  absoluto,  al  decir,  «que 
no  hay  enfermedad  enviada  al  mundo  que  no 
tenga  su  remedio, »  y  que  es  la  cuestión  «saber 
hallarlo;»  pero  en  vano  es  que  el  hombre 
busque  la  verdad  y  pida  á  la  ciencia  la  razón 
de  los  actos  y  de  sus  hechos,  porque  el  fata- 
lismo musulmán  y  la  carencia  del  libre  albe- 
drio  bien  claramente  las  demuestra  Mahoma 
cuando  dice:  «Si  Dios  quiere  que  conozcas  una 
cosa,  él  te  la  hará  conocer.» 

Él,  «estaba  escrito,»  es  el  fatalista  hecho 
mahometano,  como  si  el  hombre  cuando  nace 
tuviera  yá  impresas  para  el  porvenir  las 
páginas  de  su  vida  en  el  libro  de  la  existencia, 


232 

en  cuyo  caso  sería  preciso  despojarle  también 
de  toda  responsabilidad,  condenándole  á  la 
inercia  intelectual  y  física.  Y  esta  inercia  de 
los  hombres  que  toman  las  cosas  según  ellas 
se  presentan,  se  refleja  en  las  sociedades;  esta 
falta  de  actividad  social  que  por  desgracia  está 
aún  muy  arraigada  en  todos  los  pueblos  meri- 
dionales, y  por  lo  tanto  domina  todavía  en 
nuestra  patria,  no  es  otra  cosa  que  la  anula- 
ción de  su  progreso. 

El  fatalista  no  ejecuta,  se  deja  conducir, 
y  ve  sólo  en  la  realización  de  los  hechos  la 
fuerza  del  destino;  se  abandona  á  merced  de 
éste,  sabiendo  con  criminal  indiferencia  que 
marcha  hacia  la  muerte,  como  si  Dios  al 
nacer  hubiese  orlado  sus  sienes  con  una 
guirnalda  de  flores  que  simboliza  sus  dichas 
ó  con  una  corona  de  espinas  que  desgarre  su 
existencia. 

El  hombre  es  responsable  de  sus  actos  y 
de  sus  faltas  cuando  no  son  dependientes  de 
una  imposición  orgánica  ó  patológica  que  per- 
turba sus  facultades  intelectuales,  extravía  su 
razón  ó  atrofia  su  inteligencia. 

Existen  la  lucha  del  bien  y  del  mal  que 
representarán  siempre  en  el  mundo  la  eterna 
historia  de  la  humanidad  y  la  constante  batalla 
de  la  vida;  hay  el  antagonismo  entre  el  cuerpo 


233 


y  el  alma,  los  combates  de  la  voluntad  que 
pide  y  de  la  razón  que  aconseja,  los  deseos 
irresistibles  y  vehementes  de  las  pasiones  que 
dominan  y  de  la  conciencia  que  las  niega  ó 
que  con  sus  remordimientos  nos  acusa. 

El  infierno  del  Dante,  el  Fausto  de  Goethe, 
el  Paraíso  perdido  de  Milton^  significan  sólo 
la  continua  lucha  entre  el  espíritu  y  la  ma- 
teria . 

Según  las  máximas  de  Mahoma,  es  la 
salud  el  supremo  bien,  dice  el  Profeta:  «¡Oh 
Abbasl  pide  á  Dios  la  salud  y  la  calma  para 
este  mundo  y  para  el  otro,»  y  dirigiéndose  á 
los  hombres,  exclama:  «pedid  á  Dios  el  perdón 
y  la  salud.»  «Quien  está  sano  de  cuerpo, 
tranquilo  en  su  conciencia  y  seguro  del  pan 
de  su  trabajo,  es  como  si  tuviera  el  mundo 
bajo  sus  manos.» 

Los  preceptos  higiénicos  y  las  máximas 
morales  son  los  únicos  fundamentos  de  la 
medicina  en  el  islamismo. 

La  medicina  hebreo-española  es  también 
muy  importante  y  ejerció  notable  influencia 
en  el  progreso  y  desarrollo  científico  de  los 
estudios  médicos,  pues  los  judíos  fueron  los 
primeros  que  difundieron  la  ciencia  entre  los 
árabes,  dándoles  á  conocer  las  mejores  obras 
de  los  autores  griegos,  traducidas  al  Siriaco. 

30 


234 

En  la  interesante  obra,  origen  y  progresos 
de  la  medicina  por  los  judíos  impresa  en 
Hamburgo  en  1670,  se  demuestra  lo  mismo 
que  en  la  Historia  de  la  medicina  española  de 
nuestro  sabio  Morejan,  la  importancia  de  sus 
conocimientos  y  su  profunda  erudición,  sin 
que  al  través  de  tantos  siglos  hayan  eclipsado 
los  años,  ni  por  un  momento,  el  reconocido 
mérito  y  la  provechosa  enseñanza  de  sus 
fecundas  obras,  y  esto  nos  obliga  á  buscar  en 
la  medicina  hebrea  y  en  el  gran  número  de 
médicos  judíos  nacidos  en  España  la  base 
fundamental  y  el  primitivo  origen  de  la  medi- 
cina arábigo-española. 

Las  tendencias  hipocráticas  de  la  medicina 
hebrea  dominaron  después  de  reñida  lucha 
las  tendencias  aristotélicas  y  galénicas  de  la 
medicina  árabe,  prevaleciendo  las  doctrinas 
de  Hipócrates,  de  modo  que  si  la  medicina 
española  es  hipocrática,  lo  debe  al  predominio 
hebreo  que  señaló  el  camino  de  la  observa- 
ción y  de  la  experiencia,  trazado  por  el  genio 
del  padre  de  la  medicina. 

Un  médico  judío  fué  el  primero  que  in- 
terpretó á  Hipócrates,  Galeno  y  Aristóteles,  y 
las  traducciones  de  sus  obras  clásicas  se  pro- 
pagaron, de  tal  manera,  que  no  ha  habido 
nación  tan  entusiasta  de  los  autores  griegos, 


235 

como  lo  fué  España  durante  la  dominación  de 
los  sarracenos. 

También  los  médicos  hebreos  españoles 
se  dedicaron  á  la  práctica  de  la  cirujia,  eje- 
cutando con  buen  éxito  varias  operaciones 
y  entre  ellas  la  de  la  talla.  Un  judio  español 
hizo  la  operación  de  la  catarata  doble  en  el 
año  de  1432  al  Rey  D.  Juan  de  Aragón  á  los 
70  años  de  edad  y  con  satisfactorio  resultado; 
otro  médico  judio  practicó  la  operación  ce- 
sárea, y  los  médicos  hebreos  fueron  los  que 
en  tiempos  de  los  godos  cultivaron  yá  la  me- 
dicina con  más  inteligencia.  Dice  el  P.  Flores 
en  el  tomo  III  de  su  obra,  que  en  el  año  25o 
habia  hecho  el  obispo  Paulo  en  Mérida  la 
operación  cesárea  con  éxito  feliz;  San  Isidoro, 
de  quien  tantos  manuscritos  de  sus  excelentes 
obras  se  encuentran  en  la  Biblioteca  del  Es- 
corial, se  ocupó  algo  de  medicina,  pero  los 
médicos  judíos  son,  sin  disputa,  los  verda- 
deros representantes  de  la  Ciencia  en  todas 
sus  manifestaciones.  Ellos  siguieron  las  hue- 
llas de  Moisés  y  de  Salomón,  de  esos  dos 
sabios  médicos  legisladores,  ellos  enriquecie- 
ron la  farmacia  y  la  terapéutica,  dejándonos 
antidotarlos  de  excelentes  fórmulas,  y  al  mis- 
mo tiempo  que  hacían  grandes  progresos  en 
historia  natural  y  en  astronomía,  dieron  maes- 


236 

tros  á  las  escuelas  de  Francia,  é  iniciaron  el 
esplendor  de  la  medicina  árabe,  sosteniéndola 
siempre  con  su  apoyo,  y  á  ellos  debemos  con- 
siderar como  primitivos  y  genuinos  represen- 
tantes de  la  medicina  militar  española,  ocu- 
pando con  sus  esclarecidos  nombres  las  pri- 
meras páginas  de  nuestra  historia. 

Moseh  Abdalla  hizo  familiares  las  obras 
de  Hipócrates,  traduciendo  sus  aforismos  al 
hebreo;  también  este  códice  se  halla  en  la 
Biblioteca  del  Escorial.  El  célebre  médico 
judio  Rambaú  escribió  numerosos  tratados  de 
lógica,  física,  matemáticas  y  medicina,  vertidos 
al  árabe,  hebreo,  caldeo,  latin  y  griego,  de- 
biendo hacer  especial  mención  de  sus  famosos 
compendios  y  epitome  de  todos  los  libros  de 
Galeno  y  de  Avicena,  y  sobre  todo  de  sus 
nunca  olvidados  aforismos  que  compitieron  y 
pueden  competir  aún  con  los  de  Hipócrates. 
El  médico  hebreo  Amato  Lusitano  ejerció  la 
cirujía  en  Salamanca,  y  de  sus  obras  se  hicie- 
ron varias  ediciones  en  las  principales  ciu- 
dades de  Europa^  siendo  notables  sus  centu- 
rias medicinales,  sus  comentarios  á  los  libros 
de  Dioscorides  y  un  discurso  sobre  el  modo 
de  entrar  el  médico  á  ver  á  los  enfermos. 

Zacuto,  discípulo  de  la  escuela  de  Sala- 
manca, es  uno  de  los   médicos   hebreos    de 


237 

más  talento  y  de  legítima  reputación.  Su 
biografía,  escrita  por  Luis  de  Lemus,  indica 
que  no  sólo  escribió  de  medicina,  sino  que  se 
ocupó  en  dirigir  á  la  juventud,  enseñándola 
lo  bueno  y  conveniente  de  todas  las  produc- 
ciones literarias,  como  lo  efectuó  después 
Andrés  Piquer.  Zacuto  es  de  los  primeros  que 
escribieron  en  España  de  Historia  de  la  me- 
dicina, al  publicar  su  Historia  de  los  cirujanos 
más  afamados. 

El  célebre  médico  y  poeta  judío  Himma- 
nuel  Gómez,  que  después  de  haber  sido  mi- 
litar se  graduó  de  doctor,  contribuyó  mucho 
al  progreso  de  la  medicina.  Escribió  la  «To- 
pografía médica  de  Extremadura»  y  es  de 
absoluta  necesidad  que  exponer  aquí  sus 
ideas  relativas  á  la  oportunidad  de  obrar  en 
medicina,  toda  vez  que  en  llenar  las  indica- 
ciones en  tiempo  oportuno,  consideramos  que 
estriban  los  fundamentos  de  la  cirujia  conser- 
vadora y  del  método  espectante,  por  lo  cual 
juzgamos  de  gran  interés  para  la  Historia  de 
la  medicina  militar  española,  sus  reflexivos 
preceptos  cuando  dice 

Tienen  sus  tiempos  las  enfermedades; 
también  sus  horas  tienen  los  remedios, 
y  es  perder  la  ocasión  perder  la  vida, 
ó  al  menos  cometer  muy  grandes  yerros. 


238 

En  esto  se  apoyan  la  cirujia  militar  con- 
servadora y  la  medicina  espectante,  y  sólo  esto 
debemos  tener  presente  para  las  indicaciones 
operatorias  en  los  casos  de  amputaciones  in- 
mediatas ó  consecutivas,  pues  es  perder  la 
ocasión  perder  la  vida,  no  practicando  una 
operación  en  el  campo  de  batalla^  y  lo  es 
también  verificarla,  cuando  no  hay  una  indi- 
cación vital  que  la  exija  de  un  modo  inmedia- 
to. El  evitar  una  operación  y  el  alejar  todas 
las  complicaciones  que  después  de  verifi- 
cada suelen  sobrevenir,  son  los  verdaderos 
títulos  de  gloria  para  el  cirujano.  «Pvestringir 
la  utilidad  de  las  operaciones,  dice  Alquié, 
no  es  renunciar  á  ellas^  sino  emplearlas  lo 
menos  posible;  es  también  limitar  la  necesidad 
de  las  mayores,  en  pro  de  otras  mas  sencillas. » 
Estas  han  sido  las  ideas  sustentadas  siempre 
en  España  por  los  médicos  militares,  en  los 
hospitales  y  en  los  campos  de  batalla. 

El  cirujano  hebreo  Ben-Castel,  natural 
de  Alcalá,  tradujo  del  lafin  al  hebreo  la  obra 
de  cirujia  de  Brunon,  y  el  médico  judio  Rodrí- 
guez de  Castro  escribió  en  el  siglo  XVII,  un 
libro  de  enfermedades  de  mujeres,  y  otro  de 
moral  médica. 

Haremos  especial  mención  del  judío  por- 
tugués Elias  Montalto,  por  haber  sido  primer 


239 

médico  y  consejero  de  la  reina  de  Francia 
María  de  Médicis,  y  lo  citamos  para  demos- 
trar que,  en  tratándose  del  interés  exclusiva- 
mente personal  utilizando  los  conocimientos 
de  ciertos  hombres  ilustres  y  los  beneficios 
del  saber,  aun  en  épocas  de  fanatismo  reli- 
gioso, hubo  tolerancia  para  la  ciencia  y  asi 
vemos  que  María  de  Médicis,  con  tal  de  tener 
á  su  lado  al  hebreo  Montalto  á  quien  llamó 
con  ese  objeto,  obtuvo  un  permiso  del  Rey 
para  que  él  y  su  familia  tuvieran  en  Francia 
el  culto  libre  de  su  religión. 

Hay  en  el  Escorial  un  códice  del  célebre 
hebreo  Izchaq,  médico  del  rey  D.  Alonso  VII, 
que  refleja  de  un  modo  admirable  el  espíritu 
y  tendencias  filosóficas  de  la  escuela  hipocrá- 
tica.  Su  tratado  de  fiebres  es  aún  hoy  digno 
de  especial  estudio. 

De  Izchaq-Ben  Soleiman,  médico  hebreo^ 
hay  un  códice  en  griego  con  284  folios,  del 
siglo  XIV  y  que  trata  de  los  alimentos  é  in- 
fluencia del  clima  y  de  las  aguas,  con  la  par- 
ticularidad de  que  este  médico  fué  el  primero 
que  dio  una  instrucción  según  los  preceptos 
de  la  física  sobre  el  arte  de  amasar  el  pan 
acompañada  de  útiles  observaciones,  habién- 
dose ocupado  también  de  la  moral  médica  y 
de  cómo  deben  ser  los  maestros  y  los  disci- 


240 

pulos  que  se  consagran  á  la  enseñanza  y  al 
estudio  de  la  medicina. 

La  rectitud  y  elevados  propósitos  de 
Izchaq  en  el  articulo  en  que  se  ocupa  de 
la  conducta  moral  que  deben  observar  los 
médicos,  seria  muy  conveniente  se  imitaran 
hoy,  recordando  las  sensatas  reflexiones  y 
sabios  consejos  del  hebreo  izchaq  á  los  que 
con  tanta  facilidad  olvidan  la  noble  misión  de 
una  carrera,  cuyo  sacerdocio,  más  sagrado 
que  ninguno,  debe  resplandecer  en  todos  los 
actos  de  la  vida,  anatematizando  el  engaño  y 
cínica  osadía  de  esos  criminales  prestidigita- 
dores de  la  ciencia,  especuladores  científicos  y 
charlatanes ,  que  cual  nuevos  Dulcamaras 
explotan  la  ignorancia  y  la  credulidad  del 
vulgo. 

BonfiU  tradujo  del  latin  al  hebreo  la  obra 
de  Boecio  Consolationce  filosoftce  dando  á  co- 
nocer á  Aristóteles  y  comentándola  con  gran 
criterio  filosófico;  vertió  del  hebreo  al  árabe 
las  fábulas  de  Esopo  y  del  griego  al  latin  los 
libros  de  Hipócrates. 

Jahacob  Mantenu,  médico  hebreo,  se 
ocupó  en  traducir  los  clásicos  griegos  y 
todo  lo  más  selecto  de  los  autores  arábigos. 

Muchos  médicos  hebreos  se  dedicaron 
también  al   estudio  del   derecho,  y   Moseh- 


241 

Ben-Maiiemoii ,  médico  judío,  natural  de 
Córdoba,  de  quien  hay  varios  códices  en  el 
Escorial,  mereció  por  sus  profundos  conoci- 
mientos en  todas  las  lenguas,  en  legislación, 
retórica,  matemáticas,  filosofía  y  medicina 
que  el  Sultán  Al-Fadhel  Al-Baissan  le  nom- 
brase su  proto-médico  y  consejero,  recom- 
pensando su  ciencia  y  su  talento  con  el  título 
de  Príncipe  que  por  modestia  rehusó. 

Se  ha  dicho  que  los  judíos  monopolizaban 
el  comercio  de  las  drogas  y  que  convirtiéndose 
en  mercaderes  envilecieron  el  ejercicio  profe- 
sional; pero  téngase  presente  que  poseyendo 
varios  idiomas,  viajaban  por  todas  partes  y 
comprendían  mejor  que  los  demás  las  utili- 
dades que  podrían  reportar  á  sus  intereses  y 
á  los  progresos  de  la  ciencia  la  adquisición  de 
un  gran  número  de  sustancias  medicinales  que 
importaron  á  su  país^  al  mismo  tiempo  que 
traían  de  Grecia  todos  los  manuscritos  anti- 
guos. Esta  superioridad  científica,  los  abusos 
que  siempre  se  cometen  en  las  especulaciones 
comerciales,  la  excesiva  ambición  de  unos  y 
las  envidias  de  otros  les  crearon  funestas  ri- 
vaUdades.  La  maledicencia,  el  interés  é  into- 
lerancia, explotaron  en  contra  de  los  médicos 
hebreos  todos  los  rencores  del  fanatismo; 
sufriendo,  por  último,  su  expulsión  de  Espa- 

31 


242 


ña,  al  decretar  los  Reyes  Católicos  en  1492 
el  destierro  de  todos  los  judíos,  sin  atender 
á  los  sentimientos  de  humanidad  y  á  las  con- 
veniencias y  riquezas  de  nuestra  patria,  que 
Moró,  y  aún  sufre  hoy  las  desastrosas  conse- 
cuencias de  la  pérdida  de  tantos  brazos  para 
su  agricultura  y  de  tantos  genios  para  las 
ciencias  y  las  artes;  las  expulsiones  de  los 
judios  y  moriscos  sumieron  á  la  nación  en 
el  más  lamentable  atraso  y  en  la  mayor  po- 
breza. 

En  la  Biblioteca  del  Escorial  hay  varios 
códices  de  los  hebreos  Izchaq,  médico  de  Don 
Alonso  VII,  Moseh-Ben-Maiiemon,  Abraham 
Hezra,  Moseh  Abadalla,  Amato  Lusitano, 
Rodrigo  de  Castro. 

Los  médicos  hebreos  ocuparon  siempre 
un  preferente  lugar  entre  nosotros,  no  sólo 
como  hombres  de  ciencia,  sino  como  insignes 
literatos;  todas  las  sectas  nos  ofrecen  en  Espa- 
ña iguales  ejemplos  de  médicos  ilustres,  pues 
si  Fernán  Gómez  de  Cibdad  Real  escribió  su 
famoso,  centón  epistolar  (cuyo  códice  está  en 
el  Escorial)  y  el  árabe  Averroes  consignó  la  fe- 
cundidad de  su  genio  en  tantos  manuscritos, 
Maiiemon  nos  legó  los  diferentes  códices  que 
revelan  la  profundidad  de  su  saber  y  también 
Charizi,íilósofo,  poeta  y  médico  judio,  escribió 


243 

en  árabe,  en  hebreo  y  en  verso  en  el  siglo  IX, 
siendo  notable  su  libro,  «Remedio  del  cuerpo 
humano,))  impreso  en  Venecia  en  1 5  ig;  David 
Vidal,  médico  hebreo^  toledano,  es  autor  de 
varias  obras  de  música  y  de  poesía^  que  ad- 
quirieron merecida  fama. 

Daríamos  demasiada  extensión  á  nuestro 
libro,  faltándonos  espacio  para  ello,  si  reseñá- 
semos aquí  (como  quisiéramos  poder  hacerlo 
detalladamente)  la  Historia  biográíico-biblio- 
gránca  arábigo-española.  Los  numerosos  códi- 
ces del  Escorial  atestiguan  el  apogeo  á  que 
elevaron  los  árabes  la  ciencia. 

Yá  en  el  siglo  X  habia  adquirido  la  medi- 
cina de  los  árabes  españoles  justificada  repu- 
tación, y  los  extranjeros,  más  ansiosos  de 
saber,  acudían  á  nuestra  patria,  según  mani- 
fiesta Haller,  «para  instruirse  en  el  arte  de 
curar  y  en  las  demás  ciencias.»  pudiendo 
asegurarse,  dice  Mavillon,  «que  no  hubo  en 
aquellos  tiempos  sugeto  alguno  de  nombradla 
en  el  resto  de  Europa  que  no  viniera  á  apren- 
der en  las  escuelas  de  Córdoba,»  ó  que  no  se 
hubiera  imbuido,  añade  Muratori  en  las  doc- 
trinas españolas,  por  medio  de  nuestros  libros. 
La  universidad  de  Salerno,  primera  de  las 
francesas  y  la  misma  de  París,  «fueron  crea- 
das á  impulso  de  nuestra  sabiduría,  y  la  según- 


244 

da,  según  refiere  Austruc  estaba  costeada  por 
nuestros  caudales,  explicadas  las  lecciones 
por  nuestros  profesores  y  arreglada  su  ense- 
ñanza por  nuestros  libros.» 

Las  obras  de  que  constaba  la  Biblioteca 
del  Louvre,  según  el  catálogo  de  Gil  Malet 
en  1 373,  eran  la  mayor  parte  de  autores 
españoles. 

Rassis,  Avicena,  Albucasis,  Avenzoar, 
Averroes  y  otros  célebres  médicos  árabes, 
elevan  la  cirujla  á  un  notable  grado  de  ex- 
plendor  en  los  siglos  IX,  X,  XI  y  XIÍ,  verifi- 
cándose en  esta  época  operaciones  quirúrgicas 
de  importancia;  escribieron  numerosos  trata- 
dos de  cirujía,  y  en  sus  obras  hallamos  úti- 
les preceptos  sobre  el  tratamiento  de  las  he- 
ridas. 

Rassis,  que  floreció  en  el  siglo  X,  y  á 
quien  daban  el  nombre  de  Galeno  de  los 
árabes,  fué  el  primero  que  escribió  de  cirujla 
militar  en  su  obra  Medicina  castrense  de  los 
griegos^  y  el  primero  también  que  se  ocupó 
de  la  viruela.  Preconiza  las  ventajas  de  la 
reunión  de  las  pequeñas  heridas  por  primera 
intención;  se  ocupa  de  luxaciones  y  fracturas 
y  del  uso  de  algunos  aparatos.  Su  obra  titu- 
lada Ahnanior,  dividida  en  diez  libros,  es  un 
compendio  de  toda  la  medicina  árabe  y  un 


245 

reflejo  fiel  de  las  ideas  y  doctrinas  de  los 
clásicos  griegos.  De  los  autores  árabes  que 
hay  impresos,  el  más  antiguo  es  Rassis,  que 
murió  en  el  año  220  de  la  egira  (932  de  Jesu- 
cristo) y  se  le  atribuyen  muchas  obras  que  se 
imprimieron  en  Venecia  por  Juan  Hertzoq  en 
el  año  1 5oo;  es  una  de  las  más  importantes  la 
que  dedicó  á  Almanzor,  Principe  de  la  familia 
de  los  Abasidas. 

Abon-Sahal,  célebre  médico  del  siglo  XI, 
escribió  una  obra  dividida  en  cien  tratados. 

El  famoso  Canon  de  Avicena  es  otro  de 
ios  libros  que  más  renombre  alcanzaron  y 
necesario  es  reconocer,  que  en  lo  relativo  á 
cirujia  coleccionó  Avicena  todo  lo  más  notable 
de  Galeno  y  Rassis:  cuanto  encontró  consig- 
nado en  los  escritos  y  en  la  práctica  de  los  ci- 
rujanos árabes,  anteriores  á  él,  y  contempo- 
ráneos suyos.  Recomienda  la  extracción  de  los 
cuerpos  extraños,  aconsejando  se  ejecute  con 
prudencia,  señala  las  ventajas  de  su  extracción 
y  los  inconvenientes  de  las  maniobras  violen- 
tas en  armonía  con  los  sanos  preceptos  de  la 
cirujia  conservadora.  Ideó  varios  instrumentos 
y  al  tratar  de  las  heridas  délos  huesos,  mani- 
fiesta «que  consisten  en  una  separación  del 
conjunto  huesoso  y  que  deben  curarse  de  pri- 
mera intención  en  el  campamento,  procurando 


246 

reponer  la  posición  y  sustancia  que  antes  te- 
nían.» Bien  podemos  ver  en  este  libro  un  tra- 
tado decirujía  de  los  campos  de  batalla.  Hace- 
mos mención  de  Avicena  y  desús  obras,  aun- 
que era  Persa^  porque  se  encuentran  sus  es- 
critos en  la  Biblioteca  del  Escorial;  nació  Avi- 
cena en  Persia,  y  ejerció  allí  su  profesión, 
muriendo  en  el  año  428  de  la  egira  (io36  de 
Jesucristo.)  En  la  descripción  de  las  enferme- 
dades sigue  el  método  usual  entre  los  árabes 
de  describirlas  desde  la  cabeza  hasta  los  pies, 
pero  expone  primero  la  anatomía  de  la  parte 
enferma^  con  lo  que  nos  demuestra  que  reco- 
noce la  importancia  de  la  base  anatómica. 

Albucasis  llamado  el  principe  de  los  ci- 
rujanos, que  también  floreció  en  el  siglo  XII, 
compuso  una  obra  de  medicina  ^  otra  de 
cirujía  que  se  han  impreso,  traducidas  al  latin 
en  1 5 19.  La  obra  médica  es  copia  de  la  de 
Rassis  y  su  cirujía  la  de  Pablo  de  Egina,  pero 
propone  y  explica  los  instrumentos  necesarios 
para  cada  operación. 

Gerardo  Cremonense  tradujo  directa- 
mente del  árabe  al  latin  las  obras  de  Avicena 
y  de  Albucasis. 

Avenzoar,  distinguido  médico  de  la  es- 
cuela de'  Córdoba  (1172),  escribió  de  medi- 
cina, cirujía  y  farmacia,  dejando  excelentes 


247 

manuscritos  acerca  de  las  heridas;  en  su  obra 
de  cirujia  impresa  en  Venecia  en  el  año  1342, 
puede  verse  la  clasificación  que  hace  de  las 
heridas  y  su  curación.  Albucasis  y  Avenzoar 
se  ocuparon  de  la  ligadura  de  las  arterias 
antes  que  ningún  otro  médico,  y  en  el  si- 
glo XII  eran  ya  conocidas  en  España  la  com- 
presión y  ligadura  de  las  arterias. 

Avenzoar  fué  el  primero  que  llamó  la 
atención  sobre  las  parálisis  parciales  y  prin- 
cipalmente la  del  esófago,  é  hizo  uso  con  este 
motivo  de  la  sonda  esofágica. 

Su  discípulo  Averroes,  sabio  médico  y 
filósofo  cordobés,  vivió  en  el  siglo  XII,  es- 
cribió más  de  78  obras  y  entre  sus  libros  de 
medicina  trató  con  acierto  de  las  heridas  de 
las  arterias  y  de  las  venas  aconsejando  las  li- 
gaduras de  los  vasos.  Él  y  Avicena  dieron  á 
conocer  el  valor  é  importancia  terapéutica  del 
opio;  en  su  famoso  libro  titulado  «Colliget)) 
trata  de  la  anatomía  y  de  la  experiencia,  como 
bases  fundamentales  de  la  medicina.  ¡Y  estos 
son  también  los  fundamicntos  de  nuestra  ciru- 
jia militar! 

Han  sido  muchos  los  comentadores  ára- 
bes del  Mesué  moderno,  como  puede  verse  en 
la  edición  de  Mesué  hecha  en  Venecia  en  1 58 1 . 
Juan  Damasceno  se  ha  dicho  que  debió  ser  el 


248 

Mesué  moderno  y  compuso  unos  aforismos 
sobre  las  cautelas  en  los  remedios  y  la  mode- 
ración en  el  uso  de  las  medicinas.  ¡Hé  aqui 
también  los  fundamentos  de  nuestras  ideas 
acerca  de  la  fuerza  medicatriz!  Freind  habla 
de  los  Mesues  colocando  al  moderno  en 
el  siglo  XII  y  al  antiguo  en  el  siglo  IX. 

Mi  buen  amigo  é  ilustrado  compañero  el 
médico  militar  D.  Antonio  Población,  es  au- 
tor de  una  excelente  memoria  premiada  en 
1 862  por  la  Real  Academia  de  medicina  «sobre 
el  origen  y  vicisitudes  de  la  terapéutica  que 
han  usado  los  cirujanos  españoles  en  las  he- 
ridas por  armas  de  fuego;»  en  ella  da  á  cono- 
cer un  curioso  é  interesante  manuscrito,  ver- 
dadera joya  de  nuestra  literatura  médica  que 
es  una  recopilación  anónima  de  la  cirujía 
árabe;  trata  de  las  heridas,  consta  de  cuatro 
cuadernos  con  336  páginas  en  castellano. 

Al-Bumazar,  célebre  médico,  filósofo  y 
astrólogo,  fué  autor  de  varios  escritos  de  mé- 
rito en  el  siglo  IX. 

Hay  en  el  Escorial  127  códices  arábigos 
de  medicina;  libros  árabes  traducidos  de  los 
autores  griegos,  libros  árabes  sobre  las  pro- 
piedades de  los  medicamentos,  facultades  de 
los  alimentos  y  sobre  antídotos;  libros  de 
zoolojía  como  el  de  Ali-Ben  Mohamad-Ben 


249 

Abdelazir,  escrito  en  el  año  755  de  la  egira, 
libros  de  alquimia  y  del  modo  de  confeccionar 
elixires  y  venenos;  el  códice  de  Henein  hijo 
de  Isaac  que  dio  á  conocer  las  obras  hipo- 
crá ticas  y  el  de  Abuzaid-Homin  que  fué  el 
primero  que  entre  los  árabes  interpretó  á 
Galeno;  un  tratado  médico  anatómico,  mu- 
chos códices  del  célebre  Averroes,  diez  códi- 
ces de  Avicena,  diez  y  ocho  de  Rassis  y  algu- 
nos escritos  del  famoso  Avenzoar. 

Del  siglo  XIII  hay  en  la  Biblioteca  del 
Escorial  un  códice  en  vitela  traducido  del 
árabe  al  latin  y  se  ocupa  de  los  aforismos  de 
Hipócrates. 

Al  difundir  los  árabes  las  doctrinas  hi- 
pocráticas  ejercieron  también  una  saludable  in- 
fluencia sobre  la  cirujia  en  lo  relativo  á  las 
diferentes  lesiones  traumáticas  y  en  este  con- 
cepto debemos  recordar  los  aforismos  de 
Hipócrates  que  los  árabes  coleccionaron  apli- 
cándolos al  pronóstico  de  las  heridas,  pro- 
nósticos trasmitidos  después  á  nuestra  medi- 
cina militar  como  base  de  sus  primeros  cono- 
cimientos. 

La  operación  del  trepano,  las  reseccio- 
nes y  las  suturas  las  practicaban  con  felices 
resultados  como  lo  manifiesta  Avenzohar  en 
su  cirujia;  idearon  diferentes  apositos  y  apa- 

32 


250 

ratos  para  la  curación  de  las  fracturas  y  en 
las  obras  de  Rassis  y  Avicena,  que  se  conser- 
van en  la  Biblioteca  del  Escorial,  se  hallan 
útiles  prescripciones  para  el  tratamiento  de 
los  diferentes  traumatismos. 

Los  árabes  no  dieron  más  impulso  á  la 
cirujía,  porque  su  religión  les  prohibió  los 
estudios  anatómicos  por  medio  de  las  disec- 
ciones; su  abuso  de  la  polifarmacia  causó 
algunos  perjuicios  á  la  ciencia,  porque  al  con- 
trario de  los  judíos  que  preferían  las  doctri- 
nas hipocráticas,  ellos  manifestaban  predi- 
lección por  las  de  Galeno  y  esto  nos  ha  hecho 
considerar  siempre  á  los  hebreos  como  ver- 
daderos representantes  de  la  medicina  hipo- 
crático-española. 


"PARTE  TERCERA 


GLORIAS  DE  LA  MEDICINA  ESPAÑOLA  Y  PARTICULARMENTE 

DE  SU  MEDICINA  MILITAR.  FUNDAMENTOS  DE  LA  MEDICINA 

ESPAÑOLA  EN  LA  BASE  HIPOCRÁTICA  DE  LOS 

CÓDICES  DEL  ESCORIAL. 

La  cirujia  militar  podemos  considerarla 
dividida  en  diferentes  épocas  caracterizadas 
por  los  distintos  períodos  de  sus  indicado- 


251 


nes,  relativas  al  tratamiento  de  los  trauma- 
tismos en  armonía  con  las  causas  vulnerantes 
que  los  producen. 

Estas  épocas  corresponden  á  las  de  los 
distintos  medios  ofensivos  empleados  por  el 
hombre  para  la  guerra.  Curación  de  las  heri- 
das por  arma  blanca^  curación  de  las  cau- 
sadas por  armas  de  fuego  y  curación  de  las 
producidas  en  nuestra  época  por  los  proyec- 
tiles cilindro-cónicos  de  los  cañones  rayados. 

En  la  primera  época  dominó  la  fuerza 
corporal  en  los  combates;  el  predominio  ex- 
clusivamente muscular,  pueblos  enteros  com- 
batían contra  otros,  sin  más  armas  que  palos 
aguzados  y  piedras  arrojadas  con  las  hondas. 
Á  medida  que  la  civilización  avanzaba  se 
inventaban  nuevos  agentes  ofensivos:  infinita 
variedad  de  instrumentos  cortantes,  punzan- 
tes, dislacerantes  y  contundentes  que  obliga- 
ron á  idear  la  manera  de  prevenir  ^sus  efectos 
y  de  ahí  el  uso  de  las  armas  defensivas.  Con 
el  descubrimiento  de  la  pólvora  cambió  por 
completo  todo  el  sistema   de   la  guerra. 

La  pólvora  y  los  cañones  fueron  un  agen- 
te pacificador  que  han  contribuido  á  la  civi- 
lización de  los  pueblos:  la  artillería  del  rey 
derrumbó  las  fortalezas  del  feudalismo  sepul- 
tando entre  sus  escombros  todos  los  símbolos 


252 

de  su  poder  más  terrible  aún  que  el  del  so- 
berano contra  quien  se  revelaban  y  cuya 
autoridad  desconocían.  El  ejército  de  los 
monarcas  impuso  á  la  nobleza  el  respeto  á  la 
paz  y  un  límite  á  la  ambición.  Desde  enton- 
ces la  pelea  y  el  combate  dejaron  de  ser  la 
exclusiva  ocupación  del  hombre  y  el  único 
objeto  de  su  vida;  cuidó  de  su  educación  in- 
telectual al  amparo  del  ejército  y  hoy  yá  no 
se  arma  de  pies  á  cabeza  como  en  la  edad 
media,  vistiéndose  de  hierro. 

El  descubrimiento  de  la  pólvora  causó 
con  las  armas  de  fuego  una  verdadera  revo- 
lución, y  esta  época  concluye  al  hacerse  uso 
de  las  balas  cilindro-cónicas  de  los  cañones 
rayados. 

Los  efectos  de  los  proyectiles  que  hoy  se 
emplean  son  fatales  por  la  naturaleza  y  gra- 
vedad de  las  heridas  que  ocasionan  y  por  las 
fracturas  que  determinan,  haciendo  necesarias 
graves  operaciones  quirúrgicas,  y  aumentando 
de  un  modo  extraordinario  el  número  de 
inútiles,  pero  apesar  de  los  mayores  medios 
de  destrucción  con  que  cuentan  las  naciones 
por  los  adelantos  modernos  y  por  el  perfec- 
cionamiento y  alcance  de  las  armas  de  preci- 
sión, no  por  eso  es  mayor  el  número  de 
pérdidas   sobre   el  campo   de  batalla,    si  las 


253 

comparamos  con  las  que  había  á  principios 
de  este  siglo,  pues  ahora  los  combates  son 
mucho  más  rápidos  y  las  pérdidas  relativa- 
mente menores. 

El  general  Rosencraus,  en  una  curiosa 
relación  sobre  la  batalla  de  Murfreesboro 
durante  la  última  campaña  de  los  Estados 
Unidos,  manifiesta  que  de  veinte  mil  disparos 
de  cañón  de  los  unionistas  sólo  se  aprove- 
charon setecientos  veintiocho,  y  de  dos  mi- 
llones de  disparos  de  fusil  sólo  trece  mil 
trescientos  treinta  y  dos  se  emplearon  con 
resultado.  De  estos  datos  resulta  que  se  nece- 
sitaban veintisiete  disparos  de  cañón  y  ciento 
cincuenta  y  cinco  de  fusil  para  cada  baja, 
estando  los  muertos  en  la  proporción  de  uno 
á  cuatro  relativamente  á  los  heridos.  Téngase 
en  cuenta,  sin  embargo,  que  estos  datos  se 
refieren  á  un  ejército  improvisado  por  las 
circunstancias  especiales  de  aquel  país  y  cuya 
organización  militar,  defectuosa  en  muchos 
detalles,  pudo  influir  en  el  éxito  de»la  guerra 
y  en  los  efectos  causados  por  los  proyectiles 
según  las  aptitudes  de  los  combatientes,  sitios 
de  la  acción  y  posiciones  de  los  ejércitos  beli- 
gerantes. 

La  estadística  de  las  últimas  campañas 
nos  demuestra  que  hay  ahora  más  fracturas 


254 


conminutas  que  antes,  porque  eran  las  balas 
redondeadas  ó  esféricas  y  se  deslizaban  sobre 
los  nervios  y  sobre  los  vasos  sin  destruirlos  y 
alrededor  de  los  huesos  y  puntos  resistentes 
sin  romperlos,  mientras  que  hoy,  siendo  los 
proyectiles  rayados  y  cilindro-cónicos,  recor- 
ren un  trayecto  en  linea  recta,  y  como  son  hue- 
cos y  explosivos  se  dirijen  con  mayor  fuerza 
á  chocar  de  un  modo  violento  y  de  funestas 
consecuencias  contra  los  tejidos  duros. 

Estas  épocas  que  hemos  indicado  son 
también  las  que  ha  seguido  la  cirujía;  en  la 
primera,  la  curación  de  las  heridas  por  arma 
blanca,  en  la  segunda  las  causadas  por  armas 
de  fuego  y  en  la  tercera  las  lesiones  traumá- 
ticas, graves  y  complicadas. 

Aunque  hasta  el  tiempo  de  los  Reyes 
Católicos  no  es  posible  escribir  la  Historia  del 
Cuerpo  de  Sanidad  militar  con  una  organiza- 
ción especial  referente  á  los  hospitales  de 
campaña,  es  necesario,  sin  embargo^  que  con- 
sideremos á  los  médicos  hebreos  como  legí- 
timos y  primeros  representantes  de  la  medicina 
militar  española,  cual  si  hubieran  estado  re- 
vestidos del  carácter  y  atribuciones  de  jefes  de 
Sanidad  de  los  ejércitos,  yá  que  en  esas  épocas 
de  continua  guerra  estuvieron  encargados  de 
la  asistencia  de  los  Reyes  y  eran  los  únicos 


255 

competentes  para  ilustrar  la  opinión  de  los 
Monarcas  en  todo  lo  relativo  á  la  salud  de  las 
tropas. 

Los  hebreos  Ferragut  y  Bengesta  fueron 
médicos  de  Cario  Magno;  Amon  lo  fué  de  un 
rey  turco;  Mayses  de  Córdoba,  del  sultán  de 
Egipto;  el  judío  Almeir  de  Segovia,  del  Rey 
D.  Enrique  III  de  Castilla;  un  médico  hebreo- 
de  Toledo,  del  Rey  D.  Fernando  IV;  el 
célebre  Izchaq,  de  D.  Alfonso  VII;  Jeudah 
Mosca,  del  Rey  D.  Alfonso  el  Sabio;  Jehudad 
Rophe,  de  D.  Alfonso  Xí;  Francisco  Valois, 
Rey  de  Francia,  envió  un  correo  al  Empe- 
rador Carlos  V  pidiéndole  un  médico  judio  y 
los  Pontífices  Julio  II,  Julio  III,  León  X,  Cle- 
mente VII  y  Paulo  III  tuvieron  á  su  lado 
médicos  hebreos. 

Las  inscripciones  sepulcrales,  honrando 
la  memoria  de  los  médicos  hebreos,  las  dis- 
tinciones y  recompensas  que  les  otorgaron  los 
reyes,  el  clero  y  la  nobleza,  demuestran  lo 
mucho  que  valían,  y  al  enaltecerlos,  creemos 
rendir  un  homenaje  de  respeto  á  los  legítimos 
representantes  del  Cuerpo  de  Sanidad  militar, 
yá  que  los  médicos  hebreos  fueron  por  espacio 
de  dos  siglos  los  encargados  de  la  asistencia 
de  los  Monarcas  de  Castilla. 


256 

Los  caldeos  y  los  egipcios  fueron  los  pri- 
meros que  se  ocuparon  cié  medicina,  si  bien 
es  preciso  considerar  á  los  griegos  como  fun- 
dadores de  la  medicina,  constituyendo  una 
ciencia. 

Apolo,  Esculapio,  Podalirio  y  Chiron 
son  los  destellos  precursores  que,  envueltos 
entre  las  fantásticas  sombras  é  ideales  creacio- 
nes de  la  mitología,  anuncian  la  nueva  aurora 
con  que  el  gran  Hipócrates  ha  de  iluminar  el 
mundo  al  esparcir  sobre  el  horizonte  científico 
las  concepciones  creadoras  del  genio  y  las 
innumerables  riquezas  de  su  poderosa  inteli- 
gencia, estableciendo  la  medicina  sobre  las 
sólidas  bases  de  la  observación  y  de  la  expe- 
riencia. 

Al  morir  Hipócrates  caen  en  lamentable 
olvido  sus  obras:  se  apodera  la  filosofía  de  la 
ciencia  en  general,  la  absorve  y  esclaviza, 
pretendiendo  anularla  de  un  modo  arbitrario 
é  inconveniente. 

Los  griegos  propagaron  la  cirujía  en 
Roma,  siendo  Trifon,  Evelpisto  y  Meges 
quienes  más  contribuyeron  á  ello,  en  unión 
de  los  egipcios,  antes  del  nacimiento  de  Jesús. 

Después  de  venir  al  mundo  Jesucristo 
aparecen  Celso,  Galeno,  Pablo  de  Egina, 
Alejandro  de  Tralles  (que  viajó  también  por 


257 

España)  Aecio  y  Oribasio  y  dan  en  Grecia  un 
gran  impulso  y  notable  desarrollo  á  los  cono- 
cimientos médicos.  En  la  Biblioteca  del  Esco- 
rial están  los  códices  de  sus  obras. 

La  escuela  de  Alejandría  fué  la  depositarla 
y  fiel  guardadora  de  las  doctrinas  hipocrá- 
ticas,  trasmitiendo  luego  esta  herencia  salvada 
de  entre  las  llamas  de  su  grandiosa  Biblioteca 
á  las  escuelas  árabes  de  España.  Ellas  nos 
legaron  como  rico  patrimonio  en  toda  su  pu- 
reza, las  ideas  sustentadas  por  el  padre  de  la 
medicina  para  perpetuarse  en  nuestra  patria. 

Sensible  es  que  si  la  caridad  de  Isabel  la 
Católica  fundó  el  primer  hospital  para  la 
asistencia  de  sus  tropas  durante  el  sitio  de 
Granada,  la  intolerancia  religiosa  del  Cardenal 
Cisneros  arrojase  á  la  hoguera  cinco  mil  ma- 
nuscritos árabes  al  prender  fuego  á  una  Bi- 
blioteca de  la  que  sólo  se  conservaron  algunas 
obras  de  medicina  y  filosofía  que  mandó 
trasladar  á  su  librería  de  Alcalá  de  Henares. 

El  fanatismo  de  todas  las  religiones  ha 
sido  igualmente  desastroso  para  la  ciencia  en 
todos  los  países,  dejando  impresas  en  las 
diferentes  épocas  de  nuestra  historia  las  san- 
grientas huellas  de  su  paso^  vestigios  de  des- 
trucción por  todas  partes,  lágrimas  é  infortu- 
nios, ruinas  y  esterilidad. 

33 


258 

Un  general  sarraceno  hizo  calentar  por 
espacio  de  seis  meses  los  banos  de  Alejandría 
con  las  obras  de  su  Biblioteca,  pero  también 
las  tropas  de  Carlos  V,  cuando  entraron  en 
Túnez  en  1 535,  saquearon  la  ciudad,  redu- 
ciendo á  cenizas  la  mayor  parte  de  los  libros 
árabes  de  Muley-Hacen.  Á  principios  de  este 
siglo,  tanto  daño  nos  causaron  los  franceses 
en  la  guerra  de  la  Independencia  saqueando 
nuestros  palacios,  templos  y  museos,  como 
irreparables  pérdidas  infirieron  á  nuestra  in- 
dustria y  á  las  artes  los  ingleses  que  combatian 
á  nuestro  lado  como  amigos,  brindándonos 
auxilio  y  protección.  Al  entrar  los  aliados  en 
Cantón  y  al  posar  sus  plantas  en  el  palacio  de 
Pekin,  la  destrucción  y  el  saqueo  mostraron 
á  los  chinos  de  qué  modo  los  europeos  cele- 
bran sus  victorias.  En  la  primera  de  estas 
ciudades  tuve  ocasión  de  ver  con  profunda 
pena  al  poco  tiempo  de  estos  sucesos,  escom- 
bros y  ruinas  que  atestiguaban  cuánto  íalta 
aún  á  los  pueblos  civilizados  para  dar  ejemplo 
á  los  que  no  lo  son  de  que  saben  respetar  el 
derecho  de  gentes,  no  vulnerando  las  sagradas 
leyes  de  la  humanidad  que  Dios  inculcó  en  la 
conciencia. 

Al  través  de  muchos  siglos,  de  las  vici- 
situdes de    los    tiempos    de  los  horrores   de 


259 

la  barbarie,  del  dominio  de  la  ignorancia  y 
de  las  tinieblas  del  fanatismo,  no  se  han  olvi- 
dado en  España  las  doctrinas  Hipocráticas 
y  los  sabios  preceptos  de  los  autores  griegos, 
poniéndolos  en  armonía  con  los  progresos  de 
la  ciencia;  por  eso  nuestra  ci rujia  militar  ha 
sido  siempre  conservadora. 

Los  que  juzgan  á  la  medicina  patria 
con  despreciativo  desdén  ó  con  sobrada  lige- 
reza é  injusticia,  que  se  detengan  á  recorrer 
las  gloriosas  páginas  de  su  historia  y  verán 
que  no  por  ser  modesta  se  la  han  de  negar 
su  mérito  indisputable  en  todas  épocas  y  los 
beneficios  que  ha  prestado  al  ejército,  á  la  hu- 
manidad y  á  la  ciencia. 

Las  doctrinas  Hipocráticas  nos  han  hecho 
partidarios  del  método  espectante,  y  hoy,  te- 
niendo en  cuenta  los  medios  de  curación  de 
que  dispone  el  cuerpo  de  Sanidad  militar  y  el 
perfeccionamiento  del  material  de  ambulan- 
cias, trasporte  y  conducción  de  heridos,  po- 
demos decir  con  Descaine:  «en el  estado  actual 
de  la  cirujla  las  amputaciones  son  la  excep- 
ción y  la  regla,  la  conservación  de  los  miem- 
bros;» recordemos  cómo  dice  el  ilustrado  jefe 
de  Sanidad  Hernández  Poggio  en  uno  de  sus 
excelentes  libros  con  que  ha  enriquecido  la 
literatura  médica  «que  la  gloria  déla  medicina 


260 

española  se  funda  en  los  miembros  que  salva 
y  no  en  los  que  amputa.» 

Las  obras  de  Hipócrates^  difundidas  y 
comentadas  en  España  como  en  ninguna  parte^ 
nos  han  enseñado  á  emplear  siempre  con  cir- 
cunspección y  prudencia  los  medicamentos 
heroicos  simplificando  nuestra  materia  médi- 
ca, para  no  perturbar  á  la  naturaleza.  Los 
médicos  militares  españoles,  permaneciendo 
fieles  á  su  bandera  Hipocrática,  no  han  olvi- 
dado en  el  tratamiento  de  todas  las  enferme- 
dades, y  muy  especialmente  en  la  curación  de 
las  heridas  por  armas  de  fuego,  que  existe 
un  poder  superior  al  medicamento  y  á  la 
operación  quirúrgica  y  al  que  con  más  ó 
menos  propiedad  se  le  ha  dado  el  nombre  de 
fuerza  medicatriz.  De  ella  y  de  su  interven- 
ción en  todos  los  actos  orgánicos  y  en  los 
accidentes  morbosos  han  querido  prescindir 
algunos  y  sobre  todo  las  escuelas  materialis- 
tas. Los  que  todo  lo  esperan  de  la  acción  te- 
rapéutica de  los  medicamentos,  los  que  todo 
lo  fundan  en  la  habilidad  de  la  medicina  ope- 
ratoria, los  que  desean  manejar  el  organismo 
humano  á  su  antojo  sin  acordarse  de  las  leyes 
vitales,  del  mismo  modo  que  se  gobierna  una 
máquina  sujeta  á  las  leyes  de  la  mecánica  y 
con  la  precisión  matemática  de  la  industria 


261 


en  todos  sus  actos,  es  necesario  que  se  con 
venzan  de  que,  al  emplear  un  medicamento  ó 
al  intervenir  la  cirujia  de  una  manera  activa, 
hay  que  contar,  más  aún  que  con  estos  me- 
dios, con  el  organismo  en  general. 

Es  indudable  que  existe  en  el  organismo 
una  fuerza  de  reacción  contra  las  afecciones 
que  le  invaden  y  hay  una  tendencia  repara- 
dora que  procara  contrarestar  todas  las  in- 
fluencias, gérmenes  y  elementos  morbosos 
que  acosan  al  hombre  desde  el  momento  en 
que  se  halla  en  el  claustro  materno.  Con  el 
auxilio  de  esta  fuerza  combate  denodado,  y 
aun  envuelto  en  las  convulsiones  de  la  agonía, 
pretende  vencer  las  causas  destructoras  de  la 
vida!  En  el  ultimo  estertor  del  moribundo 
concluye  y  se  extingue  la  aspiración  cons- 
tante de  la  naturaleza  á  la  conservación. 

Nos  detenemos  algo  y  nó  todo  lo  que 
deseáramos  en  esta  rápida  ojeada  de  la  me- 
dicina Hipocrática,  como  base  y  fundamento 
de  la  medicina  española,  porque  los  muchos 
códices  existentes  en  el  Escorial  nos  obligan  á 
ello;  su  lectura  ha  sido  tan  provechosa  á  nues- 
tros médicos  en  general  y  á  los  militares  en 
particular,  que  imbuidos  en  estas  ideas  y  edu- 
cados en  esta  escuela  no  han  interrumpido 
nunca  con    medicaciones    intempestivas    los 


262 


esfuerzos  saludables  de  la  naturaleza  que  en 
todas  sus  manifestaciones  obedece  á  deter- 
minadas leyes  y  períodos.  En  emplear  con 
oportunidad  los  medicamentos,  conociendo 
cuándo  hay  que  permanecer  pasivo  ó  cuándo 
es  preciso  auxiliar  á  la  naturaleza,  en  esto 
sólo  estriban  los  fundamentos  de  la  cirujia 
conservadora  y  del  método  espectante.  Por 
eso  dice  nuestro  célebre  Andrés  Piquer  en  sus 
comentarios  al  libro  de  los  pronósticos  de 
Hipócrates:  «si  los  médicos  observan  atenta- 
mente, hallarán  que  hasta  en  el  modo  de  mo- 
rir guarda  leyes  constantes  la  naturaleza.» 
«Nunca  en  los  principios  de  las  enfermedades 
agudas  arroja  los  humores,  que  son  la  causa 
de  ellas,  porque  por  una  de  sus  inviolables 
leyes  trabaja  en  vencer  y  en  superar  esta  causa, 
y  habiéndolo  logrado,  la  echa  fuera  del  cuer- 
po: sucede  en  esto  lo  mismo  que  en  la  cocción 
y  madurez  de  las  frutas,  las  cuales  piden  cier- 
to tiempo  en  que  trabaja  la  naturaleza  para  lle- 
varlas á  su  perfección . »  « Creen  los  médicos  que 
las  enfermedades  son  ciertos  entes  que  existen, 
y  corren  las  leyes  de  nacer  y  morir,  lo  cual  eje- 
cuta cada  una  de  ellas  en  varios  tiempos  y 
para  cumplirlo  gasta  distintos  espacios,  ni  más 
ni  menos  que  sucede  en  las  plantas.  y> 

Y  para  que  se  vea  cómo  Piquer  interpre- 


268 

taba  las  obras  de  Hipócrates,  yá  que  de  ellas 
nos  ocupamos,  no  puedo  resistir  al  deseo  de 
trasladar  el  párrafo  siguiente:  «Conviene 
considerar  si  en  la  medicina  hay  fuerzas  ó  nó 
para  quitar  la  enfermedad  antes  de  su  término, 
porque  si  no  las  hay  es  una  grande  impru- 
dencia y  muy  mala  conducta  del  médico  el 
empeñarse  que  ha  de  quitarla  antes  del  tiempo 
que  á  ella  corresponde  fenecer:  lo  que  convie- 
ne hacer  entonces  es  fortalecer  la  naturaleza, 
que  es  el  máximo  de  todos  los  remedios  para 
que,  teniendo  fuerzas, no  sea  superada  del  mal. » 
«Ciertos  remedios  son  tales,  que  no  pueden 
hacer  provecho  si  se  aplican  mal,  y  estoy  ad- 
mirado de  ver  la  facilidad,  presteza  y  poca  re- 
flexión con  que  hoy  se  arrojan  algunos  á  practi- 
carlos, debiendo  siempre  tener  la  mira  ^  que  si 
no  son  tan  dichosos  que  no  alcancen  á  quitar 
la  enfermedad,  á  lo  menos  quédeles  la  satisfac- 
ción de  que  no  han  dañado  al  enfermo.» 

Hé  aquí  expresadas  en  Hipócrates  y  pro- 
pagadas por  Piquer  las  ideas  del  método  es- 
peciante y  los  fundamentos  de  la  medicina 
española:  téngase  presente  que  el  método 
espectante  no  es  el  excepticismo  y  la  indife- 
rencia terapéutica;  es  el  empleo  del  medica- 
mento en  tiempo  oportuno  y  en  dosis  con- 
veniente. 


264 


La  química  moderna  y  los  adelantos  de 
la  higiene  han  sido  de  gran  utilidad  á  la  me- 
dicina favoreciendo  el^  método  especiante  al 
simplificar  la  terapéutica. 

No  es  posible,  sin  embargo,  conceder  á 
la  química  que  forme  por  sí  sola  un  sistema 
médico,  porque  antes  que  las  leyes  químico- 
orgánicas  están  las  leyes  vitales  independien- 
tes de  la  materia;  pero  hay  que  reconocer  la 
importancia  de  la  química  en  la  patolojía  y 
en  la  materia  médica  actual.  Por  su  influencia 
se  han  condenado  al  olvido  esas  antiguas  re- 
cetas de  diferentes  medicamentos^  cuyas  com- 
binaciones se  desconocían,  ignorándose  loque 
de  ellas  resultaba  y  su  manera  de  obrar.  Á 
causa  del  atraso  de  la  química  y  del  abandono 
de  su.  estudio,  se  prescribían  tantos  y  tan 
extrambóticos  remedios,  á  los  cuales  se  con- 
cedieron virtudes  maravillosas.  Hoy  nos  pa- 
recen inverosímiles  y  reflejan  claramente  el 
fanatismo  y  superstición  de  ciertas  épocas,  las 
extravagantes  fórmulas  que  se  encuentran  en 
varios  libros  y  que  he  visto  en  algunos  códi- 
ces, donde  figuran,  como  sucede  en  los  trata- 
dos de  cirujía,  capítulos  enteros  relativos  a  las 
úlceras  mágicas,  ó  producidas  por  fascinación, 
brujería  y  maleficio. 

Paracelso  Helmoncio  y  Agrícola  indica- 


265 

ron  diferentes  medicamentos  para  curar  las 
ulceraciones  mágicas;  otros  preconizaban  que 
se  suspendiesen  del  cuello  de  los  enfermos 
ciertas  plantas  medicinales,  que  se  hiciera 
uso  de  cenizas  de  bruja  quemada  en  las  ho- 
gueras ó  de  polvos  de  virtud  maravillosa  aun- 
que de  origen  muy  sucio,  como  excelentes 
específicos  de  sobrenatural  poder  para  ahu- 
yentar maleficios  y  conjuros.  Gracias  á  la 
química  y  á  los  progresos  de  la  ciencia  en 
general,  yá  no  se  emplean  la  ceniza  y  aceite 
de  alacranes,  los  polvos  de  liebre  degollada, 
ni  los  de  lombrices  de  tierra  en  cocimiento  de 
garbanzos  negros;  tampoco  se  usan  el  remedio 
árabe  de  la  ceniza  de  vidrio  para  combatir  los 
cálculos  de  la  vejiga,  ni  la  sangre  de  cabrón, 
según  indicaba  Avicena  cuando  aconseja  que 
se  mate  al  animal  apacentado  con  hinojo  en 
la  época  de  la  maduración  de  la  uva  y  que  se 
recoja  su  sangre  en  el  centro  de  la  degolladu- 
ra práctida,  porque  sólo  de  ese  modo  es 
provechosa. 

La  materia  médica  ha  proscrito  las  perlas 
y  las  limaduras  de  huesos  humanos;  yá  no  se 
practican  exorcismos  ni  se  aguarda  como 
antes  para  la  administración  de  un  medica- 
mento la  influencia  necesaria  del  sol  y  las 
estrellas. 

34 


266 

Las  obras  clásicas;  los  códices  griegos, 
arábigos,  latinos  y  castellanos  de  medicina  de 
la  Biblioteca  del  Escorial,  son  la  expresión  del 
genio;  y  no  se  crea  que  deseamos  poner  en 
evidencia  los  defectos  científicos  y  las  preocu- 
paciones supersticiosas  de  la  medicina  antigua, 
tan  digna  de  veneración  y  de  respeto:  seña- 
lamos sus  errores,  pero  reconocemos  los  pro- 
gresos, y  aun  á  veces,  por  no  ser  legítimos 
como  las  reputaciones  usurpadas,  también  los 
limitamos.  Al  invocar  las  excelencias  de  la 
medicina  militar  española,  queremos  demos- 
trar que  ha  seguido  con  fruto  las  huellas 
hipocráticas  en  donde  encontró  la  base  funda- 
mental de  sus  ideas  vitalistas.  En  las  obras  de 
los  médicos  griegos  no  se  hallará  la  verdad 
científica  de  hoy,  pero  sí  un  gran  criterio 
filosófico  y  profunda  observación.  Demostrar 
los  adelantos  modernos  no  es  abjurar  de  los 
conocimientos  de  otras  épocas  y  de  su  gloriosa 
historia.  Si  la  terapéutica  y  materia  médica, 
la  anatomía,  la  medicina  operatoria,  los  me- 
dios de  exploración  y  el  apoyo  de  las  ciencias 
auxiliares,  han  elevado  á  prodigiosa  altura  los 
estudios  médicos,  siendo  muy  grande  la  dis- 
tancia á  que  han  quedado  relegados  los  anti- 
guos, nada  en  cambio  ha  añadido  de  nuevo 
la  ciencia  moderna  á  las   magníficas  descrip- 


267 

clones  patológicas,  á  los  reflexivos  pronósticos 
y  útiles  consejos  que,  basados  en  la  observa- 
ción y  en  la  experiencia,  sólido  fundamento 
de  la  medicina  griega,  nos  han  legado  entre 
otros,  Hipócrates,  Galeno,  Pablo  de  Egina, 
Alejandro  de  Tralles.  Aecio  y  Oribasio  en 
las  páginas  que  inmortalizan  sus  nombres  en 
los  códices  del  Escorial  y  en  los  libros  de  la 
Biblioteca  de  impresos  de  dicho  Monasterio. 

También  la  química  ha  expulsado  de  sus 
laboratorios  á  los  alquimistas  y  á  los  magos, 
que  al  amparo  de  la  superstición  antigua,  se 
escondían  en  el  misterio  de  lúgubre  mansión, 
entre  lechuzas  y  escorpiones,  águilas  y  esque- 
letos, entre  calaveras  y  astrolabios,  frascos  y 
redomas,  hornillos  y  alambiques,  entre  viejos 
pergaminos  roídos  por  el  tiempo  é  infolios 
amarillentos  por  los  años;  esos  eran  los  asilos 
de  la  ciencia  al  dar  sus  primeros  pasos  en- 
vuelta en  el  misterio  de  la  nigromancia;  hoy 
no  se  impone  yá  con  el  terror,  ni  intimida  el 
espíritu  entre  tinieblas;  hoy  la  ciencia  habla 
á  la  razón,  convence  y  persuade  mostrando 
el  explendor  de  sus  verdades  á  la  clara  luz 
del  día. 

El  cristianismo  se  ocultó  en  las  catacum- 
bas de  Roma  y  la  ciencia  en  la  soledad  del 
claustro;  las  bellas  artes  se  guarecieron  en  los 


268 

templos;  las  aspiraciones  de  la  libertad  se 
escondían  en  la  logia  y  sólo  Jesús  predicó 
siempre  sus  doctrinas  á  la  luz  del  sol  para 
que  los  fulgores  de  la  verdad  divina  iluminasen 
la  conciencia  de  igual  modo  que  difunde  el 
sol  sus  rayos  por  los  ámbitos  del  mundo. 
Todas  las  verdades  de  la  tierra,  todas  las 
invenciones  de  los  hombres,  han  nacido  apri- 
sionadas, han  reclamado  apoyo  ó  el  favor  del 
Poderoso;  Jesucristo  es  la  excepción;  su  cá- 
tedra tuvo  por  techo  la  bóveda  azul  del  firma- 
mento, por  limites  el  espacio;  los  ecos  de  su 
voz  retumbaron  en  lo  infinito  y  la  humanidad 
despertó  regenerada  de  su  letargo  de  abyección 
de  tantos  siglos  al  escuchar  las  palabras  de  paz 
del  Redentor  proclamando  el  imperio  de  la 
justicia  y  la  santidad  de  los  derechos. 

El  cristianismo  rompió  las  cadenas  de  la 
esclavitud;  levanta  iglesias  por  todas  partes, 
vive  entre  todos  los  cultos,  y  sobresale,  como 
el  más  bello  de  los  símbolos  religiosos,  la  cruz 
del  catolicismo,  emblema  de  amor  y  de  jus- 
ticia; la  ciencia  es  patrimonio  de  la  humani- 
dad, las  bellas  artes  lo  abarcan  todo  y  no 
buscan  como  antes  su  exclusiva  inspiración 
en  los  altares;  los  derechos  del  hombre  no 
germinan  en  el  club  con  odios,  venganzas  y 
terror;    no   quieren   tormentas   de    motin    ni 


269 

tempestades  revolucionarias,  que  hieren  como 
el  rayo,  sin  respeto  y  sin  piedad;  ahora  se 
legislan  los  derechos  en  los  Parlamentos,  se 
reclaman  en  la  prensa  y  en  los  tribunales,  se 
consignan  en  los  libros  y  los  escribe  la  huma- 
nidad en  su  conciencia.  La  sociedad  católica 
no  representa  esclavitud,  ni  pide  privilegios, 
ni  desea  inmunidades,  porque  no  es  ni  puede 
ser  el  hombre  como  Bonald  queria,  sólo  tra- 
dición y  autoridad. 

Arnaldo  de  Villanueva  y  Raimundo  Lulio 
son  las  dos  figuras  más  notables  de  la  medi- 
cina española  en  el  siglo  XIII;  de  ambos  hay 
muchos  códices  en  el  Escorial.  Merecen  dete- 
nido examen  los  capítulos  VI  y  IX  del  li- 
bro III  de  la  obra  de  Arnaldo  de  Villanueva, 
acerca  de  las  costumbres  de  las  mujeres  de  su 
siglo.  Fué  el  segundo  autor  que  ha  escrito  de 
medicina  militar  en  su  obra  de  aRegimini 
Castra, »  que  consideramos  como  el  primer 
tratado  de  higiene  dedicado  al  Ejército.  La 
primera  obra  que  con  el  titulo  de  «Medicina 
militar»  se  escribió  en  España,  fué  la  de  Rassis, 
«Medicina  castrense  de  los  griegos.»  Hay 
también  en  el  Escorial  el  antidotarlo  médico 
de  Arnaldo  de  Villanueva ,  códice  del  si- 
glo XIV,  un  códice  del  siglo  XV  sobre  la 
lepra  y  otro  muy  curioso   de  principios  del 


270 

siglo  XVI^  «Vida  de  los  filósofos.»  Son 
notables  por  el  criterio  médico  que  re- 
velan sus  parábolas,  donde  se  encuentran 
también  útiles  consejos  en  pro  de  la  espec- 
tacion  en  medicina  y  en  favor  de  la  pru- 
dencia terapéutica;  citaremos  las  siguientes: 
"Antes  de  conocerse  la  especie  de  enfer- 
medad y  la  causa  próxima,  debe  regirse  el 
enfermo  con  sólo  atemperantes  y  con  medios 
inocentes.»  «Aquello  que  es  más  apropiado  á 
la  naturaleza  del  sugeto,  es  lo  que  más  le  con- 
viene.» «A  cualquiera  que  se  le  pueda  restituir 
la  salud  por  alimentos,  se  debe  proscribir  el 
uso  de  las  medicinas.»  «En  los  niños  y  en  los 
viejos  se  ha  de  temer  el  recetar,  en  los  jóvenes 
se  ha  de  desconfiar  también  del  continuo  uso 
de  los  remedios.»  «Todo  aquel  que  es  amigo 
de  recetar  ó  de  medicinarse,  pronto  llorará 
las  incomodidades  de  la  vejez.» 

Por  último,  y  como  bellísimas  máximas 
higiénicas  de  la  convalecencia,  expone:  «Á  los 
convalecientes  sólo  les  conviene  la  pureza  y 
calma  del  aire.»  «La  mansión  inficionada  por 
la  enfermedad  pasada  y  larga  se  opone  á  los 
progresos  de  la  convalecencia  como  una  insa- 
lubre cárcel.»  «El  convaleciente  incauto  recae 
pronto.»  No  es  posible  describir  con  menos 
frases  el  estado  moral   de   la  convalecencia 


271 

cuando  dice:  «Con  dulces  cantares  y  amenas 
vistas  se  restablece  el  ánimo  de  los  convale- 
cientes. )) 

De  Raimundo  Lulio  hay  en  la  Biblioteca 
del  Escorial  muchos  é  interesantes  códices  de 
filosofía,  medicina,  física,  alquimia  y  astro- 
nomía, que  mencionaremos  en  el  lugar  corres- 
pondiente. 

Gutiérrez  de  Toledo  enriqueció  la  tera- 
péutica con  el  uso  de  las  aguas  minerales 
artificiales  en  el  siglo  XV.  Pedro  Pintor,  fa- 
moso médico  valenciano,  da  á  luz  varios 
libros  de  medicina  y  cirujía  y  Francisco  Villa- 
lobos publica  en  1498  su  obra  en  romance 
"Sumario  de  la  medicina.» 

Los  primeros  autores  que  se  ocupan  de 
heridas  por  armas  de  fuego  son  del  siglo  XVI, 
y  entre  ellos  recordaremos  á  Juan  de  Vigo 
en  1 525  y  á  Alfonso  Ferro  en  i553,  que  juz- 
gándolas envenenadas,  abusaron  de  un  modo 
perjudicial  de  las  cauterizaciones,  del  aceite 
hirviendo  y  de  las  sajas;  el  empleo  del  hierro 
y  del  fuego,  de  que  tanto  se  abusó,  comienza  á 
decaer  á  fines  de  ese  siglo,  y  son  los  cirujanos 
españoles  los  que  más  á  ello  contribuyen. 

Hidalgo  de  Agüero  establece  los  principales 
fundamentos  de  la  cirujía  conservadora,  aplaza 
la  extracción  de  los  proyectiles  y  délos  cuerpos 


272 

extraños,  preconizando  las  curas  tardías;  pero 
no  puede  dársele  el  titulo  de  cirujano  conser- 
vador, porque  abusó  demasiado  de  las  caute- 
rizaciones; empleaba  el  agua  en  las  heridas 
demostrando  conocer  perfectamente  sus  bue- 
nos resultados  en  los  traumatismos. 

Dionisio  Daza  Chacón  es  otro  de  los  cé- 
lebres médicos  del  siglo  XVI.  Fué  cirujano  de 
los  tercios  de  Flandes  en  i54.3,  prestando  los 
servicios  de  su  profesión  en  Alemania  en  los 
ejércitos  de  Carlos  V.  Combatió  las  ideas  de 
Juan  de  Vigo  y  de  Alfonso  Ferro,  que  juzga- 
ban envenenadas  las  heridas  y  con  su  trata- 
miento modificó  la  Cirujía  m///Y<jr,  anticipán- 
dose al  cirujano  francés  Ambrosio  Pareo  en 
la  ligadura  de  las  arterias;  los  cirujanos  espa- 
ñoles ligaban  las  arterias  en  el  siglo  XVI, 
siguiendo  la  práctica  de  los  árabes.  Fué  Daza 
Chacón  el  primero  que  escribió  de  las  heridas 
de  arcabuz,  ocupándose  de  medicina  miUtar. 

Luis  Llovera  de  Ávila  publicó  en  el  si- 
glo XVI  su  bellísimo  libro  «Vergel  de  Sanidad» 
y  Juan  Calvo  en  i557  la  obra  «Cirujía  uni- 
versal y  particular.»  Andrés  de  León  escribe 
varios  tratados  de  Medicina  y  cirujía  y  se 
dedica  con  provecho  á  los  estudios  anatómi- 
cos. Mucho  contribuyeron  los  médicos  espa- 
ñoles á  los  progresos  de  la  anatomía,  y  yá  en 


273 

1448  estaban  autorizados  para  las  disecciones, 
descollando  entre  otros,  Servet,  Villalobos 
Montaña,  Laguna  y  Valverde,  que  corrigió 
en  algunas  cosas  al  famoso  Vesalio.  Jabar, 
médico  de  Felipe  II,  construyó  unas  estatuas 
anatómicas  de  sedas,  que  llamaron  la  atención 
en  España  y  en  Europa.  Nuestra  escuela  de 
medicina  del  Monasterio  de  Guadalupe  fun- 
dada en  1 322  tenia  concedida  orden  para  abrir 
cadáveres,  y  Ceballos  y  Arceo,  entre  otros 
médicos  célebres,  siguieron  en  ella  sus  es- 
tudios. 

Andrés  Laguna,  médico  de  la  corte  de 
Carlos  V  y  del  Papa  Paulo  III  que  le  nombró 
Conde  Palatino,  recorrió  varias  naciones  de 
Europa,  propagando  en  todas  partes  sus  co- 
nocimientos anatómicos  y  su  ciencia;  es  uno 
de  los  ilustres  varones  que  más  honraron  con 
su  talento  y  abnegación  profesional  las  pági- 
nas de  nuestra  Historia. 

Luis  Vasseau,  médico  catalán,  publicó 
en  1540  las  tablas  anatómicas  del  cuerpo 
humano,  y  Pedro  Giménez  dio  á  la  prensa 
unos  excelentes  diálogos  de  anatomía.  Ber- 
nardino  Montaña  imprimió  en  Valladolid  en 
1 55 1  la  «Anatomía  del  hombre»  y  Juan  de 
Valverde  su  historia  de  la  composición  del 
cuerpo  humano  en  i556,  ilustrándola  con  un 

35 


274 

gran  número  de  estampas,  en  competencia 
dicha  obra  con  la  del  célebre  Vesalio.  Fran- 
cisco Arceo  escribió  varios  libros  de  cirujia 
muy  notables,  tratando  con  criterio  conser- 
vador de  la  curación  de  las  heridas. 

Valles  de  Covarrubias,  llamado  el  divino 
por  Felipe  II,  publicó  varias  obras  y  es  digno 
de  especial  estudio  su  libro  de  «calenturas.» 
Pedro  Arias  de  Benavides  viajó  por  la  Amé- 
rica Occidental  y  publicó  en  Valladolid  en 
1 567  un  libro  con  curiosas  observaciones  titu- 
lado «Secretos  de  cirujia.» 

Luis  Collado^  célebre  anatómico  de  la 
universidad  de  Valencia,  es  autor  de  varios 
libros  sobre  «Anatomía  humana;»  Alfonso  de 
Corella,  catedrático  de  Alcalá  y  Juan  de  Car- 
mona,  médico  y  filósofo  de  Sevilla,  enri- 
quecieron la  ciencia  con  gran  número  de 
obras. 

Miguel  Servet,  que  nació  en  Aragón  en 
i5og,  se  ocupó  de  la  circulación  de  la  sangre 
en  un  libro  impreso  en  Basilea  en  i53i,  cuyo 
descubrimiento  se  ha  atribuido  injustamente 
al  médico  inglés  Harvey,  pues  no  habló  de  la 
circulación  hasta  el  año  de  1622  ó  sea  un  siglo 
después. 

Nuestros  médicos  Luis  Lovera  de  Ávila, 
Bernardino  Montaña    y   Juan  Valdés  de  la 


275 

Plata,  hablan  indicado  antes  en  sus  libros 
algunas  ideas  referentes  á  la  circulación  de  la 
sangre.  Así  como  Daza  Chacón  fué  de  los  más 
hábiles  operadores  del  siglo  XVI,  debemos 
considerar  á  Juan  Andrés  Alcázar  como  uno 
de  los  más  famosos  cirujanos  de  ese  siglo;  era 
catedrático  de  Salamanca  y  publicó  una  obra 
clásica  de  cirujia  en  seis  libros.  Luis  de  Le- 
mos,  profesor  también  de  Salamanca,  pro- 
pagó con  excelentes  comentarios  todas  las 
obras  de  Hipócrates.  Sobresalieron  en  España 
en  el  siglo  XVI,  y  entre  otros,  Amado  Lusi- 
tano, Fragoso  y  Mercado,  siendo  el  libro  de 
enfermedades  de  mujeres  que  publicó  este 
íiltimo,  un  buen  resumen  de  cuanto  hablan  es- 
crito los  griegos. 

En  el  siglo  XVII,  se  paralizaron  algo  los 
estudios  anatómicos,  apesar  de  que  Pedro 
Ferrar  se  dedicaba  á  ellos  con  notable  apro- 
vechamiento, publicando  su  «Flor  de  ana- 
tomía,» ^  Pedro  Gago  de  Vadilla  daba  á  luz 
en  1 632  una  obra  de  cirujia  y  sus  discursos 
sobre  curación  de  las  heridas,  donde  se  de- 
clara partidario  del  método  conservador  y 
adelanta  las  ideas  osteogenésicas  de  hoy,  res- 
pecto á  la  regeneración  perióstica  de  los  hue- 
sos cuando  dice  «que  el  callo  en  las  fractu- 
ras    se    forma    por   medio    del    periostio.» 


276 

Pedro  Barba,  profesor  de  la  facultad  de 
Valladolid  y  Médico  de  Cámara  de  Feli- 
pe IV.  es  autor  de  varios  libros.  Alonso 
Romano,  Ramírez  de  Córdoba  y  Melchor 
de  Villena,  llamado  el  Hipócrates  Valenciano, 
escriben  de  cirujia. 

José  Quer,  sabio  naturalista  y  distingui- 
do médico  militar,  escribió  una  obra  de  bo- 
tánica y  otras  de  gran  utilidad  y  José  Esca- 
milla,  unos  tratados  de  cirujia  en  1696. 
Pedro  López  de  León  se  ocupa  con  feliz 
éxito  «de  los  apostemas»  en  1622,  y  trata  Pe- 
dro Miguel  de  Heredia  de  los  tubérculos 
del  pulmón,  de  un  modo  admirable,  si 
recordamos  cuáles  eran  los  conocimien- 
tos de  la  época  en  que  escribía.  En  este 
siglo  fueron  decayendo  las  doctrinas  hipo- 
cráticas  y  la  cirujia  conservadora,  por  el  pre- 
dominio de  las  doctrinas   fisiológicas. 

En  el  siglo  XVIII  se  impulsaron  los 
estudios  anatómicos,  pero  fué  un  siglo  fu- 
nesto en  Europa  para  la  cirujia  conserva- 
dora y  para  las  ideas  sustentadas  en  Es- 
paña, respecto  á  la  fuerza  medicatriz,  por- 
que se  abusó  de  las  operaciones  quirúrgi- 
cas de  la  polifarmacia. 

Francisco  Canivell,  célebre  cirujano  mi- 
litar, nació  en  Barcelona  en  1 72 1  y  entre  sus 


277 

obras  mencionaremos  dos  que  sirvieron  de 
texto  durante  muchos  años;  una  sobre  he- 
ridas por  armas  de  fuego  y  otra  de  apositos 
y  vendajes;  abusó  de  las  insiciones,  pero  fué 
conservador  en  medicina  operatoria.  Al  ocu- 
parse de  la  mayor  gravedad  de  las  heridas 
por  la  irregularidad  de  los  proyectiles,  mani- 
fiesta «que  el  pretendido  veneno  de  las  balas 
estaba  en  las  desigualdades  de  ellas ^  y  con 
este  motivo  expone  y  detalla  admirablemente 
la  marcha  y  efectos  de  los  proyectiles.  D.  José 
López,  médico  militar,  escribió  en  lySo  un 
libro  acerca  de  las  heridas,  y  dice  que  la 
«naturaleza  es  la  curación.»  El  Médico  de 
Cámara  D.  Martin  Martínez,  publicó  en  1745 
una  obra  de  anatomía,  y  D.  Andrés  García 
Vázquez  en  1774  una  buena  traducción 
de  la  anatomía  quirúrgica  de  Bernardino 
Genga. 

El  célebre  Andrés  Piquer  es  una  de  las 
figuras  más  notables  de  la  ciencia  en  el  si- 
glo XVIII,  y  contribuyó  mucho  á  propagar  en 
España  las  doctrinas  hipocráticas.  sostenien- 
do con  ellas  los  fundamentos  de  nuestra  ci- 
rujía  conservadora;  este  sabio  profesor,  no 
sólo  se  dedicó  al  estudio  de  la  medicina  y  de 
la  física,  sino  al  de  la  filosofía,  y  recomenda- 
mos la  lectura  de   su    c( filosofía  moral  para 


278 

la  juventud»  publicada  en  Madrid  en  1755. 
En  1750  habia  escrito  su  tratado  de  calentu- 
ras que  basta  para  darle  justa  fama;  escribió 
un  tratado  de  física,  tradujo  todas  las  obras 
de  Hipócrates  con  tan  excelentes  comentarios, 
que  ellos  solos  harian  de  esta  obra  rica  joya 
de  inextimable  valor  para  nuestra  literatura 
médica;  el  libro  de  los  pronósticos  y  el  de  las 
epidemias  encierran  tesoros  de  ciencia  y 
no  es  posible  que  olvidemos  nunca  sus  co- 
mentarios sobre  la  tisis.  Cristóbal  de  Vega  y 
Jaime  Esíeve  tradujeron  también  del  griego 
al  latin  algunas  de  las  obras  de  Flipócrates. 
D.  Francisco  Fernandez  Navarrete  escribió 
en  el  siglo  XVÍII  un  precioso  libro  sobre 
constituciones  epidémicas,  y  D.  Mariano  Se- 
guer,  catedrático  de  Valencia,  publicó  muy 
buenas  obras;  sobresalieron  los  médicos  mi- 
litares Heredia  Velasco  y  Custodio  Gutiérrez^ 
que  fué  ademas  primer  cirujano  de  Cámara. 
D.  Domingo  Vidal,  profesor  y  bibliotecario 
del  Colegio  de  Barcelona,  escribió  de  «enfer- 
medades de  ojos»  y  también  «de  heridas»  en 
1783;  hemos  leido  con  complacencia  este 
libro,  y  concluye  con  un  apéndice  bien  medi- 
tado «sobre  las  curas  tardías.»  Francisco 
Ring,  médico  militar,  publicó  dos  libros  inte- 
resantes en  1780  y  en  1782. 


279 

Pedro  Gómez  de  Bedoya,  catedrático  de 
cirujía  y  de  anatomía  en  Santiago,  escribió 
en  1764  una  «historia  universal  de  las  fuentes 
minerales  de  España;»  en  esta  curiosa  obra 
se  exponen  el  análisis  y  virtudes  desús  aguas, 
principios  de  que  constan,  modo  de  adminis- 
trarlas é  importantes  consideraciones  médicas, 
topográficas  y  de  historia  natural.  Fray  Cosme 
funda  el  hospital  de  San  Juan  de  Dios  de 
Madrid  en  lyóS  y  enriquece  la  ciencia  y 
nuestro  arsenal  quirúrgico  con  nuevos  instru- 
mentos y  útiles  modificaciones  en  los  proce- 
deres operatorios.  Juan  Isasi,  médico  militar, 
publica  en  1768  varios  escritos  de  cirujía  y 
fué  Solano  autor  de  un  excelente  libro  «sobre 
el  pulso.»  Manuel  Abad  escribió  de  medicina 
militar  y  debe  consultarse  su  tratado  de  las 
epidemias  malignas  y  enfermedades  particu- 
lares de  los  ejércitos,  con  advertencias  á  sus 
capitanes  generales,  ingenieros,  médicos  y 
cirujanos.  Francisco  Victoriano  Gómez  y 
Juan  Carballo,  escribieron  de  cirujía/ y  el 
primero  discutió  el  importante  tema  de  si  á 
esta  «le  faltaban  ó  sobraban  operaciones.»  Es 
también  interesante  para  la  cirujía  conserva- 
dora el  libro  de  Juan  Vidos  y  Miró.  El  cate- 
drático de  anatomía  de  la  escuela  de  Madrid 
D.   Ignacio  Lacaba,   médico  militar,  contri- 


280 


buye  mucho  en    1789  á  los  progresos  de  los 
conocimientos  anatómicos  en  España. 

Puig  Ibarrola,  Pelaez  y  Queraltó  descue- 
llan por  su  ciencia  y  por  sus  obras  acerca 
de  las  heridas  por  armas  de  fuego;  fueron 
legítimos  representantes  de  nuestra  cirujia 
militar  á  fines  del  siglo  XVIII  y  son  sus  libros 
un  titulo  de  gloria  para  el  Cuerpo  de  Sanidad 
y  para  la  medicina  española,  que  tanto  realza- 
ron con  la  enseñanza,  con  la  práctica  y  con 
sus  escritos. 

En  el  siglo  XVÍIÍ  tuvimos  médicos  emi- 
nentes como  Balmis,  Gali,  Roda^Villalva,  Gar- 
cía, Suarez,  Espinosa,  Saavedra,  Gómez  y  José 
Masdevall,  jefe  superior  del  Cuerpo  de  Sanidad 
militar  en  1799,  y  omitimos  los  nombres  de 
otros  célebres  profesores,  porque  no  podemos 
dar  más  extensión  á  nuestro  libro. 

En  el  siglo  XIX,  con  la  nueva  orga- 
nización del  Cuerpo  de  Sanidad  y  con  los 
progresos  de  la  ciencia  en  general,  son  muy" 
notables  los  médicos  y  los  escritos  que  tratan 
de  las  más  arduas  cuestiones  de  cirujia  y  me- 
dicina con  aplicación  al  Ejército.  El  célebre 
Morejon^  cuyo  nombre  bastarla  á  inmorta- 
lizar su  «historia  de  la  medicina  española,» 
Aso  Travieso,  Castello,  Capdevila,  Codorniu, 
Sarrais,  Rodríguez  Manzanares,  Frau,  Tapia, 


281 


Chinchilla,  Obrador,  Montes,  Rubio,  Men- 
doza, Moreno,  Oriol  Navarra,  Balseyro,  Mesa, 
Rodríguez,  Ravers,  Hernando,  Saviron,  Bus- 
tos, Pina,  Nieto,  Weiller,  Diaz  Benito,  An- 
guiz,  Monlau,  Chiralt,  Sumsi,  Santucho 
y  Aviles  son  nombres  de  ilustres  médicos 
que  han  pertenecido  al  Cuerpo  de  Sani- 
dad. Si  en  los  siglos  pasados  y  en  el  actual, 
tanto  se  enaltecieron  las  glorias  de  la  me- 
dicina militar  española,  podemos  afirmar 
también  que  son  dignos  sucesores  de  Ca- 
nivell,  Queralto  y  Hernández  Morejon,  los 
jefes  y  oficiales  que  ahora  visten  el  hon- 
roso uniforme  de  una  corporación  que  tan 
acreedora  es  al  cariño  que  el  Ejército  la 
otorga,  y  á  las  consideraciones  que  todos  los 
gobiernos  la  dispensan.  Entre  los  muchos 
nombres  que  hoy  pudiéramos  citar  de  los 
médicos  militares  que  ilustran  la  ciencia  y  la 
literatura  con  sus  escritos,  mencionaremos  á 
Somovilla,  Bernad,  Montejo,  Losada,  Landa, 
Población,  Plata,  Adrover,  Hernández  Poggio, 
Camisón,  Florit,  Espala,  Gazul,  Suender, 
Panosa,  Cerain,  Ferradas,  Vidal,  Martínez 
Pacheco,  Andechaga,  Vives,  Botet,  Pérez  y 
Martínez,  Parallé,  Garrido,  Marqués,  López 
Nieto,  Esbry,  Frean,  Busquet,  Gili,  Garrido, 
Pantoja,  Claramunt  y  Torrejon.  Recordemos 


282 

también  que  hay  un  distinguido  médico,  el 
Dr.  Ullesperger,  de  Municii,  que  contribuye 
á  enriquecer  nuestra  literatura  médica  con  sus 
trabajos. 

España,  tan  poco  conocida  en  el  extran- 
jero y  tan  mal  juzgada^  es  la  cuna  de  la  me- 
dicina filosófica,  la  patria  déla  cirujía  conser- 
vadora y  el  país  clásico  del  decoro  y  dignidad 
científica  en  el  ejercicio  de  la  profesión.  Cuando 
con  tanta  injusticia  se  deprimen  y  aun  niegan 
las  glorias  de  la  medicina  española,  bueno  es 
que  aconsejemos  lean  su  Historia  los  que  por 
no  conocerla  nos  injurian,  y  en  ella  apren- 
derán, que  á  mediados  del  siglo  XII  teníamos 
más  de  setenta  bibliotecas;  la  historia  les  dirá 
que  en  esa  época  creó  D.  Alonso  VIII  la  uni- 
versidad de  Falencia  y  fundó  D.  Alonso  IX  la 
de  Salamanca  en  1243,  engrandeciéndola  Don 
Alfonso  el  Sabio;  en  i322  se  estableció  la 
enseñanza  de  la  medicina  en  el  Monasterio  de 
Guadalupe. 

La  inoculación  de  la  vacuna  era  conocida 
en  Galicia  mucho  antes  de  haberla  estudiado 
los  ingleses  y  antes  que  ellos  descubrimos  la 
circulación  de  la  sangre;  nuestros  hospitales  y 
casas  de  orates  son  anteriores  á  los  creados 
en  el  extranjero;  cuando  nadie  creia  que 
fuese  posible  poner  en   contacto  con  la  so- 


283 

ciedad  á  los  sordo-mudos,  realizó  tan  admi- 
rable obra  Pedro  Ponce  de  León,  monje  de 
Sahagun  en  Castilla  la  Vieja;  la  topografía 
médica  de  la  Península  mereció  un  estudio 
especial  de  nuestros  médicos,  pudiendo  citar 
entre  varias  como  de  las  primeras,  la  del  judío 
toledano,  médico  del  Rey  D.  Fernando  ÍV, 
existente  en  el  Escorial,  y  el  libro  de  higiene 
y  topografía  de  Sevilla  de  Juan  de  Aviñon, 
concluido  en  141 9,  que  lo  imprimió  Monardes 
á  su  costa,  dedicándolo  al  cabildo  de  Sevilla 
en  1 545;  también  Cristóbal  Méndez  se  ocupó 
del  análisis  físico  de  las  aguas  potables  de 
dicha  ciudad.  Fué  España  el  primer  pueblo 
de  Europa  que  instaló  en  Mallorca  en  1741  la 
primera  Junta  de  Sanidad  (morberías  ó  cua- 
rentenas) para  evitar  el  contagio  de  las  pestes. 
Sobre  escencialidad  de  las  fiebres  escribieron 
el  famoso  judío  Izchaq  y  otros  médicos  árabes 
y  españoles,  y  si  se  trata  de  negar  la  escencia- 
lidad de  ellas  afirmando  que  dependen  todas 
de  irritaciones  patológicas  locales,  entonces 
nos  dice  la  Historia  que  un  erudito  monje 
español  anticipó  estas  ideas  algunos  siglos  á 
las  doctrinas  de  Broussais.  Un  médico  español 
es  el  primero  que  al  ir  á  América  nos  da  á 
conocer  científicamente  aquel  país  y  fué  Diego 
Alvarez  Chanca,   que  acompañó  á  Cristóbal 


284 

Colon  en  su  segundo  viaje  á  las  Indias  por 
mandato  de  los  Reyes  Católicos.  Los  escla- 
recidos nombres  de  los  médicos  españoles 
van  siempre  unidos  á  todas  las  glorias  de 
nuestra  patria. 

Pedro  Miguel  de  Heredia   se   ocupa  de 
los  tubérculos  del  pulmón,  anticipándose   á 
las  observaciones  de  Morton;  la  hidroterapia 
la  usamos  con  éxito  en  1749,  cuando  en  otros 
países    se   desconocían  aún    sus    resultados; 
nuestro  célebre  Carrasco  escribe  de  higiene 
pública,  y   no   va  á  pedir  fuera   de   España 
materiales  para    su    libro,   porque  sus    co- 
nocimientos   eran    suficientes    para    recoger 
beneficiosos  frutos  en  el  campo  de  la  cien- 
cia, sin  necesidad  de  buscar  ingertos  en  los 
autores  extranjeros;  el  aposito  inamovible  de 
yeso  que  Dieffembach  usó  y  per  feccionó   en 
el  hospital  de  la  caridad  de  Berlin,  generali- 
zado después  en  Francia  para  el  tratamiento 
de   las  fracturas,  lo  empleaban    desde   muy 
antiguo  los  árabes  y  lo  propagaron  y  dieron 
á  conocer  en  España,  así  como  hablan  consa- 
grado atención  al  estudio  de  las  enfermeda- 
des de  los  huesos,  ocupándose  de   la  espina 
ventosa,  según  vemos  en  las  obras  de  Avice- 
na,  libro  IV,  tratado  I,  capítulo  IX.  El  tratado 
de  calenturas  de  Andrés  Piqucr  y  el  que  pu- 


285 

blicó  Gómez  Pereira,  pueden  competir  con 
todos  los  que  de  su  época  vieron  la  luz  en 
las  demás  naciones.  El  sistema  de  barracas 
tan  usado  en  Alemania  para  la  asistencia  de 
los  enfermos  y  heridos,  en  la  última  cam- 
paña Franco-Prusiana,  lo  habia  yá  puesto 
en  práctica  nuestro  célebre  Morejon  á  prin- 
cipios de  este  siglo,  obteniendo  sorpren- 
dentes resultados  al  aislar  á  los  enfermos. 
Si  Velpeau  en  Francia,  comprendió  un 
dia  lo  que  se  abusaba  de  la  medicina  ope- 
ratoria al  decir  «cuanto  más  veo,  menos 
amputo,»  el  médico  español  Sebastian  de 
Mesa  no  tuvo  que  rectificar  nunca  las  doctri- 
nas de  los  médicos  militares  españoles,  sino 
recordarles  su  antigua  práctica  exclamando: 
«no  desprendamos  jamás  del  cuerpo  humano, 
sino  aquellas  partes  que  son  incompatibles 
con  la  conservación  del  todo.» 

Al  terminar  estas  consideraciones  ge- 
nerales sobre  la  medicina  española,  consagro 
con  todo  el  afecto  de  mi  alma  un  cariñoso 
recuerdo  á  mis  antiguos  compañeros  de  Sani- 
dad militar;  si  mis  dolencias  físicas  y  mi  inu- 
tilidad para  seguir  en  el  Ejército  han  borrado 
mi  nombre  del  escalafón  del  cuerpo,  no  se  ha 
borrado  de  mi  memoria  su  amistad,  yo  que 
he  podido  apreciar  sus  servicios,  penalidades 


286 

y  ciencia,  concluiré  manifestando  á  los  que  ig- 
noran lo  que  es  y  lo  que  vale  el  médico  militar 
en  los  hospitales,  las  siguientes  frases  deLevy 
«nadie  penetra  en  esos  albergues  del  sufrimien- 
to, donde  están  eslabonados  todos  los  dolores 
humanos,  todas  las  formas  de  destrucción, 
donde  la  abnegación  no  tiene  más  testigo 
que  la  conciencia,  donde  no  hay  manos  que 
aplaudan,  ni  miradas  que  estimulen,  ni  excita- 
ciones que  se  dirijan  al  heroísmo.» 


CÓDIOES 


GRIEGOS 


ESTRACTO  de  todas  las  obras  de  los  autores 
antiguos.  Colección  médica  numerosa  en  i5  libros 
que  contienen  i6o  capítulos:  códice  griego  del  si- 
glo XIV;  estante  Y,  plúteo  2.'' 

VARIOS  OPÚSCULOS  y  tratados  de  medicina 
por  Dioscórides,  Galeno  y  otros  autores,  siendo  el 
último  la  esplicacion  de  los  sueños  por  Nicephoro: 
códice  en  griego  con  194  folios,  del  siglo  XIV,  estan- 
te Y,  plúteo  2." 

ESTRACTO  de  las  obras  médicas  de  Pablo  de 
Egina,  Teófilo  Protospathaire,  Galeno,  Avicena,  Ma- 
ques de  Emesa,  Juan  de  Damasco,  Isaac  el  Sirio  con 
varios  tratados  de  otros:  códice  en    griego,  de    los  si- 


287 

glos  XIV  y  XV,  con  241  folios;  estante  J,  plúteo  2." 
(Hay  63  manuscritos.) 

DE  ALIMENTOS,  por  Isaac:  códice  griego  del 
siglo  XIV;  con  284  folios. 

FRAGMENTOS  Y  OPÚSCULOS  de  varios  mé- 
dicos: códice  griego;  estante  J,  plúteo  3.° 

OBRAS  DE  MEDICINA  de  Hipócrates,  Galeno 
Oribasio,  Ruffo,  Paulo,  Alejandro,  Aecio,  Isaac  y 
otros:  códice  en  griego,  con  768  folios. 

AECIO,  colección  médica  en  griego;  estante  J, 
plúteo  2.°:  códice  con  371  folios,  del  siglo  XV. 

DIOSCÓRIDES.  Tratado  sobre  las  plantas:  có- 
dice griego,  siglo  XV  con  269  folios. 

MIREPSO.  Formulario  médico,  en  griego:  có- 
dice del  siglo  XVI;  con  391  folios.  Empieza  con  un 
epigrama  de  Juan  de  Lascaris. 

DIOSCÓRIDES.  De  medicamentos:  códice  grie- 
go en  vitela;  del  siglo  XI. 

ISAAC  EL  MÉDICO.  Traducción  griega  del 
viaticumperegrinantiuní  de  Constantino  el  africano. 
Contiene  este  manuscrito,  dividido  en  varios  capítulos, 
numerosos  estractos  de  las  obras  de  Alejandro  de  Tra- 
lles,  Aecio,  Galeno,  Dioscórides,  Andromaco,  Posi- 
donio,  Rufo,  Marcelo,  Hipócrates,  Galeno,  etc.,  etc.: 
códice  con  384  folios,  del  siglo  XIV;  estante  Z,  plú- 
teo I.*" 

RUFO  DE  EFESO.  Materia  médica  y  enfer- 
medades de  los  oidos:  códice  griego;  estante  Y,  plú- 
teo 2.° 

Entre  los  fragmentos  de  un  Diccionario  etimoló- 
gico, códice  griego  del  siglo  XVI;  hay  un  manuscrito 
con  los  sueños  de  Hipócrates. 

CIROPEYA  ó  piedra  filosofal  que  principia  con 


288 

un  tratado  de  Estevan  de  Alejandría  sobre  el  arte  de 
hacer  el  oro,  otro  del  emperador  Heraclio  sobre  quí- 
mica dirigido  á  Modesto  de  Hagiopolis.  Contiene  este 
códice  treinta  y  tres  tratados  más  de  alquimia,  ó  arte 
sagrado  por  diferentes  autores,  siendo  el  último  de 
Synesio  sobre  los  sueños:  códice  con  287  folios,  del 
siglo  XVI . 

DE  LAS  FIEBRES,  por  Izchaq,  médico  del  Rey 
D.  Alonso  VII.  (Hay  también  el  códice  castellano  en 
el  estante  M,  plúteo  2.") 

GALENO;  de  la  virtud  de  los  alimentos  y  medi- 
cinas: códice  griego  del  siglo  XVI. 

GALENO.  Tratado  de  medicina.  Comentarios 
del  mismo  sobre  Hipócrates:  códice  en  griego;  del 
siglo  XV. 

THEODORETO.  Tratado  sobre  la  curación  de 
las  enfermedades  gangrenosas:  códice  en  griego,  del 
siglo  XVI;  con  281  folios. 

HIPÓCRATES.  Sus  aforismos  con  comentarios 
de  Estevan  el  Ateniense:  códice  griego,  en  vitela, 
con  270  folios,  del  siglo  X;  estante  E,  plúteo  2." 

ALEJANDRO  DE  TRALLES.  Sus  obras:  có- 
dice griego  del  siglo  XIII. 

ORIBASIO.  Sinopsis  médica  en  nueve  libros  y 
de  apositos  vendages,  fracturas  y  luxaciones:  códice 
griego  del  siglo  XV. 

PABLO  DE  EGINA.  Tratado  de  medicina:  có- 
dice griego  del  siglo  XV. 

LEXICÓN  de  medicina  árabe  escrito  en  griego: 
códice  con  228  folios;  del  siglo  XVI. 

HIPÓCRATES;  sus  aforismos.  Escolios  sobre 
las  epidemias:  códice  griego  con  269  folios. 

HIPÓCRATES,  todas  sus  obrasen  diferentes  có- 


289 


dices  griegos  y  otros  muchos  códices  con  comentarios 
de  diversos  autores  acerca  de  ellas. 

NEMESIO,  de  la  naturaleza  del  hombre:  códice 
griego. 

ALEJANDRO  DE  AFRODISEA.  Tratado  de 
medicina,  en  griego  (hay  varios  códices). 

CATÁLOGO  GRIEGO  de  los  manuscritos  de 
medicina  de  la  biblioteca  del  Vaticano  y  catálogos  de 
las  bibliotecas  de  varios  cardenales. 

HEBREOS 

Entre  los  setenta  y  tres  códices  con  caracteres  he- 
breos que  se  conservan  hoy  en  la  biblioteca  del  Esco- 
rial hay  los  siguientes  de  medicina: 

MATERL\  MÉDICA  de  Galeno  y  Dioscórides. 

LIBROS  DE  AVICENA.  Sus  cánones  ó  pre- 
ceptos de  medicina.  Este  sabio  médico,  filósofo  y  ma- 
temático árabe,  adquirió  justa  reputación;  desempeñó 
importantes  cargos  en  las  cortes  de  varios  príncipes  de 
Asia  y  murió  á  los  56  años  de  edad  á  causa  de  sus  vici- 
situdes y  trabajos.  Decia  su  epitafio:  a  El  gran  filósofo, 
el  gran  médico  Aben  Sina,  ha  muerto;  sus  libros  de 
filosofía  no  le  enseñaron  el  arte  de  vivir  bien,  ni  los  de 
medicina  el  arte  de  vivir  mucho.» 

Hay  otro  códice  de  Avicena  de  texto  árabe  pero 
escrito  en  hebreo;  consta  de  427  folios. 

AFORISMOS  DE  HIPÓCRATES  traducidos  al 
hebreo  por  Moseh  Abdalla.  También  los  tradujo  al 
catalán. 

TRATADO  DE  MEDICINA,  de  autor  anónimo. 

DE  MEDICAMENTOS:  códice  dividido  en  dos 
tratados,  de  Galeno  el  primero  y  de  Samuel-Ben-Sa- 
lomo  el  segundo. 

37 


290 


MEDICINA,  por  Abinzoar.  Un  códice  de  autor 
anónimo  y  varios  tratados  de  Dioscórides  y  de  otros 
autores. 

RESUMEN  DE  MEDICINA  por  Arnaldo  de 
Villanueva,  traducido  del  latin  al  hebreo:  códice  del 
siglo  XV. 

ARÁBIGOS 

HISTORIA  de  los  médicos  españoles  por  Soli- 
man-Ben-Giolgiol.  (Se  ha  considerado  á  este  árabe 
como  el  primer  biógrafo  médico  español.)  Siglo  V  de 
la  egira. 

DE  ENFERMEDADES  DE  LOS  OJOS,  por 
Mohamad-Ben-Kalaph-Ben-Masa-Alansar-Alavasi. 

TRATADO  DE  MEDICINA,  por  Mohamad- 
Ben-Alimad-Ben-Amer-Albalvi  (natural  de  Tortosa). 
Se  dedicó  al  estudio  de  las  ciencias  y  fué  autor  de  mu- 
chas obras. 

DE  MEDICAMENTOS,  por  Mohamad-Ben-Ab- 
delmalek-Ben-Thophilus. 

TRATADO  DE  MEDICINA,  por  Almazhagí. 

TEORÍA  Y  PRÁCTICA  de  la  medicina  y  muy 
principalmente  de  farmacia  por  Ebn-Vaphedi  ¡natural 
de  Valencia):  códice  DCCXXVIII. 

DE  LA  GENERACIÓN,  preñez,  puerperio  y 
enfermedades  de  la  infancia,  por  Garibay-Ben-Said: 
códice  DCCCXXVIIL 

COMENTARIOS  de  las  obras  de  Galeno  y  de 
otros  autores  griegos,  por  Honaino-Ben-Isac.  Este 
célebre  médico  viajó  por  Oriente  y  recogió  un  gran 
niímero  de  obras,  traduciendo  después  del  griego  al 
árabe  las  principales  de  medicina  y  filosofía;  á  él  de- 
bemos que  los  comentarios  de  Galeno  II,  III,  IV  y  VI 


291 


del  libro  II  de  las  epidemias  no  hayan  desaparecido 
y  los  halló  Casiri  en  la  Biblioteca  del  Escorial,  entre 
las  obras  de  Galeno,  comentadas  por  Honaino-Ben- 
Isac;  en  el  tomo  I  de  la  Biblioteca  arábigo-escurialense, 
se  ocupa  Casiri  (folio  293)  con  mucha  estension  de 
todas  sus  obras. 

DE  FIEBRES  y  de  las  pandectas  de  Rasis,  por 
Joseph-Ben-Mohamad-Althamigi:  códice  DCGCXIII 
con  287  hojas;  año  1265. 

TRATADO  DE  MEDICINA,  por  Mohamad- 
Ben-Abdalla-Ben-Alkhathib. 

DE  ARTE  MÉDICA,  por  Mohamad-Ben-Alí- 
Ben-Abdalla. 

DE  MEDICINA  Y  MATERIA  MÉDICA,  por 
Isac-Ben-Mohamad-Alamiz. 

FARMACOPEA,  por  Mohamad-Ben-Pharagius- 

DE  PESTE  (epidemia  sufrida  en  un  gran  número 
de  naciones  durante  los  años  1347,  1348  y  1349):  có- 
dice MDCCLIII,  que  contiene  diez  capítulos. 

CUESTIONES  MÉDICAS,  por  Abu-Giaphar- 
Ahamad-Ben-Isac-Alhosaini:  códice  DCCCLXXXII. 

MEDICAMENTOS  para  los  pobres  é  inventos  ó 
recursos  fáciles,  por  Ahmad-Ben-Abraham:  códice 
DCCCLII. 

TRATADO  de  los  alimentos,  por  Abu-Bakri-Ab- 
delazis:  códice  DCCCLXXXVIII,  es  interesante  con 
relación  á  la  higiene. 

DE  FISIOLOGÍA  Y  PATOLOGÍA,  por  Abu- 
Zacarías-Jahia-Ben  Mohamad-Almudeo,  médico  y  filó- 
sofo: códice  DCCCLXXXVII. 

DE  MEDICAMENTOS,  por  Abdelrahman-Ben- 
Mohamad-Abulmothreph  (escribió  de  medicina,  juris- 
prudencia y  agricultura). 


292 


DE  ALIMENTOS  y  de  venenos,  por  Ehn- 
Alaitam. 

COMPENDIO  de  las  obras  de  Avicena;  manus- 
crito árabe  que  con  el  título  de  «Reglas  más  breves 
de  medicina»  se  halla  en  un  códice  que  contiene  otros 
varios  libros  y  consta  de  1 17  folios:  año  de  i38o. 

ABDELRAHMAN-BEN-OTHMAN-ALSAD- 
PHI  (natural  de  Toledo),  viajó  por  Oriente,  trajo  va- 
rios códices  y  escribió  algunos  libros  y  entre  ellos  uno 
titulado  «Causas  de  las  enfermedades.» 

TRATADO  de  medicina  en  2  5  libros,  por  el 
médico  hebreo  Moseh-Ben-Maiiemon:  códice  con  176 
folios  y  se  hallan  en  él  sus  aforismos. 

TRATADO  de  los  venenos  y  desús  remedios,  por 
Moseh-Ben-Maiiemon,  dividido  en  dos  partes;  consta 
de  14  capítulos:  este  manuscrito  y  el  anterior  son  del 
siglo  XIV. 

MÉTODO  de  curar  las  enfermedades  de  los  mag_ 
nates  de  Castilla  (ó  medicina  castellana)  en  diez  trata- 
dos: códice  escrito  por  un  judío  que  fué  médico  del 
Rey  D.  Fernando  IV.  Es  la  primera  obra  española  de 
higiene  y  topografía  médica. 

ALÍ-EBN  AL-ABBAS;  de  las  obras  de  Hi- 
pócrates y  Galeno  y  sobre  todo  de  Rassis.  Estévan 
de  Antioquía  tradujo  el  libro  de  Alí  en  el  siglo  XII 
(año  1 1 27)  y  en  la  edición  impresa  en  León  en  1 523  se 
añadieron  algunos  capítulos  de  Constantino  el  Africano, 

DE  ALIMENTOS  y  medicamentos  simples,  por 
Moseh-Abdalla,  médico  hebreo.  Compendio  de  medi- 
cina: códice  arábigo  del  siglo  XV. 

DE  MEDICAMENTOS  y  alimentos,  por  el  mé- 
dico hebreo  Abu-Marican-Ben-Zohar:  códice  arábi- 
go DCCCXXIX. 


293 


COLECCIÓN  de  medicamentos  simples,  por 
Ebn-Beythar.  Este  médico  árabe,  natural  de  Málaga, 
fué  célebre  botánico  y  murió  en  1248.  Su  obra  prin- 
cipal es  de  los  medicamentos  simples  de  los  tres  reinos, 
vegetal,  animal  y  mineral  y  este  códice  es  uno  de  los 
más  eruditos  déla  medicina  arábigo-española.  Hay  en 
el  Escorial  otro  códice  de  botánica  de  dicho  autor. 

AHMAD  BEN  ASCLANÍ.  Tratado  de  la  peste 
y  de  sus  remedios:  códice  arábigo,  año  897  de  la  egira. 

REFUTACIÓN  y  argumentos  de  las  opiniones 
y  doctrinas  de  los  filósofos  y  autores  griegos:  códices 
arábigos  DCXVIII  y  DCXXVIII. 

Hay  en  la  Biblioteca  del  Escorial  un  códice  ará- 
bigo de  Abul  Pharaj,  que  trata  de  los  médicos  y  filó- 
sofos árabes,  insignes,  que  es  interesante  para  la  biblio- 
grafía médica.  Hay  en  el  Escorial  diferentes  códices 
de  Averroes,  diez  de  Avicena,  diez  y  ocho  de  Rassis  y 
varios  de  Avenzohar. 

Consultando  la  Biblioteca  arábigo  escurialense  de 
Casiri,  es  fácil  comprender  la  riqueza  de  manuscritos 
arábigos  que  hay  en  el  Escorial,  contándose  más  de 
ciento  veintisiete  que  tratan  de  medicina  y  que  per- 
tenecen entre  otros  á  los  autores  siguientes:  Abdel- 
malek-Ben  -  Habib  Alsalami;  Ben  Janee;  Albuca- 
sis;  Abdalla-Ben-Joseph  -  Ben  -  Genschan;  Avenzoar; 
Avicena,  Obaidalla-Ben  Alí-Ben-Galendo;  Avi-Gia- 
phar-Ben-Abrain  Ben-Khaled;  Mohamad-Algapheki; 
Averroes;  Abdalla-Ben-Ahmad-Ben  Haphis  Alansari; 
Mahamad-Ben-Abraham  Ben  Abdalla  Ben  Rubil: 
Mohamad-Ben-Casem-Alcars-Chita;  Mohamad-Ben- 
Abraham-Ben-Ahamad-Alavasi;  Othmano-Ben-Jahia- 
Alcaisi;  Abu  Abdalla-Mohamad-Ben-Alkhathib;  Abd 
Alvalid;   Mohamad-Ben-Abdelselam;    Abdalla-Jahia- 


294 


Ben-Isac;  Mohamad-Ben-Khalsim-Bcn-Joseph;  Moha- 
mad-Ben-Alí-Ben -Sudat-Abul-Cassem;  Abu-Bahar- 
Ibun-Chalzon;  Mohamad-Ben  Ahmad  Alracuthi  Aba- 
Bakerus. 


CÓIDICES 

EN  CASTELLANO  Y  EN  LATÍN 


AFORISMOS  DE  GALENO,  traducidos  del 
árabe  al  latin:  códice  en  vitela,  del  siglo  XI 11;  estan- 
te H,  plúteo  2.'^ 

JULIO  CLARO.  Loca  commiinia  ad  medicinam 
espectanti  proesertim  ex  Galeno  etc.  Códice  de  fines 
del  siglo  XVI;  estante  G,  plúteo  i.° 

DE  LOS  ALIMENTOS  é  influencia  del  clima  y 
de  las  aguas  por  Izchaq-Ben-Soleiman.  Este  interesante 
códice  del  siglo  XIV,  consta  de  284  folios. 

TRATADO  de  medicina  especulativo  y  práctico; 
autógrafo^  de  Miguel  González  de  "^'^elascoi.códice  con 
426  folios,  escrito  en  Salamanca  en  1676;  estante  L, 
plúteo  3.° 

VARIOS  códices  en  latin  de  las  obras  de  Hipó- 
crates y  Galeno,  de  Oribasio  y  Alejandro  de  Tralles. 

AFORISMOS  de  Hipócrates:  códice  en  vitela, 
del  siglo  XIII,  traducidos  del  árabe  al  latin. 

JOVANITIUS.  Medicinas  ysagogaí.  Aphorismo- 
rum  Hipocratis  líber.  Líber  pronostícoriim  Hípo- 
cratís.  Orinarum  tractatus  Theophilí.  Líber  de  pul- 
síbiis  Phylaretí.  Hay  otros  varios  tratados  anónimos 
sobre  el  pulso  y  sobre  fiebres:  códice  en  vitela,  en  latin 
y  de  mediados  del  siglo  XIII;  estante  L,  plúteo  3." 

JBERNARDINO  GORDONIO.     Tratado  de  crí- 


295 


sis  y  dias  críticos:  códice  del  ano  i35o;  estante  K,  plú- 
teo 2.° 

CÁNONES  de  Avicena,  traducidos  del  árabe  al 
latin,  por  Gerardo  Carmonense:  códice  del  siglo  XIV. 
Hay  otros  dos  códices  latinos,  uno  de  comentarios  á 
los  libros  de  Avicena  y  otro  de  comentarios  á  su  cirujía 
especiante. 

LIBROS  ÁRABES  traducidos  al  castellano,  sobre 
«las  propiedades  de  los  medicamentos,  facultades  de 
los  alimentos  y  sobre  los  antídotos;»  estante  &,  plú- 
teo 2.° 

CARTA  AUTÓGRAFA  de  Fr.  Lorenzo  Martin 
Jordán  (monje  Gerónimo)  á  D.  Antonio  Agustín,  man- 
dándole una  medicina:  escrita  en  Valencia  á  22  de  Oc- 
tubre de  1666;  estante  &,  plúteo  2.° 

DE  ENFERMEDADES  de  los  ojos  y  de  paráli- 
sis: códice  en  vitela,  de  íines  del  siglo  XIII;  en  latin  y 
sin  nombre  de  autor;  estante  O,  plúteo  3.*^ 

TRATADO  de  las  heridas,  traducido  del  italiano 
al  castellano,  por  Fr.  Matías  de  la  Concepción:  códice 
de  principios  del  siglo  XVII,  con  168  folios;  estante  Q, 
plúteo  I." 

ANTIDOTARIO.  Códice  en  vitela,  del  siglo  XII; 
■estante  N,  plúteo  3.°,  en  latin. 

RECETARIO  de  Arnaldo  de  Villanueva;  estan- 
te B,  plúteo  4.**  Hay  otro  antidotarlo  médico,  en  latin, 
del  mismo  autor:  códice  del  siglo  XIV;  en  el  estante  O, 
plúteo  2.° 

DE  LA  LEPRA,  por  Arnaldo  de  Villanueva: 
códice  de  principios  del  siglo  XV;  estante  O,  plú- 
teo 2." 

DE  ARNALDO  DE  VILLANUEVA  hay  otro 
códice  con  un  manuscrito  «Vida  de  los  filósofos;»  con- 


296 

tiene  nueve  tratados  más  de  diferentes  materias:  códice 
de  principios  del  siglo  XVI,  estante  F,  plúteo  i.*^ 

ANTIDOTARIO  de  Raimundo  Lulio:  códice  en 
latin;  estante  O,  plúteo  2.° 

RAIMUNDO  LULIO.  Árbol  de  la  filosofía  del 
amor  de  Dios:  códice  traducido  al  castellano  por  Pedro 
Aguilera,  escrito  en  iSgo;  estante  G,  plúteo  4.** 

ESCRITOS  de  Raimundo  j^ulio:  códice  con  441 
folios,  de  principios  del  siglo  XVI;  estante  G,  plú- 
teo 2.° 

RAIMUNDO  LULIO.  Ars  demostrativa pri?t- 
cipioriim  etfigiirariun  animoe  rationalis  cum  Jigiiris 
movilibus  in  membranis:  códice  en  latin,  de  fines  del 
siglo  XVI;  estante  &,  plúteo  4.° 

RAIMUNDO  LULIO.  Ars  brevis:  códice  en 
latin,  del  siglo  XIV  y  en  vitela.  Al  final  se  lee:  «Para 
honor  y  alabanza  de  Dios  y  pública  utilidad:»  conclu- 
yó Raimundo  este  libro  en  el  Monasterio  S.  Dñi,  en  el 
mes  de  Junio  de  i  Soy;  estante  G,  plúteo  4.'' 

RAIMUNDO  LULIO.  Árbol  elemental  y  moral 
dividido  en  tronco,  ramos,  flores,  frutos  y  hojas,  en  el 
que  se  trata  de  materia,  forma,  principios,  longitud, 
latitud  y  profundidad.  De  agricultura^  de  artes  fa- 
briles y  otras:  códice  de  fines  del  siglo  XVI;  estante  G, 
plúteo  4.° 

RAIMUNDO  LULIO.  Ars  brevis  medicinae. 
Materia  Cahos  Raimiindi  Ltilli  et  ibidem  de  quinqué 
vocibus  Phorphyrii  et  decem  predicamentis:  códice 
del  siglo  XV;  estante  G,  plúteo  4.° 

TRATADOS  de  filosofía  de  Raimundo  Lulio; 
estante  G,  plúteo  4.° 

JUAN  DE  HERRERA.  «Explicación  de  los 
principios  de  arte  mayor,»  de  Raimundo  Lulio,  según 


297 


los  principios  matemáticos  de  Euclides;  estante  G,  plú- 
teo 4.° 

En  1688  se  imprirnió  en  Mallorca  la  vida  de 
Raimundo  Lulio,  escrita  en  latin,  por  Bennazar. 

TRATx\DO  de  medicina,  por  Aly,  hijo  de  Moha- 
med:  códice  en  latin,  escrito  por  Aly  el  año  755  de  la 
egira,  se  compone  de  i36  folios;  estante!,  plúteo  3.° 

JUAN  DE  SAN  AMANDO.  De  medicamen- 
tos: códice  del  siglo  XIV,  en  latin;  estante  J,  plúteo  2.° 
Hay  un  tratado  de  micdicina  del  mismo  autor. 

TRATADO  de  anatomía  que  se  ocupa  de  las 
partes  del  cuerpo  humano  en  estado  de  salud  y  enfer- 
medad y  modo  de  curar  los  males  de  cada  una  de  ellas: 
códice  en  italiano,  de  fines  del  siglo  XVI.  Al  final  hay 
algunas  recetas  en  castellano,  y  un  índice  de  las  enfer- 
medades en  latin;  estante  Y,  plúteo  3.° 

TRATADO  de  medicina,  en  latin,  con  un  rece- 
tario: códice  en  vitela,  de  mediados  del  siglo  XIV,  con 
5o  folios;  estante  Y,  plúteo  2.° 

TRATADO  de  medicina,  por  Gerónimo  de  Ga- 
neta:  códice  en  latin,  del  siglo  XIV;  estante  Y,  plú- 
teo 2.° 

MÉDICOS  ilustres  de  España:  en  el  códice  de 
varones  doctos  en  literatura,  de  Gabriel  de  la  Vega;  es- 
tante L,  plúteo  3.° 

AVISOS  para  precaver  á  los  jóvenes  incautos  con- 
tra los  lazos  y  artes  de  las  malas  mujeres,  compuesto 
por  Martinez  de  Toledo  en  1438  y  escrito  por  Alfonso 
de  Contreras  en  1466:  códice  del  siglo  XV,  con  107 
folios;  estante  H,  plúteo  3.° 

PALESTRA  farmacéutica  químico-galénica,  por 
D.  Félix  Palacios:  códice  de  principios  del  siglo  XVII; 
estante  H,  plúteo  2.° 


298 

MUNDINUS.  De  medecinae  opera.  Recetario 
médico,  compuesto  por  el  Dr.  Pedro  de  Thusignano, 
en  latin,  y  escrito  por  Juan  Leydem,  año  de  146 1:  có- 
dice en  folio  máximo;  estante  K,  plúteo  i.° 

ALFONSO  CHIRINO.  Médico  del  Rey  Don 
Juan  II.  Tratado  de  medicina.  Recetas  del  Dr.  Fran- 
cisco Nuñez:  códice  del  siglo  XV;  estante  B,  plúteo  4.'"' 

ROGx\TIVAS  hechas  en  Toledo  por  la  salud  del 
Príncipe  Carlos,  hijo  de  Felipe  II,  descritas  en  verso  y 
prosa:  códice  del  siglo  XVI,  con  viñetas;  estante  B, 
plúteo  4.° 

CARTA  y  relación  que  el  Dr.  Olivares  escribió 
de  la  enfermedad  del  Príncipe  Carlos.  Testimonio  ori- 
ginal de  la  diligencia  que  se  practicó  cuando  por  man- 
dato de  Felipe  II  fué  llevado  á  la  habitación  del  Prín- 
cipe Carlos,  en  el  palacio  de  Alcalá  de  Henares,  el 
cuerpo  de  San  Diego.  En  este  códice  del  siglo  XVI. 
que  se  compone  de  828  folios,  hay  28  manuscritos  más 
de  diferentes  asuntos;  estante  &,  plúteo  2.° 

HISTORIA  NATURAL,  de  Plinio,  en  latin, 
dividida  en  87  libros:  códice  folio  mayor,  en  vitela, 
del  siglo  XIV;  estante  U,  plúteo  i." 

PLINIO.  Historia  natural  con  pinturas:  códice 
en  vitela,  con  ii5  folios;  de  principios  del  siglo  XIV; 
estante  R,  plúteo- 1.'' 

PLINIO.  Historia  natural,  muy  bien  escrita, 
en  vitela,  con  420  folios,  de  fines  del  siglo  XIV;  es- 
tante Q,  plúteo  I .° 

ARISTÓTELES.  Sus  obras  en  latin.  Libro  de 
generación  animal,  traducido  por  Miguel  Soto.  Libro 
de  vegetales  traducido  del  árabe  al  latin:  códice  del 
siglo  XIV,  en  vitela,  estante  F,  plúteo  3." 

RECETARIO  «para  curar  toda  clase  de  enferme- 


299 


dades  y  producir  muchos  efectos:))  códice  de  principios 
del  siglo  XVI,  con  268  folios;  estante  H,  plúteo  3.° 

ANTIDOTARIO  médico,  por  Guillermo  Aven- 
turer:  códice  del  siglo  XV,  en  latín;  estante  O,  plú- 
teo 2." 

FERNÁN  GÓMEZ  DE  CIUDAD  REAL.  Pre- 
ceptos terapéuticos:  códice  del  siglo  XV;  estante  O,  plú- 
teo 2.°  (Hay  también  en  esta  Biblioteca  un  códice  de 
su  famoso  centón  epistolario.) 

CUESTIONES  y  prácticas  de  cirujía  y  heridas: 
códice  del  siglo  XVII;  estante  H,  plúteo  2.° 

MEDICINA  y  cirujía,  en  que  se  trata  de  las 
partes  del  cuerpo,  sus  enfermedades  y  remedios;  de 
toda  clase  de  flemones,  tumores,  llagas,  etc.:  códice 
anónimo,  de  principios  del  siglo  XV;  estante  K,  plú- 
teo 2." 

TRATADO  de  medicina,  anónimo:  códice  de 
fines  del  siglo  XII,  enlatin  y  con  i5o  folios;  estante  N, 
plúteo  3.° 

IZCHAQ.  Tratado  de  fiebres,  sus  causas,  reme- 
dios, clases:  códice  con  142  folios,  de  mediados  del  si- 
glo XV;  estante  M,  plúteo  2."" 

MIGUEL  GONZÁLEZ  DE  VELASGO.  Tra- 
tado de  medicina;  sen  potius  collectio  tractatuum  ad 
pharmaciam  medicinam  ac  chirurgiam  spectantiiim: 
códice  en  latin,  con  405  folios,  de  fines  del  siglo  XVII; 
estante  J,  plúteo  3.° 

CIRUJÍA  de  Bruno  Lengobando.  Práctica  qui- 
rúrgica de  Juan  de  Parma.  Práctica  de  cirujía  de  los 
libros  de  Mesue:  códice  de  principios  del  siglo  XV;  es- 
tante F,  plúteo  3.° 

CUESTIONES  medicas  y  quirúrgicas;  estante  J, 
plúteo  2.° 


300 

ENFERMEDADES  de  los  riñones,  por  Fran- 
cisco Diaz,  cirujano  de  Felipe  II:  códice  del  siglo  XVI; 
estante  L,  plúteo  i ." 

RECETA  para  curar  los  males  de  ojos:  códice  del 
siglo  XIV;  estante  J,  plúteo  3.° 

TRATADO  de  medicina  por  el  Dr.  Blas  Álva- 
rezde  Mirabal,  médico  y  teólogo:  códice  del  siglo  XVI  I; 
estante  M,  plúteo  2.*' 

Hay  en  la  Biblioteca  de  manuscritos  del  Escorial 
todos  los  autores  de  medicina  griegos,  árabes  y  latinos. 
De  las  obras  impresas  de  los  médicos  célebres  de  España 
de  los  siglos  XVI,  XVII  y  XVIII  se  encuentran  muchas 
en  la  Biblioteca  principal  ó  de  impresos  de  este  Monas- 
terio y  allí  es  fácil  consultarlas.  También  pueden  ver- 
se yá  publicados  en  aquella  Biblioteca  algunos  de  los 
códices  de  medicina  existentes  en  la  de  manuscritos. 


CAPITULO  VIII 


DERECHO  Y  LEGISLACIÓN 


Hay  en  la  Biblioteca  del  Escorial  intere- 
santes manuscritos  de  derecho  y  legislación 
y  habiéndonos  propuesto  al  escribir  este  libro 
que  el  Ejército  conozca  todos  los  códices  que 
están  en  armonía  con  los  estudios  especiales  de 
sus  diferentes  cuerpos  é  institutos,  no  olvidamos 
que  al  cuerpo  jurídico  militar  debemos  indi- 
carle, aunque  ligeramente  (como  hicimos  en 
el  capítulo  anterior  con  los  de  medicina,  al  de 
Sanidad)  las  leyes,  fueros,  pragmáticas,  orde- 
namientos, etc. ,  cuyos  manuscritos,  si  algunos 
no  ofrecen  novedades  en  su  lectura  por  ser  yá 
conocidos,  tienen  por  lo  menos  verdadera  im- 
portancia bibliográfica.  Manifestaremos  tam- 


302 


bien,  que  además  de  los  códices  en  latin  y  en 
castellano  de  que  vamos  á  ocuparnos,  los  hay 
en  griego,  en  hebreo  y  en  lengua  arábiga.  Más 
de  doscientos  setenta  códices  árabes  de  derecho 
y  legislación  existen  en  la  Biblioteca  del  Esco- 
rial y  ellos  demuestran  cuan  sabias  eran  mu- 
chas de  sus  le3^es;  quienes  deseen  conocerlos, 
pueden  consultar  el  tomo  I  página  443  de  la  Bi- 
blioteca arábigo-escurialense.  Es  muy  notable, 
y  necesario  por  lo  tanto,  que  la  citemos,  la 
Biblioteca  arábigo-española  de  derecho,  es- 
crita por  Averroes  en  el  año  70 5  de  la  egira. 


CODICHIS 


FUERO  JUZGO.  Hay  varios  códices  de  los  si- 
glos XIV  y  XV,  en  el  estante  Z,  plúteo  3." 

FUERO  JUZGO.  Códice  del  siglo  XIV,  en  vi- 
tela y  con  177  folios;  estante  M,  plúteo  3.°  Hay  otros 
dos  códices  de  principios  y  de  mediados  del  siglo  XIV 
con  61  y  con  99  folios,  en  el  estante  P,  plúteo  2.*^  y  en 
el  estante  M,  plúteo  2.^ 

FUERO  de  Salamanca  «ó  carta  que  hicieron  los 
hombres  buenos  de  dicha  ciudad  para  utilidad  de  la 
misma:»  códice  en  vitela,  con  46  folios,  de  principios 
del  siglo  XIV;  estante  P,  plúteo  3.^' 

FUERO  de  Burgos:  estante  Z,  plúteo  3."  Este  có- 
dice contiene  otros   varios   manuscritos  con  las  leyes 


303 


nuevas  del  fuero  de  Burgos:  «Hermandad  de  los  Con- 
sejos de  Castilla  para  guardar  al  Rey  y  sus  fueros.» 

FUERO  de  la  ciudad  de  Cuenca:  códice  de  me- 
diados del  siglo  XV;  estante  L,  plúteo  3.° 

FUERO  de  Castilla,  «nuevamente  enmendado^  ó 
fuero  de  los  Hijos-dalgos:  códice  de  fines  del  siglo  XV; 
estante  X,  plúteo  2.° 

ORDENAMIENTOS  de  los  Reyes  Enrique  II, 
Juan  I,  Enrique  III,  Juan  II  y  Enrique  IV:  códice  en 
vitela,  del  siglo  XV;  estante  Z,  plúteo  i .° 

ORDENAMIENTOS  de  los  Reyes  D.  Alfon- 
so XI,  Enrique  II,  Juan  I  y  Enrique  III,  con  el  de 
Tordesillas  en  1401  y  los  hechos  en  varios  pueblos  y 
ciudades  del  reino.  Tres  códices  del  siglo  XV;  estan- 
te Z,  plúteo  I .° 

ORDENAMIENTO  de  Alcalá,  ó  repertorio  de 
todas  las  leyes  de  Castilla.  «Comprende  el  fuero  de  las 
leyes,  el  fuero  juzgo,  el  fuero  nuevo,  dicho  ordena- 
miento de  Alcalá,  el  libro  dicho  estilo  de  la  corte,  los 
ordenamientos  de  Madrid,  de  Valladolid,  de  Toro,  de 
Briviesca  y  de  Sevilla.»  Acabóse  este  libro  en  Alcalá 
de  Guadaira,  provincia  de  Sevilla,  el  jueves  7  de  Se- 
tiembre de  1419,  escrito  por  Alfonso  Sánchez,  que  lo 
rubrica:  códice  en  folio  máximo,  con  i65  folios,  del 
siglo  XV;  estante  Z,  plúteo  2.° 

DEL  ORDENAMIENTO  de  Alcalá  hay  otro 
códice  del  siglo  XV,  en  vitela,  y  con  60  folios,  que  en 
su  conclusión  dice:  «Destas  nuestras  leyes  mandamos 
facer  un  libro  sellado  con  nuestro  sello  de  oro  para 
tener  en  la  nuestra  Cámara  é  otros  sellados  con  nues- 
tros sellos  de  plomo  que  embiemos  á  las  cibdades  é  vi- 
llas é  logares  del  nuestro  señorío,  de  los  cuales  este 
uno.»  Dado  en  las  Cortes  de  Alcalá  de  Henares,  28  dias 


304 

de  Febrero,  era  de  i386  años.  En  la  última  hoja  dice: 
*.iYo  Nicolás  González,  escrivano  del  Rey  lo  escrevió:» 
códice  escrito  con  mucho  lujo  y  adornado  de  oro  y  pin- 
turas; estante  Z,  plúteo  3.° 

NOTICIA  de  los  maravedises  de  oro  y  demás  de 
que  habla  el  Fuero  Juzgo;  estante  Z,  plúteo  3.° 

ORDENAMIENTOS  y  leyes  de  D.  Enrique  III 
yde  D.  Juan  II  en  varios  pueblos  y  ciudades  de  Es- 
paña en  1406  y  1432:  códice  de  fines  del  siglo  XV,  con 
162  folios;  estante  X,  plúteo  2." 

ORDENAMIENTOS  del  Rey  D.  Alfonso  XI  y 
de  D.  Pedro  su  hijo,  dado  en  Valladolid  el  2  de  No- 
viembre de  i38g:  códice  del  siglo  XIV,  con  83  fo- 
lios. 

ORDENANZAS  reales  y  leyes  hechas  por  el  Rey 
D.  Enrique  IV  en  diversas  ciudades  y  pueblos  de  Cas- 
tilla: códice  del  siglo  XV;  estante  X,  plúteo  2,° 

ORDENAxMIENTO  antiguo  de  Castilla,  por 
Alonso  X,  contra  los  tahúres:  códice  con  161  folios;  es- 
tante Z,  plúteo  I." 

ORDENAMIENTOS  y  pragmáticas  de  los  Reyes 
D.  Alonso,  D.  Juan  y  D.  Enrique,  hechas  en  varios 
pueblos  y  ciudades  del  reino:  códice  del  siglo  XV,  con 
123  folios;  estante  O,  plúteo  t.° 

ORDENAMIENTOS  hechos  por  los  Reyes  Don 
Enrique,  D.  Alonso  y  D.  Juan,  en  Toro,  Burgos, 
Soria,  Madrid,  Valladolid,  etc.:  códice  del  siglo  XV; 
estante  L,  plúteo  2.° 

ORDENACIONES  de  Cuenca.  Constitución 
sinodal  de  cómo  se  debe  pagar  el  diezmo.  Anotaciones 
de  derecho  civil  y  extracto  de  varios  pleitos.  Fuero  ó 
constituciones  reales  de  la  ciudad  de  Cuenca  con  varias 
cédulas,  privilegios,  confirmaciones  de  los  Reyes  ¡parte 


305 


auténtica:)  códice  de  principios  del  siglo  XVI,  con  164 
folios,  estante  M,  plúteo  2.° 

FUERO  REAL  de  Castilla;  mandado  ordenar 
por  el  Rey  D.  Alfonso;  consta  de  190  leyes.  Al  final  se 
lee:  «Este  libro  fué  acabado  en  Valladolidpof  mandado 
del  Rey,  18  dias  del  mes  de  Julio,  era  de  1293  años;  el 
año  que  D.  Adoarte  fijó  primero,  heredero  del  Rey 
Enrique  de  Angleterra  rescibió  caballería  en  Burgos  del 
Rey  D.  Alfonso  el  sobredicho  é  Millan  Pérez  de  Ayllon 
lo  escribió  el  año  4.°  que  el  Rey  D.  Alfonso  regnó:» 
códice  de  fines  del  siglo  XIII;  estante  K,  plúteo  2.° 

FUERO  REAL  y  sus  leyes:  códice  de  principios 
del  siglo  XV,  con  100  folios. 

ORDENAMIENTO  de  Burgos  ó  libro  de  las 
leyes  que  dio  á  esta  Cibdad  el  noble  Rey  D.  Alfonso 
el  Sabio:  códice  del  siglo  XIV  con  264  folios;  estante  K, 
plúteo  3."  Hay  otro  códice  en  el  estante  J,  plúteo  i.° 

ALFONSO  EL  SABIO.  Sus  leyes  de  partidas 
en  XV  códices  del  siglo  XIV,  en  los  estantes  Z  y  Y, 
plúteos  4.°  y  i.° 

DE  LAS  LEYES  de  partida  de  D.  Alfonso  el 
Sabio  hay  también  seis  códices  del  siglo  XV;  en  vitela 
en  el  estante  Z,  plúteo  i.° 

PARTIDAS  II  y  III  de  las  leyes  de  D.  Alfonso: 
dos  códices  del  siglo  XIV;  en  el  estante  N,  plúteo  i.° 

PARTIDA  VII  de  sus  leyes,  en  castellano  y  par- 
tida I."*  en  lemosin:  códices  de  los  siglos  XIV  y  XV? 
estante  M,  plúteo  i.° 

LEYES  DE  PARTIDAS.  Cada  una  de  las  siete 
partes  de  la  colección  de  leyes  compiladas  en  tiempo 
de  D.  Alonso  el  Sabio. 

En  los  códices  de  las  leyes  de  partidas  se  consignan 
algunas  disposiciones  médico-legales,  que  son  de  inte- 


306 


res  para  la  historia  de  la  medicina  y  para  la  bibliogra- 
fía médica. 

TRATADO  de  derecho  canónico;  en  latin:  códice 
siglo  XIII  con  1 33  folios;  estante  Y,  plúteo  2.° 

ORDENAMIENTO  de  leyes  hecho  por  D.  Alon- 
so XI  en  la  corte  de  Alcalá.  (Comentarios  en  latin): 
códice  con  171  folios,  de  fines  del  siglo  XV;  estante  Z, 
plúteo  3.° 

LEYES  que  mandó  facer  el  Rey  D.  Alfonso  XI 
fijo  del  Rey  D.  Fernando  en  Alcalá  de  Henares  en  1 386: 
códice  del  siglo  XIV  en  vitela;  con  83  folios;  estante  Y, 
plúteo  2." 

ALFONSO  XI.  Leyes  que  hizo  (contiene  el  or- 
denamiento de  Alcalá,  confirmación  de  las  partidas): 
estante  X,  plúteo  2.° 

FUERO  DE  LEYES  que  ordenó  el  rey  D.  Al- 
fonso el  Sabio  para  la  ciudad  de  Santo  Domingo  de  la 
Calzada,  códice  en  vitela,  del  siglo  XI 1 1. 

FUEROS,  ORDENANZAS,  pragmáticas  y  cortes 
con  sus  llamamientos  y  proposiciones  de  los  reyes  Don 
Fernando  y  D.^  Isabel,  D.  Felipe  I,  D.''  Juana  y  del 
Emperador  Carlos  V:  códice  del  siglo  XVII;  estante  Z, 
plúteo  2.° 

COPILACION  de  todas  las  leyes  y  pragmáticas 
de  todos  los  reyes  y  de  las  cortes  generales,  mandada 
ordenar  por  los  Reyes  D.  Fernando  y  D.''  Isabel  y 
compuesta  por  el  Dr.  Alfonso  Diaz  de  Montalvo  en 
Huete,  año  de  1484:  códice  con  374  folios;  estante  Z, 
plúteo  2.** 

Hay  varios  códices  de  los  diferentes  concilios  y 
también  algunos  códices  griegos  interesantes,  sobre  le- 
gislación, casamientos,  hijos  naturales,  etc.,  etc.,  colec- 
ción de  constituciones  y  actas  de  concilios. 


307 

CONSTANTINO  HARMENOPULO,  Pron- 
tuario de  leyes  ó  manual  de  jurisprudencia  llamado 
HeT^abitos,  con  algunas  notas  marginales  añadidas  por 
el  Obispo  de  Lérida  D.  Antonio  Agustin  á  quien  per- 
teneció este  manuscrito:  códice  del  siglo  XIV  en  griego. 

DERECHO  CANÓNICO  en  dos  códices;  estan- 
te K,  plúteo  2.°  Hay  otros  varios  códices  de  derecho 
canónico. 

DECRETALES  de  los  Papas  y  de  algunos  empe- 
radores romanos,  en  diferentes  códices. 

CÓDIGO  DE  JUSTINIANO.  Códice  del  si- 
glo XIII  en  vitela;  estante  J,  plúteo  i.°  Hay  otro  códi- 
ce en  vitela,  de  principios  del  siglo  XIV,  «instituciones 
de  Justiniano,»  en  el  estante  V,  plúteo  2.° 

LEYES  DE  TORO.  Ordenanzas  de  D.  Alfon- 
so X,  D.  Sancho  IV,  D.  Fernando  III,  D.  Enrique  II, 
D.  Juan  I,  D.  Pedro  y  D.  Alonso  XI,  D.  Enrique  IV 
y  D.^  Juana:  códice  del  siglo  XVI  con  265  folios. 

ORDENAMIENTO  y  leyes  de  los  Reyes  D.  En- 
rique III,  D.  Juan  II,  y  D.  Enrique  IV:  códice  del 
siglo  XV  con  391  folios;  estante  Z,  plúteo  2.^^ 

MAESTRO  JACOBO.  Recopilación  de  las  leyes 
que  hizo  á  petición  de  D.  Alonso,  hijo  del  Rey 
D.  Alonso  el  Sabio.  Leyes  del  estilo  de  corte  en 
razón  de  los  demandadores  y  demandados:  códice  en 
vitela,  de  fines  del  siglo  XIV,  con  148  folios;  estante  Y, 
plúteo  3.° 

CONSTITUCIONES.  Bando  de  los  consejeros 
de  la  ciudad  de  Barcelona  para  arreglar  algunos  pleitos: 
códice  del  siglo  XIV,  estante  C,  plúteo  3.° 

CONSTITUCIONES  de  Barcelona  y  leyes  de 
Cataluña:  estante  D,  plúteo  2.°  En  este  códice  hay  un 
manuscrito  que  trata  del  somaten. 


308 

CONSTITUCIONES  de  Barcelona,  leyes  y  fue- 
ros; constituciones  y  privilegios  de  Cataluña:  hay  trece 
códices  diferentes  en  los  estantes  C,  D,  O,  Z  y  U. 

DE  CÓMO  se  han  de  regir  los  notarios  en  los 
salarios  de  los  instrumentos.  Año  de  1442.  Fuero  de 
Aragón.  Carta  del  Rey  D.  Pedro  confirmando  los 
fueros  concedidos  á  los  aldeanos  de  Daroca.  Contiene 
este  códice  otros  manuscritos;  estante!,  plúteo  3.° 

FORMULARIO  de  los  escribanos  para  extender 
toda  clase  de  documentos:  códice  de  mediados  del 
siglo  XVII;   estante  J,  plúteo  3.° 

GUILLERMO  DURANTO.  Espejo  judicial: 
códice  folio  máximo,  en  vitela,  con  294  folios,  de  me- 
diados del  siglo  XIII;  estante  J,  plúteo  i.° 

DIRECTORIO  para  jueces  y  escribanos  ó  sea 
formulario  délos  autos  de  prisión^  posesión,  etc.  (anó- 
nimo): códice  del  siglo  XVII;  estante  H,  plúteo  3.° 

DECRF^TOS  disponiendo  que  no  se  admitan  en 
los  tribunales  agentes  de  negocios  sin  facultades  y  or- 
denando que  se  presenten  los  títulos  de  los  oficios  ena- 
genados  de  la  corona:  códice  del  siglo  XVIII;  estan- 
te N,  plúteo  I." 

LEYES  del  reino  de  Aragón:  códice  del  siglo  XV, 
con  72  folios;  estante  N,  plúteo  2." 

FUEROS  y  constituciones  de  la  ciudad  de  Va- 
lencia: dos  códices  de  fines  del  siglo  XIV,  en  lemosin, 
en  el  estante  J,  plúteos  i."  y  2.° 

LEYES  visigodas:  hay  varios  códices  de  los  si- 
glos XI,  XIII  y  XIV;  en  los  estantes  K,  M,  S  y  U. 


CAPITULO  IX 


GLORIAS  LITERARIAS  DE    AUTORES  CATALANES  Y  CÓDICES 
EN  LENGUA  LEMOSINA 


Si  la  fama  de  los  caudillos  catalanes  y  los 
esclarecidos  nombres  de  Roger,  Bernardo  de 
Rocafort,  Berenguer  de  Entenza  se  extendie- 
ron por  todo  el  mundo  con  sus  proezas  mili- 
tares, también  el  progreso  de  las  artes,  de  la 
ciencia  y  de  la  literatura,  quedó  consignado 
en  las  infinitas  obras  de  los  autores  catalanes, 
que  incansables  siempre  para  el  trabajo  físico 
é  intelectual  y  siempre  á  la  vanguardia  de  la 
ilustración  en  España,  han  demostrado  que 
supieron  y  saben  rendir  ferviente  culto  á 
Marte  y  á  Minerva,  y  que  si  grande  y  mere- 
cida fué  la  gloria  de  sus  armas,  más  justa  y 
digna  es  la  de  sus  letras. 

Consignadas  están  en  la  Historia  las  proe- 
zas que  realizaron  en  los  mares  de  Levante 


310 


los  catalanes  y  aragoneses  en  el  siglo  XII. 
La  ballestería  catalana  que  llamaban  de  Ta- 
blas ,  dice  Zurita  en  sus  anales  de  Ara- 
gón, «era  la  mejor  que  hubo  en  aque- 
llos tiempos  y  eran  los  que  vencieron  muy 
grandes  batallas  por  mar,  en  las  cuales  se 
señalaron  los  catalanes  sobre  todas  las  nacio- 
nes.» Sus  progresos  en  legislación  marítima 
y  comercial  los  demuestran  su  famoso  código 
Consulado  de  la  mar  y  sus  Ordenan{as  de 
Marina. 

La  poesía  lemosina  alcanzó  merecida  fa- 
ma y  hubo  una  época  en  que  era  fácil  en- 
contrar en  nuestras  naves  y  en  todas  las 
empresas  marítimas  á  los  trovadores  catala- 
nes, valencianos  y  aragoneses^  despertando 
el  heroismo  de  los  combates  con  la  excitación 
de   sus  canciones. 

D.  Francisco  de  Moneada  es  el  primer 
historiador  de  España  que  con  brillante  colo- 
rido y  como  modelo  de  lenguaje  nos  describe 
la  expedición  de  catalanes  y  aragoneses  contra 
turcos  y  griegos;  inmortalizó  su  nombre  con  la 
pluma  y  con  la  espada,  y  un  poeta  valenciano 
del  siglo  XV,  Ausias  March,  consigue  con 
sus  melodiosas  rimas  los  laureles  de  Petrarca 
en  la  literatura  Provenzal.  Los  catalanes  se 
ocuparon  con  provechoso  fruto  de  la  lengua 


311 

castellana  y  acaso  les  debamos  la  gramática 
filosófica,  pues  si  hubo  las  de  Nebrija  y  Ál- 
varez  Muñoz,  la  del  catalán  Puig  hizo  resaltar 
todos  los  elementos  primitivos  y  todas  las  be- 
llezas de  la  lengua  castellana,  y*  Gerónimo 
Amiguet,  natural  de  Tortosa,  nos  legó  también 
un  buen  códice  de  gramática. 

Son  de  autores  catalanes  las  primeras  tra- 
ducciones del  Telémaco  que  se  hicieron  en 
España;  Jaime  Roig,  catedrático  de  física  en 
Valencia  y  excelente  poeta,  escribe  en  lemosin 
su  famoso  libro  «De  les  dones,  é  de  concells 
donat  á  son  nebot  en  Balthasar  bon  senyor  de 
Callosa,»  y  manifiesta  Mayans  en  su  obra 
a  Orígenes  de  la  lengua  española,  d  que  Roig 
escribía  con  tanto  ingenio  y  dulzura,  que  pa- 
recía Anacreonte  ó  Cátulo.  Muchos  son  los 
nombres  que  pudiéramos  citar  de  escritores 
catalanes  célebres,  demostrando  la  importan- 
cia que  ha  tenido  siempre  en  España  la  litera- 
tura catalana. 

Se  dedicaron  al  conocimiento  de  los  idio- 
mas con  singular  predilección  y  son  numero- 
sas las  versiones  que  han  realizado:  de  ellas 
nos  ofrece  ejemplo  Francisco  Ros  con  sus 
libros  de  religión  vertidos  en  lengua  caldea, 
siriaca  y  malabar.  La  historia  nos  dice  que 
los  catalanes  llevan  por  todas  partes  la  victo- 


312 

ria  de  sus  armas,  el  espíritu  de  sus  aventuras 
y  las  glorias  de  su  genio. 

Fueron  notables  por  su  ciencia  y  célebres 
por  sus  escritos  Roca,  Pujades,  Amat,  Sola, 
Merola,Caxanes,  Castell,  Granollachs,  Tárre- 
ga,  Molerá,  Roser,  Mas,  Castell,  Jordá,  Mi- 
cou,  Sala,  Bruguera,  Vidal, Muntaner,  etc.,  y 
yá  los  hebreos  catalanes  se  hablan  distinguido 
también  en  todas  las  ciencias  y  muy  particu- 
larmente en  medicina,  filosofía  y  literatura; 
Galab  de  Lérida  y  Bonfill  de  Barcelona  tradu- 
jeron del  latin  al  hebreo  la  obra  de  Boecio, 
del  hebreo  al  árabe  las  fábulas  de  Esopo  y 
del  griego  al  latin  los  libros  de  Hipócrates; 
Jacob  Zadique  publicó  una  excelente  traduc- 
ción castellana  de  un  libro  catalán  de  filosofía 
moral;  el  famoso  judío  Moseh  Abdalla  pro- 
pagó las  obras  de  Hipócrates  traduciendo  sus 
aforismos  al  catalán,  en  un  códice  que  hemos 
tenido  ocasión  de  examinar  y  por  último 
Raymundo  de  Sabonde,  natural  de  Barcelona 
y  médico  hebreo,  es  autor  de  una  obra  que  se 
publicó  en  el  siglo  XV  y  en  la  cual  se  propone 
demostrar  que  todo  lo  que  enseña  la  religión 
cristiana  es  conforme  ci  la  raion  y  dice  que 
hasta  el  misterio  de  la  Trinidad  se  prueba 
con  la  ra{on  natural;  el  Papa  Clemente  VIII 
puso  el  prólogo  de  este  libro  en  el  índice  de 


813 

los  prohibidos  y  se  hicieron  varias  ediciones 
de  esta  obra  que  recordamos  muchas  veces 
al  leer  la  del  P.  Ventura  de  Raulica  sobre  la 
raion  católica. 

También  los  árabes  catalanes  enriquecie- 
ron la  ciencia;  en  el  Escorial  hay  un  códice 
del  árabe  Mohamad-Ben-Alimad  Ben-Amer, 
natural  de  Tortosa;  de  literatura  sagrada  un 
códice  escrito  en  Barcelona  en  el  año  de  i553, 
códice  arábigo  MDCXXI.  trata  de  los  evan- 
gelios y  contiene  varios  sermones  españoles 
y  latinos  traducidos  al  árabe. 

Muchos  é  interesantes  manuscritos  he- 
mos visto  en  la  Biblioteca  del  Escorial  que 
dan  honrosa  representación  á  la  bibliografía 
catalana  y  lemosina  debiendo  mencionar  el 
precioso  códice  «Divina  comedia  del  Dante» 
traducida  al  catalán  por  Nandreu  Fabrer; 
consta  de  269  folios  y  lo  escribió  el  año 
1429.  Es  una  obra  literaria  de  mérito  no 
solo  por  su  esmerada  traducción  sino  por  la 
época  en  que  se  hizo.  Hay  también  un  códice 
del  siglo  XVI  con  las  poesías  lemosinas  de 
Ansias,  March,  códices  de  caballería  y  de  las 
órdenes  militares,  códices  de  derecho  varios 
científicos  en  lemosin  y  entre  ellos  algunos 
de  astronomía  y  astrología  y  citaremos  el 
compuesto  por  Abrham-Ben-Hezra  en  1148 

40 


214 


titulado  «Juicios  de  las  estrellas.»  Hay  unas 
tablas  astronómicas  en  catalán  y  se  encuen- 
tran muchos  códices  de  las  constituciones  de 
Barcelona  en  los  estantes  C,  D  y  Z. 

En  tiempo  de  Bercnguer  h  conde  de 
Barcelona,  fué  ordenado  el  famoso  Código 
consuetudinario  Usages  de  Barcelona,  el  más 
antiguo  de  todos  y  hay  en  el  Escorial  varios 
códices  de  los  Usages  de  Barcelona  y  de  Cata- 
luña en  castellano  y  en  lemosin.  El  Rey  Don 
Jaime  I  que  conquistó  las  Baleares.  Valencia- 
y  Murcia,  demostrando  valor  é  inteligencia, 
supo  hacer  justicia  á  las  buenas  dotes  milita- 
res é  intelectuales  de  los  catalanes  según  consta 
en  la  Biblioteca  del  Escorial  en  un  privilegio 
en  que  se  expresa  de  este  modo: 

«Si  las  demás  ciudades  y  pueblos  de  nues- 
tros dominios  nos  hicieren  loables  servicios  á 
nos  y  á  nuestros  antecesores,  Barcelona  fué 
la  principal  y  digna  de  ser  enlazada  con  espe- 
cial loor:  y  como  creciendo  ella  vemos  también 
crecer  nuestra  alteza,  y  nuestro  poder  hacerse 
más  poderoso,  debemos  con  liberalidad  esme- 
rarnos en  los  felices  aumentos  de  tal  ciudad. » 


CÓIDIOEIB 


DANTE  ALIGHIERI.     Divina  comedia  en  la 
que  trata  de  las  penas  y  los   premios  de  la  otra  vida, 


315 


traducida  en  verso  catalán  por  Nandreu  Fabrer,  año 
de  1429:  códice  del  siglo  XV,  con  269  folios;  estante  L, 
plúteo  2/' 

AÜSIAS  MARGH.  Poesías  lemosinas.  Hay  dos 
códices:  uno  de  ellos  de  mediados  del  siglo  XVI;  es- 
tante L,  plúteo  3."  , 

BERENGUER  DE  PUIG.  Sumario  de  Es- 
paiia,  en  lemosin.  Contiene  este  códice  diferentes  ma- 
nuscritos en  lemosin  sobre  libros  de  caballería:  códice 
del  siglo  XV;  estante  Y,  plúteo  2." 

SUMARIO  de  las  leyes  de  desafíos  entre  caba- 
lleros: códice  escrito  en  lemosin,  en  el  siglo  XVI,  que 
contiene  varios  manuscritos;  estante  L,  plúteo  i." 

CATALOGO  de  todos  los  pueblos  de  Cataluña  y 
de  susBaillias,  escrito  en  catalán:  códice  del  siglo  XVII; 
estante  Y,  plúteo  3." 

US  AGES,  constituciones  y  privilegios  de  Barce- 
lona y  de  Cataluña.  Hay  doce  códices  diferentes  en 
castellano  y  en  lemosin;  en  los  estantes  C,  D,  O  y  Z. 

GRAMÁTICA  francesa,  escrita  en  catalán;  en  el 
estante  H,  plúteo  4.° 

FR.  MARTIN.  Crónica  de  los  Pontífices  y  Em- 
peradores romanos,  conocida  con  el  nombre  de  «Mar- 
tiniana,))  y  escrita  en  lemosin:  códice  del  siglo  XIII; 
estante  P,  plúteo  2." 

EL  REY  D.  Jaime  de  Aragón.  Crónica  de  los 
Reyes  D.  Jaime  I  y  D.  Pedro  III:  códice  de  princi- 
pios del  siglo  XV,  con  206  folios;  estante  M,  plúteo  i.° 
En  lemosin. 

Diferentes  códices  históricos  de  la  Corona  de  Ara- 
gón, escritos  en  lemosin,  por  Pedro  Tomic,  Luis  Ri- 
velles,  Ramón  Muntaner  y  otros:  códices  del  siglo  XV 
y  del  siglo  XVI;  en  los  estantes  J,  K,  Y  y  Z.  También 


B16 


hay  la  Crónica  de  los  hechos  y  hazañas  de  D.  Jaime  I 
y  de  muchos  de  sus  descendientes,  escrita  en  catalán 
por  Miguel  Montade. 

ORDENACIONES  para  los  oficiales- de  la  corte 
del  Rey  D.  Pedro  III  de  Aragón,  escritas  en  lemosln; 
espante  H,  plúteo  3.° 

DICHOS  de  sabios  y  de  filósofos;  estante  B,  plú- 
teo 2." 

HISTORIA  de  Oriente,  Reyes,  costumbres  y 
viaje  á  tierra  santa.  Libro  escrito  en  francés,  por 
Fr.  Hayton  y  traducido  al  catalán,  por  Nicolau  Falcon 
de  Coll:  códice  del  siglo  XIV;  estante  Z,  plúteo  i.° 

Diferentes  cartas;  noticias  y  documentos,  escritos 
en  lemosin;  en  varios  códices. 

EGIDIO  ROMANO,  escrito  en  lemosin,  por  el 
carmelita  Andrés  Stanyol;  estante  R,  plúteo  i." 

ASTRONOMÍA  y  astrología:  varios  códices  en 
lemosin,  y  entre  ellos  uno  de  Abrham-Aben  Hezra;  en 
el  estante  N,  plúteo  i." 

CONSTITUCIÓN  é  historia  de  algunas  órdenes 
militares,  en  lernosin  y  en  diferentes  códices.  Hay  una 
autógrafa,  de  Fr.  Juan  deToxan,  firmada  en  Barce- 
lona en  I  563;  estante  N,  plúteo  i." 

LIBRO  de  la  Gaya,  ciencia,  en  lemosin:  siglo  XV; 
estante  M,  plúteo  i." 

TRATADO  físico-moral  de  la  existencia  de  Dios. 
Fin  del  hombre,  su  bienaventuranza:  códice  en  lemo- 
sin, á  principios  del  siglo  XV;  consta  de  86  folios;  es- 
tante O,  plúteo  2." 

Varios  códices  de  diferentes  materias,  en  lemosin; 
algunos  científicos,  religiosos  y  literarios  de  auto- 
res catalanes  ó  escritos  por  presbíteros  y  monjes  de 
Cataluña. 


CAPITULO  X 


CÓDICES  LITERARIOS  Y  CURIOSOS 


Habiéndonos  ocupado  en  los  capítulos 
anteriores  de  los  códices  de  Historia,  Ciencia  y 
Arte  militar,  Marina,  Hacienda  y  Estadística 
Medicina,  Derecho  y  Legislación,  creemos 
muy  conveniente  ofrecer  á  nuestros  lectores, 
una  breve  noticia  de  los  muchos  códices  cu- 
riosos y  literarios  que  se  conservan  en  la  Bi- 
blioteca de  manuscritos  del  Escorial. 


OÓ3DIOHIS 


LAS  OBRAS  de  Séneca,  M.  J.  Cicerón,  Teren- 
cio,  Tíbulo,    Salustio,    Oracio,  Juvenai,    Tito  Livio. 


318 


Quintiliano,  Ovidio,  Virgilio,  Platón,  Demóstencs, 
Plinio  y  Valerio,  en  los  estantes  N,  O,  R,  S,  T  y  U. 
Son  numerosos  los  códices  de  M.  J.  Cicerón:  (hay  más 
de  40  en  esta  Biblioteca):  códices  en  vitela  y  en  papel, 
de  los  siglos  XIV  y  XV  y  adornados  algunos,  como  el 
libro  de  La  amistad^  con  preciosas  orlas  y  pinturas. 
Hay  también  en  el  estante  T,  plúteo  2.",  una  traduc- 
ción de  sil  retórica,  en  romance,  por  Alfonso  de  Car- 
tagena. 

SÉNECA,  todas  sus  obras,  la  mayor  parte  en 
castellano:  doce  códices  en  los  estantes  N,  S  y  T.  El 
libro  ái  la  Providencia,  trasladado  al  castellano  por 
mandado  del  Rey  D.  Juan  II:  códice  con  266  folios, 
estante  N,  las  tragedias  en  castellano,  en  el  estante  S, 
una  en  elN,  y  la  traducción  castellana,  por  Alfonso 
de  Cartagena  de  las  obras  de  Séneca,  en  el  estante  T, 
pliiteo  3." 

ARISTÓTELES;  sus  libros,  en  los  estantes  J,  L 
y  Z;  su  libro  ade  los  políticos,»  traducido  por  Leonardo 
Avetino  y  precedido  cíe  unas  cartas  de  Alfonso,  Rey  de 
Aragón,  en  el  estante  O,  pliáteo  2.''  Uno  de  estos  códi- 
ces orlado  con  pinturas. 

JACOBO  DE  POGGIO.  Triunfo  de  la  fama  del 
Petrarca,  escrito  en  italiano  y  dedicado  á  Lorenzo  de 
Mediéis:  códice  escrito  en  vitela  y  adornadas  sus  pri- 
meras hojas  con  oro  y  pinturas  del  siglo  XV;  estante 
i362. 

FRANCISCO  PETRARCA;  sus  obras  en  dife- 
rentes códices;  estantes  J,  N  y  O. 

CÓDICES  Florentinos  con  bellísimas  pinturas 
de  mucho   mérito. 

EXPLICACIÓN  para  que  se  pueda  comprender  en 
España  la  comedia  del  Dante  Alighicri.   Este  manus- 


319 

crito  está  en  un  códice  en  que  se  hallan  los  proverbios 
de  Séneca,  estante  S,  plúteo  2." 

REFRANES  arábigos  traducidos  al  castellano, 
por  F.  Patricio  de  la  Torre:  códice  del  siglo  XVIII; 
estante  H,  pKiteo  4.° 

OBRAS  de  Juan  Bocaccio;  tres  códices,  uno  con 
sus  novelas  compuesto  de  177  folios,  en  el  estante!, 
pliíteo  2.°  y  otros  dos  en  los  estantes  E  y  L,  plúteo  3.*' 

ALVAR  GÓMEZ;  apuntes  curiosos  y  literarios; 
estante  J,  plúteo  i." 

ENSAYO  sobre  la  poesía  de  los  árabes;  estante 
H,  plúteo  i.°  Códices  de  fines  del  siglo  XVIÍI. 

LECCIÓN  ES  varias  del  cancionero  general;  impreso 
en  Amberes  por  Martin  Nució,  aiio  de  i55j,  cotejado 
con  la  impresión  de  Combrerger,  en  Sevilla,  en  1540 
(anónimo)  «^?2í/-Xauregui»  del  licen:iado  D.  Luis  de 
la  Carrera  al  reformador  délos  poetas  castellanos.  Hay 
en  este  códice  otros  manuscritos  de  diferentes  asuntos 
y  consta  de  281  folios;  de  fines  del  siglo  XVII;  estante 
L,  plúteo  i.° 

VARIOS  tratados  de  política  y  literatura;  estante 
C,  plúteo  3.° 

LAPIDARIO  de  D.  Alfonso  el  Sabio  que  trata 
de  36o  piedras  según  los  grados  de  los  signos  celestes, 
del  color  de  cada  una  de  ellas,  nombres,  virtud,  lugar 
en  que  fué  hallada  y  figuras  de  los  signos  que  reciben 
su  valor  y  fuerza. 

JOHANNES.  Filosofía  de  la  instrucción  de  la 
juventud,  disposiciones  del  cerebro,  modo  de  estudiar, 
recordar,  vivir  y  dormir;  códice  en  latin  del  siglo  XII I; 
estante  L,  plúteo  i.° 

AVICENA   de  lógica  y  de  las  potencias  del  alma. 

BACHILLER  Alfonso  de  la  Torre.  Vision  delei- 


320 


table  de  la  filosofía:  códice  en  vitela  del  siglo  XIV, 
estante  V,  plúteo  2.°  Hay  otro  códice  de  Alfonso  de  la 
Torre  del  siglo  XV,  con  el  título  de  visión  deleita- 
ble que  consta  de  200  folios  en  el  estante  L,  plúteo  3.*^ 

MARAVILLAS,  libro  dividido  en  diez  partes,  en 
el  cual  se  trata  de  infinidad  de  asuntos  teológicos,  físi- 
cos y  morales;  códice  anónimo,  compuesto  de  829 
folios  y  del  siglo  XV;  estante  X,  plúteo  3.° 

MISCELÁNEA  de  varios  asuntos  en  su  mayor 
parte  morales  y  filosóficos:  códice  del  siglo  XV;  estante 
X,  plúteo  3.° 

LIBRO  del  tesoro,  por  D.  Alonso  Paredes.  Trata 
de  la  filosofía  racional,  física  y  moral. 

AZARCHEL.  Fábrica  y  usos  de  la  Azafelia  tra- 
ducida del  árabe  por  el  Maestro  Bernardo  y  Abraham 
Alfaqui  por  mandado  del  Rey  D.  Alfonso.  Reloxio 
de  argente  vivo,  sus  usos  y  modo  de  construirlo  por 
Rabbi-Zag.  Reloxio  de  candela  con  el  modo  de  cons- 
truirlo, sus  usos,  etc.,  compuesto  por  Samuel  judío  de 
Toledo:  códice  del  siglo  XVI;  estante  V,  plúteo  2.'' 

NOTICIA  de  un  libro  que  se  encontró  un  judío 
de  Toledo,  en  lo  interior  de  un  peñasco  en  1239:  có- 
dice en  vitela;  estante  G,  plúteo  4.° 

JUAN  PAEZ.  Anotaciones  muy  curiosas  y  es- 
critas de  su  mano:  códice  con  242  folios;  siglo  XVI, 
estante  &,  plúteo. 

LOPE  GARCÍA  DE  SALAZAR.  Bienandanzas 
y  fortunas  escritas  estando  preso  en  su  casa  de  San 
Martin;  estante  X,  plúteo  2." 

DIÁLOGO  entre  Lector,  Francia  y  Pueblo,  es- 
crito en  francés,  por  Alamchartier:  códice  del  siglo  XV 
con  288  folios:  estante  X,  plúteo  3." 

P.   FR.   AGUSTÍN.   «Cupite  D^Evoli.»   «Poeta 


321 


iluminado  dirigido  á  D.  Fernando  de  Guzman,  Conde 
de  Olivares,  Virey  de  Ñapóles.  Aiitógrafo:  códice  del 
siglo  XVI;  estante  J,  plúteo  3.° 

BERNARDINO  PORCIONARIO.  Poesías  cas- 
tellanas sobre  la  Sagrada  Escritura,  dedicadas  á  Feli- 
pe II;  estante  D,  plúteo 4.° 

BOCADOS  de  oro.  Dichos  de  sabios  griegos  é 
indios;  año  1480  y  estante  E,  plúteo  3.°  Hay  otro 
códice  con  este  título  en  el  estante  A,  plúteo  4.° 

FR.  JUAN  GALLENSI;  catálogo  y  breve  noticia 
de  los  antiguos  filósofos  y  poetas;  se  ocupa  de  119; 
estante  &,  plúteo  2.^  del  mismo  autor,  hay  otro  códice 
en  vitela  de  principios  del  siglo  XV,  <íCompendio  de  la 
vida,  hechos  y  dichos  de  los  ilustres  filósofos;  estante 
J,  plúteo  3.° 

GABRIEL  DE  LA  VEGA.  Catálogo  de  los 
varones  doctos  é  ilustres  que  han  tenido  España,  y  las 
obras  que  han  dado  á  la  prensa,  estante  L,  plúteo  3.*^ 

POESÍAS  de  Lope  de  Ayala;  estante  H,  plúteo  3.° 

PEDRO  DE  AYALA."^  Canciller  del  Rey  de 
Castilla:  Flores  sacadas  del  libro  de  los  morales  de  San 
Gregorio.  Dichos  de  sabios:  códice  del  siglo  XV  con 
1 1 1  folios;  estante  B,  plúteo  2.° 

DISCURSOS  de  Estado  de  Juan  Botero  Benes, 
en  diez  libros,  traducidos  del  italiano  al  castellano  por 
Tomás  de  Vega.  Causas  de  la  grandeza  y  magnificen- 
cia de  las  ciudades,  en  tres  libros,  año  de  iSgi:  códice 
del  siglo  XVI  con  184  folios;  estante  V,  plúteo  2.° 
Haj-  otro  códice  de  Juan  Botero  sobre  la  grandeza  de 
las  ciudades,  en  el  estante  B,  plúteo  4.° 

MEMORIAL  del  pleito  que  D.  Luis  Colon  y  sus 
hermanos,  fijos  y  herederos  de  D.  Diego  Colon  Almi- 
rante de  las  Indias  tratan  con  el  licenciado  Prado  Fis- 

4X 


322 

cal  de  Sus  Majestades,  etc.,  en  el  cual  piden  que  los 
privilegios  y  contrataciones  que  los  Reyes  Católicos 
hicieron  con  D.  Cristóbal  Colon,  se  les  cumplan:  códi- 
ce de  principios  del  siglo  XVI  con  143  folios;  estante 
U,  plúteo  2.^ 

CRÓNICA  de  los  Sumos  Pontífices:  códice  del 
siglo  XV,  en  latin;  estante  Y,  plúteo  3." 

DESPRECIO  del  mundo:  códice  del  siglo  XV, 
anónimo,  escrito  en  verso  y  prosa  y  dirigido  al  Rey 
D.  Alfonso  V  de  Portugal;  consta  de  i53  folios; 
estante  H,  plúteo,  i." 

VIDA  de  la  Condesa  Matilde  de  Canosa:  códice 
en  vitela;  estante  D,  plúteo  3.° 

INVENTORES  PRIMEROS  de  todas  las  cosas 
y  causas  de  las  invenciones:  códice  del  siglo  XV;  es- 
tante H,  plúteo  3.° 

ALABANZAS  DEL  AGUA,  por  un  estudiante 
de  Castilla;  códice  del  siglo  XVI,  con  96  folios;  estan- 
te &,  plúteo  4.' 

MISCELÁNEA  de  Paez  de  Castro,  sobre  varios 
asuntos;  códice  del  siglo  XVI,  estante  &,  plúteo  4.° 

DANZA  GENERAL  de  la  muerte;  en  un  códice 
del  siglo  IV  que  contiene  otros  varios  manuscritos; 
estante  B,  plúteo  2.^ 

PAPELES  curiosos  sobre  milagros;  estante  L, 
plúteo  i.° 

BERNARDO  NAVAJERO,  embajador  de  Ve- 
necia  junto  al  Papa  Paulo  IV;  «diario  de  sus  obras,» 
(desde  1 555  á  i558)  escrito  en  italiano,  dos  códices  del 
siglo  XVI;  estante  N,  plúteo  i.° 

DE  CÓMO  debe  emplear  el  tiempo  una  señora, 
por  D.  Fernando  Talavera;  estante  B,  plúteo  4.° 

EL  CARRO  de  las  donas,  ó  libro  de  las  mujeres, 


323 


por  M.  Francisco  Giménez:  códice  del  siglo  XV,  con 
249  folios;  estante  H,  plúteo  3.°  Hay  otro  códice  del 
siglo  XVI,  en  el  mismo  estante. 

COPLAS  de  Juan  de  Dueñas:  códice  del  siglo  XV; 
estante  N,  plúteo  i.°  En  el  mismo  códice  los  prover- 
bios de  Iñigo  López  de  Mendoza. 

BERNARDINO  PORCINARIO.  Poesías  cas- 
tellanas dedicadas  á  Felipe  II,  sobre  la  Sagrada  Escri- 
tura; estante  D,  plúteo  4." 

GIACOMO  CORSO.  Después  del  hombre  el 
gallo;  estante  &,  plúteo  3.° 

PARA  ALGUNOS;  estante  H,  plúteo  4.^ 

CASARSE;  tratado  de  si  debe  hacerse  ó  nó  y  en 
caso  de  verificarlo,  cómo  deben  criarse  y  educarse  los 
hijos:  códice  del  siglo  XVI,  en  italiano;  estante  K, 
plúteo  3.° 

TRATADO  del  conocimiento  de  sí  mismo,  por 
monseñor  Bacatillo,  en  italiano;  estante  K,  plúteo  3.° 

FILOSOFÍA  de  los  discípulos  de  Alejandro;  es- 
tante L,  plúteo  2.° 

RELACIÓN  del  cautiverio  y  libertad,  de  Diego 
Galán  de  Escobar,  escrita  en  1742;  estante  J,  plú- 
teo 3." 

CARTAS  y  algunos  otros  papales  sobre  los  cinco 
gremios  de  Madrid,  dirigidas  al  P.  Ramírez  de  Orozco, 
escritas  en  1772:  códice  de  fines  del  siglo  XVIII;  es- 
tante J,  plúteo  3.° 

D.  FRANCISCO  GONZÁLEZ  CASTELLANO. 
Cartas  familiares,  poéticas,  latinas,  toscanas  y  castella- 
nas: códice  del  siglo  XVII;  estante  J,  plúteo  3.*" 

CARTA  suplicando  al  Rey  D.  Felipe  III  señale 
renta  con  que  mantenerse  á  Diego  Urrea,  que  por 
mandado  de  D.  Felipe  II  había  ido  al  Escorial  á  ense- 


324 

ñar  á  los  monjes  la  lengua  arábiga;  estante  L,  plú- 
teo i.° 

SIGLO  ILUSTRADO.  Vida  de  D.  Guindo 
Cerezo,  dada  á  luz  para  seguro  modelo  de  costumbres, 
por  D.  Justo  Vera  déla  Ventosa:  códice  del  siglo  XVIII; 
estante  J,  plúteo  3.'' 

MEMORIA  presentada  á  Felipe  II  por  uno  que 
dice  haber  estado  cautivo  en  Constantinopla  y  ser  mé- 
dico, en  que  pinta  los  males  que  sufren  los  cautivos: 
códice  del  siglo  XVI;  estante  J,  plúteo  2.'' 

ALFONSO  MADRIGAL  (vulgo  el  Tostado). 
Varios  manuscritos,  y  entre  ellos  un  códice  del  si- 
glo XV,  dedicado  al  Rey  de  Castilla,  Enrique  IV;  es- 
tante H,  plúteo  3." 

LAS  SIETE  EDADES  del  mundo;  en  verso:  si- 
glo XV;  estante  H,  plúteo  3."" 

ÍNDICE  de  todas  las  mujeres  que  cultivaron  las 
letras  y  las  ciencias  en  España:  códice  arábigo. 

CALINA  Y  DINA.  Cuentos  y  fábulas  morales. 
Hay  dos  códices,  uno  de  fines  del  siglo  XIII,  en  el  es- 
tante H,  plúteo  3.°  y  otro  en  el  estante  X,  plúteo  4.'' 

FERNÁN  GÓMEZ  DE  CIBDAD  REAL.  Gen- 
ton  epistolar;  estante  Y,  plúteo  2.° 

CONSULTA  del  Duque  de  Frias  y  de  D.  Feli- 
ciano de  la  Vega,  sobre  la  caza  del  Pardo,  en  4  de 
Agosto  de  1748;  estante  J,  plúteo  3.° 

CETRERÍA  ó  caza  de  las  aves,  sus  enferme- 
dades, remedios,  inclinaciones,  etc.  Consta  de  cinco 
libros;  se  escribió  en  1288.  A:{0?^,  gavilán  y  otras  aves 
de  caza,  sus  enfermedades  y  remedios:  códice  con  i63 
folios;  estante  U,  plúteo  2." 

LIBRO  de  montería  que  mandó  facer  el  Rey  Don 
Alfonso,  con  una  carta  al  final,  enviada  á  Alvar  Gar- 


325 

cía,  sobre  una  montería  que  le  acaesció  en  Galicia; 
estante  J,  plúteo  3." 

LIBRO  de  montería  que  mandó  facer  el  Rey  Don 
Alfonso;  dividido  en  tres  partes,  délas  cuales  la  última 
trata  de  los  montes  de  España,  en  donde  se  encontraba 
caza  y  de  qué  clase:  códice  con  356  folios;  estante  J, 
plúteo  3." 

AZOR,  gavilán  y  falcon,  su  naturaleza  y  modo 
de  criarlos;  estante  &,  plúteo  2.° 

DE  LOS  APARATOS  de  caza  y  del  tiempo  de 
ella;  códice  arábigo. 

TRATADO  de  botánica  por  Ebn-Beithar;  códice 
arábigo. 

TESORO;  libro  que  traía  de  filosofía,  moral  y 
retórica.  Códice  del  siglo  XV;  estante  P,  plúteo  2.** 

TRATADO  DE  QUIROMANCLA,  para  adivi- 
nar por  los  signos  de  la  mano,  las  inclinaciones  y  el 
porvenir  de  las  personas. 

FORMULARIO  de  recetas  para  la  elaboración  de 
colores,  betunes,  etc.  Códice  en  latin  y  envitela,  del  siglo 
XIV;  estante  P,  plúteo  3.°  En  algunos  códices  del  Esco- 
rial se  encuentran  varias  recetas  para  diferentes  usos. 

ASTROLOGIA  JUDIGIARIA:  códice  del  siglo 
XVI;  estante  O,  plúteo  3.°  Hay  otros  varios  códices 
de  astrología. 

TRATADO  de  las  adivinanzas  ó  arte  mágica;  es- 
tante H,  plúteo  3.° 

LEÓN  el  emperador  de  agüeros  y  gavilanes:  có- 
dice griego  del  siglo  XVI;  estante  R,  plúteo  3." 

LLAVE  DE  LA  MODULACIÓN  y  antigüeda- 
des de  la  música,  por  Fr.  Antonio  Soler,  m.onge  del 
Escorial.  Autógrafo:  códice  de  fines  del  siglo  XVII; 
estante  H,  plúteo  3.° 


326 


MÚSICA  teórica  de  Boecio:  códice  de  mediados 
del  siglo  XV;  estante  O,  plúteo  2." 

TRATADO  MÚSICO  de  Alpharab  en  el  códice 
arábigo  CMVI. 

ÍNDICE  de  la  librería  del  coro  del  monasterio 
con  su  historia,  sugetos  que  trabajaron  en  su  forma- 
ción, etc.  Códice  del  siglo  XVIII;  estante  H,  plúteo  3." 

PROYECTO  formado  y  presentado  por  Juan 
Martigny  para  reducir  á  buenos  pastos  y  labranza  un 
terreno  pantanoso  entre  Landrechies  y  Cambresis:  có- 
dice con  58  folios,  de  principios  del  siglo  XVII;  es- 
tante L,  plúteo  i.° 

Hay  en  el  Escorial  varios  códices  de  agricultura 
en  arábigo  y  en  castellanoyes  muy  notable  el  de  Abu- 
Zacharia-Jahia-Ben-Mohamed— Ben— Amahad  porque 
comprende  todas  las  opiniones  de  agricultura  de  los 
autores  caldeos,  griegos,  africanos,  latinos  y  árabes 
acomodadas  al  suelo  español. 

TRATADO  de  agricultura  y  recetas  para  colores 
en  el  estante  O,  plúteo  3.° 

PALLADIUS  RUTILIUS.  De  agricultura:  có- 
dice de  fines  del  siglo  XIII;  estante  L,  plúteo  3.°  Hay 
otro  códice  en  el  estante  O,  plúteo  3." 

DESCRIPCIÓN  de  la  ciudad  de  Lisboa  y  su  dis- 
trito, escrita  en  italiano,  por  Juan  Bautista  Gesio,  ma- 
temático del  Rey  D.  Felipe  II;  estante  P,  plúteo  i.° 

DESCRIPCIÓN  de  Jerusalem,  hecha  á  pluma 
sobre  vitela,  estante  &,  plúteo  3.° 

RELACIÓN  del  reino  del  Japón  por  Bernardino 
de  Avila,  es  autógrafa  y  la  terminó  el  i8  de  Marzo 
de  i6i5,  consta  de  229  folios;  estante  O,  plúteo  3.° 

JUEGOS  DE  AXEDRES,  dados  y  tablas,  etc. 
mandados  ordenar  por  D.  Alfonso  el  Sabio  con  las  es- 


327 


plicaclones  y  pinturas  para  entenderlos  y  al  final  se  lee: 
«este  libro  fué  comenzado  é  acabado  en  la  cibdad  de 
Sevilla  por  mandado  del  muy  noble  rey  D.  Alfonso  & 
en  32  años  que  el  Rey  sobredicho,  regnó  en  la  era  de 
1 32 i:»  códice  en  vitela;  estante  F,  plúteo  i.° 

CARTAS  FAMILIARES  de  Pedro  de  Valencia, 
escritas  al  P.  Sigüenza,  en  las  que  se  encuentran  noti- 
cias literarias  muy  curiosas.  Son  diez  y  ocho,  autó- 
grafas, fechadas  en  Zafra. 

COMPOSICIONES  SAGRADAS  del  P.  Fr.  José 
de  Sigüenza.  Historia  de  la  orden  de  San  Gerónimo, 
por  el  mismo. 

JUAN  DE  LA  PUEBLA.  Poesías  místicas,  es- 
tajite  G,  plúteo  i .° 

P.  SIGÜENZA,  poesías  sagradas;  estante  G, 
plúteo  1.° 

PROVERBIOS  de  los  filósofos  antiguos:  códice 
del  siglo  XIV;  estante  H,  plúteo  3." 

JUAN  GONZÁLEZ.  Consuelo  de  afligidos,  en 
verso;  estante  &,  plúteo  3." 

DIÁLOGOS  de  la  Providencia  de  Dios,  en  italia- 
no: códice  del  siglo  XVII;  estante  K,  plúteo  2.*^ 

CEREMONL\S  de  la  orden  de  San  Gerónimo 
y  costumbres  de  los  novicios:  códice  de  fines  del  si- 
glo XVI;  estante  H,  plúteo  3.° 

F.  JUAN  DE  SAN  GERÓNIMO.  Memorias 
sobre  la  fundación  del  Escorial  y  su  fábrica:  códice  del 
siglo  XVI*.  estante  K,  plúteo  i.°  Hay  también  un  códi- 
ce del  P.  Sigüenza  y  las  memorias  del  P.  Quevedo. 

VIDA  y  hechos  de  Marcos  Herrera:  estante  J, 
plúteo  3.° 

FR.  DIEGO  DE  VERGARA.  Descripción  del 
templo  de  Jerusalem;  estante  J,  plúteo 


o 


328 


OCHENTA  y  una  carta,  y  dispensas  de  varios 
Pontífices  á  Emperadores,  Reyes  y  otras  personas:  códi- 
ce del  siglo  XIV;  estante  D,  plúteo  3.° 

NOTICIA  de  los  Pontífices  romanos  desde  San 
Pedro:  códice  siglo  XVI;  estante  U,  plúteo  2.° 

SAN  ISIDORO.  Sus  obras  en  latin:  códice  del 
siglo  VIII;  en  el  estante  R,  plúteo  2.°  Hay  otro  códice 
del  siglo  XIV,  de  san  Isidoro,  que  trata  de  astronomía, 
en  el  estante  K,  plúteo  i.° 

SALTERIO  de  San  Agustín  con  bellísimas 
pinturas. 

SAN  BERNARDO.  Epístola  á  la  corte  romana; 
estante  B,  plúteo  2.° 

FR.  JOSÉ  DE  MANZANARES.  Sermones  pa- 
negíricos que  predicó  en  el  Escorial,  en  1766;  estante  J, 
plúteo  3." 

P.  FR.  JOSÉ  DE  SIGUENZA.  Discursos  sobre 
el  eclesiastes  de  Salomón,  según  la  verdad  del  sentido 
literal.  Apuntes  para  sermones:  tres  códices  del  si- 
glo XVII;  estante  J,  plúteo  3.^ 

FR.  HAYTON.  Ramo  de  Flores  en  el  cual  se 
contienen  varias  autoridades  de  la  escritura  y  santos 
Padres  para  gobernar  bien  los  reynos  y  comunidades; 
estante  Z,  plúteo  i.*" 

P.  FR.  AGUSTÍN  SALUCIO,  de  la  orden  de 
Sto.  Domingo.  Sermones  que  predicó  en  Jerez  de  la 
Frontera  en  i573;  estante  L,  plúteo  3." 

HISTORIA  ECLESIÁSTICA:  dos  códices  de 
fines  del  siglo  XVI 1 1;  estante  H,  plúteo  3.° 

EXPOSICIÓN  de  los  cantares  de  Salomón;  escrita 
en  Corella  en  1602  por  Fr.  Juan:  códice  con  434  folios; 
estante  H,  plúteo  3^ 

TERESA  DE  CARTAGENA;  árbol  de  los  enfer- 


329 

mos,  cuya  obra  compuso  estando  aquejada  de  graves 
dolencias.  Admiración  de  las  obras  de  Dios  por  Teresa 
de  Cartagena.  Dichos  y  castigos  de  Profetas  y  filósofos 
«que  toda  verdad  fallan:»  códice  con  91  folios;  de 
fines  del  siglo  XV;  estante  H,  plúteo  3.° 

M.  MARÍA  DE  JESÚS  DE  AGREDA.  Tratado 
y  descripción  de  los  orbes  celestiales  y  elementales; 
«desde  el  empíreo  cielo  hasta  el  centro  de  la  tierra.» 
Aprovechamientos  de  doctrina  muy  útiles  para  el  go- 
bierno espiritual  de  las  almas,  sacados  de  la  informa- 
ción que  Fr.  Andrés  de  Fuentemayor  hizo  sobre  la 
vida  y  virtudes  de  la  Madre  M.''  de  Jesús  de  Agreda 
de  quien  hay  tres  manuscritos  más  en  este  códice  del 
siglo  XVIII;  estante  H,  plúteo  4.*^ 

DIEZ  Y  OCHO  cartas  autógrafas  de  M.  Jesús 
de  Agreda  al  Obispo  D.  Antonio  Agustín.  Tres  cartas 
autógrafas  del  P.  Eusebio  Nieremberg.  Dos  cartas 
autógrafas  de  Sor  Francisca  de  Santa  María  al  P.  Ga- 
briel de  San  Gerónimo.  Cartas  del  Rey  D.  Felipe  IV 
á  la  venerable  Sor  María  Jesús  de  Agreda:  códice  de 
terciopelo,  siglo  XVI í;  estante  &,  plúteo  2.° 

OBRAS  de  Sor  M.  Jesús  de  Agreda:  en  dos  códi- 
ces, que  pertenecieron  al  Obispo  D.  Antonio  Agustín; 
estante  &,  plúteo  4.° 

VIDA  de  la  venerable  Lucía  de  Jesús,  aíío  de 
1 658;  copia  de  la  que  ella  escribió;  estante  Z,  plú- 
teo 4.° 

SAN  JUAN  CRISÓSTOMO.  Sermones  y  homi- 
lías, en  castellano.  Contiene  además  este  códice  algu- 
nas obras  de  San  Cirilo  y  San  Severiano,  de  fines  del 
siglo  XVII;  estante  H,  plúteo  3.° 

VARIOS  manuscritos  acerca  de  los  diferentes 
concilios  y  algunos  códices  de  cuestiones  teológicas. 

42 


330 


TRATADOS  de  religión:  códice  en  vitela,  de 
principios  del  siglo  XIV;  estante  Y,  plúteo  3.^ 

VARIOS  CÓDICES  de  Santo  Tomás,  San  Agus- 
tín, San  Dionisio,  San  Ambrosio  y  San  Leandro. 

SEPTENARIO.  Tratado  de  moral,  filosofía  é 
historia,  en  que  se  habla  de  Dios,  de  la  fé  y  del  Rey 
D.  Fernando,  padre  de  D.  Alfonso  el  Sabio:  códice  del 
siglo  XV,  con  io5  folios;  estante  P,  plúteo  2.° 

RAZONAMIENTO  tenido  entre  el  príncipe  de 
Galles  y  los  PP.  Teólogos  en  materias  de  religión. 
Refutación  de  la  religión  cristiana.  Estos  dos  manus- 
critos en  italiano  se  hallan  en  un  códice  de  principios 
del  siglo  XVI,  que  trata  de  varios  asuntos;  estante  N, 
plúteo  3.° 

LIBRO  del  sumo  bien  ó  de  las  sentencias  de  San 
Isidoro,  Arzobispo  de  Sevilla,  traducido  al  castellano. 
Sermones  y  pláticas  doctrinales  del  P.  Fr.  Manuel  de 
Almagro;  autógrafos. 

HISTORIA  Laurentina,  escrita  en  octavas  caste- 
llanas; estante  H,  plúteo  3.° 

EXPLICACIONES  del  Credo,  por  el  Obispo  de 
Jaén  Pedro  Pascual:  códice  en  vitela,  con  38  folios,  del 
siglo  XIV;  estante  P,  plúteo  2.° 

LIBRO  de  paciencia,  compilado  en  la  Ciudad  de 
Piza  por  Domingo  Cavalca,  de  la  orden  de  los  Predica- 
dores: códice  del  siglo  XV  con  178  folios;  estante  O, 
plúteo  3." 

VARIOS  sermones  sobre  elección,  confirmación 
de  los  prelados,  etc.  Caso  de  conciencia  y  su  resolución 
sobre  comulación  de  votos:  códice  del  siglo  XVII,  es- 
tante J,  plúteo  3.° 

LUIS  LI ROMANO,  obispo  de  Verona;  exposi- 
ción sobre  el  Símbolo  de  los  Apóstoles,  Padre  Nuestro 


131 


y  los  dos  Preceptos  de  Caridad,  compuesta  en  italiano 
y  traducida  al  castellano  por  Juan  de  Rivera,  natural 
de  Sevilla:  códice  del  siglo  XVI;  estante  J,  plúteo  3." 

POEMAS  sobre  las  vidasdel  Rey  Apollonio,  Santa 
María  Egipciaca  j  adoración  de  los  Reyes:  códice  con 
8o  folios  de  mediados  del  siglo  XIV;  estante  K,  plú- 
teo 3." 

VIDA  de  N.  S.  Jesucristo  en  estilo  métrico,  com- 
puesta por  un  fraile  menor  de  la  observancia.  Sermón 
que  hizo  Fr.  íñigo  de  Mendoza  á  D.  Fernando  Rey 
de  Castilla  y  Aragón  sobre  el  yugo  y  coyunda  que  su 
Alteza  tiene  por  divisa.  Coplas  que  hizo  Fr.  Iñigo  de 
Mendoza,  «doce  en  vituperio  de  las  malas  hembras  é 
doce  en  loor  de  las  buenas  mujeres,  que  mucho  triunfo 
de  honor  merescen:»  códice  del  siglo  XV;  estante  K, 
plúteo  3.'' 

DE  VARIOS  CÓNCLAVES:  códice  del  siglo  XVI, 
estante  J,  plúteo  2." 

FR.  ANTONIO  DE  ALMEIDA.  Recreación 
filosóíica  ó  dialogo  sobre  la  filosofía  natural:  códice 
del  siglo  XVII;  estante  J,  plúteo  2.° 

DISCIPLINA  de  los  varones;  estante  C,  plú- 
teo 3.° 

MILAGROS  de  Nuestra  Señora  de  Monserrat; 
estante  &,  plúteo  2.° 

VISITA  del  Monasterio  de  las  Huelgas  de  Burgos 
por  D.  Fernando  Vázquez  de  Arce,  Prior  de  Osm.a, 
en  tiempo  y  por  mandado  de  los  Reyes  Católicos;  año 
de  i5oo.  Es  autógrafa;  estante  U,  plúteo  2.^ 

SANTA  TERESA  DE  JESÚS.  Fundación  del 
convento  de  San  José  y  modo  de  visitar  los  conventos; 
códice  escrito  por  el  Padre  Soto  á  fines  del  siglo  XVIII; 
estante  Y,  plúteo  3." 


332 


CRÓNICA  del  monasterio  de  Sahagun.  Crónica 
del  de  Nuestra  Señora  de  Guadalupe;  estante  X,  plú- 
teo 2.° 

FUNDACIÓN  del  monastario  de  las  Berlingas  en 
Portugal.  Contiene  este  códice  otros  varios  manus- 
critos y  algunos  sobre  fundaciones  de  monasterios; 
estante  &,  plúteo  2.° 

APOCALIPSIS  de  San  Juan,  con  preciosas  vi- 
ñetas. 

APOCALIPSIS  de  San  Amadeo,  escrito  de  su 
mano,  en  latin:  códice  forrado  de  seda,  consta  de  247 
folios,  de  fines  del  siglo  XV;  estante  H,  plúteo  3.*^ 

CÓDICE  ÁUREO  con  los  prefacios  de  San  Ge- 
rónimo, cánones  de  Eusebio  de  Cosarea  y  los  cuatro 
Evangelios:  códice  de  mucho  mérito  y  de  gran  valor. 

TRATADO  de  San  Agustín  sobre  la  adminis- 
tración del  Bautismo  á  los  párvulos:  códice  del  si- 
glo VIL 

LAS  OBRAS  autógrafas  de  Santa  Teresa  de  Je- 
sús, en  su  camarín. 

CAPITULARIO.  Códice  de  mucho  mérito  ar- 
tístico, escrito  por  Martin  de  Palencia;  contiene  18  vi- 
ñetas y  lindísimas  orlas  de  colores,  pintadas  por  Fr.  Ju- 
lián de  Fuente  el  Zaz,  Fr.  Andrés  de  León  y  Ambrosio 
de  Salazar.  Se  conserva  en  la  sacristía  del  Monasterio. 

DIFERENTES  y  curiosos  manuscritos  sobre  la 
Compañía  de  Jesús  y  los  Jesuítas,  en  los  estantes  G, 
plúteo  4.",  H,  plúteo  i.°,  J,  plúteo  2.",  M,  plúteo  i.°, 
Y,  plúteo  S."*  y  Z,  plúteo  4.° 

ARIAS  MONTANO.  Hay  varios  escritos  suyos 
y  también  se  ocupa  de  los  Jesuítas;  estante  J,  plúteo  2." 

CATALOGO  de  la  Biblioteca  del  Cardenal  Sir- 
let.  Hay  en  ella  476  manuscritos  griegos  y  1396  lati- 


333 


nos,  clasificados:  códice  griego  con  178  folios,  del  si- 
glo XVI;  estante  X,  plúteo  i.° 

D.  ANTONIO  AGUSTÍN.  Colección  de  cartas 
copiadas  de  los  manuscritos  del  Vaticano  sobre  asun- 
tos literarios,  y  particularmente  numismáticos,  dirigi- 
das á  varios  sugetos,  y  algunas  á  él:  códice  muy  inte- 
resante que  consta  de  5 16  folios;  estante  Y,  plúteo  2.'* 

DEVOCIONARIO  de  Isabel  la  Católica  y  Bre- 
viario de  Felipe  II  con  caprichosos  adornos  y  minia- 
turas de  mucho  mérito. 

Hay  un  gran  número  de  Biblias  y  Breviarios,  con 
viñetas  é  imágenes  de  santos,  letras,  iniciales  de  colo- 
res y  cenefas  primorosamente  ejecutadas. 

FR.  JUAN  DE  CUENCA.  Clave  de  la  Biblio- 
teca griega  del  Escorial,  en  latin:  diez  y  ocho  códices 
del  siglo  XVIII;  estante  H,  plúteo  2." 

VOCABULx^RIO  castellano  arábigo:  dos  códices; 
estante  H,  plúteo  3.° 

DICCIONARIO  de  la  lengua  arábiga:  códice  del 
siglo XVI;  estante  H,  plúteo  3.° 

DICCIONARIO  de  nombres  propios;  estante  H. 

DIALOGO  de  las  lenguas;  estante  K,  plúteo  3.° 

DICCIONARIO  bíblico  por  orden  alfabético: 
códice  en  vitela,  con  266  folios,  del  siglo  XIII;  estan- 
te K,  plúteo  i.° 

DICCIONARIOS  latinos,  arábigos,  italiano,  ar- 
menio y  persiano. 

ETIMOLÓGICAS  de  voces  castellanas  en  otras 
lenguas,  á  saber:  árabe,  hebrea  y  griega,  por  el  licen- 
ciado Valverde;  estante  L,  plúteo  i ." 

CARTA  de  Ambrosio  de  Morales  contestando  á 
la  de  Francisco  de  Figueroa,  sobre  la  verdadera  pro- 
nunciación de  la  lengua  castellana,  escrita  la  mayor 


334 

parte  de  mano  del  autor.  Censura  sobre  la  ortografía 
castellana.  Kay  en  este  códice  otros  muchos  é  intere- 
santes manuscritos;  estante  L,  plúteo  i." 


No  mencionamos  los  códices  literarios 
arábigos  porque  pueden  consultarse  en  la 
biblioteca  arábigo-escurialense  de  Casiri. 


CAPITULO  XI 


AL  EJERCITO  Y  Á  LA  MARINA 


Nos  propusimos  con  la  publicación  de  este 
libro  dar  á  conocer  al  Ejército  y  á  la  Marina 
española  los  códices  existentes  en  la  Biblioteca 
de  manuscritos  del  Monasterio  de  San  Loren- 
zo del  Escorial.  Hemos  terminado  tan  difícil 
empresa,  y  nos  arredraba  hasta  la  idea  de  in- 
tentarla porque  sabíamos  la  falta  de  recursos 
de  nuestra  pobre  inteligencia.  Si  la  critica 
severa  encuentra  justos  motivos  de  censura 
sea  benigna  con  una  obra  que  tantas  vigilias 
representa  y  que  por  lo  menos  refleja  un 
buen  deseo;  apesar  de  ser  muy  pobre  y  mo- 
desto este  trabajo,  podemos  decir  lo  que  el 
P.  Jesuíta  Andrés  Mendo  en  el  prólogo  de 


336 

su  obra  el  Príncipe  perfecto:  «no  fué  corto 
el  desvelo  aunque  es  pequeño  el  libro,  que 
la  costa  de  ingenio  nunca  se  ha  de  tantear  por 
el  bulto.» 

Decia  Felipe  II  al  ocuparse  de  la  Bi- 
blioteca del  Escorial  «esta  es  una  de  las 
principales  riquezas  que  yo  quería  dejar  á 
los  religiosos  que  en  él  hubieran  de  residir 
como  la  más  útil  y  necesaria;»  también  nos- 
otros quisiéramos  que  el  Ejército  y  la  Marina 
española  aprovechasen  todas  las  fuentes  de 
su  ilustración  recordando  con  íñigo  López 
de  Mendoza  «que  la  ciencia  no  embota  el 
hierro  de  la  lanza,  ni  hace  floja  la  espada  en 
la  mano  del  caballero.»  El  Ejército  necesita 
la  fuerza  de  su  prestigio  científico,  vive  con 
la  civilización  que  le  respeta  y  no  es  remora 
de  progreso  ni  obstáculo  de  adelantos. 

Inspírese  aún  el  Ejército  en  el  fuego  de 
Homero  y  en  la  dulzura  y  sentimientos  de 
Virgilio.  El  corazón  humano  simpatiza  con 
todo  lo  sublime  y  la  lectura  de  los  poemas 
épicos  puede  despertar  el  entusiasmo  de  las 
acciones  heroicas  y  la  conciencia  de  la  dig- 
nidad. Todavía  admiramos  la  grandeza  de 
Poro,  prisionero  de  Alejandro  Magno,  rey 
de  Macedonia,  cuando  al  preguntarle  después 
de  valerosa  defensa  cómo  quería  ser  tratado, 


337 

respondió:  «como  Rey,»  digna  altivez  que  le 
realza  aún  más  que  su  corona.  Esos  rasgos 
de  carácter,  esos  ejemplos  de  dignidad  per- 
sonal es  preciso  no  olvidarlos;  descripciones 
de  hechos  heroicos  y  de  empresas  que  perpe- 
túan en  el  alma  la  sublimidad  y  la  abnegación; 
el  ánimo  del  soldado  se  eleva  al  conocer  las 
titánicas  luchas  de  la  historia  militar  y  las 
terribles  epopeyas  de  la  guerra;  su  lectura  nos 
conmueve  é  impresiona  encadenando  nuestra 
voluntad  al  espíritu  del  libro,  como  se  impo- 
nen siempre  y  esclavizan  al  corazón  y  á  la 
inteligencia  las  luminosas  ráfagas  del  genio. 
¡Qué  idea  tan  grande  de  la  fuerza  nos  da 
Homero  cuando  Neptuno  va  á  salir  á  la 
refriega!  guia  la  carroza  por  el  occéano  y  se 
estremecen  los  montes  con  sus  pasos  y  al  re- 
presentarnos en  la  Iliada  á  los  Dioses  favore- 
ciendo á  los  griegos  ó  troyanos  dice:  «toda  la 
naturaleza  está  en  conmoción,  Neptuno  hace 
estremecer  con  su  tridente  los  navios,  la 
ciudad  y  las  montañas,  la  tierra  tiembla  hasta 
en  su  centro  y  salta  Pluton  de  su  trono  te- 
miendo que  los  secretos  del  Averno  queden 
patentes  á  los  ojos  de  los  mortales.» 

No  abandonen  los  Oficiales  de  nuestro 
Ejército  la  lectura  de  los  autores  clásicos, 
porque  sus  obras  históricas  y  literarias  son 


338 

provechosas  al  espíritu  militar  y  útiles  para 
su  instrucción.  Lean  á  Herodoto,  Jenofonte, 
TitoLivio,  Salustio,  Tácito,  Plinio,  Cicerón, 
Julio  César,  Lucano  y  Tasso,  porque  aún 
les  interesa  conocer  la  célebre  retirada  de  los 
diez  mil,  las  guerras  del  Peloponeso,  Cati- 
linaria  y  de  Jugurta,  las  derrotas  del  ejército 
romano  por  los  samnitas  en  las  horcas  can- 
dínas. Lea  el  Ejército  las  conquistas  de  Gra- 
nada, Méjico  y  las  Molucas,  por  Hurtado  de 
Mendoza,  Solís  y  Argensola,  los  combates  de 
Roger,  las  expediciones  por  los  mares  de 
Levante,  de  Moneada,  el  glorioso  desastre  de 
Trafalgar,  por  Arriaza,  los  poemas  de  Ercilla 
y  las  odas  y  obras  poéticas  del  reformador 
de  la  poesía  castellana  y  bravo  soldado  mártir 
de  sus  deberes,  Garcilaso  de  la  Vega.  Si  Fer- 
nando de  Herrera  canta  la  batalla  de  Lepanto 
y  las  glorias  de  D.  Juan  de  Austria,  también 
Quintana  con  sus  canciones  ha  mantenido 
vivo  en  nuestra  época  el  recuerdo  de  los  he- 
chos memorables  de  nuestra  patria. 

Con  profundo  convencimiento  de  su  ne- 
cesidad, deseamos  la  instalación  de  bibliote- 
cas, academias  y  asociaciones  científico-mili- 
tares, la  legitima  representación  del  Ejército 
en  todos  los  centros  de  la  inteligencia  y  en 
todas  las  manifestaciones  del  saber.   Las  bi- 


339 


bliotecas  militares  soii  de  muchísimo  interés 
y  yá  los  egipcios  llamaban  á  las  bibliotecas  el 
tesoro  de  los  remedios  del  alma. 

Dice  Caraciolo  que  sucede  con  la  ciencia 
lo  mismo  que  con  el  fuego,  que  es  preciso 
alimentarle  para  que  no  se  apague,  y  esto  nos 
demuestra  que  deben  continuar  el  Ejército 
y  la  Marina  enriqueciendo  cual  hoy  lo  ha- 
cen la  bibliografía  española  con  libros  como 
los  de  Almirante  y  Navarro,  con  obras  de 
matemáticas  y  de  máquinas  como  las  que 
publican  los  ilustrados  ingenieros  militares 
Pinar  y  Marvá,  con  estudios  históricos  como 
los  de  Arteche  y  científicos  como  los  de  Iba- 
ñez,  con  escritos  como  los  de  Servet,  con 
trabajos  literarios  como  los  del  general  Ros 
de  Olano,  con  invenciones  como  las  de  Pla- 
sencia,  y  por  último,  con  ejemplos  que  nos 
recuerden  la  incansable  actividad  y  el  profun- 
do saber  del-  malogrado  general  Concha, 
honrosa  representación  de  la  ciencia  y  del 
valor. 

Los  que  declaman  contra  el  Ejército  con- 
siderándole perjudicial  para  las  artes,  las 
letras,  la  agricultura,  el  comercio  y  la  ciencia, 
debieran  recordar  que  todos  estos  intereses 
creados  á  la  sombra  de  la  paz  necesitan  el 
apoyo  y  protección  de  la  fuerza  armada,  pues 


340 

aun  por  desgracia  no  bastan  la  legalidad  y  el 
derecho  si  las  bayonetas  no  los  apoyan. 

Los  ejércitos  permanentes  equilibran  las 
fuerzas  de  las  naciones  y  contribuyen  á  que  se 
teman  y  respeten;  decia  en  un  banquete  de  los 
armeros  de  Londres  el  célebre  William  Arms- 
trong,  que  tanto  ha  contribuido  al  perfecciona- 
miento de  la  artillería:  «por  fuertes  que  sean  las 
apariencias  contra  nosotros,  estemos  persuadi- 
dos de  que  somos  los  verdaderos  conservado- 
res de  la  paz,  puesto  que  nada  es  más  propio 
para  obligar  á  ceder  á  una  nación  en  sus 
proyectos  agresivos  que  el  conocimiento  de 
la  superioridad  de  las  armas  de  aquella  que 
vá  á  atacar.» 

Hoy  los  pueblos  confian  al  Ejército  sus 
más  sagrados  intereses,  la  defensa  del  territo- 
rio y  la  conservación  del  orden.  Y  cuando 
llegan  los  dias  de  combate  no  mancha  yá  el 
soldado  la  bandera  de  sus  victorias  con  el  es- 
tigma de  la  esclavitud  y  con  los  horrores  de 
otros  siglos,  no  se  mutila  á  los  prisioneros  como 
antes  ni  se  venden  en  pública  subasta  sus 
mujeres  y  sus  hijos.  El  derecho  de  gentes  y 
el  respeto  á  la  personalidad  humana  se  van 
imponiendo  en  la  conciencia  como  se  impone 
todo  lo  justo  y  beneficioso  con  el  tiempo, 
pero  aun  el  derecho  de  gentes  y  el  progreso 


341 

tienen  que  estender  su  acción  y  su  influencia 
porque  todavia  hay  pueblos  idólatras,  salva- 
jes y  piratas,  aíin  se  verifican  sacrificios  huma- 
nos, aún  vive  el  despotismo  en  Asia  y  la 
superstición  encuentra  asilo  en  el  fanatismo 
y  en  la  ignorancia,  aún  hay  seres  en  la  tierra 
que  venden  á  sus  hijos,  y,  por  último,  aún 
tiene  la  civilización  que  alumbrar  con  los  má- 
gicos destellos  de  su  luz  que  difunden  la  ar- 
monía, el  bien  y  la  justicia,  una  gran  parte  del 
mundo  que  permanece  envuelta  entre  tinie- 
blas. 

Al  concluir  este  libro  recomendamos  al 
Ejército  y  á  la  Marina  que  recuerden  las 
glorias  científicas  y  militares  de  su  historia 
y  si  el  cuerpo  de  artillería  nos  habla  con  en- 
tusiasta admiración  de  Velarde  y  de  Daoiz 
por  su  heroísmo,  con  igual  entusiasmo  y  tan 
legítimo  orgullo  puede  citar  á  Moría,  que  re- 
presenta la  ciencia  y  el  talento. 

Si  alguien  deprime  las  glorias  artísticas  y 
literarias  del  Ejército,  evoquemos  los  nom- 
bres de  Juan  de  Herrera  y  de  Cervantes,  que 
se  inscribieron  en  la  historia  militar  cuando 
no  se  grababan  todavía  por  sus  obras  en  las 
páginas  de  gloria  de  la  patria.  Ambos  consig- 
naron su  genio  en  los  dos  monumentos  más 
célebres  de  España,  en  el  Monasterio  de  San 


342 

Lorenzo  y  en  el  Quijote.  Un  famoso  arqui- 
tecto que  había  servido  en  la  Milicia  edificó 
en  el  Escorial  un  templo  para  Dios,  un 
asilo  para  la  ciencia  y  un  museo  para  las 
artes,  y  también  un  soldado  que  combatió 
en  Lepanto,  quiso  coronar  el  remate  de 
todas  nuestras  glorias  con  su  obra,  y  escribió 
el  Quijote. 


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Padrinas 


CAPÍTULO  I. —Objeto  de  este  libro  ...  9 

CAPÍTULO  IL— La   Biblioteca  del  Esco- 
rial.— Consideraciones  generales     .     .         2  3 

CAPÍTULO  III.— Historia,  Ciencia  y  Arte 

militar 5i 

CAPÍTULO  IV.— Códices  de  Ciencia,  His- 
toria y  Arte  militar 83 

Pajote  I. — Códices  griegos  y  arábigos. 
Parte  II. — Códices  de  Ciencia  y  Arte  Mi- 
litar en  lengua  Castellana  y  algunos  en 

latin  en  francés  é  italiano 95 

Parte  III. — Manuscritos  que  pueden  ser 
útiles  al  Ejército,  con  máximas,  obser- 
vaciones y  consejos  político-militares 
para  la  educación  de  los  Reyes  y  los 
Príncipes;  libros  de  Caballería;  Códi- 
ces de  las  órdenes  militares;  Historia 
genealógica  y  Heráldica. — Considera- 
ciones generales  y  Códices  .  .  .  .  102 
Paj'te  IV. — Códices  de  las  campañas  é  His- 
toria de  Carlos  V  y  de  las  guerras  de 
España  en  los  Países  Bajos  é  Historia 
de  Felipe  II. — Consideraciones  gene- 
rales  y   Códices.     .......       121 


Paginas 

Parte   V. — Crónicas  é  Historia  .     .     .     .       t33 
CAPÍTULO  V. — Marina. — Consideraciones 

generales  y  códices i63 

CAPÍTULO  VL— Hacienda  y  Estadística.— 

Consideraciones  generales  y  códices.   .       207 

CAPÍTULO  VH.— Medicina 217 

Pajote  /.—Consideraciones  generales. 
Parte  II. — Medicina  goda   en   España.— 
La  medicina  árabe-española  y  la  me- 
dicina del  Profeta. — Medicina  hebrea 

y  árabe 224 

Parte  III. — Glorias  de  la  medicina  espa- 
ñola y  particularmente  de  su  medicina 
militar.— Fundamentos  de  la  medi- 
cina española  en  la  base  hipocrática  de 

los  códices  del  Escorial 25o 

Parte  /F.— Códices 286 

CAPÍTULO  VIIL— Derecho  y  legislación.— 

Códices 3o  I 

CAPÍTU  LO  IX. -Glorias  literarias  de  autores 
catalanes   y  códices   en  lengua  lemo- 

sina 3o9 

CAPÍTULO  X. -Códices  literarios  y  curiosos.       317 
CAPÍTULO  XI.— Al  Ejército  y  á  la  Marina.       335